D A D A

Tres manifiestos

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Tristan Tzara

Manifiesto pokémon

Somos muy simpáticos. Sabíamos desde hace tiempo de la existencia de la planta basilical pero nos daba vergüenza reconocerlo. La música nunca nos interesó en absoluto, simplemente nos atrajo su sonido, sus formas de saxofón. Por eso DADA. Por eso y porque quiero y porque me da la gana DADA DADA DADA o forma natural de después de la guerra de un niño. No, no responde a nada, por eso que quizá somos muy encantadores, muy simpáticos. Nos suelen picar los ojos después de echarnos agua al recoger la fiesta del felpudo porque las patatas de nuestras camisetas simbolizaban pelotas o globos de colores que la radio lanzaba a la playa en forma de publicidad. El alcohol o forma gratuita de entender la luna no es sino comer setas venenosas, subirse a un árbol. Naturalmente las serpientes no entienden de eso. Sólo entiende DADA.

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Que aún me parezco muy simpático
Tristan Tzara

Como también es cierto:

la tercera guerra mundial ocurre,

se nos ha quedado vacía.

Dar vida

o cambiar de color las cortinas del aula veintiocho del conservatorio

también puede ser quizá una solución, Paco podría servir un café aún

más simpático, si cabe.

1. La solución bien puede servirse en un espejo caliente que nos rompan en la cabeza desde el ministerio de la educación y la ciencia, la manera más ideal y encantadora de sumarse a una labor social, solidaria.

2. La televisión nos debería comer las tripas como si de una enorme rata se tratara. Una enorme rata que nos coma el alma y nos vacíe:

“No hay modo alguno de saber qué está pasando. Los teléfonos tienen la culpa de todo. El cáncer de cabalgata, los reyes, o Antonio Banderas, son algunos de nuestros héroes”.

(o Tristan Tzara es muy simpático y encantador)

de un modo muy simpático,
pero romper en las cabezas estudiantiles todas las ideas y conexiones de la lógica humana y hacer saltar chispas de sangre que a borbotones de velocidad rompan los grifos de los servicios de hombres y mujeres que por igual salpiquen las paredes de sensibilidad roja.

Ocurre, pero la solución no está en minutos de silencio,
hermanos grandes,
o lágrimas o favores.

Según el último
estudio del platillero de una banda municipal de música intelectual, y reseñando en el periódico local de un barrio
marginal la situación del pescado mal envuelto
dos semanas después como
una de las más importantes consecuencias de la tercera guerra mundial,
Gran Hermano se ha
vaciado en nuestras almas sin que nos hayamos preocupado,
es cierto.

Tristan Tzara

Tetas, pezones como niños, culos encantadores, pollas rojas enormes, son algunos de nuestros más sinceros ideales.

(Un periódico, de Londres, afirma que nuestras almas, las almas españolas todas, han quedado vacías, y toman demasiado café por las mañanas para contrarrestar la tercera guerra mundial, que está ocurriendo, aunque no nos estemos dando cuenta). Me siento muy simpático.

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1. Un llamamiento a todo el que se cree en posesión de la verdad inútil.
2. La verdad, inútil, sólo está en posesión de los inútiles.
3. Me parezco muy encantador.

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Manifiesto Dada 2001

Hay cierto complejo de pez del que todavía no hemos dicho nada. Las cocineras noruegas tienen la costumbre de vestirse de atún al llegar diciembre. Cantan canciones de amor y duchan elefantes en aviones de papel o niños mal engendrados, la política no nos interesa: Dada. O de alguna otra manera podría entenderse que Tristan Tzara y los presupuestos de Gran Hermano mucho antes de la guerra ya existían; comer, saltar, y parir sillas eran sus entretenimientos preferidos, de pequeño tenía una boca enorme: Dada. Robaba trenes bajo cero y castillos boca abajo. En época de guerra sacaba su enorme lengua y lamía la entrepierna a todas las mujeres. La tercera guerra mundial también cazaba moscas y criaba cascos de cerveza en la nariz: Dada. Los bichos que vivían en sus gafas de sol se colgaban con chinchetas en las paredes dibujando pianos y lanzando caracoles. Nos gustaba ir al cine y romper hamburguesas, follar sillas como cerdos y morirnos, sólo eso. Morirnos, pitidos simpáticos.

Simpáticas Pitadas de Móviles

Fumar no es malo, perjudica seriamente la salud bajo cero. Un beso.

(“Bluf también dijo plátano, dijo café, y dijo ciruelas”). Un beso.

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¿cómo plastificar almas de colores?
(preguntaban los maestros del bluf)

Los maestros del bluf nacieron bajo el sol una noche de primavera. En la que todo el paisaje estaba helado el calor les derretía y claro, se hicieron dada. De todas las familias que se preguntaban acerca de qué de cómo y de cuándo de dada, de dónde provenía tal acumulación de lucubraciones, de qué manera, ninguna comía champiñones después de comer: dada. El vídeo les atormentaba el alma y les crecía el desengaño. Los camiones roncaban y el autobús ya no volvería a pasar. Los maestros del bluf recogieron sus cosas y se plastificaron las almas para que la lluvia no les descolorara la mirada. Y preguntaban a bluf desde el cielo cómo plastificar, cómo si no tenían alma, si no tenían color. Rápido una capa de nicotina les envolvió y se les encendieron las discotecas y las Coca Colas del alma. La música sonaba estruendosa y llovía. Los teléfonos tejieron con sus ondas hilos que ahogaron al mundo en internet y chates. La prostitución creció y el arte se volvió bluf. Los maestros del bluf murieron sobre el sol un día de otoño. En el que todo el paisaje estaba derretido el frío les granizaba y claro, se hicieron dada.

Tristan Tzara, maestro del bluf

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Manifiesto del Vídeo Club Silán

Se reunieron cinco trompetas y dos cuchillos estrepitosamente sobre el cuadrado del mantel de la madre del ajedrez gritando fanfarrias en formas de órdago mal pronunciado: Gran Hermano.

Desde la hormigonera varios albañiles aplaudían al director de la orquesta y
el alcalde aplaudía a los albañiles: Gran Hermano. Era una rabiosa cadena, (una cadena imbécil y rabiosa), una cadena imbécil de televisión rabiosa que se

nutría de morbo rabioso, publicidad imbécil pornográfica, y una cadena de pequeños golpes de estado, no había moralidad. Pintaban y comían como animales, y como la ética vino después, también bebieron whisky sin permiso, se bañaron en la leche hirviendo del niño, y jugaron al tobogán de la muerte poco antes de las elecciones, eran

encantadores: Gran Hermano. Tomaba café con ellos, se parecían muy simpáticos antes de las enfermedades al lado suya: Gran Hermano. Las flores dejaron de crecer y las nubes se compraban en los quioscos a diez pesetas. Eran rosas, conitos blandengues de fresa maltratada. Las tormentas eran más caras. Eran gordas y le crecían pelos alrededor del ombligo con facilidad.

Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano Gran Hermano

Tristan Tzara el simpático

Un beso en el culo
hoja de jabón,
caramelo de plástico,
gobierno de leche

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Infortunios

A Lourdes Olveira

Es difícil situar el origen del problema. Lo cierto es que hoy por hoy no me gusta la navidad. Las noches que rodean la navidad me ponen muy triste la estrella intermitente del centro comercial me pone nervioso. Yo acostumbro de noche a escuchar música mientras miro por la ventana cualquier noche del año pero ahora la vista sólo distingue la silueta de una estrella construida por bombillas que se encienden y se apagan de un modo muy poco natural y no me gusta. Tenía seis años cuando empecé a preguntarme por qué la gente se pone de repente tan feliz por qué todos a la vez como si se hubiesen puesto de acuerdo tan felices. Con el paso de los años entendí que la fiesta de la navidad en el colegio era una tradición como los exámenes o el bocadillo en el recreo una tradición como despedir o recibir un año tras otro con la misma felicidad por triste que resulten nuestras vidas el resto del año como descansar a media mañana probar un trozo de infierno o besar las nalgas de mi vecina a media noche modos de romper la tradicional rutina diaria modos cotidianos de quebrantar la madurez del ser humano más o menos en el tiempo o la más o menos destrucción del desarrollo de una vida oficial. No soporto la navidad porque me impide escuchar a Bach no puedo escuchar ni un sólo preludio con estas bombillas de enfrente. La noche disimula el centro comercial y si además llueve puedo imaginar todo pero con estas bombillas que quieren buscar semejanza con una estrella no puedo salir de mí. Cuando era pequeño hacía intentos para que en mi familia no hubiese el más mínimo desencanto y ofrecía una sonrisa feliz lo mismo que los demás lo mismo que en el recreo cuando robaba los bocadillos al gordo por navidad pero desde que nos mudamos hace dos años a esta casa los dulces de navidad se me atragantan con estas luces y la sinceridad me rebosa y se me ilumina en los ojos la mala leche y me acuerdo del gordo de mi clase. Sólo ayer noche mereció la pena la escucha de Bach. A pesar de la lluvia la vecina olvidó cerrar su ventana que está al lado de la mía y entre el sonido de la lluvia y los contrapuntos de Bach se me permitió disfrutar del sonido del goce más privado de mi vecina sin que ella diera su permiso. Con los gemidos de mi vecina desaparecieron las bombillas del centro comercial y pude imaginar la felicidad en un estado tan puro como el goce de dos cuerpos que en eterno roce en eterno contrapunto se olvidan de sonreír porque la felicidad es tanta que no hace falta aparentar nada. La felicidad es como un artificio general que debe cumplirse como por obligación en navidad. Pero cuando dos cuerpos follan es como una pequeña fiesta de navidad que entienden sólo entre ellos y esa complicidad hace que la felicidad se multiplique y los demás cuerpos se vuelvan idiotas por felices que parezcan rodeando al pavo. Yo estaba con mi vecina encerrado en los servicios del colegio cuando el gordo dejó un rastro de migas del pan cateto del pueblo de su madre. Desde donde la joven Olivia se quitó las bragas hasta donde el director firmaba los boletines con la evaluación la llegada de la navidad y la iluminación del parque migas coloreadas con grasas de morcilla y comentarios de todas las clases me daban las pistas suficientes para cortar de cuajo la enorme tripa del gordo que delató la facilidad con la que la joven Olivia ofrecía su cuerpo a todo el que se lo pedía. Al director no sorprendió la revelación del gordo puesto que fue el director quien desvirgó a la joven Olivia cuando todavía era menor de edad. Aquel año lo pasé en el correccional para menores. Fue horrible. El pasillo de la entrada de la casa del gordo era un río de sangre. En cuanto el director vino a pedirme explicaciones y yo me las inventé sobre la marcha fui a casa del gordo y le clavé un cuchillo. Me encerraron. La madre no podía creer lo que veían sus ojos aquella navidad. Mi madre tampoco. Por eso no soporto la navidad me trae nostalgias de cuando mi profesora particular de matemáticas. Fingía con mi madre que yo iba muy mal que no entendía que debería continuar con ella al menos todo el curso. Yo iba a casa de mi profesora particular de matemáticas sin imaginar aquellos pechos tan duros. Iba a recibir clases particulares de matemáticas de una esposa insatisfecha el marido de mi profesora siempre estaba de viaje. De tanto mirarnos y como el marido de mi profesora particular de matemáticas estaba siempre de viaje mi profesora particular de matemáticas y yo acabamos negociando nuestros cuerpos en aquellas tardes que en aquella casa en la cama de matrimonio que nunca se deshizo se deshacían nuestros cuerpos. A mi profesora particular de matemáticas le ponía que yo hubiera matado al gordo aún más cuando supo que fue por vengar la honorabilidad de la joven Olivia era su alumna preferida. Lo supe porque mi profesora particular de matemáticas que era la vecina del quinto y por añadidura vecina también de la joven Olivia llamó al borde de la desesperación a un programa de radio de madrugada para desahogarse que se había enamorado de un mucho más joven que ella alumno suyo pero que estaba casada y a la vez sentía una fuerte atracción por una mucho más joven que ella alumna suya llorando sin parar con el corazón encogido. Por aquella época me pusieron gafas. Hoy soy profesor de matemáticas en la universidad. Dejé de ir a casa de mi vecina del quinto y estudiando por mi cuenta llegué a catedrático. Todavía hoy mi mujer no se lo cree. Como se puede imaginar estoy casado con la joven Olivia. Pero no tenemos hijos y estamos muy solos. Ya al borde de la jubilación mato mis últimas navidades como antaño escuchando a Bach. Yo comencé a aficionarme a Bach sobretodo cuando comencé a aficionarme a las matemáticas. La joven Olivia me traía discos de Bach a mi casa todos los días del año y eran la excusa para follar todas las noches del año en la azotea con la joven Olivia. Los vecinos tendían los trapos en la azotea. En la noche era el único momento en el que sabíamos la joven Olivia y yo que no entraría nadie a tender nada. Pasábamos la joven Olivia y yo allí las noches todas del año tendidos como los trapos en los cordeles lo mismo que un par de calcetines sin preocuparnos del frío o las nubes que las más de la cuenta la lluvia o el vecino que escuchando contrapuntos de Bach deja pasar la navidad sobre un murmullo de lluvia fumando y adivina los gemidos de placer de una joven vecina que no conoce la vergüenza e imagina la felicidad que no se deja ver ni engañar en las fiestas que señala el calendario oficial del estado. El gordo lo sabía. Llevaba gafas desde mucho antes que yo pero no estudiaba nada. El gordo quemaba su juventud como monaguillo en la parroquia del pueblo todos nos reíamos mucho de él. De tan gordo que era la carne se le salía de la túnica hasta el ombliguillo lo mismo que el botón del puchero. Con esas gafas tan horribles que le compró la madre y el incienso rodeándole las burlas se hacían insostenibles tenía un aspecto bastante despreciable. La gorda fue a por él pero no pudo ser. El alcalde le puso el escudo de oro por haber dedicado un poema a la patrona el día de inauguración de las fiestas patronales al gordo. Demostrose que no cuando en el pajar el gordo no funcionó a la gorda en absoluto. Fue comentado por todo el pueblo porque cuando a la semana siguiente la gorda que también llevaba gafas como yo pero que al contrario que el gordo dedicaba sus horas de infortunio a la preparación académica para agarrar el puesto laboral publicó un artículo en la revista del pueblo. El gordo no podía creerlo. En mitad de una tristeza indescriptible que el gordo corrió al despacho del director a contarle la felicidad de la joven Olivia de lo fácil que era que incluso él. Necesitaba de hacer el cabrón. No soportó el doble enojo cuando cerrando la revista del pueblo escuchó gritar a la joven Olivia que en los servicios conmigo cuando hubo un apagón de luz. Los gritos en aquella oscuridad de la aquella joven Olivia dejaban volar la imaginación del gordo. Las bombillas de la estrella del centro comercial se apagaron también el pueblo quedó muy oscuro. Tan sólo los gritos de la joven Olivia cuando llorando la cogí fuertemente y le rompí el vestido a besos y me rompí las gafas del amor tan grande. La madre del gordo se asustó de tanta oscuridad en el cementerio que rezándole a su bola de grasa muerta y empezó a gritar. Recibió una llamada por el móvil el director del colegio que peinándose la lluvia deseó una feliz navidad a todo el alumnado y sacó el paraguas para tapar a su alumna preferida con la que se dirigía a la playa para tomar las doce uvas y brindar con champán francés mojados por el fuerte oleaje de la primera noche del año. La marea estaba alta. En general todos intentábamos que el desarrollo no nos arrugara demasiado procurábamos que las canas fueran las menos posibles sin que el pelo dejara de habitar en nuestras cabezas cada vez más. A pesar de nuestras vidas tan desgraciadas todos éramos más o menos malos intentábamos que el infortunio no nos desmejorara el aspecto brindando con champán francés la última noche del año. Sé que brindaron con champán francés porque mi madre que muy amiga del director del colegio de cuando chicos regalole al susodicho de la despensa la botella que llevaba liada en un papel rojo muy brillante bajo el brazo mientras se nos despedía al alumnado y un trueno resonaba. En el otro brazo y liada en un fular azul llevaba el director a su alumna preferida que como puede imaginarse la joven Olivia que después de tanto follar conmigo no tenía cuerpo como para repetir la navidad. La joven Olivia que tiene alergia a los gatos desde chica comenzó a enrojecer. El champán se le subió a la cabeza y no se distinguía si ruborizada por el enormísimo beso del director o por el enormísimo gato que paseaba por el salón. Ya era demasiado el rubor. El gato no dejaba de dar por culo. De una patada sale el gato despedido a la chimenea y muere carbonizado entre maullidos de la joven Olivia que entre los brazos del director que feliz lo mismo que un gato ruborizada de la heroica hazaña del director que de la heroica patada del beso heroico y el vino que mojaba la alfombrilla que de debajo de la mesilla el tierno beso del tierno juego del infierno prometía aprobados a la joven Olivia a troche y moche. La joven Olivia no prometía nada. De obviar las luces de la estrella de navidad del centro comercial se olvidó la joven Olivia y fue el motivo que nos arrastró al matrimonio. Por lo civil y sin fiesta por falta de ingresos nos casamos y no tuvimos hijos cuando me ofrecieron el puesto numerario en la universidad y me interesé por la carpintería. Modos de ahorrar y acumular dinero en el banco me hicieron aprender a trabajar la madera y tocar el piano en un hotel por las noches en el hotel donde todavía trabajo el único que hay. Mi concienzudo estudio me ofreció la posibilidad de tallar un cristo para la cofradía del pueblo y la amistad de los camareros del hotel. La joven Olivia no veía la ocasión de revivir los viejos tiempos en los servicios del colegio cuando quedó embarazada. El director del colegio malformó en el alma de la joven Olivia un feto que no vio la vida y no tenía explicación racional en aquellos días de tan aparente felicidad conyugal entre la joven Olivia y yo. Acariciaba a la joven Olivia la muerte mientras yo finalizaba el cristo para la cofradía del pueblo y recibía ánimos de los camareros del hotel y felicitaciones de navidad de los alumnos de la universidad. La joven Olivia todavía sigue regalándome discos de Bach. Aunque seguimos juntos siento la incomprensible necesidad de revivir la infancia en la azotea. A la joven Olivia no le importa. Nunca le importaron las lógicas racionales. La joven Olivia como se puede imaginar es mucho más joven que yo. Comprende todo al vuelo. No le importa en absoluto fumar y escuchar a Bach mirando por la ventana conmigo. No le importa obviar subir a la azotea. No le importa que yo recuerde los bigotes del director al gordo mi profesora particular de matemáticas el colegio entero o toda la calle alcazabilla. No le importa porque ella es feliz y no le importa nada tan sólo quizá la necesidad de tener algún crío. Pero el cuerpo de la joven Olivia está ya suficientemente usado y yo ya no estoy para subir más escaleras. A pesar de las luces del centro comercial pasar la navidad escuchando a Bach fumando y dibujando con el humo que se escapa por la ventana los bigotes del director del colegio el sujetador de mi profesora particular de matemáticas o las tripas sangrantes del gordo no está del todo mal. Tampoco este año vamos a brindar con champán francés. Tengo prohibido el alcohol por el médico desde hace tiempo. La joven Olivia por navidad se acuerda del champán francés malos recuerdos dice. Dice la joven Olivia que piensa que todo este triste recordar toda esta triste nostalgia estúpida es por culpa de las bombillas de la estrella de luz del centro comercial de las bombillas que se encienden y se apagan lo mismo que las gentes según la joven Olivia. De cuando en la playa el final del aquel año de cuando probaba y aprobaba sus nalgas mientras ahogaba el alma en el cuerpo de la joven Olivia un señor mayor que le hacía cosquillas en la entrepierna con el bigote mientras susurraba que no se preocupara por nada que él era el director se acuerda la joven Olivia y le entra un placer que no alcanza a comprender y corre a la nevera a por una tableta de chocolate y cambia el disco del tocadiscos. De cuando yo en el correccional escribía cartas a la joven Olivia que follaba a troche y moche todas las noches toda la calle alcazabilla me fueran a soltar antes de tiempo. Ni siquiera una estúpida felicitación de navidad mandó la joven Olivia al correccional. No tenía tiempo más que para follar la joven Olivia era insaciable por aquellos años. Por aquellos años en los que yo me aficioné a la joven Olivia lo mismo que el vecino a los sellos. Una colección de sellos preciosa la de mi vecino pero que sin duda. La joven Olivia es una colección de sellos también. Los paisajes en la joven Olivia son infinitos en el cuerpo de la joven Olivia todo es infinito y el vecino no lo sabe. Lo intuye pero no lo sabe. La joven Olivia es mi tercer brazo mi segundo corazón. Llora la joven Olivia. Malos recuerdos dice y se va a la cocina. Olivia. Se va a la cocina la joven Olivia. A terminar el llanto dice. La estrella de bombillas de navidad del centro comercial pone triste a todo el que mira detenidamente las bombillas de navidad que forman la estrella de bombillas de luz de navidad del centro comercial y se le para la música y se le crece el llanto. A todo el que la mira. Sólo el gemir de una vecina en celo hace posible el milagro de la música. Nuevamente en las almas los contrapuntos de Bach. Supongo se acuerda la joven Olivia de la joven Olivia que la joven Olivia no lo soporta en absoluto. La joven Olivia no soporta la soledad quisiera la joven Olivia ser lagartija. Dividirse en dos lo mismo que una lagartija y hacerse compañía a sí misma la joven Olivia tanta melancolía que yo ya no le sirvo no me soporta. Quizá soy yo la soledad de la joven Olivia. Quizá sus bragas. Sus ojos. Los ojos de la joven Olivia se han resecado. De tanto frío de tantas lágrimas ya no lloran. Los ojos de la joven Olivia me miran. Me miran. La miro. Nos miramos. Nos damos un enormísimo beso muy profundo. El tiempo nos hace malos me susurra la joven Olivia. Tenía yo un viejo piano eléctrico que sonaba pasándole un bolígrafo por las teclas regalo de mi tío Pepe que en paz descanse que me acercó la joven Olivia. Practicaba yo en mis ratos libres y componía canciones de amor a la joven Olivia para que se acurrucara dentro de mí. Para acurrucarme dentro de ella pasar el bolígrafo por determinadas teclas del viejo piano eléctrico del tío Pepe que en paz descanse significaba el requerimiento de su presencia. De la joven Olivia la presencia que oía la sonata atenta y me socorría sin rechistar dejando lo que estuviera haciendo fuera lo que fuera y me ponía nervioso. Prestaba atención a la larga serenata de tonadas baratas que se nutría mi repertorio el que ofrecía yo a la noche después de mezclar a mi vecina con Bach en el hotel mientras ella se divertía con el vecino abrazada a mí las facciones de mi vecino. Fueron sin darme cuenta las mismas facciones que las del cristo que me creció en el mueble bar para la cofradía del pueblo se parecía mucho las facciones de mi vecino. Sin darme cuenta inmortalicé al coleccionista de sellos que se acostaba con mi mujer y fumaba por aburrimiento. Buscaba juventud en la dulce silueta de la cada vez más delgada y joven Olivia. No tuve ningún modelo más idiota. Las tallas que continuaron fueron detalles del cuerpo infinito de la joven Olivia. Se arrastraba por el suelo quería ser lagartija. Guarda también en la cartera la joven Olivia una foto de nuestra profesora particular de matemáticas y dos del gordo ya sé que no debí registrar. Lo que más me descolocó fue el proyector de diapositivas. Entre las esculturas de Miguel Ángel aparecía el director del hotel donde todavía trabajo. Siempre fuimos una pareja difícil la joven Olivia y yo. Anuló las dioptrías con una doble operación el director del hotel donde todavía trabajo. Operó al director del hotel donde todavía trabajo mi tío Pepe que en paz descanse. Fueron compañeros en la cristalería del padre de mi tío Pepe que en paz descanse la cristalería Pepe. Allí dibujaba mi tío su vocación su pasión por las miradas. El director del hotel robaba las puertas del hotel que dirige las que dan a la piscina. La piscina del hotel donde todavía trabajo es muy muy grande. A la joven Olivia le encanta nadar mientras yo colecciono sonatas para el público del bar que de al lado de la piscina se embelesa con las florituras pianísticas que yo les dedico al público del bar en cualquier idioma. El director del hotel donde todavía trabajo se embelesa con las florituras que la joven Olivia dedica al director del hotel donde todavía trabajo en cualquier idioma en la piscina. Un día envolvió en una toalla azul a la joven Olivia que saliendo mojadísima de la piscina el director del hotel donde todavía trabajo. Desde el piano veía yo cómo reían y jugaban a la infidelidad cómo los finos y arrugados dedos de la joven Olivia acariciaban la gorda deforme y pinchante papada del director del hotel donde todavía trabajo su mujer es un encanto decía. Es deliciosa le susurraba al camarerillo de turno. Con la cara ahogada en espinillas reía el joven fregando largos vasos. A lo lejos reían dos camarerillos más mientras servían líquidos de colores en los largos vasos que el joven de la cara ahogada en espinillas que habla por el móvil con su joven esposa. Con la cara ahogada en espinillas reía la joven fregando largos vasos cuando al joven de la cara ahogada en espinillas se le acaba el saldo y no consigue decirle a su amada lo mucho que la echa de menos. La joven esposa del camarerillo de turno trabaja en un restaurante italiano en Londres. Friega largos vasos como él y ríe cuanto haya que reírle al jefe la joven de la cara ahogada en espinillas lo mismo que el camarerillo de turno. En la cristalería Pepe sonaba siempre la música de Bach el padre de mi tío Pepe que en paz descanse adoraba la música de Bach. Utilizaba unas gafas horribles de culo de vaso que ridiculizaban sus hermosos ojos los ojos del padre de mi tío Pepe que en paz descanse. Los que no pudo nunca operar su hijo los adelantos vinieron después eran unos ojos color de miel que aislados de visión alguna causaban gran impresión los que dejaron sin respiración a la madre de mi tío Pepe que en paz descanse el que me regaló un viejo piano eléctrico que pasando un bolígrafo por las teclas sonaba de maravilla y me hacía muy feliz. La joven Olivia era muy feliz con las canciones que yo rescataba del viejo piano eléctrico que me regaló mi tío Pepe que en paz descanse y yo era muy feliz de verla. Mis estudios de música daban envidia al gordo de la tripa sangrante. Intentó el gordo tocar la guitarra con un grupo musical en la parroquia que no consiguió más que las risas del público femenino que en mitad de las misas rompían el más o menos rigor eclesiástico el más o menos silencio reían hasta el infinito y criaban bichos muy extraños en la comisura de los labios. Adoraba la música de Bach el padre de mi tío Pepe que en paz descanse. La joven Olivia regalaba discos de Bach a mi tío Pepe pero mi tío Pepe que tenía recortes de periódico por sangre no hacía caso. Jugaba la joven Olivia con el padre de mi tío Pepe que en paz descanse a ser mayor dedicando en su piano electrónico grandes tonadas bachianas al padre de mi tío Pepe descansen ambos en paz la joven Olivia hacía feliz al susodicho padre de mi susodicho tío y yo me ponía muy feliz de verla. El gordo no soportaba la música de Bach adoraba la morcilla y no tenía tiempo para ninguna clase de música. La joven Olivia se entretenía con el director del hotel mientras yo entretenía con las florituras del piano que ya empezaba a desafinar. El vecino se entretenía fotografiando la escena y dentando más tarde las fotografías. Ponía el precio y mataba lo mismo que cuando la esclavitud las fotografías de la joven Olivia el vecino que enlazada en el cuerpo del director del hotel que aficionado a la cristalería con vocación hotelera dibujaba estrellas invisibles en el dulce cuerpo de la joven Olivia lo mismo que un fular y yo tocaba el piano y me ponía triste y bebía que los camarerillos de turno me llamaban la atención comenzaron a llamarme la atención del tanto beber y el tanto desquiciar a las gentes del hotel con el tanto desquiciar la música de los boleros de la tradicional postal del pianista en el hotel que tocando villancicos de navidad. Todo era un desastre a mi alrededor y en mitad de mi infortunio me entregué al alcohol. La joven Olivia comenzó a preocuparse cuando comencé a abandonar mis costumbres de siempre. Dejé de mirar por la ventana por ejemplo. Dejé también mi afición por Bach. Ya ni aparecía por casa hablábamos sólo por teléfono la joven Olivia y yo. Todo volvió a la normalidad me tranquilicé cuando la cofradía del pueblo organizó un homenaje al tallista del trono y mi vecino se vio reflejado en la madera del mueble bar entendiendo todo como un matasellos. Dejé la huella de mi vecino en el trono que pasearía la aquella cofradía por todo el pueblo por todos los muchos años las vergüenzas de mi vecino lo mismo que un matasellos que de en un sello que de cuando mi vecino y la joven Olivia y el director del hotel aprendiz de cristalero dibujante de poca monta trombonista mediocre pasean los círculos de tinta desgastada de una oficina de correos cualquiera con una fecha borrosa. El fondo de cualquier vaso de cualquier tamaño el final era mi refugio en los aquellos días que no quiero recordar ahora en absoluto. La joven Olivia lloró mucho por la radio. Se refugiaba la joven Olivia en los recuerdos con el monaguillo gordo de las gafas de culo de vaso que le metía mano en semana santa mirando las dos fotos que le quedaban del gordo ahumado en la inmensísima tripa blanca que era la su religión la religión de la morcilla y los pájaros fritos. En los recuerdos con directores de colegios y salas de fiestas varias en definitiva la infinita colección de orgías a las que había sobrevivido el cuerpo de la joven Olivia se colaban mis pasiones con la joven Olivia en los servicios. De la belleza de la joven Olivia de la facilidad de su cuerpo se había cegado todo el colegio todo el pueblo entero hombres y mujeres de todas las clases edades y condición social que hicieron todo locuras de todo tipo por conseguir si no el amor al menos un trocito de la joven Olivia un día dos que todavía menor de edad cuando casadas y solteras se suicidaban por la entrepierna de la joven Olivia por el tanto deseo de probar el infierno. Vendía tabacos la joven Olivia cuando todo el pueblo se echó a fumar. Teníamos mucho dinero pero la joven Olivia sentía la insólita necesidad de vender tabacos en una de las esquinas del centro del centro del pueblo. Sentía la necesidad la joven Olivia de sentirse útil de quizá ser como un más o menos objeto decorativo para los turistas que venían a las fiestas patronales del pueblo que eran muy famosas en todo el mundo. Desde los balcones que las gentes lanzaban rosquillas de pan al trono que pasaba y los turistas grababan vídeos del asunto. Las gentes recogían después del suelo las rosquillas y las canjeaban en el ayuntamiento por vales para beber cerveza mientras se lanzaban los cohetes en honor al patrón y el gordo recitaba poemas. Sonaban los pasodobles de la banda municipal. Los turistas eran muy torpes. Después del tabaco se dedicó la joven Olivia a las quinielas y ahora pinta gatos la joven Olivia. El pueblo se ha vuelto muy sensible por las tan inútiles pinturas de la joven Olivia por los tan inútiles gatos de colores del alma de la joven Olivia la joven Olivia pinta gatos ahora. Gatos de todas las clases en todos los colores pinta la joven Olivia que alérgica a los gatos de nacimiento. Tiene toda la habitación donde escuchó a Bach pintada de gatos la joven Olivia que quizá fobias creativas o alergias compulsivas por aburrimiento excesivo que expone por todo el mundo sus famosos gatos sus ecuaciones pictóricas. La joven Olivia vive ahora en el hotel donde todavía trabajo. De vacaciones por navidad la joven Olivia se registra en los registros del hotel donde todavía trabajo el único que hay. Allí pasa las noches ahogada en burbujas de agua caliente ahogada en las carnes del nuevo director bebiendo champán francés. A pesar de los malos recuerdos con una minifalda blanca que sube y baja según la postura adoptada por la joven Olivia para fumar si echar quizá el humo a la cara del nuevo director para volverlo loco y metérselo en el bolsillo y conseguir quizá cambiar la decoración del hotel donde todavía trabajo o reír si por hacerse la simpática son aptitudes que la joven Olivia sabe ordenar correctamente para terminar en la suite de lujo con el joven y gordo director que ahogado en espinillas no se da cuenta todavía de su nuevo cargo de las quizá ventajas de ser director de algo. Sea lo que sea el joven nuevo director del hotel donde todavía trabajo fue director de orquesta en Alemania el único que había. Cansado de rapsodias y adagios de Albinoni sintió un profundísimo deseo por dirigir el alma de un puñado de camareros músicos y enanos de circo y fue el profundísimo deseo que le trajo hasta aquí. Profundísimo estudioso y profundísimo conocedor de Bach y sus profundísimos pormenores el nuevo gordo que dirige el hotel donde todavía trabajo hoy intenta resistirse ante los encantos de la joven Olivia ante tanto cliente. Entre firma y firma folla a la joven Olivia el nuevo director que en el despacho muere de gusto sin que nadie lo vea para que así nadie se dé cuenta nadie perciba de las debilidades del nuevo director de las que ahoga en carnes a la joven Olivia siempre que puede siempre que nadie lo ve. La joven Olivia suele pedirle de follar en los servicios al gordo. Pero el morbo es algo que un director de orquesta debe controlar ante tanta alma de músico y le hostia la cara a la joven Olivia pero hasta enrojecerla de sangre la cara de la joven Olivia de hasta enrojecerla de sangre de por su inmensa barriga bastísima alfombra de grasienta carne que por el suelo del despacho del gordo nuevo que dirige este nuevo hotel de mala muerte que de mala manera que a pesar de todo que la joven Olivia sigue pasando sus vacaciones de navidad en el hotel donde todavía trabajo hasta final de año con el nuevo director a ver si los gatos a ver si lamiéndole el sudor. Yo aquí. En esta lluvia que mirando por la ventana escuchando a Bach con mi nueva vecina termino el año como lo empiezo como siempre esperando la jubilación sin la joven Olivia que manchada de sangre en la cara como la mayor parte de su vida su cuerpo o como la quizá mayor parte de la su alma que sin la joven Olivia. Aquí rodeado de gatos de todos los tamaños de todos los colores y botellas de un conocido vino portugués que me regalan los alumnos siempre que por navidad saben que me encanta el oporto que a pesar de las prohibiciones del médico del beber por navidad me lo bebo. De olvidarme de todo o intentar que los gatos de la joven Olivia no me coman por dentro como quizá a ella el nuevo director del hotel donde todavía trabajo son algunos de mis divertimentos por estas fechas aparte de Bach mi nueva vecina o el cielo cuando rompe a llover. Lo mismo que cuando compraba el padre de la joven Olivia las hamburguesas a su hija cuando la adolescencia en la joven Olivia la rompía en mil pedazos mil contradicciones que recorrían su cuerpo cuando de antes de casarnos que hacíamos desvariar a polvos al gordo en los servicios del colegio que matado a pajas mataba los sus más bajos instintos religiosos. Todas las mujeres de la casa llamaban papi al enfermo padre de la joven Olivia. Comenzó a prostituirse la mujer del padre de la joven Olivia desde muy joven la misma que luego hiciera el papel de madre de la joven Olivia para evitar desconciertos y tensiones familiares. La para la joven Olivia hermana mayor de la joven Olivia que se había entregado al alcohol desde siempre era también bastante hermosa muy parecida la belleza de la hermana mayor de la joven Olivia a la de la joven Olivia. Murió ahorcada la hermana mayor de la joven Olivia. La mató el gasolinero del pueblo que en mitad de un ataque de celos colgó a la hermana mayor de la joven Olivia en el centro del centro del pueblo. La hermana mayor de la joven Olivia mantenía un romance en secreto con la hermana del gasolinero del pueblo. Se entiende que el gasolinero del pueblo tenía una relación formal y seria con la hermana mayor de la joven Olivia que a pesar de que ni formal ni seria en absoluto que no estaba dispuesto en absoluto el gasolinero del pueblo de dejar a su hermana mucho menos con su hermana pequeña de echar por tierra sus planes de boda de sus hijos de la su jubilación y pensiones correspondientes. La menor de las tres hermanas que padecía esquizofrenia obsesiva pasaba los días viendo anuncios en el televisor sólo anuncios. Así envejecía la joven Olivia que con tal panorama pasó la infancia lamiendo de mi entrepierna en los servicios del colegio en la azotea de mi casa olvidando todo hasta que se hizo mayor y nos casamos. Nos dimos cuenta de que entre nosotros no habían hijos cuando ya era demasiado tarde yo ya perdí todo lo que a la joven Olivia aún le hacía falta. Nunca me operé la vista. Nunca me dejé un bigote como Abdón. Se llamaba Abdón el gasolinero de mi pueblo. Tenía partido el turno y los sábados por la noche pinchaba discos en la discoteca de mi pueblo Abdón el mismo de la gasolinera que salía con la hermana mayor de la joven Olivia. Allí se fijó como de tantos otros la joven Olivia del entonces también joven Abdón pero ese es otro asunto. El entonces también joven Abdón lucía hermosa gomina y bailaba al son de la música al son de las luces y la oscuridad de la discoteca que entre las faldas brillantes de las niñas del pueblo y el humo. La falda de la hermana mayor de la joven Olivia era aquella noche más corta que nunca tan corta que aquella noche Abdón dejó de ser gasolinero para siempre para ser novio para siempre de la entonces también joven hermana mayor de la joven Olivia. Pero nunca fue así que seguía Abdón echando gasolinas en la gasolinera de mi pueblo porque tenía que terminar el contrato laboral con la empresa laboral para comprar piso y coche engordar mujer y criar repollos cuando la hermana mayor de la joven Olivia comienza a verse con la hermana pequeña de Abdón frustrado gasolinero joven engominado pinchadiscos de discoteca de mala muerte de pueblo a escondidas. La madre del gordo que era del pueblo de al lado de donde traía las morcillas que adornaban de grasa la casa donde un día su bola de sebo murió a cuchillazos por un amigo del colegio solía echar gasolinas en la gasolinera donde Abdón la madre del gordo y fue allí donde Abdón aceptó hacer de gigoló para la puta madre del gordo que fue cuando la hermana mayor de la joven Olivia empezó a tomarse aún más en serio si cabe su romance con la hermana pequeña de Abdón para hacer más daño si cabe en el alma de un Abdón que cada día más tonto cuando el romance se extendió por el pueblo lo mismo que el aceite de los churros en el cartucho de papel que los envuelve cuando ni corto ni perezoso y en mitad de una noche en mitad de un ataque de celos colgó el joven Abdón a la hermana mayor de la joven Olivia. Tampoco la hermana mayor de la joven Olivia fue nunca la hermana mayor de la joven Olivia sino su madre y viceversa pero ese es otro cantar distinto. Siguió Abdón gasolinero follando a la gorda madre del gordo hasta que lo encerraron que nunca más salió de entre los barrotes de hierro de la prisión local. La joven Olivia también comió muchas hamburguesas con Abdón de casados incluso que Abdón ha venido muchas veces a casa con sus problemas y una bolsa llena de hamburguesas con ketchup y lágrimas que yo lo ponía a hacer ecuaciones para que se olvidara del tanto pensar el joven Abdón era muy sensible con todo. Le dolía mucho el hambre en el mundo al joven Abdón comiendo la hamburguesa empapándola a lágrimas. Gustaba mucho a la joven Olivia que al joven Abdón le doliera tanto el hambre en el mundo. Había demasiado polvo en la casa tocaba la hora de la limpieza. Ratas de todas clases salían de entre los sofás de por entre los libros las ollas y el colchón de matrimonio. No gustábamos de grandes lujos la joven Olivia y yo lo justo un ordenador y una manta para Abdón depresivo nos reconfortaba y hacía felices. Podíamos quizá vivir en un castillo alquilar una docena de putas por noche o alimentar de por vida a una colección de caballos pero la joven Olivia prefirió se decantó por criar un pingüino. El pingüino era excesivamente gordo tan gordo como el monaguillo del pueblo que metía mano a la joven Olivia en semana santa. Decía la joven Olivia que le recordaban los conciertos de piano del gordo en el colegio los conciertos del gordo que más que conciertos eran pequeños espectáculos de humor gordo que el director programaba trimestralmente para cubrir un poco el ocio gordo del alumnado que reía sin compasión ante la masa gorda aquella de carne que escupía chopenes por los dedos lo mismo que un tartamudo. Apagó la fiesta del gordo Abdón cuando le descubrió al gordo que cada noche se comía un trocito de su madre a escondidas suyas. El director que por aquel entonces no menos gordo que el gordo de tan poco jugar que empezó a gritar y a enrojecer tanto que la gente no paraba de aplaudir cuando le reventó la cabeza lo llevaron al clínico y lo cambiaron por otro director porque ya no valía porque ya lo único que servía de su existencia era un tierno funeral el tierno funeral familiar de los chistes gordos de los muchos pocos y el muchísimo beso negro del negrísimo fular del negrísimo negro que follara el culo del director en otro lugar en otro de sus desconocidos escarceos pasionales los escarceos negros del director del director y su negrísimo negro embutidos en la patera del amor y del dar por el culo hasta la eternidad. El pingüino nadaba en una de las ollas hasta que el calor lo mató que servimos la sopa. El frío era excesivo por aquella época me acuerdo. Trabajaba la joven Olivia por aquellos años en un almacén de pescado que servía como tapadera a cinco albañiles amigos que adictos al mus que en una nube de humo de cinco puros habanos tras una mampara que sólo dejaba intuir cinco gordas sombras que se reunían cada tarde en el piso de arriba a jugar grandes sumas de dinero donde trabajaba la joven Olivia cortando salmón a troche y moche todas las noches. Sobre números y su posible no existencia o la quizá pura especulación creativa del autor siempre que me dejaban recordaba a la vecina del quinto tomando café con alguna alumna. Desde siempre en todos los problemas que planteo al alumnado el número cinco adquiere protagonismo una quizá especie de semblanza a la quizá entrepierna de una profesora de matemáticas a la quizá entrepierna de una quizá esposa insatisfecha a la que yo le completaba el cuerpo de cuando se me salía mi adolescencia derretida. Mi nueva vecina también vive en el quinto. Pero ni es profesora de matemáticas ni hermosa mi nueva vecina. Mi nueva vecina es gorda y calva. Mi nueva vecina colecciona enfermedades de todo tipo. Es ninfómana la última vez desesperada se lo hizo con una batidora. O al menos eso daban a entender los ruidos extraños los aquellos gritos mitad garganta mitad electricidad que escapaban por su ventana y se colaban en la mía en mitad de Bach. Era el cumpleaños de la joven Olivia me acuerdo. Se cortó el pelo guardó su petaca de vodka y bajó a la calle a ver qué. Bailaba desquiciada la madre del gordo en la discoteca cuando la joven Olivia entraba en juego flanqueada por dos jóvenes artistas conceptuales. A la joven Olivia le encantaba escuchar las terribles ideas de estos dos jóvenes muchachos acerca de los gatos de sus posibilidades creativas pero debía regresar a casa. Tenía que madrugar para pelar salmones hasta el amanecer. Los dos jóvenes acompañaron hasta la cama a la joven Olivia que por aquella época terminaba sus estudios de ingeniería industrial y dormía en un hostal de mala muerte donde servían macarrones y natillas para almorzar y macarrones y natillas para cenar los siete días de la semana. La joven Olivia comenzaba a venir a mi nueva casa a traer discos de Bach follar tomar café y perder el tiempo fumando abrazada a mí. No se me despegaba la joven Olivia más bella que nunca si cabe la apreciación de la belleza de la joven Olivia de la su envidiabilísima mirada la serena mirada tan dulce de los azules ojos que como sardinas me miraban fijamente hasta las lágrimas. La gente crecía como champiñones a nuestro alrededor. Intentaría la joven Olivia celebrar su cumpleaños un diecisiete de febrero nació la joven Olivia un dieciséis de febrero. Asomaban los envidiabilísimos ojos que como sardinas de la joven Olivia de los curiosos ojos que todavía hoy siguen curioseando en la realidad que los rodea. La madre real de la joven Olivia murió en el parto dificilísimo por lo que la mujer real de su padre hizo de madre real de la joven Olivia. Parir tanta belleza de una sola vez no tuvo que ser tarea fácil. La joven Olivia supo desde bien joven los poderes que Dios le había otorgado pero los exámenes de febrero y los compromisos varios le impidieron de intentar celebrarlo antes. De quizá iba a intentar la joven Olivia de celebrar su cumpleaños. Si acaso invitar a gentes por medio de otras bocas o no caer en la tan irremediable bajeza de contar con quien no se debía contar desde un primer momento que eran los que eran fueron los motivos varios los compromisos de índole variadísima los por los que la joven Olivia se alisó el pelo y salió tan rubia a la calle que los jóvenes artistas del pueblo quedaron cegados de tanto amarillo sin saber muy bien del todo por qué de tanto que quedaron ciegos y sordos los artistas todos del pueblo que se miraban y discutían de la belleza de la joven Olivia al beber de su vodka de la su petaca sin ofrecerle a nadie de la su posible capacidad de despertar deseos de todas clases deseos de incontenibles significados que traían loca a la población en general sólo por un beso de la joven Olivia. El olor tan fortísimo de las paredes hacían desmayar a la joven Olivia constantemente tanto que tuvo que dejar la su vocación del pelar salmón hasta la eternidad de y recordar que lo suyo lo era de la pintura surrealista de la quizá más fácil de las pinturas de para una mente de tan tan complicada complejidad de tan como la mente de la joven Olivia. Lydia fue su más íntima amiga en aquellos años que fuera de la calle alcazabilla la joven Olivia se sentía extraña. Echaba de menos las torpezas de los turistas de los extranjeros con los paraguas abiertos para que las rosquillas de pan cayeran las más posibles para una mayor fiesta por la noche para un mayor goce una mayor cantidad de alcohol que desde el ayuntamiento el alcalde hacía sonar la banda municipal que por las calles y el sindicato que diseñaba nuevas normas para que el trabajo existiera lo menos posible si acaso acercarse al banco a cobrar me hicieron pensar nuevamente en la cofradía del pueblo y volver a reproducir a mi vecino desde otra perspectiva desde una quizá perspectiva distinta a la de cuando mi vecino con la mi joven Olivia la joven Olivia y los poemas del gordo. Lydia vivía en Marbella pero asistía a clases de contrapunto en el conservatorio. Lydia era profesora en la escuela municipal de música y danza de Marbella profesora de danza. Licenciada en criminología divorciada y con un Adolfito de tres años madrugaba Lydia para no asistir como oyente a las clases en el conservatorio y perder el tiempo en el bar de la universidad con la joven Olivia. De lo maravilloso que era ser madre hablaba Lydia a la joven Olivia que con la mirada empañada agachaba la cabeza y sorbía café lentamente para disimular y comentaba lo caliente que estaba para desviar el tema cuando se levantó a pedir un vaso para enfriar el café y descubrió en la barra trabajando a la madre del gordo. Abdón me abandonó lloraba la muy puta cayéndole las lágrimas por las verrugas de la cara de la madre del gordo que en las mañanas servía desayunos en la cafetería de la universidad y por las tardes hacía de vidente en un programa de variedades en la cadena local que si no no le llegaba para el bingo de por la noche. Lydia aburrida arrancó el coche en dirección al conservatorio. Si aceleraba en demasía llegaría a sus clases de contrapunto. El profesor de contrapunto de Lydia era ciego. Para corregir los ejercicios ponía los ojos blancos el profesor de contrapunto de Lydia cuando aporrean la puerta con desenfreno y en ritmos excesivamente sincopados. Al abrir la joven Olivia desesperada que a la madre del gordo le había dado un infarto. El sexo solucionó el desasosiego entre ambas jóvenes pero lo de la madre del gordo ya no tenía solución y se nos fue. De pena murió la puta madre del gordo lo mismo que su hijo. Porque aunque se piense lo contrario yo maté al gordo de la tantísima pena que me daba verlo con las gafas el incienso y el ombligo empalmado en primavera que le tuve que clavar el cuchillo a ver si soltando sangre podía achicar su alma tan excesivamente grasienta la tan excesiva alma del gordo que analizando los tan bellísimos contrapuntos de Bach. Analizando los tan bellísimos contrapuntos de Bach llegaron las dos hembras a las conclusiones analíticas que sirvieron como temario en el conservatorio como medio o intento de llegar a una riqueza expresiva tan pura que de nada le sirvió a nadie. Repetía una y otra vez la joven Olivia que la música es una técnica muy personal que uno debe adquirir una manera lo mismo que de vivir que si se forzaba demasiado el asunto no conseguiríamos más que mierdas bien engarzadas. Finalizaba su pequeño discurso con un sorbo de vodka la joven Olivia. A Lydia le encantaban los comentarios juveniles de la joven Olivia. Se la comía a besos cuando expresaba así su profundísima tristeza ante una humanidad tan tonta y pretenciosa. Así se congregaron todos los camareros del bar de la universidad y los dueños del bingo en silencio en la puerta de entrada del bar. La gente lloraba y pedía clemencia por el alma de la gorda. La juventud aplaudía y comía sardinas en la playa mientras un helicóptero se paseaba por el cielo y lanzaba pelotas hinchables de colores. Viva la gorda escrito en grandes letras en las pelotas tan simpáticas y en tan distintos tonos las que caían sobre los castillos inevitables de arena que los niños de cinco años acababan de terminar era el pequeño guiño de amor del alcalde de la ciudad a la gordísima madre gorda del gordo gordo que improvisó empapado en lágrimas inevitables. El alcalde no soportó el dolor inevitable y a los pocos días el periódico del pueblo anunciaba la inevitable muerte de un gasolinero que inevitablemente quemado en los servicios de la prisión local que aún no se sabe a manos de quién si quizá un suicidio de amor si quizá un suicidio o acaso si quizá un suicidio. Mientras estaba la su amadísima terminando unas aceitunas en la esquina menos visible del restaurante cuando el jefe la sorprende robando macarrones. Resonaban las campanadas del Big Ben. La camarerilla de turno comienza a chupar húmedamente las puntiagudas orejas del jefe sin explicación racional alguna quizá un rápido pero profundo y gratuito placer para el jefe que quizá feliz lo mismo que un niño de cinco años construyendo castillos en la playa mientras la lengua de su amadísima recorre respirando un vaho húmedo y calidísimo que cae lentamente en el cuello del jefe sin compasión que comienza a respirar con dificultad del tanto placer. Sucedía en los servicios del restaurante esta especie de violación laboral tan poco lógica cuando en el teléfono móvil de la desdichada criatura que con un delantal blanco que deja intuir cómo crecen sus pechos a medida que avanza la escena poco a poco resuena por encima de la música del griterío del local en cuestión. Necesitaba sentía tanta necesidad de escuchar a su esposo aunque sólo en forma de alaridos electrónicos de teléfono móvil de oferta tres por uno que el volumen al máximo cuando acaricia la humedísima lengua del director con una sonrisa dibujada en la mirada mientras se seca cariñosa y corre desesperada a cogerle el teléfono a su amado que estaba en la cocina. No esperaba verlo allí entre mortadelas y pasta italiana que lo abraza en mitad de un nudo de lágrimas de alegría y comienza a introducírselo entre aromas de macarrones y humos canelones. Todos los cocineros eran gordos. Corrían de un lado a otro de la cocina montón de gordos abigotados sin dar crédito de lo que veían. Comienza una inentendible orgía en la cocina del restaurante entre cocineros gordos y la amadísima hermosa emigrante del canijo que ahogado en espinillas llora desconsolado. A su amadísima se la están cargando quince gordos. A su amadísima se le ha gastado la batería y no sabe lo que pasa. Quizá a su amadísima la están violando quince masas de carne que hablan en inglés y ríen aromas de cerveza en la mirada cada vez más ausente de la cada vez más incomprensible amadísima criatura del jefe que al borde del infarto en los servicios no sabe que la clientela gorda se le está largando sin pagar sin tomar la última copa la copa gratis de despedida. El canijo llora delirando cuando coge la seis treinta y cinco del jefe y se vuela los sesos. La gente del hotel no para de aplaudir. Yo continúo. Su amadísima es ahora la encargada en una conocida casa de putas de Londres. No sospecha que su esposo se está pudriendo bajo tierra. El orgullo los puso a prueba y ahora cada cosa está en su sitio. Tampoco se conoce todavía el autor de la quema de Abdón. Fui yo. El alcalde conoce mi profunda pasión por acumular dinero en el banco mis pocos escrúpulos y me tiene bien asegurado en su empresa. Algo así pasó con el gordo. Fue un encargo realmente. Por eso la navidad se me hace tan larga desde aquello yo quería mucho al gordo. La navidad se me hace demasiado larga sin la joven Olivia. El oporto se está acabando sin la joven Olivia las luces de la estrella de navidad del centro comercial siguen parpadeando. Sin la joven Olivia ahora un apagón sería delicioso. Como cuando con la joven Olivia que Bach se escondería con las bombillas de la estrella de navidad y quedarían los gritos desnudos de mi nueva vecina en mitad de la lluvia que cae intensísima. Los gatos de la joven Olivia morirían ahogados. Yo dejaría que se ahogaran. Ya no tengo quien me acerque el piano electrónico de mi tío Pepe que en paz descanse pero no importa. Tampoco tengo quien me escuche tocar sólo el cariño de mis alumnos en forma de botellas de oporto la felicitación de navidad de la cofradía del pueblo y la visita inesperada de algún camarero del hotel que pille las vacaciones por navidad. El canijo solía visitarme por navidad con Abdón. La joven Olivia también solía visitarme por estas fechas. Espero que vuelva algún día la joven Olivia se fue muy enfadada. Aunque sólo le despierte curiosidad mi situación penosa que aunque venga abrazada a Lydia fardando del hijo que comparten en el que sabe perfectamente que nada tiene que ver qué me gustaría volver a verla a la joven Olivia con sus gafitas intelectuales. Quizá dentro de cuatro meses tenga noticias de la joven Olivia. El dos de mayo es mi cumpleaños y a la joven Olivia nunca se le olvidan las fechas importantes. Aunque los fusilamientos del dos de mayo ya no significan nada para la joven Olivia. Ni el cumpleaños de papi. Ahora prefiere ahogarse en piscinas redondas y beber champán francés en interminables copas de cristal interminable. A la joven Olivia se le pasó el tiempo de brindar con oporto en vasos de plástico de quizá interrumpir risas interminables por beber vodka de la su petaca en mi boca. La joven Olivia quiere ahora tener bien construida su vida para poder destrozarla a sus anchas. Últimamente no entiendo los comportamientos de la joven Olivia. Lydia nunca podrá ofrecerle lo que ella me arrebataba en los servicios sin permiso bien lo sabe. Quizá haga viajes inesperados o de ir a por leche a la calle alcazabilla pero cualquier intento será fallido para la joven Olivia. A la joven Olivia ahora lo que le gusta lo que le encanta son los baños de leche mientras pierde la cuenta de las copas de champán francés de las que se toma con Lydia en la piscina de leche. Ahora hace un programa matinal de cotilleos y por la tarde folla y bebe leche con Bach de fondo en la piscina de con Lydia la joven Olivia. Por supuesto ni que decir tiene que el hijo de Lydia no sabe nada de esto. Adolfo es ahora el director del conservatorio y no tiene tiempo trabaja siete horas al día. Adolfo quedó ciego en un accidente laboral no calculó bien y rodando por las escaleras del conservatorio se clavó la doble lengüeta del fagot. Por eso que Adolfo ahora casi nunca está en casa que desconoce el lado lésbico de su madre sólo le funciona un ojo y a duras penas. Sólo el agua alborotada podría dar fe pistas a lo sumo de lo juguetona que es la su madre la madre digo de Adolfo que retozando en la piscina de leche en el silencio del cuerpo de la joven Olivia se olvida de todo de hasta de su hijo mientras su cuerpo gime en silencio sin echar cuentas de que el ciego pasea por los jardines intentando inspirarse una sonata. Parece que es requisito imprescindible quedar ciego no ver absolutamente nada dejar hacer suene lo que suene. Yo también quedé ciego. Hace mucho demasiado tiempo que no veo a la joven Olivia me pusieron gafas cuando tenía seis años. Hubo un tiempo en el que me hice imprescindible en la vida de la joven Olivia pero ahora parece que el amor que se nos derramó en los servicios del colegio ha caído en el olvido. La culpa de todo la tuvo un certamen de belleza el certamen de belleza que en la semana blanca se organiza todos los años en el pueblo. Coronan a la hembra que antes acepte follar al alcalde sin decírselo a nadie delante de las cámaras del pueblo. La joven Olivia claro ganó el certamen rauda y veloz. Con los pechos bien evolucionados y después de varias cervezas españolas y un agua tónica de nombre extranjero que se echó rauda y veloz la primera sin compasión ninguna hacia sus compañeras encima de la entrepierna del alcalde que la joven Olivia que se llevó el primer premio incluso en un concurso de bel canto del pueblo de al lado. Por eso que ya no soy imprescindible en la joven vida de la joven Olivia. Mis detalles ya no son imprescindibles. La joven Olivia ya no se alisa el pelo para mí. Tampoco celebra su cumpleaños. Lydia es ahora su imprescindible en la su vida la quizá vida de la joven Olivia que sin Bach ya quizá. Quizá su vida de gatos y aburrimiento la que completa la su Lydia cuando una ola de calor y aromas salinos azota al pueblo y todo se vuelve primavera o las niñas se refrescan los vestidos se vuelven felices y se alisan el pelo que la joven Olivia recibe así la primavera todos los años o los al menos que estuvo más o menos abrazada a mi alma evolucionando. Pero debo corregir exámenes. A mí también se me desarrolló una vida oficial en el alma y debo llevarla a buen puerto resolverla con los menos pormenores posibles una postilla que ahora la joven Olivia juega a decorar con pinturas óleos. Me acuerdo estaba el gordo en la especie de camerino terminando de enfundarse el frac lo mismo que un embutido popular. La profesora de música abriendo la tapa del piano cuando la torpeza y la poca experiencia le hicieron pillarse los arrugados deditos y de qué manera. Los gritos de la anciana a punto de la jubilación resonaban llenaban y hacían reír al público más adolescente. El director orgulloso del tanto éxito del concierto aun sin empezar reía a la par que rociaba de caramelos al público que haciéndole olas a la profesora de música que sin ayuda cambiaba de color lo mismo que un camaleón era el día de Andalucía o preludio andaluz a la semana blanca de los escolares. El gordo comenzaba a quejarse a lágrimas necesitaba aplausos. El director reía como nunca. La abuela se desmayó y la banda municipal improvisó una coda y un telón muy gordo como de semana santa que bajó como cerrando el acto oficial del concierto popular o tradicional concierto de piano del día de Andalucía. Comer sardinas en la verbena o explotar petardos mientras se bailan vinos comen chistes y se matan las cucarachas de las alcantarillas eran los entretenimientos de entrada. La semana blanca parpadeaba como una estrella comercial de navidad y el gordo se quitó el frac para preguntarle a Dios que qué había pasado que qué con su concierto que qué con la abuela que qué. A la abuela que al borde de la jubilación se le gangrenaron los brazos y ya no sonó nunca más un solo acorde Chopin en su boca de en la su poca vida jubilada la corta vida jubilada que le quedaba ya en las venas de las manos que tan podridas que al poco tiempo murió podrida entera por completo pero ya daba lo mismo. Del director que volvió a ser director por muchos años de la orquesta popular de su pueblo en Alemania volvió al hotel aunque siguió destrozando vidas de profesores encima de los escenarios de para el deleite del ocio gordo del deleite del alumnado que aclamaba la presencia de esta persona herida en espinillas por todo el mundo. Cinco. Indiferente lo que se haya escrito siempre me parece adecuado. Sin la joven Olivia todo me parece adecuado. Todo. Esas bombillas de la ventana comercial me nublan la navidad. Esas bombillas que de como cuando Lydia me nublan la visión. De cómo cuando que con el pañuelo africano que rodeándole el cuello le rodeaban el alma de la lengua de la joven Olivia que de por todo el cuerpo de por las enormes piernas de Lydia la que recorría siempre que podía siempre que el cuerpo se lo pedía o de como regalo de bodas que de su ex del de Lydia que de la de la felicidad por consiguiente de la de la alegría africana del no tener del que pasar más pensión de más porque no porque no le da la gana más si acaso más la felicitación de navidad más que si sí que si no o que si acaso si acaso más o se le apetece o si acaso la felicitación más si acaso que si de enviársela a la mansión que qué más pero que la felicitación o desde África o desde como mucho Marbella. Es muy lamentable el estado de la joven Olivia se ha dado al baile y a los chiringuitos. Ahora pinta chiringuitos y sonidos de acordeón la joven Olivia. Pinta clítoris como una obsesa y viste pantalones oscuros bien ceñidos camisa blanca aparentemente desabrochada y un sombrero cordobés la joven Olivia aunque aún sigue con sus gatos. Leía los trópicos todos de Henry Miller una y otra vez y fumaba todo lo que a Lydia se le antojaba todo lo que Lydia le ponía en la boca. Bailaba la joven Olivia sevillanas en el centro del centro. Lydia se le reía para que se le empezara a bajar la minifalda como sin darse cuenta. Las dos hembras se entregaban sus cuerpos en los aparcamientos de la feria a vista de todos los borrachos. Amanecía. Desprendidas de todo resecaban sus cuerpos al sol del tanto flujo del tanto jugar al rescate. Pero Lydia estaba muy limitada. Tuvo anteriormente una amiga argentina que no la trató bien. A Lydia le encantaban las técnicas. Le encantaban las técnicas y los pañuelos africanos a Lydia. Lydia tenía unas piernas interminables. Su cuerpo tenía una textura que traía loca a toda la clase de contrapunto. A sus treinta y cuatro llegaba con minifalda a las ocho de la mañana y el ciego se echaba a llorar cada día de un color distinto. Se relamía de placer chupando el capuchón del bolígrafo con sólo escuchar la voz de Lydia con sólo imaginando su cuerpo que envuelto en un pañuelo africano y una minifalda blanca volvía loco a todo el que admiraba el ombliguito de Lydia a la luz del sol del patio de juego del conservatorio el ciego. Se conformaba con su olor. La joven Olivia no podía evitar la masturbación diaria en los servicios de la universidad con la foto de Lydia en minifalda sólo en minifalda. Sus compañeras no podían creer tanta belleza. Después de todo este amor continuaron una serie de meriendas a la sombra de los altos árboles del centro del centro a principios de mayo. La antigua amiga de Lydia llegó al pueblo buscando reconciliarse. Delgada y sin pecho aparente vestía con ansias revolucionarias un pelo oscuro y largo. Siempre envolvían su mirada varios hilos de humo de cigarrillo mal liado que le daban un aspecto bastante novelesco. Verónica nació en Córdoba. Vino a terminar sus estudios de filología hispánica. Reconciliarse con el cuerpo de Lydia y de paso pasarlo bien o al menos lo mejor posible era secundario. Se reunían las tres en los bancos del centro del centro todas las tardes y hablaban de física o botánica pero generalmente todos los temas desembocaban en el amor. Era mucho amor el que las tres jóvenes podían desmenuzar para el entretenimiento de la una de la otra. Lydia hablaba de una amiga del otro lado del charco Verónica de una compañera de la facultad y la joven Olivia del oporto en vasos de plástico. Todas hablaban de la misma.

El cuarto baño

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Bea Sánchez
El sur del sur 2014
Óleo sobre lienzo
22 x 27 cm

A mis padres

1. Mira Antonia esto no es más que un juego. Entiéndeme. Pero no es preciso distinguir realidad de no realidad tan decididamente como lo hacen tus padres. También pudo ser que las cuatro sandías que compró tu tía Juana se suicidaran en ascendente contra el techo de la cocina sin más explicaciones. Sí. Ya sé que no es muy lógico encontrar la cocina encharcada en trozos de sandía sin más por qué. A lo mejor fue Juanito con el niño de la vecina jugando al fútbol. O a los asesinatos. Y por qué no. Mira Antonia yo lo único que digo es que tampoco hay que ponerse así. Que un mal día lo tiene cualquiera. Sí. Ya sé que a veces me confundo. Sí. Sé de dónde vengo. Y adónde voy. Sí Antonia. Cálmate. Por cierto aún no me has dicho qué debo hacer con mis manos. Cada día tengo las manos más largas Antonia. El teclado del piano me viene chico y al niño me lo paso de la izquierda a la derecha sin mayor complicación. Ayer jugué a las canicas con  las  sandías sí.  No Antonia.  No se me rompieron a mí. Cuando llegué del Machuca. La cocina ya estaba roja. A lo mejor ha sido el calor Antonia. El niño estaba en casa de la vecina. Antonia te lo juro. Que ya no me caben ni en los bolsillos del pantalón. No puedo ni pelar patatas. Y no sé qué preparar para cenar. Porque algo tengo que hacer. Sí. Ya lo pensé Antonia. Pero si tampoco puedo llamar por teléfono. No sabes cómo tengo los dedos Antonia. Parecen mis colegas de la mili. Con el niño no puedo contar para nada. Está todo el día volando. Ya Antonia. Perdona era una broma. No estaba pensando en sus orejas Antonia. De verdad. Que no tiene todavía los pies en el suelo quiero decir. Es muy chico. Está todo el día jugando con el vecino. Chiquilladas Antonia. Ahora estoy en una cabina. Paco me marcó el número y se fue a tomar unos vinitos a mi salud en el bar de aquí enfrente. No te preocupes. Eché todo lo que tenía suelto. El billete lo tiene el Paco el muy listo. Sí. Se va no sé cuántos días a Londres. Dice que para pensar. Claro Antonia. Es que este pueblo no está hecho para los intelectualistas como Paco. Yo tampoco. Antonia no te rías. Es que Paco a veces  con  el vino se pone muy tonto. No soy cruel Antonia. Espero que no pases mucho frío. Y cuando llegue la noche no te acuestes con nadie. Aguántate. Al menos hasta que vuelvas. Porque yo sé Antonia que volverás algún día. Por lo menos para ver a tu Juanito. Que ya estoy muy viejo y digo muchas tonterías. Aunque no me negarás que te picas con mucha facilidad total por unos charquitos de sandía de nada en la cocina que dicho sea de paso es chiquitísima la verdad es que no te entiendo hija. Sí Antonia. Me gusta. Pero poquito a poco. No tú. Corriendo con tus padres a casa de tu tía como si yo hubiese cometido algún asesinato. Yo tampoco estaba para saber lo que pasó. Sí. Tomé unos vinitos con Paco. Antonia no te pongas judicial. Antonia. Que se te dispara la razón. Si no sé ni por qué me gasto los dos duros que me quedaban para la tapita en escucharte. Antonia que ya está Paco aquí para colgarme el teléfono.
2. Qué te ha dado. Hace una semana que no sé nada de ti Antonia. Y ni te preocupas en llamar ni nada. Siempre tengo que llamarte yo. Y como tengo los dedos. Y el corazón Antonia. Estoy muy triste Antonia. Sí. El Paco. Que se ha matado. Sí. Pero no me llores que si no no puedo. Pues que le dio un ataque de heroicidad y harto de vino se colgó del puente para practicar ese deporte moderno de las ferias modernas. Pero claro Antonia. Y con lo gordo que está el golpe del cinturón al caer en el aire le abrió por el ombligo. Sí Antonia. Todas las tripas sobre los vecinos que no podían creer el reventón de Paco en el aire. Muy triste sí Antonia. Y muy asqueroso. Una muerte muy estúpida. Como Paco era. Aquí chapurreando jazzes sí. Es que iba a explotar el muy cerdo. Y claro a la mínima que se le abrió el ombliguillo… El niño parece que se haya hecho autista desde que se murió Paco. No sale del cuarto Antonia. Me tiene muy preocupado. Si tú no  fueses  como  eres te vendrías. Que te necesito Antonia. Y no me llores. Sí. Las manos ya se me están desinflando. Será el frío. Desde luego que vaya  navidad Antonia. Y encima sin Paco ni nada. Qué triste. Y a ti que ya te veo con un novio nuevo. Desde luego… A tu edad intentando la modernidad Antonia. No te pega. Ya está enterrado y todo. No fue nadie Antonia.
3. Antonia tienes el placer mal educado. Que hasta ayer no me di cuenta de que el Kandinski de la terraza estaba al revés Antonia. Sí. Desde siempre. Desde que faltábamos a las clases del conservatorio para fumar mirándolo. Sí Antonia. No me llores. No Antonia. Son las obras. Es que la fuente está descolocada Antonia. La fuente de la burra sí. El ayuntamiento dice que está rehabilitando el pueblo. Ya ves Antonia. Rehabilitación dicen que se llama. El displacer. No. Un pastiche Antonia. Si es lo que yo digo Antonia. Yo aquí solo. Sí. Ahora aquí en la casa de la ferretera. En Turut. Ya Antonia. Es que la soledad  me  está matando. El niño todo el día en el quiosco con la bolita. Sí. Ahora helados. El calor Antonia. Sí. Aquí más. El pueblo. Sí Antonia. Ahora más. No Antonia. Lo digo por el calor. No es que lo de imaginar es un placer claro. Pues la ferretera me pone unas coles que ni te cuento rica. No Antonia. No te tropieces. Es la intolerancia digestiva perdona. Además que ahora que lo pienso me aburres mucho. Sí. No sé ni por qué te llamo total. A lo mejor. Será que estoy muy religioso  Antonia   sí. Que a veces me  haces sentir la nada querida. Sí. Cuando digo a veces me refiero a cuando me llamas a veces o sea siempre. Sí querida. Desagradable. Sí. Que ya estaba harto de la Trini. Y qué quieres. Es muy baratita. Pero muy aburrida. Más que tú. Sí claro. Porque a mí me parece que la ferretera quiere que le dé de comer. Sí Antonia. Le dan morbo los maduritos listos como yo. Luego me iré a misa. Sí Antonia. Estoy muy religioso. Habrá sido la Trini qué sé yo. Ya. Y qué. Es así peloncilla. Sí. Es como una especie de albondiguilla mal hecha. Pero yo la quiero mucho Antonia. Me tiene la casa como los chorros del oro. Sí como quieras querida. Déjame a mí mejor. Y a ver cuándo le diriges la palabra a tu Juanito. Bueno. Aunque sea por carta. No. A mí nunca me ha interesado el correo ajeno egocéntrica. Si me eres indiferente Antonia. Las orejas le han decrecido me parece. No Antonia. Me ha salido así. La ferretera que me pone  muy bien de comer mal pensada.  Y además qué.  A mí me da lo mismo. Tu cuerpo es tuyo. Sí. No creo que nadie lo quiera. Pues que ya no Antonia. No yo tampoco. La Trini sí y qué. Pero yo ni me enteré  ni nada  no  te  creas.  Uno que ya está harto de todo. Nada que cuando ella va yo ya he venido. No. Es que soy así Antonia. Merdellona. Encerrado en el cuarto baño. Sí. Toda la mañana. No sé. Igual ya se ha muerto también. Don Prudencio estaba muy mayor ya. Don Anastasio también. No sé. Hace años que no voy. Lo mismo ya ni dan misa ni nada Antonia. Yo ni me he enterado de nada. Chorreando. Que se me ha caído la limonada.  Pero si me he bañado ya cuatro veces Antonia. Nada meneándola  con  la cucharilla. Es que me pongo nervioso sólo de escucharte.

4. A las dos o así más o menos. Nada que con el barullo y los petardos y el vino que me quemé un ojo. Nada Antonia. Tranquila. Y nada que me tuvieron que llevar a la casa. Sí Antonia. Vino Machuca a mirármelo pero que allí no había más a parte de lo de siempre aunque un poco alterado. Vendado pero ya está no te pongas así. Unas gotas. No Antonia. A lo mejor lo estoy poniendo misterioso. Pero es sólo por entretenerte querida. Ya. Para que veas. No si yo ya estoy acostumbrado a todas esas muestras de cariño tuyas. Sí. Que no me importa de verdad. No qué va Antonia. Si a la ferretera le faltó tiempo para liarse con la de la panadería. Sí Antonia. Nada a las cinco que aparece con seis batatas humeantes tumbadas en una bandeja como tomando el sol y oliendo a caramelo por todo el pueblo. Claro. A la ferretera se le hizo la boca agua. No Antonia. Las batatas le daban igual. La panadera Antonia. Sí. El delantal quizá qué sé yo. Ya. La llamó diciéndole que no viniera. Que estaba mala. Sí Antonia. Mala del vicio que se le había despertado hacia la panadera nomás. Vaya querida. Nunca  supe  tu fascinación por la bollería. Me sorprendes cada día con una cosa nueva. Sí Antonia. Yo estaba ya con el cuerpo hecho que iba a conocer a la pequeña lesbiana y nada. Nada Antonia. Que no hay manera. Dos días y como nuevo. Sí Antonia. Eduardo no sabe nada. No. Yo creo que a Eduardo nunca le interesó conocer las verdaderas aficiones de su mujer. Por eso Antonia. Sí. El amor por la bollería digo Antonia. Así está la cosa querida. Igual se ha convertido en batata querida no te preocupes. Las estrías son normales en las barrigas grandes tan grandes de la gente sensible como tu padre querida. Ya Antonia. No. Perdona pero  Paco era distinto no compares querida. Las estrías de Paco eran como estrías de felicidad. Ya Antonia. Así la palmó el desgraciado. Ya. Niña que te dejo que el Machuca ya está aquí con las gotas del ojo.
5. Nada. Aquí cambiándole el agua a las tortugas. Mejor. Sí espera. Es que la quinta suena mucho en mitad del primer tiempo perdona. Voy a quitarla espera. Ya. Sí Antonia. Lo del ojo era una tontería. Perdona querida. Sólo era información nada más. Sí. La misa es una fiesta muy alegre esa. Sí Antonia una canción muy contradictoria ya qué quieres. Casi Serrat digamos más o menos por decir algo pero que vaya. Toda la iglesia entera junta. No que va. La niña toda contenta con su comunión colgando. Sí. Comí con toda la familia porque casi llorando pidiéndomelo el padre y qué iba a hacer yo ya ves. Muy triste querida. Yo no le veo la gracia Antonia de verdad. Es que ver al hermano de Paco o sea el tío de la niña jugar con su dentadura entre los vasos de las gentes del pueblo bien harto de whisky me pone muy triste querida. Sí querida. Y en la comunión de su propia sobrina. Sí Antonia. Se me escapó media lágrima de tristeza. Pero nadie la vio no te creas. Yo mis sensibilidades me las sé esconder entre las gentes del pueblo muy bien. Sí claro. La venda tonta. Y por favor que dejas de  fumar  que te estoy viendo el amarillo de los dientes sólo de escucharte. Camionera. El tito Manolo está muy mal. Está prácticamente fuera de escena. Que sólo le queda un bracito bailoteando como puede en mitad de su muerte como una banderita pidiendo la paz. Y qué quieres querida. Así acabaremos todos hija mía. Sí ya. Y no me llores que no. Si tu Juanito nos quiere mucho. Sí Antonia. Que le dimos el colacao más tiempo de la cuenta me parece quiero decir. Y así está claro. Hecho un toro. Sí Antonia silvestre. Digámoslo así. Correteando con su camisetita de dragón zeta que por cierto ya no se le ve ni el dibujo ni nada sí. Pero un toro a fin de cuentas querida déjate. Es que la ferretera en la ferretería que es su trabajo no sé si lo sabes. Claro Antonia. En ayunas todavía. Porque después de quitarle el verde a las transparencias de la casita de las tortugas de la ferretera sólo me apetecía hablar contigo. Sí Antonia. Que los pelitos de tu barba  se  me  enredan en los sueños y que no puedo olvidarme de ti. Que me voy que tengo que freír algunas cosas para el almuerzo y que no me da tiempo.
6. Juanito lloraba como yo nunca lo había visto Antonia. Claro. Es que ver a tito Manolo con tantos cables es muy triste querida. No sé pero me da que de ésta no sale. Ya. Ya Antonia. Yo te estoy diciendo según lo vi yo ayer. Muy mal sí. Por lo visto tenía problemas económicos. Sí Antonia. Deudas sí. Y claro le dio el reventón por dentro. Es que no se puede ser tan trápala como tu tío. No. Que no Antonia. Que luego se perjudica el sueño tanto trapicheo. Si lo sabré yo de cuando chico. Sí. Que no se puede llevar ese ritmo tan mayor ya. Claro Antonia. Sólo tienes que pedírmelo. Vale. Me haré un agujero que selle nuestro amor en la oreja. La derecha prefieres. Bueno. Que ahora estoy muy sensible con lo del tito Manolo y no puedo. Sí Antonia. Que me acuerdo cuando íbamos al centro los domingos y me compraba un par de churros que cuando llegábamos ya estaban fríos y todo claro y yo era el sobrino más feliz del mundo entero. Sí. Además que no sabes lo peor. Adivina Antonia. No. Tampoco. Menos. Me han vuelto a crecer las manos. Sí. Ahora como nunca. Y en las noches se hacen sombras en  las  paredes  y paso mucho miedo hasta que  me doy cuenta que son mis propios dedos. Sí querida. La ferretera se parte de risa. En bragas. Sí. Me tiene malo Antonia. Pues que me hace pucheritos a la par que me suplica un vhisky ballantinas con cocacola como dice ella que decía su amiga Renata que era checa y tenía una eme chiquitilla de plata colgada en el cuello y cosas así. Y claro yo no puedo Antonia. No. Qué va. Que yo ya estoy muy mayor para más meneo. Claro querida. Un par de bolsas de la basura. Sí Antonia claro. Si ya sé que parezco un boxeador pero siempre es menos llamativo que llevarlas al aire libre. Eso por supuesto Antonia. Seguro. Y que como no me dé una solución tomaré medidas. Claro Antonia. Yo necesito tocar el piano todos los días y si no lo toco el estómago  se  me  descompone  de  tristeza y se me descompone el trabajo. Si es lo único que me hace caso querida. El piano digo Antonia. Qué va a ser si no. Porque tú ahí con tu rollo. No por favor Antonia. No me hables de las paellas de tu madre que se me ponen los arroces de la última en la boca y me entran náuseas. Perdona Antonia. Fatal. Mejor hubiera sido que se dedicara  a  las  canicas.  O a las chapas. No querida. Sólo era una idea. Ya. Bueno pelona que voy a colgarte. Vale Antonia. Que la ferretera me está haciendo señas que se tiene que ir al trabajo y sólo ella puede darle al botón de colgar porque es que lo que soy yo con estas manos querida de verdad que es que no puedo. Hasta mañana.
7. Perdona. Ya sé la hora que es Antonia. Pero es que no sé qué hacer. Ya. Pero es que estoy que me muero Antonia. Que me invade la tristeza por la parte del corazón y cosas así. Que la ferretera y la prima se han matado. Sí. En la bañera Antonia. Y yo no puedo soportarlo. A mí me va a dar algo Antonia. Que me voy para arriba creo. Con el Paco. Porque en mitad de la noche que estaba yo soñando con tu culo se me interrumpe la cosa. Unos ruidos raros en el cuarto baño. Claro Antonia. Y yo digo estas dos están de fiesta y qué bien se lo estarán pasando. Y tú sabes que a mí ni me va ni me viene Antonia pero me dio por levantarme y ojear un poco el asunto sólo por curiosidad no te creas. Y al asomarme me las veo a las dos abrazadas en la bañera en medio de un charco de sangre. Ya me he tomado de todo Antonia. También Antonia. Pero nada. Es que creo que no voy a poder tenerme mucho más tiempo en pie. Que las piernas no me paran de temblar y se me va el cuerpo Antonia. Nada tranquila. Porque cada una en medio del abrazo con una cuchilla de las mías de afeitarme en la mano. Y sendos cortes.  Y  la  sangre  abundante.   Y  he  llamado a los uniformes y todo Antonia. Déjalo que duerma angelito mío. Ya lo he pensado. No creo Antonia. Lo que me faltaba ya para rematar. Y con lo bonitas y lo jóvenes que eran las  dos Antonia. Y la gracia que yo les hacía. Es que no sé qué hacer. Una limonada de las mías. Que nunca imaginé nada de esto Antonia. Y qué le hago. Cómo quieres que me lo tome. Tú ya sabes que yo casi nunca lloro. Pero esto es que me rebosa. Se me sale. Y digo yo que los uniformes ya estarán al venir y cuando vean el plan es lo que tú dices. Es que no lo pensé. No me dio tiempo Antonia. Si yo estaba gozando en medio de tu culo cuando comenzaron los jadeos. Si es que estoy histérico y no controlo qué quieres. Imagino que tendré que ir a declarar y todas esas puñetas claro. Ya Antonia. Sí Antonia. Que estoy histérico pero no soy idiota. Que no te llamé para que me aconsejaras acerca de mis declaraciones que te pones muy estúpida digo. Que es que me muero y no sé por qué me alivia escucharte. Porque Antonia yo no sé si voy a soportar esto. Y a lo mejor me pierdes y quiero decirte cómo te quiero incluso ahora. Los uniformes ya están aquí Antonia. Luego te llamo.
8. Antonia soy yo. Gracias por lo de la radio. Mejor sí. Aquí en la playa. Ya se me ha pasado el berrinche sí. Que te llamo porque ya tengo terminado el cuadro ese inspirado en tu culo que te comenté no sé si te acuerdas por si te querías venir a verlo. Bueno. Nada nada. No importa no te preocupes. Qué va. La Trini también se las trae ahora. Que se ha enamorado del barroco. Sí Antonia. Será el ruidito de las olas aunque el oleaje ahora mismo es muy chico no sé. El niño se está encargando de la ferretería. Claro. Por lo menos se entretiene. Sí. Ya cortaron claro. Es que aquello era una relación podrida Antonia. Sí. Me llegaré luego al Avellano a tomar unas copichuelas a ver si me animo. Claro Antonia. Ya ves. Y toda de bambú verde. Lindísima. Familiares supongo. Muy moderna. Me miró con cara de violín. Claro. Me di cuenta en seguida de lo que le pasaba. Es que el Machuca se ha tirado toda la mañana practicándome el tacto rectal ese y claro. Que a mí me pasa algo en el culo estoy seguro Antonia. Antonia tampoco hay que ponerse así. No creo. Con  el hermano de Paco sí. Nos iremos los dos porque yo solo la verdad que me puedo poner muy triste. Claro. Tienes razón. Creo que me voy a hacer un viajecito. Un viajecito sorda. Sí. Una semana. No sé. A lo mejor. Igual me voy a Italia mira. Tus primitos me repatean el hígado. No creo Antonia. Y a ti qué te importa. Tú a lo tuyo. Así se ríen las putas Antonia perdona. Ordinaria. Que me parece que he llegado a la misma mierda. No nada. A base de hongos sicotrópicos de esos. Después de ti mi estómago ya puede con todo querida. Que no Antonia. Que prefiero las tristezas de un hotel a las tristezas de tus primitos. Que son muy tontos. No. Claro que prefiero a Juanito. Mil veces. No tus primos. Todo el día con esas pronunciaciones incómodas y la lengua torcida en la boca que no. Lo prefiero a hacer piruetas con la boca como los payasos. Sí Antonia. Mira Antonia que por un lado están los italianos normales y por otro tus primillos y tú  lo  sabes.  Y  además  que  son  un  poco  raros.  Si  tú te vinieras… Claro. Tú ahí te vayas a romper hija. Anda y que te den. Que voy a llamar al aeropuerto.
9. A veces pasa no le des más importancia que no la tiene. Anda ya. Ahora que lo de Roma es todo más bien publicidad Antonia. Eso digo yo. Sí mi vida. En la plaza de San Pedro sí. Echaré alguna foto para mandártela. Sí. Es que me mareo porque tú allí y yo aquí Antonia y el corazón se me vuelca y se me vuelca la razón y el calor me la derrite. Aquí el amarillo no tiene sentido Antonia. Va y viene entre las nubes y con mucha rabia. Es que tus primos me vuelcan el estómago y se me descompone el paisaje y se me trastorna el intestino y me vuelco yo todo entero. En un hostalillo lleno de negros con pantalones y zapatos blancos. Por lo demás todo bien sí. No rareza. Que me siento como punto de mira Antonia. Es que tengo muchas ganas. Muchas canciones rebotando por lo alto de la iglesia del pueblo perdona. Que a mí tus matrículas me sobran. Y mucho aguante. Y muchas aspirinas. Ahí no te puedo dar la razón. Porque es tanto tuyo como mío. Que a mí me parece que te cuesta. No qué va. Mira Antonia que eso es como darle la teta. O se la colocas amorosamente o la leche envenenada de dolor y aguante. Antonia que los líquidos se enloquecen y la edad los calienta y se calienta la mirada y se calienta todo. Un moro. Un reloj de bolsillo. Para no perderme en el tiempo. Es que Italia es muy grande y yo muy chico. Y tus primos muy tontos Antonia. Es que no. Es que no pienso ir a verlos porque me acuerdo de la gorda y se me cruzan un par de rumbas de Andrés en la mirada y la ferretera y la prima bailando amorosas rodeadas de bambú verde y todo lo malo se me viene y se me rompe el corazón y se me rompe. Y se me va la cabeza y se me va la mirada y se me quema un ojo en mitad de la fiesta de la batata y reventando sandías contra el techo de la cocina y todo se me pudre todo. Y se me crecen las manos. Y el niño en mitad de la desilusión y yo en mitad. Y tú en mitad de tus padres. Que no. Que no me doy cuenta pero que sin ti se me escapa todo de las manos. Es que no acierto ni a la de tres. Porque tú no quieres.
10. Pegan a la puerta y adivina. Tus primos con los macutillos de la cocacola y las guitarras bajo el brazo envueltos en una nube de humo. En la casa fumando y tocando todo lleno de flores y un peste a porro que ni te imaginas. En el bar. Tomándome una tapita de pulpo a la gallega para calmarme la chusma. El niño en la universidad me parece. Que no puedes venir por qué. Antonia que se me va la mano. Que no lo soporto. Si parecen repeticiones Antonia. Y no se lavan ni nada. Olor sí. Y los movimientos esos extraños que tienen como que les pica la muñeca por el placer del gesto. No lo entiendo. Siempre te equivocas. Y ahora qué. Los dejé allí solos y cuando vuelvo me veo todo el sofá perdido de mate y unas risas de fondo. Y el niño de la vecina gritando. Porque con el ruido no duerme su madre y si no duerme su madre no duerme él y todo es un desastre todo con el cuchillo en la mano de pelar patatas. La madre llorosa pelando cebollas de aburrimiento.  Me  invitaron a comer porque es que en la casa no se puede parar. Al niño le va el rollo pero  tiene  exámenes y está parando en casa  de  alguno  de la pandillita para poder estudiar en silencio sin el olor a porro que le distrae. Claro Antonia. A mí también. Que yo ya no estoy más que para tocar cuatro cosas en la parroquia y poco más. Hombre Antonia que el Andy era distinto y tú lo sabes que tenía sus cosas pero vamos. No sé. Lo del barroco la cambió por completo. El horror al vacío ese yo qué sé. Por lo menos la Trini era lo que era pero Antonia es que tus primos me parece a mí que no tienen ya solución más bien diría yo. En un plis plas mucha sal de frutas y como nueva. Antonia tu madre tiene mucho aguante y tú lo sabes. No te me pongas recreativa que no es la primera vez. No porque como está la casa dime cómo me desarrollo en amarillo. No puedo Antonia. Ni blanco ni negro ni nada Antonia que no. Que el color se me distrae con las cancioncitas de iglesia esas que cantan y los porritos y la libertad. Y lo que era amarillo resulta con manchitas de naranja y cosas así. Y un fondo de humo. Y un aroma a porro mal hecho que ni te cuento. Si no saben Antonia. Además que no. Antonia perdona pero esa es la realidad. Ahora bien si quieres me la invento o hago como el que no la ve o es tuerto y  me la tomo con la nariz tapada como el que se toma el jarabe y se tapa la nariz para que cuele dentro. Que estoy echando de menos a Juanito y todo y que como esto continúe yo me voy a la casa de Antonio por unos días. Hasta que se vayan sí. O me voy a América a hacer la música esa. O yo qué sé Antonia pero es que estoy que no puedo. Es que he salido del bar y una moto ha destrozado todo lo referente al sonido. A la playa a nadar. Para tranquilizarme.
11. Perdona al fondo a la derecha. Siempre es así querida si ya lo sabes. Que seguiré con la venda que me han puesto sobre los ojos mientras sigo permitiendo que me absorban la personalidad y que falta poco para que alguien me libre de la ceguera y que me enamoraré  locamente  de alguien. Eso ponía Antonia no lo sé. Es que tú sabes que a mí me parecen más bien un rollo mimético para más embrutecer a la plasta qué duda cabe que todo esto no es más que pura especulación pero mira. Para las gentes que nunca sacan su verdadero carácter al flote y son a los que se les queda el saludo chico en mitad de la garganta tan grande muy amable gracias. Si ya lo sé. Una vocecita de entre las carnes de la mala leche y muy bien sí y qué. Nuestra amistad se basó fundamentalmente en las interpretaciones de un personaje y un espectador perdona. Las luces de entre los matorrales no eran taxis sino semáforos en verde y no era de noche ni nada. Tampoco volví para no olvidar el tacto de los pechos de una mujer ni recordar las escuelas de arte dramático en las actuaciones de las putas que cambiaban cada  semana  ni  nada  querida.  Que  ni  me  sonó  el  despertador y preferí quedarme solo en la casa y llorar cosas que no son dignas ni de llorar como tú. Que el horóscopo me pone que te perderé de vista y que tú eres mi ceguera y que ya te olvidaste otra vez cubierta no sé de quién. De lo primero que se te puso al alcance. Ya. Se fueron como vinieron. Con el let it be en la boca. Aquí con el niño y el Antonio. Porque hoy es San Juan y que Juanito flotando en medio de nuestro fracaso. Antonia mira está jugando a la literatura y no tiene tiempo. Para tus ternuras y no me llores. Querida no me llores. Que si a ti te gusta bloquearnos el corazón y el amarillo de los cielos que no tienen color ni nada a nosotros nos da por los juegos en libertad más o menos o aparente como quieras. Y que aunque los ojos se nos empapen encendemos nuestro júa en forma de risa para olvidarnos de ti y que no podemos a la rica almendra. Te has ido de mí de nosotros. Que si a ti te gusta  el  sudamericano  con olor a saxo a nosotros nos gusta el puchero del microondas de por la mañana a las doce o así. El whisky que me pone lúcido. Vuelta y vuelta. Y que aquí somos dos y que allí por más que te empeñes son las una.
12. Es que la noche de San Juan me pone nostálgico perdona. Con el niño y el Antonio que cobró la paga extraordinaria esa o no sé qué y allí en las verbenas dando vueltas y bien harto de whisky me acordé de ti y te llamé sin más por qué lleno de nostalgias perdona. Ya. Si ya lo sé Antonia pero bueno. Si me lo imagino vaya. Es que tus padres hay que ver. Hombre que les gusta molestar cuanto más mejor querida. Que no se me olvidará el año aquel que nos fuimos a la playa con las bolsas del corte inglés llenas de pitufos unos de jamón y otros de queso y tu madre empeñada en la fiambrerita con los boquerones en vinagre de por la mañana y que toma y que dale y tu padre gritando y tu madre chillando y tú en medio de la lágrima que se me cayó en la arena que no era lágrima ni nada sino la lentilla del ojo derecho cuando me lo acariciaste con el dedo gordo de tu pie izquierdo sin querer cuando me dabas el primer beso no recuerdo ahora dónde y no se me olvida. Al final se quedó perdida no me llores que no es para ponerse así. Si es que tú lo que tienes que hacer es venirte aquí con nosotros. Que no sé qué te he hecho para que estés así conmigo. A lo mejor es que el amarillismo ese no es más que el resultado de haber contemplado demasiado tiempo seguido tus dientes de camionera peluda mira. Mira Antonia no te me pongas idiota que empiezo. Antonia para que disparo. Hombre por lo menos yo no tuve que disimular mis barbas querida. Sólo por hacerte la vida lo menos incómoda posible nomás querida. Pues a ti bien que te gustaba cuando se me inflaban contigo encima. Cómo te ponías querida. Parecías una cerda en celo. Y cómo te ponías de venas. Hasta el culo diría yo. Querida porque te gusta. Ahí te pudras. Porque tú quieres. Porque tú los dejas. Porque tú los aguantas. Que los consientes demasiado Antonia. Mira yo aquí con mi niño jugando a las palabras. El otro día me dio un mal rato calla. No está. Que me lo encuentro acostado con el Eduardo en la cama nuestra Antonia como a punto de la manola. Por lo visto que hablando de la marina de cuando Eduardo hizo la mili uno se durmió antes que el otro  que  siguió  hablando  y cayó después con las palabras sin conexión ya en la boca llena de babas y sin saber por qué ni cómo ni dónde como  cuando te  entra el sueño y no puedes controlarlo que parecía una manola a punto ya de. Eso me dijo. Hombre lo que me faltaba ya Antonia no quiero ni pensarlo. Mira que el otro día estaba bromeando nomás baby. Hombre Antonia no creo. Que no si además está ahora todo el día escribiéndole cositas a la de los ricitos esa de la que te hablé de la universidad. No lo sé hija. Que todavía no puedo confirmarte nada déjame. Eso digo yo. Con lo bonita que fue aquella nuestra primera noche de San Juan. Allí en el morro Antonia. Acuérdate. Cómo te mareabas. Cuando planeamos a Juanito parece mentira. No se me olvidará nunca. Allí toda afeitada… Qué bonita estabas. Hombre es que yo valía mucho perdona. Acuérdate que yo era el que tenía a todo el pueblo alborotado. Hombre no sé. Hombre yo creo que fue más bien porque fuiste la primera que me dio algo de comer y mira.
13. Me despertó el cartero con una carta bastante fea de Gisselle. Yo diría que la más fea suya. Enfadada por mi colaboración en ausencia y bastante afectada sí. Sí Antonia. Ya le dije que no podía Antonia. Por cosas personales. Pero ella llorando en argentino al otro lado del hilo telefónico rascándome el corazón húmedo con su lengua porteña algo rallada por el asunto no sé. Aquí ensayando para la misa de las doce con el coro que no suena nada últimamente escucha qué asco. Pero a las gentes les gusta ya lo sabes tú. El ave verum corpus ese del Mozart más o menos. Irreconocible ya pero vaya. Pues hombre que no sé qué hacer con Gisselle y que me siento mal. Porque me quería mucho pero afecto sólo no te creas lo que no es y que aquí la cosa no se alza. No Antonia. Que no me animo quiero decir. Ahora que Eduardo está peleado con la panadera o no sé qué. Que la pilló por la noche en una de las callecitas solitarias del pueblo morreándose con la sobrina del Antonio y con  una  de  las tetas de la niña en la boca. Que a parte de la sorpresa para Eduardo la niña tiene quince años y la cosa promete. Que se me ha instalado aquí. Que me parece que a Juanito le va la bollería fina y a la panadera la cosa del verso no sé. Eduardo está tristísimo claro. Está ahora por lo visto construyendo el barco de su vida dice el pobre todo lleno de lágrimas por todas partes. Claro Antonia. Es que Eduardo no sospechaba como no sospechaba nada la fuente del ayuntamiento y mira. Como el Paco tampoco sospechaba nada colgado allí tan alto bien puesto de vino y tocino igual que tu tía de su edad y cosas así. Que se me pone la ferretera en la cabeza jugando a las sombras chinescas con la pequeña lesbiana con la noche en bragas y yo allí con los dedos tirados por el suelo que no se me olvida Antonia y todo se me pone triste. Que la panadera para mí es como la ferretera pero de pan. Que está blanca como la leche. Que ahora no le gusta la playa y prefiere los somníferos dice. Que aquí en las noches ya empieza a hacer calor y que me acuerdo de Gisselle y se me rompe todo y me empieza a doler el culo. Que estoy por escribirle o algo para invitarla a que se venga por un tiempo otra vez al pueblo y hablar tranquilos del tema con alguna cerveza y pedirle ayuda para  mi  amarillismo  que está el pobre últimamente muy delgado. Perdona es que es así. Es que el Ligeti es así como para hacernos ver que todo esto no es más que pura especulación del asunto y mira lo que sale. Lux aeternae. Como lo que yo te escribí para tu cuarteto de cuerdas que nunca escuché sí. Que no entiendo por qué dar de lado a un violonchelo para amamantar a una flauta qué sin sentido. Prefiero las fiestas del pueblo. Que voy a escribirle urgente a Gisselle para que se venga que está contándome por dentro unas cosas muy tristes y me está haciendo más o menos daño.
14. Es que claro lo de la fiesta esa me parece a mí más bien una solemne tontería que patrocina la cocacola para evitar el solemne aburrimiento con aburrimientos de todas las clases o así perdona  pero  así  yo lo veo y por eso no fui y por eso tú allí podrida de asco y aburrimiento y en mitad del asunto de la risa de las burbujas y las luces pero que no. Aquí solo. Que Gisselle ha convencido a la panadera o no sé qué y se han ido las dos a la playa. El niño no sé. Pues será eso. Que a mí no me gusta desayunar solo y mira. Estuve ayer. Heriditas rojas parece ser de tener mucha personalidad. Pero si me dijo que pronto desaparecerían. Que tuviera cuidado y que sentado lo menos posible para evitar el dolor. Perdona es el Lutoslawski que no para. Que le encanta el pueblo y que va a escribir una cosa geométrica y de colores o así sobre las geometrías de colores del pueblo y no sabe todavía para qué instrumentos pero que está como loco. Pues me resulta bastante divertido Antonia qué quieres. Nada que dice que lo del culo son obsesiones mías por pintar de pie y en amarillo pero ya está. Es que me ha dejado   mosca. Pues que a parte va y me dice no sé qué de una gangrena gaseosa. Que le parece que tengo una gangrena gaseosa o no sé qué en el brazo derecho y que si no al menos los síntomas más o menos y que me prepare para lo que me pueda venir. Al principio me asusté un poco. Eso digo yo Antonia. Ya. Si yo ya no le he dado más importancia pero he leído que lo de la gangrena gaseosa esa es frecuente en las guerras y eso y que causa la muerte de muchos soldados. Que yo soy a lo mejor una especie de soldado y no me he dado cuenta no sé. Eso digo yo. Pues no lo sé Antonia. No te sé decir. Serán sus propias conclusiones claro y en ese caso mejor no escucharle ya sabes que el Machuquilla es un medicucho de poca monta. Acuérdate cuando nos comentó en la fiesta de aniversario de la tienda de la Luisa vaya momento que el niño presentaba los síntomas de los subnormales profundos y míralo. Serían los vinos claro que sí. Sí Antonia. Me dijo que o ponía música a lo suyo o abandonaba. Pues aquí con el Lutoslawski decidiendo qué hago para el asunto y con qué instrumentos se consigue el amarillo. Del todo. Eduardo por lo visto se ha ido del pueblo amargado  y  con algunos síntomas de desesperación  me  ha  dicho Machuca ya ves. Como tú querida. No Antonia. Yo ni caso. Claro. Porque lo de la gangrena gaseosa me suena a mí a sangría fresca de verano y que hace mucho calor y que mejor te cuelgo. Porque me acuerdo de tu culo querida y se me hierve todo por dentro.
15. Pues que estoy algo triste más que otra cosa Antonia. Que tengo que amputarme el brazo y cuanto antes para evitar que se me extienda el asunto de la cosa de la gangrena gaseosa esa del otro día que ya te conté acuérdate. Pues que yo me notaba cosas más o menos así extrañas digamos y fui al Machuca a ver por qué claro. Sí. La semana que viene Antonia no me llores lo que me faltaba. No me llores que a mí me falta poco qué le vamos a hacer. Si además dice el Machuca que ahora hay unos brazos de plástico muy chulos que hacen todo lo que el mío de siempre. Es que es algo costoso y yo ahora no puedo pero para cuando pueda Antonia. Eso sí que no Antonia. Si sabes que no te lo permitiría jamás si ya lo sabes. Que con el niño ya va bien y no. Además si yo toco como sin brazos qué te creías. Que ya no tengo ni reflejos ni nada y los pocos que me quedan ya no merece la pena ni salvarlos para qué déjate. Ha llamado a un colega suyo para ayudarle en el asunto porque él solo no puede por lo visto. Claro Antonia. Sí. Nadando en la playa que se me metieron parte de las aguas por la parte del  cerebro  y  se  me  quedó en una especie de Aranjuez chiquitito pero en arpa mira. Pues yo pienso que sí. Hoy tenemos fiesta. Que es el cumpleaños de Gisselle y vamos a hacer una fiesta muy literaria que está preparando el niño con la panadera. Un trozo de la música. He llamado a Ramita para que se venga con el arpa y se la toque más o menos. Sí muy bien pero que vamos. Sí Antonia. Si ya lo sé. Vente si quieres. Hombre no te vienes porque eres estúpida y prefieres tus escaladas a la cima del aburrimiento perdona. Hombre que te necesito un poco para sobrellevar esto mejor. El asunto digo más o  menos.  Que necesito un poco de ti Antonia que no estoy bien Hombre  que no sé a qué viene llorar ahora no tiene sentido. Que el corazón no se rellena de plásticos.
16. El niño me confesó gran nostalgia de la gorda pero que le tira mucho la panadera. La diferencia de edad no le importa pero la de los ricitos de su clase de libertad por lo visto tiene un Juanito entre sus piernas que está por saludar en unos meses. Claro que sí Antonia. Me parece lógico pero no sé. La ricitos llorando palabras inventadas del dolor. La panadera consuela a Juanito con las tetas. No porque Gisselle se fue ya con la partitura bajo el brazo para su productora americana y muy feliz sí. Antonia si no tengo hambre apenas. Hombre que lo del brazo me tiene mal querida. Sí mañana ya está todo listo. Bajones de tensión y cosas así pero nada más son los nervios. Que no sé cómo que no noté nada nunca. Sí Antonia. Habla tú con él porque tú eres su madre. Porque yo creo que a la ricitos le está cambiando el peinado sin motivos y no sé todavía si la panadera se dedica a tocar el clarinete en mi bemol o si le pasa algo a su cuerpo. La ferretera por lo menos era para con su prima siempre y siempre más o menos se comían la una a la otra. Eso fue una locura de verano pero al niño me lo tiene loco desde  hace  ya tiempo y a la sobrina del Antonio no para de lamerle toda la boca hasta ponérsela roja siempre que nadie las mira por las callecitas del pueblo por la noche las dos solas. Que Juanito está muy poético con la cosa de la soledad y eso está muy bien pero no quiero que nadie le remueva otra vez la sangre y me lo trastoque más. Porque a su padre se la removieron un día y por culpa de unas sandías suicidas se le secó todo por dentro y de la noche a la mañana y sin más por qué. No si ya sé que se volcaron otras cosas querida ya pero las sandías fueron las que colmaron el vaso grande que parece ser que estaba lleno según tú. Que yo nunca me preocupé en llenar ningún recipiente de mierdas tuyas querida. Que tu Juanito es como tú y que no quiero que se equivoque y que si le gusta la cosa del verso que procure terminar  los poemas que empiece con palabras y no con figuritas de pan. Que la gorda reventó un día de tanto comer y la ferretera de tanto amar y que a la panadera lo único que le gusta más bien es la cosa del buen follar y el asunto se va a pique con la cosa del vicio bien y que un buen par de tetas tiran mucho casi como me tira a mí tu culo Antonia. Y la cosa se puede  pudrir sin darse uno cuenta como a mí se me pudre el brazo tocando el piano y se me pudre la cabeza. Dormir y evitarlo todo.
17. Me despertó el dictáfono del Machuca querida. Sí. Estoy muy feliz tan feliz que aquí rodeado más o menos de todos y el puñado de flores amarillas que me has mandado que  gracias Antonia. Apenas me resulta extraño pero dicen que es cogerle cariño aunque a mí me parece que no. Que la cosa del cariño no siempre funciona querida que ya lo sabes. El niño todo el día pegado a mí como una uña inmensa que me hubiese crecido. Fue muy emotivo. Porque todo el coro de la parroquia allí con muchas flores envueltas en plásticos de colores de todas las clases así como muy alegres cantándome los pobres como podían el kreuzige kreuzige ese del Bach que a ti te gusta más o menos tan bonito como nunca qué emoción Antonia. Lloré entre los plásticos y las bolsitas del suero hasta empapar las sábanas monócromas en verde y blanco que compró el Machuca no sé por qué entre los aplausos y los ruidos de las máquinas del colega del Machuca. La cosa de la esperanza será no sé. El olor que me acerca a la muerte y se me rizan las tripas pero por lo demás bien sólo extrañezas por la parte del brazo  derecho  que  ya  no  es  mi  brazo  derecho  sino mi brazo derecho político y de plástico más bien sí. Me desmayé y comenzaron a tocármelo todo pero con la anestesia que no me enteré de nada. Escuché a una de las contratadas para el asunto no sé cuál invitar al Machuca a tomar unos vinos a su apartamento no sé pero por lo demás muerte blanca de esa que se dice  querida. Bueno yo qué sé. No tengo tus horizontes perdona. Hombre  un  poco  sí.  Claro  si que me amputen el brazo tampoco tiene tanta importancia querida no te preocupes qué va. Qué va. Bueno mira que me ha dicho el niño del bar que ha venido y me ha traído unos churros de esta mañana el pobre creyendo que me los podía comer como siempre pobre qué detalle que tus primillos van a venir al pueblo para el verano para tocar allí en el bar todas las noches y animar el asunto o no sé qué no sé si lo sabes. Hombre que el pueblo revolucionado con el let it be y el yesterday imagínate Antonia. Que se le revolucionó el negocio y que quiere hacer el verano o no sé qué. Eso digo yo. A ver si es verdad querida. Que en mitad de la muerte blanca esa como yo digo se me presentó tu culo en amarillo y pienso pintarlo en cuanto me recupere aunque con algún verde y blanco por aquello de las sábanas y que le dé juego al asunto y nostalgias de la amputación de mi brazo derecho para los años venideros claro. Algo así sí. Vale. Así será ya verás. Unos discos antiguos de estos chicos del Mompou me han hecho mucha ilusión aunque aquí no hay dónde ponerlos. Gracias por su visita. Como quieras Antonia. Pero mejor la música callada que me gusta más. Seguro que no se me olvida tonta.
18. Siempre han mordido de toda la vida de Dios. Claro que lo escuché  Antonia. Es que me voy al cementerio a ver al Paco y al Andrés. Y al tito Manolo claro. Que tú también deberías de ir orgullosa. Que no sé qué sustancia pasea por esas tripas tuyas de horchata podrida querida no lo sé. Y a la ferretera y a la pequeña lesbiana también claro por Dios. Poner bastantes flores al lado de cada uno y hablar con ellos y cómo están ustedes y todas esas cosas ya sabes y las gracias a Dios que estoy vivo que no se me pueden olvidar y aprovechar y hablar con él de lo de la operación y que gracias muchas gracias que no puedo de verdad que no puedo Antonia. Los que estarán celebrando bien de verdad el asunto son ellos perdona. No que parece mentira nena pero  vaya. Perdona ya lo sé. Ya lo sé Antonia sí. En la Tere si tampoco.  Aquí pintando tu culo ahora en verde claro y no sé por qué. Con mi bracito de plástico que para el piano la verdad es que no pero para sujetar los pinceles no me viene mal del todo. Marcello. Es que estoy  otra vez aquí más solo que la una. La panadera que se fue con Juanito a Argentina a ver a Gisselle. Con los dineros del bingo yo qué sé. Sí Antonia. Si ya lo sé. Me dio recuerdos para ti. Ya. Sí perdona es que tengo ardor en el estómago y me sangra el culo no sé. Con el Antonio. Qué voy a hacer Antonia. Por lo visto a la vuelta se vuelve a instalar en su casa que ya está otra vez vacía. El niño seguro. Otra vez solo qué más me da si ya contigo estoy acostumbrado. Hombre espero que no. Que seguro que se pillarán el albergue ese que hay a la entrada del pueblo o cualquier otra cosa que se busquen aquí no Antonia. Que somos muchos querida. Pero vendrá algún día igual que tú y no cabemos tantos. Ya sabes que yo tengo mis cosas y a tus primitos no les caigo bien. Bueno. No Antonia. Que fui y me parece que el agujero ese te lo vas a hacer tú aún no tengo decidido dónde. Que lo del amor ese que tú dices me parece que no tiene por qué atravesarse. A veces no hace falta querida. Un caldo de pollo con fideos de esos de plástico. Para que el brazo no se sienta extraño en la noche sí. Porque me parece que se pelearon. Que le recitó un poema o no sé qué haciendo  el  pino  en  mitad  de  la  playa  solitaria  ya  de  noche  y Juanito histérico comenzó a echar  espumas  por  la  boca  que  preparó  para  aterrorizarla.  Los rizos se volvieron lacios y ya nada era como antes entre aquellas criaturas de la joven literatura de hoy según me comentó Juanito me parece sí. Que al niño le han enamorado las tetas de la panadera. Sí de las dos. La panadera encantada ya ves. No quiero ni pensarlo Antonia calla. A mí qué va. Que yo desde la Trini me parece que ya no no sé. Es que tú eres insaciable barbilampiñita. Peludita mía. Vente baby que te voy a comer los caracoles. Bueno perdona es que ya no sé cómo decirte que te vuelvas. Antonia que como esto siga  así  me voy a volver entero de plástico y no sé pero voy a parecer  más  bien  un regalo de reyes magos para el niño cuando venga perdido de harinas hablando en argentino sobre las carnes de por allí y los vinos y la tierra.
19. Es que un homenaje así en Moscú con tantas televisiones y el estreno de mi sinfonía incompleta a conciencia para conjunto de albañiles y orquesta de mentira y los helicópteros revoloteando por arriba del asunto y todo pues no puedo perdérmelo de ningún modo querida. De ningún modo Antonia claro. Algo muy grande sí. Hombre tampoco es para ponerse así mística Antonia perdona. Claro. Supongo que lo echarán por la dos. Seguro. Al final me parece que cantan tres tenores juntos no sé qué pieza popular y así para que la gente se ponga nostálgica de amores de verano y eso y le entre la pasión de un tirón y se les llene todo de líquidos y aplaudan ya reventados del placer ya del todo y por completo sí. Hombre y así me libro de tus primos y todo y de paso. Claro Antonia. En todo el mundo. En Argentina también claro Antonia por qué no. Eso digo yo. Pues no lo sé Antonia. A los de la obra de las carreteras de la entrada del pueblo para que ganen una pasta y de un tirón y al menos una vez se lo pasen bien allí pegando martillazos. Mucha fiesta de ruido y canapés que es lo que a mí  me  mueve  más bien al asunto con mi brazo de plástico. Claro Antonia. Seguro. Supongo que tendré que darle alguna explicación coherente o no al asunto claro pero es que no se me ha ocurrido nada todavía. No porque ya sé que a ti no te van estos rollos como tampoco te van los calamares como tampoco ver al tito Manolo que lo sé. Montando un lienzo porque ahora voy a pintarte con trocitos de Gisselle en verde y fondos de amarillos grisáceos en azules muy bonitos después de comer sí. El otro día me vino llorando preguntando por Juanito. Yo le dije que se fue a un master de esos con no sé qué profesor famoso. Claro Antonia es que la rizos convertida en erizo redondo y voluminoso de pelo lacio y mirada que no mira ni nada. Pues tendrá las tripas rellenas del dolor sí claro y qué. Que al niño  le  van más bien los asuntos de la panadería y que la cosa del verso es para gente mucho más solitaria que él en mitad de las dos tetas y en mitad del estómago tan delgado de la tan hermosa panadera desnuda llena de harinas junto a los hornos del pan asomándole el ombliguillo en mitad de la felicidad Antonia. Que a él le gusta mucho la carne y que la cosa de la literatura   como  una  especie  de  religión  para  algunos  y  que  él  hace la literatura a su manera como nosotros la hicimos en su momento como pudimos cruzando el río en el silencio de los grillos de las aguas del pueblo dormido en la noche aquella acuérdate Antonia que perdimos el autobús y todo acuérdate. Claro que perdimos el autobús. Por si te vienes a Moscú. Claro que no si ya lo sabía yo. Total era sólo por preguntar como el que pregunta qué tal tiempo hace por allí hoy o qué vas a hacer de comer o qué has hecho esta mañana o esta tarde o ayer por la noche en el salón ahí tirada rodeada de maromos y velitas de colores. Es que no me voy a llevar el móvil ni nada. Para que me veas aunque sólo sea por la tele rascacia mía.
20. Después del discurso del alcalde descubrieron una enorme estatua en amarillo que era reproducción mía al estilo de la estatua de la libertad o así más o menos pero en amarillo y con el brazo de plástico en alto y aquello me llenó de emoción tanto que ni siquiera lloré ni nada Antonia. Me quedé dormido. Claro. Pues que a parte de la estatua en amarillo allí Juanito y Gisselle con sus padres imagínate qué sorpresa para mí allí tan solo. Claro. No es que la panadera se tuvo que volver para no descuidar demasiado a la clientela y entonces claro. Pues no lo sé pero el tenor italiano gordo del final se me acercó como enamorado y me invitó a cenar y a dormir con él en unos campos que él conocía de por allí muy bonitos pero yo tan ilusionado con los padres de Gisselle y un asado maravilloso que me prometieron al estilo porteño en su casa verde en Argentina pues que  no  en mitad de las lágrimas de tristeza del gordo italiano tenor.  Eso  pensé yo Antonia. Una especie de colección de casas de colores o así no sé pero que no. Una casa verde parece ser como la sala de ensayos de la banda municipal  pero  con  pegatinas  del  che  en  la puerta de entrada. Porque al parecer tienen casas verdes en varios sitios distintos por todo el mundo por lo visto en Londres tienen otra Antonia y así. Ya. Porque es que ellos quieren sentirse como en su casa por todo el mundo o no sé qué querida y así más o menos claro. Claro Antonia. Cogimos un avión. Porque allí en Moscú no había ninguna casa verde. El picnic que me dio la azafata qué asco a base de albóndigas de plástico con patatas y un zumo de tetrabrik de esos pequeño y amable y respetuosa como las babosas y un helado derretido pos los vuelos de las faldas de la azafata. Me quedé dormido y soñé que nos estrellábamos en algún océano pero de tal manera que nadando escapábamos del asunto hasta que el padre de Gisselle empezó a cantar por el Piazzolla ese argentino a gritos porque le encanta volar o no sé qué y me despertó del asunto y la azafata histérica pero feliz y el padre de Gisselle feliz pero histérico sí. Y yo despierto ya claro. El avión entero como una de las maquetas del Eduardo no sé Antonia de verdad. Allí callados. Quizá no reconocieron nuestro idioma claro por eso. Yo qué sé. Que  llevo  una  racha  de  homenajes  y  cosas  que  digo  yo que están bien porque así más o menos salgo un poco de la rutina que para mí es ver tu culo en amarillo todos los días y a todas horas y espero que te vengas para ver si existe de verdad o son sólo imaginaciones mías Antonia que ya no sé no sé. Imagino. Pues eso querida. Mañana ya. Porque quiero volver allí no como tú para volver a ver mi cajero automático como siempre allí puesto rodeado de piedras y colillas mal apagadas y al Antonio borracho y potando sin querer en los amaneceres amarillos del pueblo Antonia que son muy bonitos. Sí claro. Y los churros de por la mañana.
21. El niño reventado. Porque ya con la panadera viviendo a su manera  se  le  presentan  tus primillos con las guitarras y los macutillos. Es que Antonia perdona yo no te dije que los metieras en la casa de Juanito que es la de la panadera que lo sepas. Oye que hay unos albergues muy lindos en las afueras del pueblo perdona. Que tus primos lo quieren todo de gorra querida. Porque son insoportables con el porrito y la caracola y la guitarrita desafinada por puro placer natural de la naturaleza Antonia. Que estoy por decirles que se metan aquí y yo mejor me voy con el Antonio porque es que así tu hijo no puede ni estudiar ni escribir ni nada. Porque además la rizos todo el día en el pueblo comprando panes de todas las clases gastándose una fortuna que imagino será la pensión de su madre viuda y la panadera mosca y es que es una pena. Una pena Antonia a que sí. Si yo le he dicho que pinte y que si quiere organizamos una exposición aquí en la casa con vinos y canapés y un acto de presentación así con el Antonio y alguna autoridad así como en homenaje al Paco y todo así para que se entretenga y no  piense  pero claro Antonia. Ella empeñada en Juanito y sus orejas yo no sé qué ha visto en las orejas de Juanito a parte del  tamaño inusual yo no sé de verdad Antonia. Si quieres son chicas Antonia que pareces tonta. Una madre de éstas tontas y ciegas ante su párvulo estúpida yo no he querido decir eso si no lo que es y ya está. Todo en su idioma de literatura inventada llorando desesperadamente y a trozos con el corazón encogido de los nervios y el dolor y los sudores fríos de los nublados de verano del pueblo. Callaros. Tus primos que no paran en la plaza rodeados de niñas medio desnudas llorosas con el yesterday otra vez se repite la historia Antonia qué pena de libertad. Que mejor se quede en su casa tranquila y deje la cosa de las pastillas. Que a ver si con las tonterías y el aburrimiento se atiborra de aspirinas y se tira por la ventana igual que las golondrinas. Mejor que escriba poesía y se desahogue más o menos. Claro.
22. En  Londres.  Imagino  que  te  habrás  enterado. Imagínate Antonia. Si todavía no me lo creo. Que no puedo. Me llamó nervioso que había leído en los periódicos que la rizos quemó la casa con su madre en silla de ruedas y atiborrada de pastillas y con el niño en la barriga se tiró por las escaleras y que si era verdad. Una especie de parricidio de esos sí. Se fue muy mal y no sé qué hacer Antonia. Qué es mejor. Si la panadera se quiso ir con él sin importarle el negocio y todo pero prefirió la soledad imagínate Antonia si yo le digo algo. Hombre que el pobre no imaginaría que la cosa era tan grande y no le dio importancias hasta ahora. No Antonia. Yo no creo que sea buena idea. Ya. Lo mejor es que lo dejemos al pobre y que se haga a la noticia y que haga de tripas corazón o algo yo qué sé. Son tus primos que les importa todo un pito y ahí gritando y cantando como pueden para ganarse dos duros de verano y liarse unos porritos de libertad en amarillo. En la casa sí. Igual los pinto de verdad que sí. Será un cuadro bastante lúgubre no sé. Te lo enviaré claro. Porque el cielo será como tu culo en amarillo  otra  vez  sí  claro.  Como  que el cielo ahogado por tu culo que en este caso es el sol sí eso. Como el sol del pueblo cuando está nublado Antonia no me llores. No te preocupes que Juanito me parece que con la panadera. Como no es celoso ella besa cuando quiere a la sobrina del Antonio que también le va el rollo del bollo y ya está y todos contentos Antonia para. Que es que se me empieza a agolpar todo en la garganta de escucharte y que se me vuelca el corazón otra vez. Que ya sé que es muy bonito pero qué triste querida qué triste para. Antonia que te ahogas Dios. Qué escena tan patética esta Antonia mejor cuelgo. Antonia si esto son sólo lloriqueos ni estamos manteniendo una conversación ni nada querida que como sigas así vas a potar. Si ya lo sabía yo.
23. Envuelto otra vez en sus autismos de juventud a su llegada se le recibió con una enorme tarta de queso en forma de coche que  le  hizo  la  panadera  y unos ruidos de cucharillas en las tazas nuevas que me regaló Paco simulando que había café pero que no a la par que Mariano y Mauricio le cantaban una canción de las que les escribió el Messiaen para no sé qué boda así como de bienvenida. Claro Antonia se le escaparon las lágrimas de la rizos y las de su hijo hasta que la panadera rápidamente lo acomodó en mitad de sus pechos en medio de los aplausos de la multitud de gentes del pueblo que se acercaron solidarios ante el triste asunto conocido por todos almorzando en medio de los telediarios de los canales del pueblo. Todos comentando la escena y otras cosas mientras Juanito y la panadera se apartaban de la fiesta al parecer y según me ha dicho tu hermana que puso la oreja porque Juanito pidió enlace conyugal de amor eterno y asentamiento de ideas en Londres con los ojos empapados en una rara mezcla de dolor y alegría. La panadera no rotundo y que ya estaba bien la  cosa como para mejorarla en mitad de un enorme lametón de bienvenida según la Luisa claro. Pues por lo visto van a vivir juntos querida ya te digo. Que dime qué voy yo a hacer aquí solo sin mi Juanito dime y sin ti además. Que encima a mí todavía no me ha dicho nada y lo entiendo pero vamos que no lo entiendo. Que la cosa es que yo me quedo solo. Que la Luisa se vuelve allí y yo no sé no sé Antonia. Que se me vuelcan las sangres y se me vienen a la boca como a los toros ya muertos en mitad de las ferias. Antonia que no puedo ni dormir ni nada. Si ya lo he probado todo pero es que por favor vente que no sé así no sé. Seguro Antonio no es como tú. Antonio lo tiene gordo como el Paco que pasara lo que pasara en la mesa me esperaba. Porque me acuerdo mucho de mi Paco y de sus intelectualidades y todo y que uno no sabe lo que tiene hasta que no lo pierde como me ha pasado con el brazo Antonia. Que el piano ya no suena como ya no suenan las cosas en las misas de la parroquia. Que ya no sé ni de qué colores son los cielos del pueblo y apenas distingo el sabor de los churros porque apenas distingo ya nada a parte de la música callada. Eso Antonia. Arréglame las cosas por la radio. Pero mira que eres estúpida.
24. Antonia no lo entiendo. Primero dice que me calle y luego me abraza. Friega que te friega. Es que el Antonio tiene esto que parece la casa de las ratas. Que me recuerda a la de los padres de Paco acuérdate Antonia. Haz memoria baby. El peste ese que echaba que nos tiraba nada más abrir la puerta ese que nos tiraba de tanto Antonia qué asco. Pues algo así sí oye ahora que lo dices. Serán resquicios de la infancia suya o algo así sí claro claro. El Antonio es que también más que otra cosa lo que tiene es mierda en su interior. Que la vida lo ha tratado mal y eso siempre solo pobre. Hombre Antonia esto es pasajero y temporal y tú lo sabes que tú y yo siempre hemos sido como una especie de injerto el uno para el otro y así siempre vamos y tú lo sabes bien vamos Antonia vamos ahora con ésas. Pues eso digo yo. Claro. Pues que se me ha crecido otra vez la mano y el Machuca me ha dicho que eso puede ser muy bien por culpa de los fríos de por aquí de ahora que son muchos y de muy distinta clase. Que hace un frío que para qué. Que no me fío del Machuca ya que me da miedo más bien  sí.  Que   el   otro  día  lo invité a comer por la cosa del brazo bien y me dejó la tarjeta seca Antonia. Que la metí en el cajero automático ese y comenzó a sangrar y a contarme unas penas muy tristes comencé a llorar y todo a punto de la soledad Antonia en mitad de una nieve que caía del cielo no sé a cuento de qué o decorados para el asunto por aumentar la cosa visceral en mitad del pueblo. Su abuelo en el geriátrico a consolarse y sus desventuras amorosas con otras cuentas de por allí mismo. Es que tengo hipo perdona. Se le reventó la suma y se fue a por la resta pero claro. Claro Antonia. Yo allí reventado del dolor. Y el Machuca con la panza bien alta y que si la Noelia por aquí y que si la Noelia por allá Antonia el pobre todavía y es que no me fío de él ni un pelo y te llamaba más bien para preguntarte qué debo hacer con mis dedos. Más larga que nunca Antonia. La mano claro mira que eres boba. Las uñas las utilizo para hacer dibujos artísticos de delineación y eso más o menos en los asfaltos mojados todavía de las carreteras de las entradas del pueblo y todos los albañiles de por allí cerca me gritan que soy un artista urbano o no sé qué cosas y que me quieren  mucho y a mí se me derrite el corazón de la emoción de las cosas de la calle y del carnaval del pueblo Antonia porque no me atrevo a meterles mano. Que es bonito porque la gente disfrazada sin disfrazarse ni nada. Y las coplas por la muerte de la rizos y su baby en la barriga que se inventan los chiquillos para que el pueblo entero les siga llenos de ingeniosidad para que se les rían sus abuelos y se les llenen los bolsillos del caramelo que son la monda Antonia ya te digo que te lo estás perdiendo vente. Juanito en primera fila ya te digo. Es que a mí no me gustan los acidulantes esos y por eso. Una ración de tripas de cerdo del matadero caldeadas con un chorreón de tinto y sal riquísimo Antonia. Lo típico de aquí en carnaval desde el año pasado es lo típico aquí ya ves Antonia desde el año pasado que se ha vuelto típica aquí la cosa de las tripas con gaseosa. Para que tú veas. Y aceitunas. Un plato de tripas y un vaso de gaseosa qué cosa. Y una copla de la rizos muerta en mitad de la plaza con su niño en la panza vamos entre risas y el vino peleón qué gracia Antonia. Un poco sí. La mano es como las que venden en los quiosquillos improvisados como los  del  verano que son como  andreses  inventados  que  pasean  su  cojera   por   el  aire en silla de ruedas que invade el frío y las sombras por las callecitas chicas del pueblo por la noche y no es más que la sobrina del Antonio y la panadera que con los cuellos llenos de terribles chupetones que es que están probándose la una a la otra y a ver cuál está más rica.
25. Espera dime. Por fin. Hombre Antonia que tu padre ya estaba viviendo más de la cuenta. Imagino. No Antonia. Siento estropearte el pasodoble pero yo no voy. Porque no aguantaría las tristezas de tu madre ni los infartitos esos que le entran del dolor ni tus blancuras de tristeza escondida en las gafas del sol ni aunque quisiera que no. Si ya lo sé. Pero que no. Dos niñas con dos perros. Si además allí todo tu clan y yo qué pinto. Pero si tú y yo más bien como cordialidades por el par de orejas que nos une más bien si lo sabes. Bueno perdona. Que a mí se me cayó el brazo y tú ahí tocando el saxo. Ya pero lo que importa es lo que importa y tú lo sabes vamos. Por favor Antonia. Por curiosidad y aburrimiento a lo mejor. No Antonia. Todo lo que sentía se me fue como el ventilador se lleva los humos de las sartenes. Querida no me llores. Venga. Pues claro que estoy triste. Lo que pasa es que no me ves. Una postura muy incómoda del dolor claro. Porque yo ya no lloro ni cuando me apetece de verdad no lo sé. Ni se me cruzan las palabras. Tampoco Antonia. Ni se me estropea la voz pero vamos.  Mira  no  me  lo pidas más y cuídate de los mocos que te ahogas en una tristeza de las tuyas. Antonia. Que no quiero ser culpable de tus atragantos de mucosas y que no quiero que te me mueras Antonia respírame por Dios. Que tu padre ya estaba bien duro y redondo y que no entiendo cómo van a poder oficiarle el funeral con esa barriga suya que seguro sobresale de entre las maderas de la caja. Que las barrigas así tan exageradas son de mala educación.
26. Es que eres de lo que no hay. Que se fuma poco a poco. Y uno a uno barbilampiñita. No Antonia. Es que el niño del bar me regaló unos caramelos de promoción del carnaval del pueblo nuevos con sabores en una caja muy bonita y envoltorios de plástico individuales también de colores muy bonitos y resulta que los sabores no eran más que el resultado de unos acidulantes que les echaron para mejorar el asunto y claro caí enfermo claro. Ya sabes el horror que yo le tengo a los acidulantes que envuelven las moscas cojoneras de la fiebre amarilla que me salpica de ronchas todo hasta el ombligo y al borde de la muerte hasta que me recupero y vuelvo al trabajo y a la cosa de las mariposas. Fiebre amarilla sí. Es que yo ahora perdona Antonia por  si  se  te escapó la cosa de las mariposas. Por eso que mis fiebres son ahora más bien tirando a amarillas así sí. Porque yo quiero más bien digamos. Por lo del acidulante ese. Por eso. Lo del caramelo si es que parece que estés en otra cosa Antonia en qué piensas. Las lentejas se hacen solas perdona Antonia. Antonia que yo ya me entiendo en la cocina como  pez  en  el  agua. Unos pulpos que pescó el otro día el Antonio en el puerto de tintas de colores o no sé qué así a la gallega como a mí me gusta con una receta que me dio la Luisa. Unos pulpos nuevos que han inventado en una fábrica de por allí. Unas mezclas que han hecho con los genes de un pulpo y un cartucho de tintas de colores de esos de impresora muy potente. Claro los pulpos salen en serie y cada uno de un color distinto claro. Precioso. El puerto está precioso como nunca Antonia. Te agachas a pescar y ves el agua como una acuarela impresionista en plan Debussy tan bonita llena de colores que te recuerda cuando nos comenzó a dar por el Kandinski no sé por qué y a copiarlo Antonia aquellos maravillosos años y te entra mucha alegría. No Antonia perdona. Nosotros sólo cogíamos inspiraciones. O como mucho influencias. Antonia perdona es que es la fiebre amarilla esa que me revienta por dentro y se me vuelca todo espera. Pero muy personal sí claro. Como tus primeros cuadros con el Andy esos neoseriales Antonia qué bonitos. De verdad que hoy te compro una pipa. Que es que escucho esos chupetones que les pegas a los cigarrillos y que me  dan  pena.  Igual.  Que  igual  prefiero  ser  cigarrillo  que acidulante de caramelo de envoltorio endulzante que luego no endulza ni nada. La sociedad. Que absorbe.
27. Tiene gracia. Recogiendo farolillos querida. Es que como yo ya no voy a los bares ni nada que no me entero perdona. Pero niña no me llores. Y ahora menos. Que me voy a los pirineos franceses a conocer a la madre de la panadera que es francesa. A un pueblecito que se llama Saint Lary o así y que me tendré que llevar alguna cosa de aquí del pueblo como recuerdo no sé si las tripas  que  sobraron  del  último cerdo que mataron así como en carnaval como para conmemorar el asunto o así no sé todavía. El niño bien sí. Que con la cosa de la nueva criatura que crece dentro de la panadera el niño satisfecho de sus últimas creaciones claro y que eso sí que es literatura dice pobre. Sí claro. Ya lo sé Antonia. En autobús un día entero con estacionamientos chiquititos en medio para las necesidades fisiológicas y algún bocadillo con las anchoas que me preparó la panadera que todavía me quedan y que tú no quisiste porque preferiste los puros esos de un tirón no es tanto. Claro que me voy mal Antonia tan mal sí. Que tú eres la madre de Juanito si no me equivoco y si no me equivoco te tendrías que  venir  con nosotros a lo de la cosa de las familiaridades y el asunto ese en definitiva del entronque del romper fronteras o por lo menos como se pueda allí y montar en el tío vivo que hay en la plaza que me ha dicho la panadera que es auténtico donde los haya y que ponen música del Chopin pero en pianola así en plan tío vivo ya sabes así que vente. Que luego dirán esto y lo otro Antonia que lo sé yo. Y que si mi brazo por aquí y que si mi brazo por allá y que claro y que como siga así esto y lo otro así que vente mejor. Claro. Vive sola con su hija con la hermana de la panadera que por lo visto se llama Eva me parece que es que su padre se despeñó por los pirineos franceses haciendo senderismos y claro. Muy joven por lo visto pobre. Como tu madre y tú ahora vamos más o menos algo así sí. Pues sí que me voy porque es que la panadera llorosa y familiar en cuanto al asunto y Juanito consolando como puede entre las harinas que vamos vamos. El niño le ha dicho que se queda al cargo de la panadería pero la panadera que no y que no y claro claro. Qué va. Anda mira qué. Mira Antonia que yo soy un artista urbano. Como me dicen mis albañiles del pueblo. Que si hoy no me sale no me sale perdona leona. Claro Antonia. Pero claro que sí. Del arte. De la gente artística. Como en rebaño como tras la estafa. Vaya hombre por Dios lo que me faltaba. Como en carnaval Antonia. Si la Trini estuviera para escucharme… Que mi amarillismo es algo así como muy mío así como muy personal como las uñas de los pies de cada uno como los hijos como las manos. De vez en cuando intermitentemente se me crece cuando aprieta el frío ahora al lado de la navidad otra vez tanto que no quiero ni pensar allí arriba en Saint Lary que por mucha chimenea y mucho vino tinto peleón francés allí pezones arriba del frío y la humedad que no quiero ni pensarlo. Y que me acordaré de ti y empezaré a llorar y tú ahí con tu madre y la Luisa aprendiendo la cosa del buen esquiar. Y el Paco arriba cumpliendo años Dios sabe dónde Antonia que te voy a dejar. Que estos  tiempos  que se blanquean de nieve me ponen nostálgico y el corazón se me llena de calenturas y el cielo se me viene encima y que mejor me voy a tomar un coñac escuchando al chavalito nuevo que han puesto allí en el bar a tocar que  me  recuerda a mí cuando chico.  Mi  alma  fue siempre la de un pianista pero nunca tuve dinero para comprarme un piano de cola.
28. El ascensor amarillo chorreando de rojo como cuando los charcos de sandía de la cocina Antonia. Tantos espejos me hicieron pensar que me había multiplicado seriamente y se me había multiplicado la personalidad y claro. El Antonio sí. Que con la mano tan grande del frío de allí se me enganchó una uña en la puerta electrónica y me arrancó el único brazo que me quedaba todavía no sé cómo.  Pero no me llores si me ha quedado un muñón que me ha dejado el Machuca muy lindo querida si ya está. Claro por eso. Además si el niño y el vecino me han organizado un partidillo de fútbol entre ellos así aquí en el pueblo para recaudar dinero para comprar otro brazo como el que tú me compraste así para más o menos ir conjuntado o así no te pongas así y tranquilízate tranquilízate. Claro si es que no cabíamos. Jugando. También. Me caí del caballo pero sólo risas nada grave. El Machuca dice que sí. Bastante. Hombre que la cosa del amarillismo se me va de las manos nunca mejor dicho que es lo  único  que  me  quedaba  ya para evocar tu culo y su mundo y ahora sólo más bien digamos  que pasear y pasear por el pueblo y el café de los bares y cosas así para quemar el tiempo con mi soledad. Que ahora sí que te necesito de verdad y que más que el brazo tu culo que me embelese por las noches con sus juegos y su mirada absurda Antonia que vamos a ser abuelitos y tú allí y yo aquí. Imagina que soy un cigarrillo que nunca se acaba por mucho que lo chupes y por mucho que le tosas y por mucho que parezca que se desgasta yo qué sé. Da igual. Porque el Machuca ha dicho que eso no importa así que dentro de dos semanas para que todo esté bien organizado. Pensaron en una exposición de amarillistas en el pueblo pero claro Antonia. Y mejor el fútbol. Los de arriba con los de abajo como siempre. Por zonas sí allí en la plaza situarán el campo como puedan a base de tiza y latas de cerveza. Claro que sí. A mí me ha dado mucho sentimiento porque es que claro ahora con la criaturita que les viene y todo y es que no les da. No les da Antonia. Claro Antonia. Que no. Que yo quiero que te vengas. Que no necesito tus brazos que te necesito entera sobretodo tu culo que ahora más que nunca me gustaría palparlo por última vez para sentir lo blando que está  todavía  y  apretar  tus nalgas y dividirlo otra vez en dos con mis cinco dedos de una sola vez como antes. Au revoir.
29. Corriendo por allí por la tierra y claro se tropezó con una de las orejas que se le dobló con la brisa de por la mañana y corriendo claro y se rompió dos costillas allí tirado en el descampado de tiza y latas de cerveza en medio del calor y las gentes del pueblo. Mitad y mitad. Si es que yo estaba allí Antonia que no te enteras. Claro. Antonia yo estaba allí tranquilo en el bar tomándome unas cosas y ahogando penas con el Antonio que el pobre lo está pasando muy mal y que se siente desolado y que ya no le quedan ganas de nada cuando escuchamos un griterío. El niño que por querer marcar un gol a la otra mitad se había roto dos costillas y la panadera llorosa empapando  a  lágrimas  el  delantal que por cierto ya está algo hinchado y que más bien le estira ya diría yo. Claro Antonia más que nunca. El Machuca allí diligente en medio de esa especie de rectángulo de tiza y tierra y latas de cerveza y calor y polvareda y gentes curiosas y sedientas de gaseosa suspendió el partido y allí la gente bastante descontenta gritando y es que no me salen las cuentas y que por eso te llamo  corazón.  No  sé  Antonia  yo  creo  más  bien que son cosas ya de la infancia suya y por eso vamos pero que no se preocupe que ya se le pasará la cosa que tome mucha gaseosa. Hombre yo tal y como están las cosas me voy a Londres a ver si es verdad todo lo que me contaba el Paco. Con el Antonio que está el pobre hecho un desastre. A pensar sí. Que al Antonio nunca le ha ido bien ni lo uno ni lo otro y que la Luisa como un día de sol en invierno para él y claro a los dos días que se le volvió la tormenta y es que vaya. Ya se le pasará no te preocupes y que le digas a tu hermana que me mate a los dos pájaros sin compasión y sin ningún tipo de sentimiento que el Antonio aquí y el Paco allí. Claro. El Machuca dice que tres días y que se deje de tonterías y que se olvide la poesía pero claro y a la panadera que no llore que le crece el pecho y se excita mucho y pierde los papeles y que le viene el descontrol y que mejor que no. Dimos vino en una especie de cabalgata por todas las calles del pueblo para compensar la cosa. Sí claro vino con gaseosa. No Antonia. Que he recibido una invitación de Gisselle que  cumple años o no sé qué y fiesta gorda en Mojácar y que quiere  que  esté  allí  porque  dice  que allí estarán todos. No sé. A lo mejor mis compañeros de la mili yo qué sé. Es que no sabe nada y cuando me vea se le van a quitar las ganas. Que dejaré de ser boludo y que mejor no voy. Tampoco. Vente tú si quieres. Que además el miércoles el Machuca me coserá otro poco de plástico y la panadera delicada y con la criatura en la barriga pegando patadas jugando al fútbol rompiendo costillas como su padre y me llena de sentimiento la cosa y claro Antonia. Que me muero de vergüenza. Aligera.
30. Aquí en Londres con el Antonio. Muy bien sí en casa de la gorda. No si ha bajado don´t worry. Una nube que se hizo amiga de nosotros y nos acompañó hasta la puerta. Todo lleno de nieblas grises de un lado a otro aquí ni amarillos ni nada sino un frío que pela Antonia. Delgada no sabes cómo y muy mejorada y que dice que le ha venido la desgana y que cómo está Juanito. Yo le he dicho lo que es que espera una criatura y que se llamará Andrés. Que se le salió una lágrima y a punto de enloquecer comenzó a gritar y a darme besos en tristeza nublada por el asunto pero feliz y melancólica perdida a contarme cosas del quiosco y de su padre leyendo a Corín Tellado cuando era niña cuando ella vendía los periódicos por allí por las calles del pueblo gritando y todos los vecinos babosos tan babosos sonriendo y Juanito enamorado tan enamorado de la bolita que vendiendo periódicos. Claro Antonia lo de que el padre de la panadera también era Andrés no se lo dije porque si no imagínate qué desastre de melancolía y qué nostalgia más tonta y sin más por qué qué soso y qué vergüenza   Antonia  por  Dios.  Y sin contar con que a última hora fallaran los televisores y fuese niña la cosa de las mariposas y que se llamaría Antonia como su abuela y no me llores. Antonia pero que no me tosas así que entre los mocos y las lágrimas y los demás líquidos del corazón te quedas sin respirar y ya me dirás tú ni nostalgia ni nada. Rápido nos puso un licor típico de por allí para evitar los fríos y el reloj ese grande y bajó a por leche para un café con leche claro. Para que el Antonio no se sintiera raro allí llorando y todo claro. Que se acordó de Andrés tan callado y se puso a llorar y que él nunca tuvo una niñita gorda a quien cuidar ni a nadie a quien mandar a repartir los periódicos todas las mañanas a gritos por el pueblo y muy triste. Y la gorda que es que eso es así que él hizo lo que pudo pero más solo que la una y que por aquí y que por allá. Y el Antonio llorando. Más. Porque a la gorda que ya ni gorda ni nada no se le da bien la cosa de la calma y todo el mundo allí triste y nublado envueltos en las nubes grises de Londres con el pánico cortado. El brazo fantástico Antonia fantástico. Viene con una radio y me entretiene mucho la cosa de la efe eme esa. Claro.  Antonia  que me hieres sin darte cuenta por favor no. Que me pongo romántico y se me descuelga la mirada y se me empapan los ojos y se me ponen las imágenes del morro en blanco y negro y se me encoge el corazón de no poder volver atrás.
31. Que ya está un poco mosca porque se le cansa la cosa. Que todavía como en primavera se le escapa por la noche la panadera. A besar la boca de la quinceañera. Que a Juanito ya le molesta la cosa y celoso le ha dicho que o deja la boca de la niña o que recoge las cosas. La panadera que así medio embarazada la niña se le pone muy cachonda y que eso hay que aprovecharlo. Y encima el Eduardo ha venido llorando y que quiere hacer una exposición de barcos y no sabes cómo le molesta a Juanito el asunto vamos. Anda. No sé Antonia. Yo la llamé triste diciendo que no podía asistir al asunto que me operaban el brazo y que no podría dirigir. Ella apenada pero nada y ya está yo no le di ninguna dirección. Pues no lo sé. A lo mejor te quiere ligar. O quiere información así es Gisselle. No lo sé Antonia que no lo sé. Escríbele. Igual os hacéis amigas y os hacen un reportaje y sacáis un pastón yo qué sé. Es que lo de la radio me gustó mucho Antonia. Claro. Me hundiste los dedos como yo los hundía en tu culo allí en el morro y ya ni siquiera lloré ni nada. Me puse tierno claro. Todas  las noches. Me acuerdo mucho de tu barba y de tu culo pero ya está. No puedo acordarme más de ti. Porque tú no quieres baby. Perdona pero a mí tus dineros me sobran rácana. Chitón. No si ahora mismo te devuelvo lo del brazo en un giro lista que eso es lo que eres. Que me olvides y que no me llores que me aburren tus surrealismos y tus fantasmadas y tu flamenco. Las saetas para tus nietas. Antonia que me cansan tus dolencias que eres más triste que tu madre. Vaya hombre que tu madre también  está  enferma  pues a ver si se va ya con tu padre allí arriba para siempre y te vienes de una vez que la cama está vacía sin tu culo Antonia no me llores que parece mentira que no me conozcas…
32. Antonia llevo semanas hablando con tu contestador automático y no es lo mismo. Pero no te me pongas así si era broma tonta. Bueno. Vale. Es que me gusta mucho el Haendel este así romántico espera que lo quito. El niño en la panadería ya. Es que la panadera inflada en el reposo absoluto ese sí. Menos mal. Mírala. Eso tú expláyate. A mí no me has dicho nada perdona. Que espero que te haya ido bien por las playas de por allí sin mis brazos de plástico y sin las costillas de tu hijo y sin la bola inmensa que le ha crecido a tu supuesta nuera por la parte del ombligo nadie sabe por qué. Claro. No si no me pongo de ninguna manera pero que vaya corazón. Me llamó sí. Para tocar en la boda y yo envuelto en mis cuentos de inválido pianista del plástico amarillista. Sólo me quieren ya para eso y poco más y ni siquiera Antonia. Que no puedo. Como no toque mi marcha nupcial esa que era a base de clusters y mucho pedal tenido hasta la eternidad que uno vea oportuna no sé. A lo mejor ya veré que te pones muy pesada y muy empalagosa y te pones muy insoportable y no te soporto así no te soporto. Ya  lo  sé.  Felicidades  love.  Antonia  preferiría  unos  verdiales   con   sus pandereteos y sus violinadas y su canturreo a media mañana hasta la saciedad. Que me recuerdan cuando yo era un chiquillo cuando la fuente manaba cuando su chorro era espléndido y allí en la noche yo me cepillaba a mi hermana y allí mojados hasta el amanecer que nos volvíamos a mojar con la palangana para que mi madre no sospechara nada al son de los verdiales de por la mañana. Si es que Antonia esa imagen de mi hermana chorreando en la palangana aquella tan grande no se me borra Antonia qué quieres perdona. Que me pongo tierno y a deshora y que hay que ver dónde estará mi hermana ahora. Tu padre no por Dios que seguro  que  se  la  trajina así con un par de aspirinas y si se hace dueño y señor de la vagina mi hermana hace repicar las campanas y goza como las ranas lo mismo que las golondrinas que se abren a punto de la desgana si se le ofrece un par de aspirinas a la zorra de mi hermana que no por Dios. Eso digo yo. Que la cosa tiene tela lo mismo que el Eduardo rodeado de barquitos de vela allí en los salones recreativos del pueblo y el hilo musical de las canciones del verano  a  punto  de  la  navidad. Está  feliz allí como pariendo barcos y sin más por qué y todo el día comprando bolsitas de pan por si se le ocasiona la bollería fina a punto del reventar por la parte de la entrepierna procurando poesías en forma de barco así como pariendo y quemando sin querer el aburrimiento como haciendo tiempo como aparentando una felicidad en forma de carnaval. Hay mucha gente que nunca ha subido a un elefante Antonia por Dios no te pongas así. No. Porque ya no interesa la fiesta de la batata y que no sé qué de que eso es para las ratas de las cloacas y que más vale una serenata tonta y barata que la fiesta gorda de la batata que ha dicho el ayuntamiento que eso es para las ratas de las cloacas. Que ya no les interesa la cosa de las mariposas que vuelan alrededor de las batatas que se envuelven del caramelo y el aroma las atrae y revolotean lo mismo que las ratas que saborean ya a la noche los últimos pellejos de las últimas ya con sabor a vino ya con sabor añejo y rancio y que arrancan con las uñas y son las mismas gentes del pueblo que relamen los pellejos a media noche en el silencio de las vacas. Que yo no quiero ser vaca que yo quiero ser una de las aquellas  ratas  podrida  y  asquerosa  que  se  alimenta  de lo que a unos y a otros les sobra. Antonia que te dejo que el café ya está pitando. Y no me llores.
33. Toqué la mía. Xenakis llorando teorías de la emoción y Noelia golpeándose el alma con dos baquetas que llevaba escondidas en el pantalón y el pueblo entero aplaudiendo en cinco  por  ocho  y  el Xenakis que es que ya es que no podía ni dirigir ni nada Antonia en mitad de la melancolía y yo moviendo los dos brazos estos como podía a punto de la desgana. La iglesia se tornó amarilla así como a punto del amanecer en mitad de la tarde ya avanzada. Las gentes corriendo despavoridas y chorreones de espuma por las esquinas y el coro torciendo las voces como chorreando contra el techo y contra las paredes y muy desordenadamente así según me describía Xenakis en su improvisado pero exhausto estudio de la cosa que decía que se parecía a una maravilla así como parecida al vuelo de una mariposa. Yo me acuerdo cuando chica allí tocando el tambor en la semana santa allí en Albolote que la banda iba por un sitio y ella por otro. Antonia tú lo que tenías eran aburrimientos  más  bien  perdona.  Acuérdate  sólo  de  cuando  le  dio  por ponerle músicas de percusión al Kandinski de la  terraza  cuando  le  dio por el Machuca y le comenzó a tirar la cosa de la arquitectura que fue cuando llegó Xenakis y me la enamoró a la pobre y me dejó al Machuquilla a dos velas. En La Purísima de la barriada de Las Conejeras sí. En una venta de por allí cerca La Trampa me parece que se llama. Acabamos imagínate allí tirados comiendo churros y contando chistes de cuando chicos de cuando ganábamos dos duros grabando las rumbitas del Andrés cuando robábamos los micrófonos del corte inglés Antonia qué triste. Que allí melancólicos y entre los churros y el café en mitad del amanecer Antonia que es que te eché mucho de menos querida. Que en mitad del abrazo del Xenakis y Noelia comentándole arquitecturas al Machuca allí para que no le entrara la desilusión en mitad del beso que la Noelia le propinó al Xenakis en mitad del lametón para que no me entrara la desilusión a mí y claro. Que no soporto estar sin tu culo por las noches Antonia que sin tu roncar no se me duerme el asunto y no me entra el sueño. La radio que me ha encargado un pasodoble.  Unos  derechos  de autor  fabulosos  me han dicho pero vaya no sé. Pues eso.
34. La vecina. Es que ya estaba tonta Antonia. Achicharrada. Que se tiró a la bañera meneando el grifo hacia el lado rojo y claro. Todo el pueblo entró por la ventana porque claro la mujer acostumbrada a echar la llave por dentro y claro el niño no podía abrir por fuera ni a patadas. Llorando todos en una especie de procesión hacia el cementerio con la vecina calcinada en una caja de cartón porque es que la cosa no daba para más Antonia. Que ya estaba mayor ya y había menguado y entre el arrugado y el baño de agua hirviendo de por la mañana que más bien la cocinó toda entera lo mismo que un trozo de ternera allí olía como a puchero del del congelador y claro Antonia claro. Esta tarde me voy a la montaña grande que están allí con la cosa de las fiestas patronales. El Antonio que me ha dicho que allí como el camino del Rocío como en Santiago pero con cáscaras de mejillones y que me va a invitar con la paga en una venta de por allí que él conoce a comer cordero degollado y unos ombligos de mujer que bailan allí al son de las barbacoas y los chorreones de tinto que caen al suelo  ya  tarde cuando ya no cuela  el chorro en la copa y que el corazón se le crece con la cosa y el vino con gaseosa pero que primero hay que pasear comiendo mejillones allí con todas las gentes. Me lo traje a la casa a punto del suicidio y me cocina y se entretiene y que si la Luisa por aquí y que si la Luisa por allá y claro que es que yo ya no puedo ni pelar patatas y ahora ya ni queriendo Antonia más quisiera yo que me entrara ya la desgana y claro hoy nos vamos a comer a la montaña grande para no tener que cocinar luego a la noche y para ver si nos podemos ventilar algún ombliguillo de esos que bailan allí al son de las barbacoas. Por eso. Es que al Antonio no se le quita el destrozo y ya no sé vamos no sé igual llamo a la Trini allí a Roma para que le dé de comer aunque sea a deshora a ver si se anima a ver si se le quita la cosa y deja el juego de las aspirinas. Se va solo al Avellano y que si la Luisa por aquí y que si la Luisa por allá y nadie lo aguanta y claro  pegan a la puerta y el Antonio lloroso flanqueado por dos chavales jóvenes y llorosos también algo mosqueados ya por el asunto y llorosos por la situación y que si se han dejado a sus novias allí en el Avellano  con  los  ombligos  al aire  y  que  son muy celosos y que se van pitando porque allí en el Avellano la gente es muy trápala y se la trajinan con un par de aspirinas y claro los niños corriendo y el Antonio allí tirado. Que no para de llorar y que como siga así el Antonio se me va a vaciar y me está preocupando ya Antonia me está preocupando. Pues dile que lo llame y que le diga algo a ver si se le quita la cosa de las mariposas. A ver. Ten cuidado a ver si te quemas la barriga. Besos mil. De leche.
35. Me encontré a Noelia allí meneando el ombliguillo. Que ha abandonado al Xenakis pobre. Porque no aguanta sus matemáticas dice que una noche le dio el deseo de tocar un oboe y que el Xenakis empezó a regañarle en multiplicaciones. Noelia que es muy sensible le zampó una división y un chorro de aire desde el diafragma muy erótico como fumando hasta la mirada ya empapada del Xenakis que no acertaba en las cuentas ni a la de tres llorando arquitecturas y claro allí meneando el ombliguillo. Me la llevé a la casa del brazo en plan nupcial y a secarle los ojos. El Antonio allí embelesado contando culos allí despreocupado. Es que soy muy hospitalario y claro Antonia. Se puso allí en el salón a tocar la última del Xenakis entre llorando y riendo como golpeándose el alma a punto de la felicidad. Le di una tila. Estuvimos hablando de mis amarillismos y así hasta que se quedó dormida tocando el tambor de la cocina. Nos fuimos a la feria de la montaña grande y montamos en algunos carricoches y cenamos un par de cucuruchos de mandarina y claro. El Xenakis un perro. Las  palomas. A   casa de Neruda a ve a su amiga Laura que está inspirándole las diecinueve canciones desesperadas que le faltan para terminar la colección y está muy sola dice. Pero no es lo mismo. Que ya lo sé. Aquí claro. Mañana vale. Adiós barbilampiñita.
36. Antonia que no te entiendo eso de que no vas a venir al bautizo de tu nieto que no te lo entiendo hija. El cacharrito del colacao perdona. Juanito llorando y me floreció una pena así grande por la parte del ombligo que vaya Antonia vaya no sé. A no sé qué de una conferencia sobre el color amarillo en nuestros días y su relación con los demás colores pero que me vuelvo para el asunto y tú también faltaría más. Antonia por Dios. En Dresde. Es que estoy tieso Antonia y ahora tengo muchos gastos con la cosa de la criaturita que es que no pueden Antonia que no pueden. A mí me tenían preocupadas las orejas pero ya ves menos mal. Antonia pareces tonta. Don Anastasio. Porque por lo visto Don Prudencio colgó los hábitos para promocionar un grupo de rock o no sé qué me contaron no me acuerdo bien Antonia y por eso Don Anastasio que ya digamos que está a punto de caer en brazos de la muerte. Por darle un rollo tétrico al asunto Antonia que pareces idiota imagínate. Una especie sí. Con las limosnas. Antonia no te pongas civil que tito Manolo acuérdate vamos y mejor que lo dejemos ahí que  vaya  vaya  con  el tito Manolo y sus negocios del ocio. La puerta de la cocina que es que hace corriente. Un tornillo de plástico así de colores muy grande que me regaló la ferretera antes de suicidarse de amor con su prima en la bañera Antonia qué pena. Porque decía que me faltaba un tornillo. Pasado mañana. Mecánico sí lo que me faltaba ya para terminar la colección. La criaturita chupando todo el día agarrado a las tetas de la madre. El niño lloroso tiznado de pan quemado entre los hornos y con mucha clientela que le compra y le da la enhorabuena. Que la panadera se ha empeñado en que la madrina sea la quinceañera y están un poco así sí. El Antonio. Pues le dio mucha alegría no sé de qué te ríes. Que como no te vengas para la fiesta te prometo rajar con las tijeras todos los lienzos que vea en los que tu culo sea protagonista. O con los cuchillos de esos que anuncia la tele vamos. Que te dejo que están por la otra línea.
37. Que ya noto yo como se me arruga todo y es una pena Antonia una pena por Dios. No siempre pero vamos. Estaba yo mirando por la ventana los arpegios esos desagradables del afilador que me acababan de despertar cuando en mitad de la flauta se me aparece el Antonio allí sonámbulo y en calzoncillos con su tradicional manchita de pipí. Quedó perplejo pero es que yo me puse amarillo. Me dije otra vez septiembre y le grité otoño y volvió a acostarse olvidando por completo el triste episodio y fue cuando las arrugas comenzaron a hundírseme mientras me vestía para bajar al bar a tomarme un café a punto del amanecer que lo noté. Anda es verdad. Pues no lo sé si comprarle unas flores de esas de plástico para que no se me mueran ni nada y así o no sé si un pesquerito de almejas de esos del Eduardo que ya sabes tú que el Antonio es muy marítimo y le encantan las almejas. Y de camino le doy un ánimo al Eduardo que es que le está saliendo una chepa de la tristeza Antonia que vamos. Que no se le quita la cosa y todo el día con el quinto en la mano a ver si se le quema el asunto y ahoga el seso entre burbujas y espumas pero que no. Que el Eduardo se está ahogando lo mismo que tu padre entre sus barcos y se le está inflando la barriga del dolor Antonia por Dios. Sí claro. El niño está hecho un torito bravo el que está de pena es el padre. Castañas asadas. Que le dominan los odios por la cosa de la quinceañera y a la panadera le crece el asunto con la cosa de los celos y se le pone mimosa la muy viciosa y claro Juanito que no sabe controlar el asunto se pone nervioso hasta que se le ilumina la gaseosa y no puede contenerse y en mitad del negocio y con el niño llorando se le alza el asunto y allí todas las mariposas volando. Y claro cierran de bulla y corriendo y allí como pueden en mitad del descontrol que se lo montan allí tirados en el mostrador mientras se hace el pan y el niño llora pero que ya no es lo mismo. Porque terminan ya a la noche cuando la panadera sustituye el cigarrillo para relajarse con la quinceañera bajo la  luz  de la luna bajo la luz de las estrellas y allí en medio de la oscuridad chupándose los labios la una a la otra y llenándose de amor el asunto y Juanito inflándose de imaginar la cosa allí solo preparando papillas mientras se atiborra de aspirinas  y allí matando el tiempo degollando golondrinas y con el corazón firme como una piedra a punto de la lágrima y es lo que lo mantiene vivo. Esto no puede seguir así claro que no pero vamos. Eso es cosa del otoño Antonia no te pongas así sensible que no son horas querida. Que ya lo sé que te aturdes y que te da por canturrear pero imagínate Antonia qué desastre contente. Ya mismo.
38. En la playa aquí con Juanito y Andresito. Y la panadera. Enseñando las peras. Haciendo castillitos. Todavía. Antonia claro yo te lo dije. No tanto que ya sabes tú que la prensa lo colorea todo pero que algo de eso hay sí. Allí que por poco no me abren. Que antes de la conferencia tuve que ofrecer una rueda de prensa y cuando confirmé que me había cargado toda mi serie amarillista sobre tu culo con un juego de cuchillos se armó allí la de San Quintín. Aplausos. Que entre el barullo y la idolatría se me acercan un par de periodistas con los que a la noche me voy a tomar unas copas y por qué no. Un pub de estos de ambiente gay pero en plan pinacoteca de la cocacola y la corbata en forma de discoteca y yo allí enfilado por toda la barra allí con mis bracitos de plástico que igual le despertaban el morbo yo qué sé quería morirme allí bailando como podía con el culo siempre pegado a la pared porque me comenzó otra vez a doler como antes supongo que sería el susto Antonia por Dios qué miedo allí con mi vaso de gaseosa. Me da igual total si estaba incompleta. Que quería hacer algunos culitos tuyos en   alabastro  como  en  relieve pero es que ya tengo olvidado hasta el volumen de tus nalgas Antonia y claro necesitaba que te vinieras pero no te lo dije porque era una sorpresa. Ahora da igual total si ahora imagínate. La gorda estará como loca con su culo del salón allí mirando el televisor. Que es el único culo amarillo que queda de mi colección y que se van a dar hostias por conseguirlo. Que yo creo que se van a producir hasta asesinatos si no ya verás. Que esa se va a tener que volver porque si no se la cargan. O que raje el cuadro con cualquier cuchillo de cocina como yo. O con unas tijeras.
39. Gisselle llorándome por la otra línea que cómo y por qué y que a cuento de qué. Que cenando miraba por la tele y sin querer escuchando se enteró del asunto de la gorda en las noticias de la  ce ene ene y claro. Entripada hasta el culo que se tiró por la ventana después de escribir un papelito amarillo de estos chicos en el cuadro mío que tenía colgado en el salón ese que tenía en forma de playa donde explicó los motivos y su desgana antes de tirarse por la ventana. La barriga perpetua sin reconocer el ombligo allí tirada reventada como las ranas en medio de un charco de rojo rodeada de fotógrafos y Juanito llamando por teléfono pero claro. Que no aguantaba tu culo allí colgado y Gisselle quejándoseme de ti entre lágrimas y con el corazón encogido a punto del amarillismo encendido. Que ya no prueba la carne ni nada y claro. Ni siquiera. Que se ha hecho vegetariana en acto de rebeldía así como manifestándoseme como en huelga borracha de zumos de zanahoria en mitad de la lágrima de dolor a punto de la desconsolación. Un bollito de regalo que me ha dado la panadera para quitarle  solemnidad a mis  penas porque claro Antonia que es que tengo un sentimiento de culpabilidad que es que las tripas se me van a poner a desfilar Antonia vamos por Dios que no hay derecho que no que no. Para quitarle hierro al asunto. Que mañana les visita la Eva de Saint Lary que viene a ver la criaturita que por cierto Antonia está amarilla y con la cabecita un poco hinchada no sé de qué y me han invitado a comer. Ya lo sé. Me lo dijo Antonio que ha puesto por allí por la zona de Hondarribia un mesón donde sirven cordero degollado que ha decidido llamar Casa Antonio llorando intermitentemente  mientras  me ponía el puchero con un trozo de ternera azul. Ya iremos Antonia y probaremos por fin la cosa esa del solomillo de buey gallego. Si es que eres idiota.
40. Qué va a ser de mí Antonia. Yo ya con la Bernarda Antonia que pareces tonta pero claro. Que se me aburrió la cosa de la gaseosa a punto de las mariposas y en medio del aburrimiento allí en los labios de la Bernarda y eso y que no. Que me dio por ahí no sé. En la cosa del pago de la matrícula que se me cruzan los enormes pechos de la Lola envueltos en rojo y allí tocando la flauta y claro que se me descompuso todo y que se me quitaron las ganas de la Bernarda y claro que se me quitaron las ganas de todo y por eso. Que volví al otro día y harto de esperar la cosa esa que me encendió por dentro y me quemó por fuera allí arriba a punto de la desgana me subí con la Trini que por lo menos me recordaba a ti así más o menos. Que por lo visto allí todo el mundo cantando con tus primos el yellow submarine y las italianas llorosas de la emoción suspirando entre el humo y la potencia y los italianos que por lo visto también se han enamorado y que ya no les interesa el asunto de venir al pueblo en verano y que han conquistado Roma y que no es ninguna broma. Antonia por Dios claro parece  mentira. Finito. Que al bajar las escaleras que abrí la puerta y me vi un par de colores así rojos como la mermelada de frambuesa de brazo en brazo y de risa en risa y claro yo allí con mi carro de combate y el armamento de batalla y la cosa de la efe eme que no me funcionaba ni nada que me dije esta es mi Lola y claro vaya vaya por Dios. Dos mil pesetas allí llorosas en mitad de la desesperación y allí encendido por fuera y por dentro a punto claro Antonia taxi arriba taxi abajo eran las tres. Me dijo mañana pero claro. Con la camiseta del revés y en mitad del calor y el asunto de la limonada gaseosa qué cosa para ver si con la tarjeta a ver si. Allí esperando la cadencia de la Lola. Porque la Lola por lo visto interpretándole un poema o no sé qué a un cliente amigo de por  allí de esos con su flauta entre las tetas rojas magníficas de la Lola aquella noche ya en septiembre a punto del otoño porque al parecer se había enamorado locamente aquella pobre criatura del whisky y la cosa de la cultura y claro la Lola enloquecida a punto del amor pero que no que no. Que ya harto se abre la puerta de entre el humo y el vocerío y cositas brillando y entre el barullo  tintineando  y  es que me estaba entrando un calor que qué. La Lola que había terminado el asunto de la cosa esa del concierto de la interpretación del último movimiento a punto de la desesperación. El corazón comenzó a cambiarme las emisoras de la radio de un tirón y claro que es que me faltaban trescientas pesetas para el taxi de vuelta a la noche del pueblo. Que ya en mitad de la postura y a punto del enloquecer en mitad de la locura y a punto de reventarme los pantalones me la ventilé. Amor completo. A la Lola sí claro. Su boca era como de vainilla. Yo Lola déjame tocártelas por última vez y ella que si iba a morirme y yo que no y ella esperaré. Allí todos con gaseosa y tabaco Antonia allí todos esperando a punto de una locura así como una especie de aburrimiento así todos poniendo posturas recolgados a la barra. Es que me faltaban trescientas pesetas. Yo intenté hacerla llorar pero claro. Que la Bernarda dolida pero en medio ya de la risa infinita del aburrimiento a pesar de mis desprecios ya con la camiseta del revés y todo por segunda vez allí engatusando a besos a la clientela de la cosa de la cultura con gaseosa allí con la boca del revés  al  cliente  de  turno  hasta  conseguir  las  trescientas  pesetas  que le faltaban para la cosa de la gaseosa en mitad de la herida brotándole mariposas dándomelas poquito a poco en un despiste del tipo mientras yo soltaba unas pocas de lágrimas por allí por el suelo ese pegajoso de mermeladas de frambuesa. Escuchando la radio. Es que al final Juanito me la ha arreglado así con mucho amor y claro. Ya. Anda vete ya. Vete ya a dormir.
41. Pero Antonia cálmate que no es tanto. En La Habana. Si ya lo  sé pero que vas a despertar a todo el edificio calla un poco resérvate los gritos yo qué sé para. Intentaré aprovechar el asunto de la imposición de la medalla esa del honor para estrenar allí mi sinfonía amarilla. Ha sido en colaboración con el Antonio que es que me ha copiado el pobre todas las partituras porque yo Antonia ya no puedo ni nada claro sí. Hombre yo más bien diría que le ha tocado lo peor porque yo más bien canturreando y comprobando las partituras y los detalles y la expresión pero vamos. Sí claro la deutsche grammophon pero no me llores tanto fúmate algo yo qué sé pero Antonia por Dios. Ya sabes que yo nunca me conformo con simples migajas el sello amarillo sí. Anda mira. Calla calla que no sabes de la misa ni la mitad que la cosa tiene tela. Que la otra noche iba la panadera como todas las noches al encuentro de la boca de su amante quinceañera y se encuentra a su hermana francesa allí agachada y sin ninguna desgana comiéndole a la nena todo lo que pillaba y entre llantos y griteríos de pena las  dos  hermanas que se agarran mutuamente las melenas y la quinceañera que se va a la cama porque si no al otro día le entra la desgana y le entra el aburrimiento a la entrada del colegio porque entre los libros y los niños en el servicio follándose a todo un regimiento de profesores y alumnos y hasta una de las secretarias la criatura de las coletas llena de pecas de literatura aprendiéndose la tabla del ocho y qué es una cultura allí abierta sobre las máquinas de escribir. Que a Juanito le ha venido la felicidad y le han crecido las orejas con las que envuelve a su hijo en invierno cuando sale a pescar invadido por el aburrimiento de las harinas y el pan. Por lo visto es heredado de la panadera que le ha dicho el Machuca que de chica también se le ladeaba la cabeza hinchada y la expresión también se le amarilleaba. La panadera depresiva llorando sola por las esquinas que es que se le ha acabado el amor y ya no le vuelan las golondrinas porque las tetas se le están decreciendo y es que se le deshace el capullo en flor mientras el cielo nos está lloviendo  en  forma de sudor que no es más que la quinceañera y su hermana francesa que se están amando y claro los líquidos derramando las dos  poniendo al pueblo chorreando de lluvia y vicio en la noche aquella en que a mi nuera la panadera se le acabó todo. Una pena sí una pena.
42. Fue comenzar los aplausos al colgarme la medalla el presidente cuando se comenzaron a oír los primeros disparos todavía confusos entre los gritos de las gentes y las cámaras de la televisión si lo habrás visto por la tele. En mitad de mi sangre y mi llanto desconcertado en silencio Gisselle gritando de rabia con la pistola en la mano que yo no era su muso así enloquecida así medio llorando y esposada por una docena de uniformes y dos cámaras de televisión filmando de la emoción. Aquí en el hospital bien calditos y algún pescado que nada tiene que ver con los boquerones fritos del bar pero vaya. Me ha venido a ver todo el mundo sí. Me han dicho que le van a caer unos cuantos años de aburrimiento por su intento de quitarme la vida y de volvérmela amarilla. No lo sé Antonia pero creo que por la parte de las rodillas poca cosa tranquila no me llores anda tranquila que ya sabes tú que los telediarios lo ponen todo perdido de tristezas así muy tristes para que se sensibilice el mundo y se sensibilice el corazón. Pues sí que me acuerdo mucho del Machuca y no sé por qué. Sí ya. Pues sí. Una  joyería  donde  la  ferretería  yo  creía  que  ya  lo  sabías. Aunque esta mañana me llamó nervioso al móvil a ver si era verdad lo de la tele está feliz sí. Quitando eso me parece que sí sí. Perdona es el corazón que se me encoge de vez en cuando todavía que es que estoy un poco triste y es que no sé cómo Gisselle así enloquecida intentó quitarme la vida con lo que me quería la pobre si yo era su boludo favorito me decía Antonia. Por lo visto su cariño se enfocaba más bien hacia mis amarillos que hacia mí digámoslo así más o menos Antonia qué triste espero que tú me mires mejor. Ya sé que todavía no te has comprado ninguna pistola.  Ni  te  ha dado por ahí todavía ya corazón si ya lo sé pero que es que uno no gana para berrinches y aquí en La Habana con el corazón agujereado tan agujereado que sin mi Juanito y sin mi Andresito angelito mío preguntando por su abuelo entre las tetas grandes tan grandes de su madre que me empapo de solo que estoy que es que no voy ni a poder nadar para ahogar mis tristezas ni nada Antonia. Como cuando me iba a la playa a pensar y a olvidarme de ti de tu solemnísimo culo. Tomando un oporto con el callista que ha venido a recortarme los dedos de los pies.
43. Me llamaron los padres de Gisselle llorando en argentino rascándome el corazón húmedo con sus lenguas porteñas algo rallados por el asunto. Disculpas por lo de La Habana. Claro pero vaya. No que es que estoy aquí con la Trini jugando a las damas y es que me acuerdo de cuando nuestros torneos de damas de por la tarde cuando nos apostábamos las lenguas el que perdiera por el que ganara y era una delicia Antonia y me entra mucha nostalgia y te llamaba más bien para oírte un poco. Es que la Trini no sabe jugar y claro me acordé de ti. Por eso si ya lo sé. No hombre garbanzos claro. Si la Trini ya dejó el asunto ya hace tiempo. Que el barroco la cambió y se le cambió la filosofía aunque de vez en cuando me pega algún que otro mordisquito así sin que yo me de cuenta qué voy a hacerle total. Si es que es muy cariñosa. Vaya celosa y todo querida. A estas alturas. Mira anda. Claro no sabes cuánto lloré aunque todavía no sé ni por qué. Que no sé por qué que me tocó tanto el alma Antonia. Es que eran muy bonitas así como impresionistas así como de colores incluso de vez  en  cuando se me pasaba el amarillo por la cabeza y se me paraba en el corazón como antes. Qué bonitas las canciones y danzas esas Antonia qué bonitas. Supongo que me recordaron al María Cristina cuando todavía no encontrábamos ni a las quintas ni a las octavas por ningún sitio allí buscando por todas partes preguntándole a todo el mundo por las quintas y por las octavas por si alguien las había visto por allí y allí nadie nada de nada ni en la biblioteca ni en el bar ni en los pasillos ni en las escaleras ni a la de tres Antonia qué desesperación y claro. Por lo visto ahora me han puesto a mí allí al lado del Mompou Antonia una alegría. Si ya sé que tú me lo decías pero vaya. Que podían haberme colgado antes no ahora que parezco el superviviente de una guerra mundial Antonia por Dios. No si yo no lo he visto me lo ha dicho el Antonio que el otro día fue a ver el pregón de la semana santa que lo hicieron allí y ya sabes tú como es el Antonio. El corillo que por lo visto han seguido ensayando sin mí y que se llama ahora como yo Antonia qué bonito. Como cuando con la orquestilla del jazz tocando en los bares del pueblo por la noche y yo allí harto de cervezas de todos los colores  con  mis brazos meneando los deditos bailándolos por las teclas del piano Antonia qué nostalgias tengo de todo aquello sí ya me seco espera. Que no se le escapa ni una vamos quiero decir. Todavía no lo sé. Ya menos porque le están creciendo y el pop es cada vez más mediocre sin ese silbido de entre los dientes y claro. No si lo voy a mandar por ahí a estudiar la cosa de la armonía esa con alguien que entienda bien el asunto con alguien que sepa destriparme las músicas en condiciones sí. Antonia yo no tengo paciencia si ya lo sabes. Con mi nieto menos. Además que yo todavía no sé bien cómo va el tema. Que yo todavía no he encontrado ni a las quintas ni a las octavas esas Antonia no sé tú. Pero si el conservatorio lo van a cerrar por aburrimientos también si ya verás. Que se lo comentó al Antonio uno de los inspectores del ministerio que se ha hecho muy amigo suyo porque le puso a funcionar el reloj y le invita a tomar café todas las mañanas en la cafetería del ayuntamiento. Que es que está todo el día cantando y me parece que lo que le falta es un poco de disciplina y responsabilidad de esa que anuncian. Antonia ya yo sólo digo lo que veo por  la  tele.  También es verdad. Pues nada. Ya pero ahora más. Una locura Antonia. Los misterios del ministerio. Ya Antonia. Si es lo que yo digo.
44. Yo dormido cuando se me cayó. En la cabeza nada más y nada menos. Qué va. Un terremoto. La Trini se despertó y claro ya me preparó un caldo para tranquilizarme. No sé se le caería algo también yo qué sé Antonia con el ruido sería. Como la panadera al Andresito. Cosas eclesiásticas Antonia. El Josquin ese una misa sí. Que me creí que terminaba el mundo y claro me puse religioso y a la Trini se le cambió la cara y se puso melancólica a hacer unos ejercicios de meditación y claro se me puso en posición pero vaya. Antonia que es broma no me hagas pucheros que te estoy viendo. Nena que se me sube la cosa para. A Venecia hablé con el Nono y no hay problema pero que le busque una pensión o algo por allí cerca porque dice el Nono que allí ya no cabe con tantas gentes y con tantos instrumentos. Que por lo visto tiene la casa llena de gentes de la calle a las que les ofrece techo y comida y sin más por qué con los que está montando una gran orquesta y coro social así para poder protestarle en condiciones a toda la humanidad y claro. Músicas así sociales  como  especie  de  cantautores pero en cuarteto de cuerdas y cosas así religiosas de solfeo coro y órganos de catedrales antiguas así esplendorosas como añejas pero que no. Que no. Tampoco el niño tiene por qué distinguir lo uno de lo otro Antonia por Dios. Sí. Si va a revisar por lo visto su intolerancia y le va a dar un papel para que pueda pagarse sus estudios y sus viajes y todo si el Nono es un cielo corazón para ya de protestar. Pero que no me grites. Al niño qué le va a gustar el Serrat. Qué va Antonia por Dios. Andresito va por otro sitio. Al Andresito lo que le va es berrear y chiflar por los dientes sin darse cuenta hasta la eternidad con su amiga la feilla la puerca esa que la pobrecilla que se me ha descorazonado y todo cuando se ha enterado de que mi Andresito se le va a Venecia. No lo sé hija no lo sé. Una suerte sí.
45. Si me siento madame Antonia. Que la Lola y la Bernarda se han  venido  a la casa. Que las han echado de la pensión. Porque las echaron del trabajo. Con toda la desilusión. Porque no pasaron el control. Con el Machuca que les está haciendo una revisión. La Noelia allí en la sala de espera entreteniendo a la clientela. Pero si es que se quieren mucho qué van a hacer las criaturitas. Igual se va ahora a Santo Domingo para ponerle músicas a una guerra. Que la han llamado de no sé qué orquesta y se ha vuelto loca y se ha colgado su tambor y toda la sala de espera aplaudiendo de la emoción. El Machuca tras la puerta llorando de la desilusión y que ahora quién le va a animar a la clientela quién va a darle un aliento cuando tenga que sacar alguna muela. Que lo único que no soporta el Machuca es verle la boca a las gentes que le entran desmayos y cosas y era por lo visto cuando la Noelia le hacía el boca a boca en la oficinita de dentro sin que nadie los viera y el Machuca salía como nuevo dispuesto a todo hasta que la vecina de turno le volvía a enseñar la boca y a vomitarle todo el aliento y volvía a caer. Si quiere que yo sea su padrino y todo. Por lo visto a la vuelta de Santo Domingo. Antonia por Dios no seas catastrofista. Si me dan muchas ganas de pintar pero es que lo de los cubos… También me acuerdo del piano y del Mompou y claro entonces sí que me echo a llorar. La sobrina del Antonio que es la única que tiene un título así más o menos parecido a lo que necesita el Machuca. Desde que se salió del colegio Antonia. Igual eran los compañeros que la incitaban a hacer lo que le daba la gana a follar con todo lo que se moviera por la mañana para que a la noche la panadera gozara las tristezas de mi Juanito mientras preparaba papillas mientras se tiraba a su amante quinceañera fuera la hora que fuera. Más tranquilita sí. La cama elástica.
46. Aquí no hay quien duerma Antonia. Gemidos por todas partes. Dice que tus primos arrasan por toda Italia con sus cancioncitas. Que están todas las calles llenas de pósters de esos con los porritos el mate y la ilusión. Ya me lo dijo el Antonio.  Pero  Antonia  cómo  si  Antonio no tiene tiempo ahora rodeado de relojes. Pero Antonia digo tiempo no te me pongas poética y lista que no te pega y lo sabes anda deja de rascarte la barba que haces unos ruidos muy raros y me asustas que te pones muy enteradilla. Que no puede que Hondarribia está muy lejos por mucho que llore tu Luisa vaya hombre ahora con la nostalgia. Pues que cierre la cocina yo qué sé. Si al Antonio ahora le sobra no ves que está poniéndole al ministerio la hora si le han puesto un anuncio en la tele y todo si le han dado el master de popularidad Antonia. Ya. Un poco bajo de moral pero vaya sí. La Bernarda con una parejita de no sé dónde. Porque hablan en inglés Antonia. Sí. Se habrán venido de vacaciones y claro. A darle al manubrio. Han salido a trabajar. Supongo no te preocupes. Dice que está aprendiendo mucho y que ya no le queda  hueco  alguno  en  la  dentadura  que  ahora  canta  con  el diafragma cuando a mí se me empaparon los ojos y se me cortó la respiración a punto de la emoción todo esto con dificultades porque de fondo seguía la orquesta ensayando la nueva versión de la intolerancia del Nono y vamos. Algunas veces me cojo un par de bastones y hago el intento pero es que estas tres  no me dejan. Que en mitad del asunto que me recogen del suelo y me ponen otra vez en el sofá y un disco nuevo de Monteverdi que me han comprado las tres para celebrarme el santo. Gracias corazón. No es que me ha salido así de verdad que no era mi intención recordártelo. Nada nada. No te preocupes cielo si está nublado total para qué no te molestes anda y acuéstate. Además si es muy tarde yo ahora me tomo el caldo y a dormir lo que se pueda entre los gemidos del trío este en sol menor que no para. No sólo comer caliente.
47. Antonia tranquilízate o te cuelgo. Parece ser que el piloto era compositor o algo y claro por Dios Antonia deja que si no no puedo. Y a mí. Según la tele después de algunas piruetas para declararse a su amada alemana así por el aire como procurando un te  quiero  de  nubes blancas cayó empicado al parecer porque le falló la vuelta y las palabras comenzaron a tornarse a gris a medida que se le torcía la frase hacia el suelo que caían las letras ya negras así como tiznadas y caía el avión. Würzburg ha dicho el telediario. Porque lo vieron caer unos alemanes que hacían senderismos por allí y que no les pilló el asunto de milagro. La novia del piloto se ha tirado por la ventana porque al parecer la empresa la culpó del suceso y que no se le puede pedir tanto a una persona a la que se le roba el corazón y los sentimientos y las entrañas. Y menos a un piloto de avión. Dejó un ratillo la física y mira si es que no. Que no puede ser Antonia. Que el asunto no estaba claro y claro si parece que lo estoy viendo. Antonia qué le vamos a hacer ya si total venga. Si yo también tengo pena pero querida es que me procuro controlar no me hagas de llorar. No me hagas locuras y para de chillar querida que me vas a despertar a toda la avenida Antonia para Dios. Antonia deja las pastillas y escúchame que Juanito está con Paco y no tienes por qué preocuparte. Imagínate. Andresito ya se viene claro el Nono le ha dado un permiso especial pero que no se deje llevar demasiado por la víscera que hay que seguir cantando cosas. Y el pésame claro. Eduardo se fue rápido a la casa sin terminarse el telediario y la intentó tranquilizar pero es que está ya con ataques epilépticos y el Machuca no da a bastos en mitad de la tristeza porque no está allí su Noelia y la panadera que no se lo cree todavía. No lo sé Antonia qué me importará a mí ahora la caja negra yo quiero a mi hijo con sus orejas y su poesía estúpida. Antonia. Dios.

48. Lo procuro pero es que entre el fútbol y Juanito que no se me borra de la cabeza Antonia que no puedo. Viendo las fotos de cuando chico y tantas cosas que tengo perforada el alma de tanto llanto y tanto dolor. El estómago que se me ha cubierto de piedras y el corazón que todavía no sé cómo no se me ha parado porque va muy lento Antonia va muy lento. Han declarado un luto oficial  de  dos  días. Uno por cada oreja por lo visto. Antonia piénsalo así. Estarán tomando tapas como antes paseando por allí arriba practicando ese deporte moderno de las ferias modernas que mató al Paco sin miedo ya a la muerte y más bien riyéndose de ella como él decía tomando café gratis y engordando a troche y moche porque allí nadie pesa y todo es bello. Hasta las orejas de Juanito. Después a la noche o a cualquier hora porque allí tampoco hay ni tiempo ni bullas se me olvidaba seguro brindarán por nosotros con cualquier vinito de la bodega que tienen preparada allí para los invitados de honor. La gorda estará más gorda que nunca rellena de coca y sin trabajar ni nada porque allí no existe el sufrimiento  ni  el  pan  nuestro  de  cada  día allí tirada en cualquier sofá follando todo el día bailando con la ferretera y la pequeña lesbiana unos ritmos que no existen rozándose con todo lo que se les pase por delante. Y la rizos se enamorará de Juanito y tendrán la criatura que aquí no pudo ser y será ya para toda la vida que ellos vean oportuna. Si allí tampoco hay retribuciones ni contribuciones Antonia. Ni impuestos ni casas ni chalets ni coches. Ni trenes ni barcos ni aviones que por una emoción desplomen ochenta vidas hacia el cielo. Ni existe el frío ni el calor. Ni el verano ni el invierno ni el bien ni el mal. Porque allí todo marcha y nunca han necesitado buscarle tres pies al gato. Allí nadie llama a nadie por su nombre porque tampoco existen las palabras. Sólo existe una música que nosotros desconocemos que se aproxima a nuestro silencio y es el ruido de las almas todas cuando se funden para dormir cuando les entra el sueño y se cansan de tanta felicidad. Antonia así es como yo me imagino el cielo que me pintaban Don Prudencio y Don Anastasio en la misa como podían más o menos cuando yo tocaba el virginal y allí nadie me escuchaba y la gente   se   lo  creía  todo.  Allí  estará.  Allí  estará  seguro  nuestro  Juanito mirándonos desde arriba con su camisetita de dragón zeta y las orejas colgándole esperando el colacao como antes. Como cuando era chico. No Antonia. Es la nostalgia perdona.

49. Está todo oscuro. Han venido unas nubes grises y no se van. Sí. Mejor pero vaya. Llevamos ya dos semanas sin comer pan no lo sé. Está encerrado como autista Eduardo intentó invadirle la soledad pero nada. No Antonia si Eduardo tiene buen corazón. Sería un arrebato de celos yo no creo no me seas mal pensada. Y tú qué. Imagino. Han parado de trabajar para cuidarme por lo menos hasta que me recupere del asunto. Ayer vinieron Machuca y Noelia que ya ha venido de Santo Domingo y que todavía no se lo cree. Es que procuro no escuchar músicas porque si no me derrumbo Antonia cualquier música me haría daño. Que pienso que ahora podrías venir aunque no sea tu voluntad. Que pienso que esto podríamos digerirlo mejor los dos juntos pero vaya no sé. Tu madre. Que está muy mal. No si lo entiendo qué me vas a contar. Eso es cosa de la cocacola. Tranquila venga ya está. Gracias. La Trini me está preparando un caldo con pescado y alguna fruta. Un poco me duele la cabeza pero supongo que es el nublado. Son los truenos y los relámpagos. Vaya se ha ido la luz. Es que aquí  últimamente  con  tres  gotas  que  caigan ya se estropea y claro. Si ya están aquí con las velas si son un cielo Antonia. La Trini que ya está el caldo. No no cuelgues por favor Antonia. Que no sabes lo que yo daría por tenerte a mi lado ahora por sentir tu boca junto a la mía por quedarme dormido acariciándote la barba y desayunar churros en el bar como antes con Juanito. Adiós.
50. Como el Nono está rehaciendo el coro de niños para no sé qué lo llamó y tiró para allá. Con su hermana y el Eduardo que al parecer por lo visto se está comportando. Ha abierto la panadería y vamos qué alegría comerse una bollería. Voy a ponerle un puñado de flores amarillas que le he comprado a la Tere Antonia ahora no puedo pero en cuanto pueda le digo a la Trini que te lo envíe. Acuérdate en la comunión revoloteando en el banquete y todos los vecinos aplaudiendo y el Paco echándole fotos.  Cuando tito Manolo se cayó y se destrozó el brazo cuando la gordita le propinó el primer beso en la boca y a Juanito se le encendieron por primera vez los labios y se le comenzaron a volar las mariposas. También te las mando sí sécate. A mí ya no me quedan Antonia. Pero bien sí y tu madre qué. Ya. No te preocupes que eso es normal que tu madre ya tiene edad Antonia. Ráspale los codos a ver si. Menos mal. Hombre que si no tú allí sola aguantando las nostalgias y los desacatos de tu madre por lo menos con la Luisa es otra cosa. Si quiere que se venga. Eso. En brazos del Antonio  como  sedienta  de  gaseosa.  Aquí con la Lola hablando cosas que dice que ella a lo largo de su carrera por todo el mundo que se ha follado a muchos pianistas como yo así ni buenos ni malos. Artistas vaya. Y que los distingue por un musculito del dedo gordo. Da igual la izquierda o la derecha. Que si está inflado y duro que es que se le ha dado mucho al piano. Así distingue dice. Que a mí con los plástico ya se me veía venir. Lo destrocé. No quería que se llevara más vidas por delante y cogí como pude las tijeras y me hice con tu culo un recortable. Nadie. Será nuestro secreto Antonia. Si yo paso de eso si ya lo sabes querida. Ya si me han invitado a la ceremonia que por lo visto quieren entregarme un óscar especial. Que yellow a supuesto un hito en el cine de lo cultural y que si yellow por aquí y que si yellow por acá y el Kubrick ese que no para de llamar y dejarme mensajes a punto de llorar. Yo no lo sé. Si además no puedo Antonia cómo me voy hasta allí si hago el intento y no estoy del todo de pie cuando ya tengo roto el hocico y estas tres me levantan y me limpian la sangre. Que no Antonia que me lo envíen por correo si quieren que yo lo veré aquí en el sofá   por   la   tele   si  seguro  que  lo  ponen  por  la  dos. Aunque sea de madrugada. Seguro Antonia. En el Avellano.

51. Que por lo visto quieren casarse también. Que dicen de poner la joyería donde el restaurante allí en Hondarribia. Que el  Antonio no sirve para eso me parece no sé. Que al Antonio le gustan mucho los culos de todas las clases Antonia que esto es un arrebato suyo que le ha dado por Dios si lo sabré yo. Además que a tu hermana tampoco le va el rollo lo que pasa es lo que pasa que el master de popularidad hace mucho y claro como sale en la tele que echa de menos sus arrechuchos en medio de la soledad nostálgica  de Hondarribia y allí rodeada de solomillos de buey gallego llorando allí sola chapando el restaurante echando a la clientela ya a última hora subiendo las escaleras hasta el pisito alquilado y dormir que es que es una pena Antonia una pena y claro. No se me ha olvidado Antonia lo que pasa es que la Trini está en la cama. No que es que está mala. Un resfriado que es que con tanta nube y tanto nublado y tanto destape en tres días pues claro que se le ha congestionado el pechillo ese que tiene tan chico y está todo el día sonándose los mocos ahí tumbada con toda la desgana. Trabajando.  Con  el  Kubrick.  Si a mí ya me da igual Antonia si total. Que va a hacer una segunda parte de yellow. More yellow. Pero mezclando con otro color por lo visto y no sé qué de la verdad. Qué va Antonia qué va. Una amenaza para que me presente allí para armar el espectáculo para ver si pero vaya. Antonia ni me lo nombres que es que se me amarillea el cielo y entonces estoy perdido. Que cuanto más lo pienso menos me lo explico Antonia. Sí ya también van a hacer una película de eso. Pero así en plan drama rural agrario sí. La panadera mejor. Andresito estuvo ayudándola a quitar al Mondrian pero que no de las paredes y los pasillos y al enorme Miró de la terraza la pobre. Ya sale de la casa y todo aunque sigue vestida de negro y con la mirada hacia el suelo y muy poca sonrisa y con muy poca gana. Oliendo a whisky que es una barbaridad Antonia. Más blanca que nunca y un poco despeinada así como poco arreglada así bastante desmejorada que yo diría que incluso se le está arrugando la mirada que esconden las gafas de sol y se le está desinflando el pecho y todo. Eduardo  cada día más joven. Ahora está haciendo un titanic para la  panadería con toda  la  ilusión  mientras  la panadera pasea sola por las esquinas buscando consuelo y le dice a la quinceañera que no mientras le llega la clientela. Si lo he intentado Antonia pero es que no suelta palabra alguna si tampoco come por lo visto. Antonia qué hago. Un sicólogo es lo peor en estos casos. No si el Eduardo está ahí  a su lado sí claro. Y su hermana también. Pero claro de aquella manera.
52. Lo vi en el telediario qué pena Antonia. Anda que si lo hubiera visto el Andy vamos. No si ya da igual vaya si total. Calla calla que el otro día a media noche que suena la campana. El alcalde para ver si podía follar que es que le habían entrado muchas ganas. Yo claro empecé a roncar así como para disimular pero es que Antonia qué impresión ver al alcalde allí con toda la ilusión levantada que es que claro. A la Lola sí. Luego claro le pusimos un café. Claro con galletas sí. El conejito blanco de la Lola. Ya toda la noche en torno a la fiesta de la batata y por qué sí y por qué no y el alcalde ya nervioso que es que vaya a ser que caiga un chaparrón mientras amanecía y comenzaban a escucharse las primeras fichas del dominó en las primeras mesas del bar amarillas de la mierda de no meterlas en lejía que es que se le pegan en las manos a la clientela así amaneciendo como despertando cuando al alcalde se le empezaba a ladear la cabeza para la derecha a punto del sueño pero que no y que espero me disculpen pero es que tengo que ir al ayuntamiento. No sé a lo mejor le entró el aburrimiento. El  niño  encantado  allí  en  Venecia  envuelto  en líricas y gentes  muy  así selectas. Que me canta hasta por teléfono y es lo que yo digo desde que era un moñigo que es que tiene mucha potencia pero que le falta que le rompan los dientes para el chiflar ese como en las películas del oeste. El Antonio emocionado así como enamorado montando relojes pobre. Antonia que yo no puedo menearme del pueblo que ya lo sabes que si la boda es allí que lo es pues que me la graben en vídeo  y me guarden un trocito de pastel yo qué sé vamos hombre. Y tú qué.  Pues muy bien y a mí qué. Es que vamos Antonia que es que te pones que hay que ver vamos hay que ver. Vaya hombre. Que se me ha caído y todo el café que es que me pones que vaya. Le ha pedido la mano pero la panadera le ha dicho que no que ella ahora está endeble pero que le siguen guardando del frío las orejas grandes esas con las que ella se acostaba por la noche y que se deje de pamplinas y que se tome muchas aspirinas. Quitando el empape y las ojeras que tiene en la mirada sobreviviendo ahí como puede pegado a su amada. Una especie de lapa sí. Como cuando pescábamos en el morro. Como cuando nos enganchábamos  y yo te comía la barba y tú me comías también todo lo que se te antojaba todo lo que buenamente pillabas. No tú. Tú. Yo más. Tonta.
53. Estoy aquí en el Avellano. Está ya empezando a apretar el calor pero vaya. La Trini y la Bernarda sí. Se ha tomado unos días de descanso la pobre. Que es que se me ha roto el teléfono y claro he tenido que venir hasta aquí para llamarte pero vaya. Claro. Ya aprovecharé y me tomaré mi vinito claro qué remedio. Es que la cabina esa la quitaron por lo visto porque no venía bien según el alcalde y claro. Porque se llenaba de aguas. Espérate Trini echa más monedas anda que se me corta. Sí. Yo creo que lo mejor es que se muera. Pero Antonia por Dios no me llores si lo digo para que sufra menos. Hombre y tu hermana qué. De luna de miel. Hombre mira qué bien. Y tú ahí sola aguantando el tirón que es que vamos Antonia por Dios. Que la Luisa y el Antonio están que vamos Antonia. Que el Antonio Antonia desde lo del master de popularidad querida vamos. Y tu hermana con lo del restaurante que es que vamos también tiene tela. Tela marinera. Que se les han subido los solomillos a la cabeza reparando relojes poniendo en hora a todo el mundo que vaya. Veremos a ver. Veremos a ver por dónde  salen estos dos. Eso digo yo. No si ya verás. Si todo tiene que ir a su sitio Antonia no me llores  anda que se me salen a mí también los llantos venga. Que me  empiezo  a  acordar  de todo desde que te fuiste por aquella tontería que Antonia fue una chaladura total y es que se me llena todo de mocos y no puedo ni respirar ni nada anda deja. Espera Bernarda anda que es que la Trini está en el servicio. Que es que me ha visto de llorar y claro le han entrado sentimientos por todas partes y claro no se ha podido controlar el llanto y se ha tenido que ir a limpiar el corazón. Los mocos la pobre que es que es muy sentimental me recuerda a mi hermana Antonia. Hombre ya. La Bernarda es más dura. Es que ha cambiado mucho la pobre. Ahora es otra cosa la Trini. Porque no tiene más remedio qué va a hacer la criaturita. Una tapita de pulpo a la gallega anda. Pues unos boquerones y un huevo frito con ajitos venga. Y un zumo de tomate las cosas hay que hacerlas hasta el fondo. El niño. No que digo yo que te podías fotografiar el culo y mandármelo. Si ya no. Vaya tela.
54. La Lola hecha una leona que no y que no. El alcalde llorándole y que por qué no le avisó del asunto y que por qué. Que se hubiera contenido los líquidos al menos hasta el amanecer o que hubiera despertado a su mujer. Que no tenía el cuerpo que tenía ella y que le gustaban mucho sus interpretaciones que la había escuchado por la radio y claro. Entonces comenzó la música cuando la Lola se subió a la mesa y comenzó a desnudarse. Todo el pueblo embobado enganchado a las tetas de la Lola que no paraba de quitarse ropa sin ningún tipo de problema así como con todo el descaro. Total que al alcalde se le encendió todo el asunto y claro que se subió a la mesa también con la Lola y que aunque fuese lo último que hiciese en vida que por favor le remangara el asunto por favor. Claro la Lola ni corta ni perezosa se untó de nata de la tarta la mano y le comenzó a acariciar hasta comenzar la manola mientras comenzaba el murmullo de las gentes y las risas de los niños y la música crecía. La Noelia claro llorando y que por favor cortaran. El Machuca para la clínica a llorar también para que nadie lo viera con  un  puro  en  la boca. Porque los médicos sentimentales así viscerales como el Machuca nadie los soporta me parece no sé. El alcalde emocionado lleno de natas por todas partes y a punto ya de romper la lamparona de cristales así como naranjas que pusieron en el Avellano para celebrar la cosa con el asunto y con muchos vasos de gaseosa que por favor le terminara la manola o que se le rompería todo si seguía y el pueblo aún más congestionado y más lleno de emoción. Le avisó sí. Pero la Lola todavía con más énfasis meneándola sin compasión hasta que el cuerpo del alcalde ya no pudo más. Un infarto que lo reventó sí. Los murmullos se tornaron a lágrimas de cocodrilo claro y curiosos los niños correteando en torno al alcalde en torno a la tarta mientras la mujer avergonzada le intentaba un boca a boca como procurando un beso como despidiéndose de su amor que murió de gusto abrazado a la Lola. La Lola desvergonzada se echó la ropa y se fue a la playa a terminarse la botella de champán que empezó. Inolvidables. Son las tetas de San Antón.
55. Está lloviendo como nunca Antonia. Es como si llorara el día. El canto del canario timbrado español. Pero Antonia. Que una cinta con pájaros grabados no son la mejor compañía perdona. Comer tampoco te viene bien. Que luego se te hincha la barriga y te cuestan mucho los movimientos del roscón de carne ese que te rodea el ombligo lleno de pelillos que a mí me vuelve loco nena me vuelve loco corazón. Pero Antonia si es broma. Aquí con la sobrina del Antonio que es que no sabe lo que quiere la pobre. Que ya está harta de ser independiente y que o me encargo yo de ella y la cuido con mucho mimo así como a una doncella o se va a caballo en busca de sus padres o se cambia el sexo. Claro Antonia. Rodeado de paraguas. De todo el que llega que es que últimamente esto parece el aeropuerto y claro nena que se les olvidan aquí y que me parece que voy a poner una tienda de paraguas  en  la puerta estoy pensando y los vendo y así me saco un dinero mira. En definitiva tiene lo que tú. Exceso de aburrimientos.  El  Machuca  le  ha dicho que como siga así va a entrar en depresión  y que lo mejor es que vaya a ver a la panadera y hable a ver si de alguna manera a ver si quiere a ver si. Que está locamente enamorada de la panadera tanto es así que la panadera no le hace ni caso. Con tanto que le gustaba cuando era una niña cuando de sus tetas mamaba y a las gentes les entraban envidias y en medio de ese mal sentimiento follando acorraladas de tanto placer junto de tanto amor rellenas besándose todo besándose las bocas lo mismo que las ballenas lo mismo que las focas que mojando todo salpican la luna de líquido y alegría pero claro. Que a la panadera envuelta en su luto oficial no le parece. No le parece bien vamos. El asunto. Y que ella se siente mimosa lo mismo que una mariposa y que ahora se está ahogando en gaseosas y que o lo uno o lo otro o se cambia el sexo y se va de viaje en moto y con mucho sentimiento hasta que se le acabe la gasolina hasta que se le acabe el corazón y se atiborre de aspirinas con toda la desilusión. A lo mejor la realidad es otra cosa. Ten cuidado vayan a enganchársete las cintas. La ignorancia mayúscula que puede con todo querida.
56. La panadera. Que se ha tirado a los hornos y se ha quitado la vida. Pero Antonia que no soy de piedra. A mí también me tiembla todo sí. Que al parecer fue la niña a hablar con ella a ver si hasta que les entró el vicio. En el salón allí solas con la chimenea con tanto calor y claro como en el cuarto el Andresito con la feilla reconciliándose que no daban un ruido que les entró la locura y el vicio y ya poseídas desprendiendo del luto a la panadera con la lengua la niña ya a punto de robarle con la boca el sujetador que la otra le dice que no y que no y le para el asunto y le para el amor. La niña claro robándole besos robándole arrechuchos llorando que la panadera ya casi desnuda le zampó una torta sin levaduras y sin previo aviso que rompió el corazón de la criatura en celo de la que era su amante quinceañera que se fue llorando de la casa con toda la   desilusión con trozos de luto en la boca mientras la chimenea se apagaba y se apagaba todo en el salón. La panadera claro quedó también apagada y allí sola en el salón en mitad de la oscuridad de la chimenea que le entró la desilusión y después de  varias  cajas  de  pastillas se fue para la panadería encendió los hornos y entregó su hermoso cuerpo a las llamas. Andresito corrió con la feilla a ver qué cuando descubrió el asunto y la sobrina del Antonio más enamorada que nunca llorando iluminada por el fuego que empezó él también a llorar mientras la feilla volvía a casa de su madre como si nada en mitad del abrazo y las sirenas de los uniformes. No sale del cuarto ni a comer ni nada Antonia no sabes cómo me tiene. Está aquí conmigo y con la sobrina del Antonio y es que estoy muy preocupado y no sé qué hacer entre lo uno y lo otro Antonia no sé. En el cuarto consolando al Andresito como puede. Sopas de sobre si total. Con lo que yo quería a la panadera Antonia. Con lo que quería ella a nuestro Juanito.
57. Eduardo autista con el niño viendo la tele que es que todavía no se han recuperado. Ni yo. Y qué voy a hacer. El pueblo entero llorando Antonia muy emocionante sí. La verdad es que podías haberte venido querida. Que tenías que fregar la casa y lavar a tu madre. Ya. A ti te pasa algo seguro. A parte. Pero Antonia por Dios. No todo tiene por qué tener razón de ser ya hija perdona pero vaya. Antonia. Pero Antonia qué dices. Todavía no entiendo. Cómo. Que te olvidaste en mitad del campo de fútbol el clarinete en su funda y todo. Claro. Algo malo estarías haciendo querida aunque lo mío es peor. Una pesadilla. Miedo y asco. Horrible. Me quedé tierno cuando la banda tocando el himno nacional a punto de la procesión. Aplausos y campanas y doscientos enchaquetados de blanco bajo el manto que levantan la imagen y las nubes se levantan. Cae un chaparrón. Y la imagen se revela  y  que  esto no es serio y que sí que no y que por favor que la bajen que se está mojando y que sabe ir sola hasta la parroquia  y montón de insultos varios para la cofradía de turno que como no sabe no contesta. Entonces  el  director  de  la  banda  se  saca  un  bigote  de la manga y se lo coloca bajo la nariz con dificultad y pone a todos los músicos a cantar ojo por ojo diente por diente. La lluvia se cae intensísima y los caballos porque también hay caballos Antonia también se revelan. Era tu enorme culo llorando que bajaba del cielo. Con el himno nacional. Un susto que vamos tú ya sabes lo real que parece. Cuanto más calentito peor. Un extranjero. Un tal Octavio. No sé de dónde. Bueno Octav. Para distanciar sí. Por lo visto los ensayos serán los domingos por la mañana. En el campo de fútbol nuevo que ha mandado hacer el alcalde. Sí vaya. Pues sí que tiene bigote por qué.
58. Entre las piernas de la Noelia. Está muy gracioso. Vaya. Que ha salido corriendo asustado. Que han puesto al Chopin ese por la radio y claro. Un maratón de seis horas celebrando no sé qué. Demasiado frío sí. Si ha venido a quitarse las penas y todo pero cuando le ha abierto la Noelia… Imagínate pero Noelia para. Que yo no sé de dónde saca tanta lágrima esta criatura Antonia de verdad la pobre. Que te vas al cuarto a escribir. Venga. Con la paliza que con la Noelia me dio a mí el Machuca siempre. Le daría morbo a lo mejor. Caracoles. El existencialismo no le pega nada al Machuca pero vaya. Voy a aprovechar para llamarlo y que me invite a unos vinos en el bar y me lo cuente todo. Es que por lo visto la cosa tiene tela. Que no se acostumbra. Que la sobrina del Antonio antes de acostarse que le ha echado ya el ojo a la Noelia y que es que mejor ni lo pienso. Un desastre. Por lo visto la feilla es la solista de clarinete. Porque echaron el concierto de inauguración por la radio y entrevistaron a la madre en mitad del concierto de clarinete del Mozart que vamos. Les da igual Antonia parece  que  no  los  conozcas. Si no sabe ni hablar español ni nada Antonia. Sólo sabe que tiene que  conseguir la nacionalidad como sea y claro.  Que no le importaría un romance con la feilla. La feilla luego como loca ya en el tercer movimiento encendida de cultura con su vaso de gaseosa que vamos. Era grabado Antonia claro. Se tocó un jazz y todo el locutorio en su torpe horizonte emocionado a punto de llorar temblando el micrófono porque el sonido se iba y se venía que parecía un efecto digital. Ya no. Ahora vuelvo a soñar contigo Antonia. Y con tu madre. Ya. No sé yo. Mejor llamo al Machuca que me lleve al bar que es que vaya. No ya. Si yo ya sé que para ti siempre fui nomás que el protagonista de un chismorreo pero vaya.
59. Qué va la Eva. El niño no puede ir Antonia que no puede. Si ni la conocía ni nada Antonia. Le ha encargado a la Tere varias coronas de flores azules y las mandará urgente y ya está qué quieres. Las máquinas que les dieron más aire de la cuenta un fallo. El otro día la escuché por la radio tocando mi concierto verdial con no sé qué orquesta. Con el Machuca que es que me están entrando mil dolores en el culo otra vez como antes Antonia qué será. Hecho polvo. Es que andar me cuesta mucho Antonia con estas dos ortopedias. Bastante triste así como arrepentido. Eso digo yo. Pues eso. Me llamó y yo le dije que a cuento de qué. Llorando se me disculpó y que quiere volver a pintarme que está aquí cerca y claro. Empezaron a brotarme los recuerdos tontos de cuando con la ferretera de cuando me crecían mis manos y se me inspiraba todo en el piano de cuando no tenía vergüenza  total que se vendrá luego a la tarde. Pero Antonia qué le digo si me estaba llorando. Y en argentino que ya sabes tú a mí lo nostálgico que me pone el tango. Claro un café y ya está nena no te me pongas  celosa.  Antonia  son  celos  Antonia  eso en mi tierra son celos perdona. Ha retomado el curso de hípica porque si no tenía que volverse con sus padres que no soportarían a su hija envuelta en bollerías y no le apetece. Que prefiere  los  caballos  dice  por  cierto que ayer descolgué el Kandinski de la terraza Antonia. Que ya estaba yo harto ya de verlo  al  revés  y como ya me he acostumbrado que no me hago la idea de volverlo al derecho y que mejor lo quito y lo guardo en cualquier sitio donde no lo vea. Para que veas yo tengo ganas de ir a la playa a tomarme unos calamares contigo con el amarillo en la cara Antonia si tú te vinieras… Mira yo si tú te vienes cojo el autobús si hace falta. Como pueda. Que hace mucho calor Antonia. Que me apetece enseñar las tetas. No es para tanto. Pero si yo entiendo que te rebotes Antonia si yo lo entiendo pero vaya. Que la feilla ya está escribiéndose con el Andresito otra vez y que cómo le va la cosa de la objeción de conciencia total por un colacao. Antonia más o menos. Las campanas de la parroquia que es que ya tocan cuando quieren qué. Que las tiene programadas el Grass y claro como en plan libertad. Si Don Anastasio sale  ahora  en  los periódicos todos los días querida. Que lo encontraron en la sacristía con un monaguillo envueltos en sotana y cera y un peste gritando a incienso ensordecedor en postura deshonesta vente a la playa y déjate. Sí claro. Como un homenaje al calor al revés.
60. El Machuca le ha dicho que o un par de gafas o un par de lentillas si le preocupara la cosa estética pero que no ve ni torta y que claro que no hay más remedio que o lo uno o lo otro. Lentillas. Mirando el cielo que se le aparecieron como varios desfiles de hormiga desordenados. Allí en la hierba con la tal Inés preparándole la merienda al planeta para que el jardinero pudiera hacer su trabajo sin complicación que comenzó la preocupación no porque el desfile fuera incorrecto sino porque las hormigas no desfilan y aún menos en el aire ni ordenada ni desordenadamente. Claro me llamó rápido al móvil y yo rápido también que llamé al móvil del Machuca. El Machuca llamó al móvil del niño y que dejara el romance que tenía que hacerse rápido una revisión óptica y que se pillara el primer autobús o a  unas malas un taxi pero que inmediatamente vayan a crecérsele las hormigas. Ya sabes tú que en la montaña grande ni médicos ni preparos  ni  nada. Todo oscuro. Sólo el Machuca con una especie de lápiz que iluminaba en azul y le molestaba al niño la vista. Allí según  el  niño  las  hormigas eran  elefantes de colores que despreocupados por el desfile se subían unos a otros. Al poco rato poemas de los idiotas del colegio muy desordenados en varios tamaños iluminados en la pared que lo más gracioso es que luego se volvían círculos de colores como los elefantes. Andresito estaba preocupadísimo ante tanta tecnología ante un Machuca que el desconocía por completo. A punto ya de llorar que el Machuca encendió todas las luces y fue cuando le dijo que o un par de gafas o un par de lentillas. Que estoy tieso y que si me podrías prestar algo que es que son muy caras y no le da al pobre. Como la playa no hay nada lo que tienes que hacer es venirte y nadar que yo te vea tonta. Claro. Imagínate. Recibí una carta del Antonio muy nostálgica que me llenó de lágrimas todo el plástico que me cubre prácticamente todo el cuerpo. De cuando pescaba pulpos de colores de cuando en el Avellano de cuando en cuando. Y yo sin nadie que me seque los líquidos de tristeza que es que me mojan todo Antonia si me mojan todo qué quieres. De cuando por tu Luisa se iba a la playa cuando llovía a rebozarse de melancolía la cara llena de lluvia  y lágrimas y excrementos de los pájaros tristes y las manos llenas de tiempo tan llenas de coquinas que hasta las venas le lloraban de pena y claro. Que ahora le va muy bien con su relojería restaurante allí pescando lo que puede con su mujer que a punto ya de nacer la criatura que ya viniéndose al mundo engendrando como puede el asunto allí en Hondarribia donde los amaneceres seguro no son tan amarillos como los de aquí Antonia seguro que no.
61. Antonia no me llores que ya era hora vamos. Que tu madre parecía eterna tan eterna como tu tía Juana Antonia por Dios. Antonia por Dios deja de sonarte los llantos que me entristeces que  me  entra  la  pena  y la ternura. Cuando los boquerones en vinagre que era lo único que sabía hacer bien tu madre perdona. La  realidad  Antonia.  Cómo  está la criatura. Ya. Vaya. Y cómo está tu hermana. Antonio como siempre qué asco que es que no para no para. Si lo estoy viendo Antonia. Dale un besito también de mi parte sí. Pues vente tonta. Ya. Hombre me extraña pero vaya. Que me extraña mucho que el Antonio esté dispuesto a cerrar su relojería restaurante así porque sí para evitarte a ti las soledades. La Luisa. Ahorros. Si ya sabes que no puedo Antonia. Andresito en la montaña grande con la tal Inés esquivando  al  planeta  cómo  va  a ir a los funerales de tu madre a cantarle algo Antonia que es que no piensas si total. Libra mañana y por lo que es. Una saeta no te digo. Ya. Por eso. Que tu madre ha sido siempre muy folclórica. Que estrenan el pasodoble de la feilla y después igual hay fiesta  en   la   plaza   ha   dicho   el  alcalde.  Una  placa  y  unos petardos y vino para todos. La feria. Si no sé. Si ni llama ni nada estará cantándole a la tal Inés esa cosas de esas suyas románticas que no sé yo Antonia no sé yo. Y la tortilla de patatas también sí. Que ni una foto ni nada que ni la he visto y que no sé no sé. Mañana vendrán supongo los dos a lo del pasodoble de la feilla y ya me la presentará ya te diré. Se le levantarán los celos ya. Pues que se acostumbre y se haga el cuerpo. Pues que se consuele con el clarinete y la cosa de la composición yo qué sé la cosa está así Antonia. Sí. Antonia. Le diré a Gisselle que mande alguna corona con flores de esas azules de las de la Tere. Para tu madre sí. Otra vez.
62. El banco ha decidido patrocinar al equipo de fútbol del pueblo para poder hacer torneitos. Porque el campo de fútbol hasta ahora sólo lo había utilizado la banda y a la afición del pueblo ya comenzaba a torcérsele la mirada hacia el alcalde que rápido llamó al del banco a ver qué. El Eduardo ahora ya no juega con el planeta por lo visto. Ahora se ha aficionado a la escalada  pero  nada poca cosa. Otro idiota de allí que se llama Alejandro que colecciona brújulas y da gracias por todo que le animó a la cosa del senderismo y la naturaleza veremos a ver por dónde sale la cosa. Que es que como al Eduardo lo que le gusta lo que le tira y le mueve el corazón es la cosa marítima gesticulando como podía a la Inés que a ver si hacían un día de pesca submarina todos los idiotas que igual cogían algún pulpillo que se le descuidara el nado y se les crezca el alma. La Inés qué va a estar de acuerdo. Que ella nada sola porque ella se tira al agua desnuda a ver si encuentra alguna caracola y claro que no se puede que no que si acaso Andresito podría acompañarle el nado pero que nadie más que nadie más por  Dios.  El planeta que estaba por allí entre unos matorrales escondido a ver si llegaba su jardinero a echarle el agua que escuchó a la Inés y se le revolvieron los celos. Es que se siente vegetal. No porque Alejandro y Eduardo lo sostuvieron pero que si no la mata ya ves tú al planeta lo que le importará la vida de la Inés y por eso se declinaron por la cosa de la escalada y por eso. Pues no lo sé. Sólo sé que la banda está ensayando el himno nacional y me da muy mal presentimiento la cosa esa de los sones de la patria y las almas de lo muy militar como en plan regional que es que me da muy mala espina la cosa y es que se me revuelven por las esquinas que se me revuelven todas las mariposas que es que no se me calma el asunto no se me calma Antonia que es que se me emborrona la ilusión. El gazpacho que me ha traído el niño del bar que es que se le ha ido la mano con el ajo y claro. Me leí la revista italiana esa que me entrevistó y me acosté aburrido de tanto silencio. Que las paredes se están volviendo más frías de la cuenta y se me achica el espacio y se me achica el pensamiento. A ver. Y así te vienes a ver el fútbol aquí conmigo y eso. Antonia qué bonito.
63. Los héroes al tiempo no sirven para nada si ya te lo decía yo Antonia. Nada de ordenadores. Ni ópera multimedia ni informática ni nada Antonia nada. Que si yo siempre he escrito a pluma incluso sin brazos por qué voy yo ahora a tener que depender  de  un  puñado de cables mal conectados que no. Además que a mí me encanta imaginarte sólo escuchándote la voz Antonia qué quieres. Ya te mandaré alguna foto sí. Solo claro qué remedio. El niño que ha tenido una trifulca con la Inés. Porque la Inés quería colocar al Eduardo en el equipo del planeta en vez de con su amigo Alejandro y las lágrimas del Eduardo en silencio le gritaban en el alma tanto a mi Andresito que comenzó a discutir. La Inés que es que se conocían desde mucho antes. El jardinero riega que te riega. El planeta detrás del jardinero. La gorda francesa recogiendo matitas de donde no había ni matitas ni nada. Un desastre que fue el causante de la trifulca entre tu nieto y la Inés y no sabes cómo está el pobre. Pues sí. Es que el niño es muy sensible todo lo sensible que no era su padre la verdad sea dicha y claro.  Pues  no  lo  sé  en  qué  acabó la cosa si lo echaron a los chinos o al piedra papel o tijeras el caso es que el Andresito y la Inés no se hablan. Pares o nones. Pares nones pares nones pares. El planeta yo creo que es mejor que no juegue vaya a matar a alguien. Que los juegos así de pelota no valen para las gentes así agresivas así subnormales como el planeta no sé. Que agravan su violencia y se les crece la rabia interior me parece cuando llame el niño se lo digo sí. Que se les agrava la cosa. No sabes cómo está. Dice que daría cualquier cosa por irse a Venecia a desahogarse chillando las óperas del Nono que es que no aguanta el acento argentino de la Inés que es que ni sus nados ni nada y que la del piano no estaba nada pero que nada mal pobre criatura. Que está harto de tanto idiota.
64. La Joaqui. La que revisa los contadores de la luz. Que es que es médica también como el Machuca Antonia. Yo tampoco. Loca imagínate después de diez años leyendo los contadores de la luz del pueblo que la ponga el ayuntamiento a pasar consulta imagínate  Antonia.  También.  Pero  vaya  que de alguna cosa se acordará digo yo. Me llamó desde la India sí. Meditando todo el día  que  dice  que  ya está viejo para algunas cosas y que a la vuelta va a dimitir de su cargo como médico del pueblo. Ya ves la Joaqui como loca. Yo todavía no he dicho nada al alcalde vaya a arrepentirse el Machuca en alguna meditación de esas suyas y vamos. El opio. Esa es una borde Antonia a mí yo es que no la trago qué quieres que te diga Antonia que no la trago que es que me parece afásica tan afásica como sus idiotas o más incluso. Que más bien ella debía ser instruida por sus idiotas que le sobran entusiasmos vaya. Es que tú no sabes cómo está el niño Antonia. Me llamó la gorda francesa como preocupada que es que está autista tan autista como cualquiera de allí. Y qué quieres que haga. Querrá viajar y conocer todo el mundo que no ha tenido ocasión por culpa de su profesión. Eso digo yo. Sobre el Machuca una especie de semblanza sí. Le falta mala leche Antonia. A la Noelia lo que le falta es mala leche a la hora de escribir. Con buenos sentimientos sólo se consigue mala música y mala literatura Antonia tú sólo acuérdate de cuando nuestras pellas acuérdate. Antonia que es que se te está  olvidando todo. Que es que te está entrando la democracia esa cerebral y tú ni te estás enterando ni nada corazón mío cuídate. Vaya. Ya era hora. Y ahora en qué te entretienes. Con la Luisa. También macramé. Vaya. Y yo que me alegro que te voy a poner esta noche al Chopin ese otra vez por la radio. Me da igual que me lo escuches o no.
65. Lo hermoso que le resultó desde siempre leer los contadores de la luz. Que para ella era como una especie de literatura y que se le emocionaba el corazón hasta brotarle el llanto en el silencio oscuro de la vela cuando una señora tormenta interrumpía la luz del pueblo en la noche cuando se le cerraban los ojos al pueblo entero como por obligación como por voluntad de la señora tormenta lo mismo que el corazón de la Joaqui que aflojaba  y obligaba a llorar en sus ojos todavía más a punto ya de no poder retener tanto líquido tanta tristeza en los ojillos chicos de la Joaqui que hasta la vela se le apagaba con tanta lágrima.  Que  dice  que  las  radiografías  que haga durante su primer año pasando consulta quiere publicarlas como una especie de poemario. Interiores quiere que se llame el asunto la pobre está hecha una artista Antonia una artista. Calla. Ni se inmutó. Quedó inmóvil como cuando se pierde en el culo del jardinero hasta que de aquella enorme cabeza capaz de provocarse sus propias tormentas sus propios desastres ecológicos comenzaron a caer hilitos de lágrima  parecidos  a  los  de  la Joaqui cuando leyendo los contadores de la luz se le aparecía una tormenta como la del planeta pero temporal todo sin inmutársele el rostro sin la más mínima expresión de dolor como cuando los cristillos de la semana santa pero con más cabeza. La Inés desconsolada que volvió la cara como a punto de llorar y se dio un chapuzón en un charco inmenso que hizo el planeta a base de lágrimas con la ropa puesta y todo como para evitar más desastre. Pero Antonia por Dios. Que después de mucho meditar la cosa Andresito decidió que el planeta jugara en el equipo del Eduardo con Alejandro que también él tenía derecho al desastre para finalizar el drama bajo la Inés la Inés en el lago de tristezas varias que le improvisó el corazón al planeta ya jubiloso con sus dos amigos de la mano en busca otra vez del culo del jardinero para celebrar la cosa otra vez como siempre como sólo él sabe celebrar las cosas cómo no con una manola. Es que ahora quiere hacerse cura la niña. Está perdida tan perdida como pueda estar el planeta perdido en los interiores de los contadores de la luz que leía la Joaqui y que a lo mejor es lo que le formó un charco en el corazón  y por eso  que  se  le  sale  por  los ojos cada dos por tres y que por eso a lo mejor que se quiere dedicar ahora a la cosa de la religiosidad pero vaya que no sé.
66. Aquí escuchando la radio que vaya. La banda. Los idiotas. Que los idiotas se sintieron ofendidos allí ya con sus camisetitas de color según el equipo con sus pantaloncitos cortos tomando bebidas energéticas que había pagado el canal del pueblo  al  del bar que patrocinaba la cosa con no sé qué bebida gaseosa flanqueados por la Inés y el Andresito cuando la gorda francesa envolviéndose de lágrimas la cara sugirió media vuelta para merendar a la montaña grande cuando el planeta comenzó a chillar corriendo hacia los músicos de la banda y atropellando a la feilla de un grito en mitad del ensayo que los demás se animaron también y se apilaron contra el Octav contra los demás músicos como en protesta como una especie de guerra civil donde valía todo donde todo volaba menos las tubas que interrumpiendo la zarzuela que la cosa se desbordó y la guerra salió a la calle. A las manchas negras del blanco de las fichas del torneo del dominó del bar les salpicaron otras de rojo como de sangre como de guerra cuando el niño comenzó a chapar y le creció un enorme manchurrón también de rojo en el pecho. Rápido eché las persianas y me quedé cabizbajo postrado en mi silla de ruedas esperando que terminara el asunto como temiendo como rezando hasta que el niño con la Inés y una ristra de sombras confusas que no eran más que los idiotas muertos de miedo llegaron y fue cuando se me tranquilizó un poco el alma. Los uniformes de la montaña grande que hicieron salir de la casa a todos los idiotas a jugar un partido cuando Andresito comenzó a moverme la silla de ruedas hacia la calle pero vaya. El alcalde de la montaña grande el bocatrapo que ha declarado en el telediario de las tres que estamos en guerra y que se fusilará a todo aquel idiota que no juegue al fútbol. Yo me he comprado unas cuantas quinielas porque es que Antonia dime tú cómo juego yo al fútbol dime si no es con quinielas cómo. El susto. Que acaban de cruzarse tres feos como con cara de malos como con cara de conductores de autobuses fracasados directores de orquesta. Toda la casa llena de cáscaras de naranja de pellejos de mandarina que por aquí y por allí sí. Aquí con el niño haciendo  apuestas  con  la Inés y la sobrina del Antonio que es que como los idiotas  están  en  la calle jugando para evitar que fusilen a nadie apostamos por la ventana por unos o por otros mientras la banda  juega  en  el futbolín del bar del niño que herido y todo que lo han tomado por el pito de un sereno allí sirviendo cocacolas sirviendo pulpo a la gallega a troche y moche con las dos teles encendidas para ver las noticias que no escuchan por la radio con la pelota entre las piernas. Que es que no hay espacio para tanto idiota Antonia. Que en el campo de fútbol los del torneo del dominó llorando que es que el partido lo está arbitrando el planeta y que no sabe y que por favor que quiten al Octav de la portería y que arbitre como dirigiendo o como sea pero que como no que llamarán al bocatrapo y ya verán ya verán.
67. El pueblo se ha despertado cubierto de muertes. La misa gaglolítica esa como sea. Un tal Janacek. No sé quién es Antonia no sé. El frigorífico vacío Antonia. En la calle sigue el fútbol a pesar de la lluvia. El matadero es ahora una portería como el cajero automático es la del equipo contrario y en la calle no se ve ni un alma que no juegue al fútbol en algún equipo a pesar de que la sangre le crezca en los pies y se le haga abundante entre las uñas como llorando sangre por los ojos a pesar de la lluvia. El planeta es horrible tan horrible o más que la feilla que por cierto está desaparecida según la tele. A las cámaras de la televisión del pueblo se les deja libertad para grabar lo que quieran incluso sin balón entre las piernas porque es importante que el pueblo esté informado y tome conciencia. Vino la guardia civil y que qué hacíamos que no estábamos jugando al fútbol. Andresito me señaló la silla de ruedas y el guardia viendo que era amarilla rápido comprendió y nos trajo un caldo emocionado pero vaya Antonia. También. Que son las dos y media y que quitando el caldo todavía no nos hemos  echado  nada  a  la  boca  Antonia  y  tenemos  hambre.  Si el correo tampoco funciona  Antonia.  Está todo cerrado menos el bar que ha tomado el alcalde como sede del ayuntamiento de la montaña grande. Si allí está ahora el bocatrapo atiborrándose de pulpo a la gallega gritando goles a la tele rodeado de mafias Antonia cómo va a acercarse el Andresito dime. La Inés que no para llorando que es que hay que ver que es que la gente se enciende por todo untándose de cremas embellecedoras la cara que es que también en su cara están en guerra por lo visto. Que le han salido unas cuantas espinillas de alguien que no apuntó bien y claro que a ver si se le pone el cutis terso como antes como el culito de un bebé que es que ahora más bien parece un limonero. Si yo se lo he dicho que el pulpo rejuvenece y revitaliza el asunto pero claro. Todavía me acuerdo de cuando el Antonio llegaba de pescar que lo primero que hacía era echarse los pulpos a la cara. Claro. El niño ahí consolándola que ya sabes tú cómo la consuela el niño Antonia. Ahí en el sofá haciendo manolas que se consuela la pobre y se le consuela el alma y se le peinan los granos. Y claro que se le consuela el corazón y se le embellece y se le olvidan las cremas y se le olvida el asunto que es que como después del meneo se le tranquiliza el cuerpo que para qué va a echarse nada a la cara vaya a ser que y claro. Con las manos que tiene Antonia. Imagino claro. A ella es lo que le preocupa más que nada más que cualquier otra cosa Antonia eso sí para que veas. Le preocupa si te digo tanto o más que al Andresito la cosa estética digo vamos para ella lo primero Antonia lo primero que es que vaya. Que ha marcado me parece no sé qué equipo de todos los que están ahí afuera y está creciendo la clásica reyerta entre vecinos. Antonia la guardia civil otra vez. Ya va Andresito corre. Que te dejo corazón que ya te llamo yo mañana.
68. Los idiotas de la montaña grande que al final se han salido con la suya. Con el campo de fútbol nuevo digo y así se han arreglado las cosas entre el pueblo y la montaña grande Antonia. Para que veas si es que el alcalde este pierde aceite Antonia si es  que  te lo dije para que veas claro. Mira. La gorda francesa imagínate. El niño ha terminado ya su servicio social ese con el ayuntamiento pero que es que está tan herido tan afectado que se ha pintado el pelo de amarillo fosforito como en señal de protesta. Sigue allí la pobre y claro. Repartiendo panfletos así como en plan protestas sociales con la guitarra por las calles del pueblo bajo el brazo por los bares así como queriendo protestarle al alcalde sin saber por dónde queda el ayuntamiento como queriendo sin saber así como tus primos antes Antonia por Dios. Andresito ahora se ha comprado un secuenciador para hacer negocios. Un aparato donde se graban coplas y las niñas del pueblo cantan al ritmillo como especie de rumbas del Andrés que en paz descanse y así. Ritmillos de bombo  y  platillo.  Pues  eso  que  es  que  están  creciendo   cantantes  en el pueblo tantas casi como las colillas crecen en el asfalto y que el niño dice claro. Que si la sobrina del Antonio quiere si le gusta el asunto y se le anima el corazón con la cosa de la bollería que se quede que se quede allí en la panadería que él se hará cargo de las voces del pueblo que con algunos bolos por las ferias para alimentar a su doña Inés ya va tirando mientras se prepara las oposiciones. Yo lo que no sé es cómo le cabe el corazón ese tan grande que tiene. En esa birria de cuerpo Antonia por Dios. Sí vaya. Esa se quitó del medio seguro. Anda. Pero si yo hablé por teléfono con tu Luisa. Que la niña es muy chica todavía como para colgarle el contrabajo angelito mío Antonia por Dios. Antonio que es muy vasto y ya está Antonia. Que se le mete algo en la cabeza y vamos como tú Antonia. Recolgada al traste. Que se cayó del taburete y se rompió los paletones. Pues a ver si se le arranca el cante como al Andresito pregúntale si le gustan las rumbas y las nuevas experiencias yo qué sé. Claro que no me extraño Antonia. Con el padre tan paleto que le ha tocado digo pobre criatura.   Un   violoncello   del   corte   inglés   Antonia  que  me   la  vais  a deshumanizar. A la niña claro. Vosotros sabréis. El ratoncito Pérez anda. Hay madres que son más  que  simples  madres  Antonia  perdona  y  tú lo sabes. Mis relaciones maternofiliales a parte tu hermana también. Que la bondad es a la idiotez lo que la maldad a la sabiduría querida y así siempre tanto Antonia que ya se cansa uno. Que rara vez se cruzan los términos.
69. Aquí con el Machuca que es que acababa de terminar la columnilla de mañana y nos estábamos echando unos coñacs con la Norma hablando de toros. Ya te vas. Bueno hasta mañana. La Norma que se ha tenido que ir achucha. El Machuca que viene trascendental místico. A que sí. El niño que es que está estudiando todo el día que me tiene la casa manga por hombro que es que no para Antonia y me aburro mucho. La Inés en la playa qué va a hacer la criaturita. Todo el día. Con la sobrina del Antonio que es que se han hecho muy amigas ahora las dos sí qué remedio pobre. Como el niño no le hace ni caso pues eso. Eso es lo que hay. Y es que encima no puedo ni poner ni músicas ni nada  Antonia hay que ver. Que es que le molesta a la criatura que es que vaya a írsele la concentración dice. Que me aburro mucho Antonia y me acuerdo mucho de ti de cuando jugábamos a que éramos artistas y nos peleábamos con tus padres y todas esas cosas de cuando tu culo que es que menos mal que ya se ha venido el Machuca. Ya. Las he quitado todas. Claro Antonia. Me venían más nostalgias y se me atragantaban   las   lágrimas   con   tanto moco que soltaba imaginando recuerdos reconstruyendo melancolías que vamos. Antonia no sabes cuánto disfruto escuchándote hablar sin que el tabaco te interrumpa la voz Antonia es delicioso. El pueblo está tan en silencio por culpa de la especie de guerra esa esa que ha dejado callados a todos tan callados como el amarillo fosforito helado tan helado que asoma por la ventana violándome las persianas que azota al pueblo como le azota al niño en la cabeza como le azota al niño en la cara más que nunca pendiente de unas nuevas elecciones poblando la azotea. El alcalde se ha dado a la fuga Antonia si salió  en  el  telediario.  En  la  montaña  grande por lo visto también está todo muy quieto sí. Una organización terrorista de idiotas de los del colegio del niño que aprovechando la coyuntura que ha rociado gatos muertos de naranja por toda la montaña que la tienen tiesa como una vela. La oti. El planeta no tiene  nada  que ver Antonia por Dios que es que eres muy sádica demasiado. No va a ser siempre el mismo querida. Porque han salido por la tele Antonia aunque el paisaje que se forma no es feo del todo vamos Antonia incluso que me gusta incluso que me conmueve tan profundamente tanto que hasta el alma como se me vuelve maternal la cosa hasta que me lo revuelve todo que hasta me salpican chispas por la parte de las tripas así como por la parte de la gaseosa. Es como un paisaje así marginal que es que a mí me disloca y que es que a lo mejor lo pinto a mi manera como pueda porque es que Antonia que es que desde la ventana que se ve muy bien y todo que me recuerda a mis amarillos oscuros de cuando tus primos me ahogaban la inspiración en humos de porros mal hechos de cuando el let it be asfixiaba el corazón al pueblo más adolescente. Como tus vestidos neoseriales cuando te dio por el Andy para encenderme los celos. Como la lamparona del Avellano esa que iluminó la muerte del antiguo alcalde que se enamoró de las tetas de la Lola que no eran precisamente naranjas ni nada pero vaya. Naranjas como en llamas como cuando los fuegos de los hornos de cuando la panadera Antonia haz memoria por Dios. Que se le encendía la ilusión de tanto. No hay nada que no me duela. Charcos de palomas negras.
70. El Machuca Antonia. Que se tiró al agua hartito de vino. Que es que no cayó bien del todo que cayó mal vamos. Pero Antonia tranquilízate por Dios Antonia que así no puedo. Desde un espigón de por allí bien alto feliz tan feliz como nunca cubierto de un amarillo envidiable que le tapaba la cara que le tapaba la sonrisa del pensionista hasta que al caer que una roca le sorprendió la caída y le sorprendió la felicidad que se le agrió  hasta  la tristeza que le reventó la sangre como formando la bandera de España mientras todos los pececillos nadaban corriendo hacia el Machuca como para alimentarse del rojo del agua como rodeando la bandera mientras las gentes corrían como podían atrapados por el pánico por el susto del asunto como los pececillos  pero  en  busca de otra cosa como en busca de ayuda.
71. Mientras yo gritaba desde la silla socorro el niño llamó por el móvil a urgencias de por allí que rápido lo sacaron a punto de desangrarse a punto de lo peor el pobre. Claro Antonia nada. El espectáculo más que otra cosa que es que a mí se me vino a la cabeza cuando el Paco y todo. Eso sí que fue  Antonia. Aquí con la Joaqui lo que es la vida. El Machuca en su clínica desde el otro lado si es que ya está muy torpe. Si él me lo decía que es que por eso dejó la cosa que lo de la Noelia fue una excusa. Que es que se sentía muy desarrollado ya el parkinson ese y que por eso. Por eso que se fue a ver si con la cosa de la meditación. Era tan temprano cuando llegamos que la arena de la playa estaba perfecta. Bueno yo aquí haciéndole compañía como puedo. Poniéndole perdida la cama más bien que es que le estoy pintando la montaña grande cubierta de manchitas naranjas detrás de una publicidad de adelgazamientos. La Joaqui tiene aquí su especie de borriquete y todo Antonia qué te crees. Con unas acuarelas que tenía guardadas el Machuca en el cajón de la mesa de la oficina que ya están más secas que qué pero vaya. La Inés. El niño estará recolgado a los postes de la luz no sé vaya. Luego a la noche supongo. Claro Antonia. Que se le cae la lágrima del corazón de la emoción vaya si la vieras. A verlo claro y ya de paso ha aprovechado para regalarnos a todos unos ejemplares de la ilusión de Mussolini que ya está por lo visto a la venta y que a ver si la compras cari.  El  ayuntamiento  de  Albolote.  Dónde.  En  cualquier  librería que se precie dice. Allí habrá alguna digo yo Antonia. No sé a la tarde veré a la Norma sí. Escribiré alguna cosa. Sobre ti claro. Como siempre.
72. Rajando rajando que ya harta de cantar. Ya harta de tontear en el cabaret ya en la casa ya fumando que se comienza. Que se va aficionando a chupar y a chuparle el dedo tanto con tales ganas con tal desenfreno que el mismo con el que se le introducía dentro que chupando chupando que se le desapareció de entre  las  manos  de  entre  los dedos. Que cuando se quiso dar cuenta que haciendo de sus manos un cenicero cuando a la derecha sólo quedaban cuatro como cuatro especie de titiriteros que al pobre Tato se le pusieron las sonatas todas en las manos tendidas como tendidos quedaron los dedos como para abrocharse el cordón como para colocarse el sombrero con las del Beethoven en la garganta todas las mismas que tocaba que llenaban de colillas el cenicero del pobre que intentaba en el piano todas las mañanas cuando le sonreían cuando no parecían titiriteros. Cuando el paisaje se le nublaba cuando el paisaje que digo que el de por la ventana se le inspiraba y el corazón se le ponía poético tan poético tan romántico como el corazón de los jardineros como el corazón de las ranas como el corazón  de los santos cuando a una víbora cabrera le crece la desgana. Y le entra el susto y le entra el llanto y la poca gana como el de ayer de por la mañana que le entró al Tato de ver como a la víbora ya le habían crecido las ranas como de desesperación como de descontento como lo mismo lo mismo que todas las mañanas. Que es que me recuerda cuando imitando al Tete cuando ya muerto de aburrimientos que se me inflaban las manos gradualmente con el corazón gradualmente con la soprano que hinchaba la voz ya hinchada para que no se me notara nada como se me hinchaba el piano como se hinchaban de la garganta las ranas las nubes que inspiraban el desengaño que me crecían la ilusión como por las mañanas como por obligación que se me crecía la desgana que se me crecía por debajo del verano que tapaban las manos tan gordas y a la vez tan delgadas que tapaban la voz de la soprano. Que a punto de explotar de tanto que cantaba que se hinchaban de tanto que chillaban las manos que las gentes tenían que salirse les fuera  a  caer algún trozo de piano les fuera a caer algún trozo de voz algún trozo de bar algún trozo de mano de la cada vez más hinchada de  la cada vez más gorda soprano que como la novia del Tato sonaba como me sonaba por aquel entonces el piano como las sonatas del Beethoven pero dispuestas en otras manos como dispuestas de otra manera digo las que sonaban en el piano. Como cortando un jamón.
73. Deambulo perdido por toda la casa en mi silla de ruedas en busca de conversación pero claro. He acordado con el niño del bar que me traiga todos los días el menú por el pasapuré. Andresito se fue a la montaña grande con la Inés. Que tiene una casa que le compraron los padres por lo visto y claro. Ya se calmó todo allí sí. Vacía. Se fue también con los padres que pusieron un anuncio en la tele. Eso no tenía ningún futuro Antonia. Claro. Si ya lo terminé Antonia. Al final se quedó en una inmensa mancha de  naranja para que veas. Con la Noelia que desde que se destrozó el alma en Torre del Mar que lo cuida como con mucho mimo como con mucha ternura como le corretea el Xenakis entre las piernas como celoso. Además si es que el otro día me peleé con él Antonia. Que es que es un tramposo Antonia. Jugando al pumba que me quería engañar. Con el parkinson y todo Antonia a estas alturas por Dios. Lo intenté pero me hice polvo con la taza. Si no puedo ni afeitarme Antonia. Que ya me molestan los pelillos que ya están más largos de la cuenta. La Joaqui viene de vez en cuando pero  claro  es  que tiene mucha más gente que atender. Aquí estamos todos enfermos Antonia si no es una cosa es otra. Por eso que te podrías venir unos días y a parte de hacerme compañía me ayudas en alguna cosa que te necesite. Bueno da igual. No te preocupes Antonia. Ya se reconcilió con sus padres. Allí en Argentina por fin sí. Ha dejado ya la cosa del arte. Que se cansó de protestar. No si te entiendo tranquila. Un puré de patatas que parece que tiene trocitos de queso pero no lo sé. Y un zumo de los que a mí me gustan.  De  tomate. Claro. Me volvieron a llamar pero ya les he dado la negativa definitivamente. La feilla. Que dejó de estudiar el clarinete y el Octav decidió echarla a la calle. Es muy exigente por lo visto. Algunas veces abro la ventana y escucho algún trocito de ópera. Pedro y el lobo. Ya lo sé Antonia. No si al final le voy a coger gusto y todo. Ya lo sé me llamó. Hombre no estaría de más. Que al Antonio se le olvida todo muy pronto Antonia. Que cuando tu Luisa no le hacía ni caso era yo el que tenía que comerme los romanticismos del Antonio y mira. No si ya estoy acostumbrado a que me utilicen como utilizan al basurero municipal. Que voy  a  abrir una colección al público. Yo colecciono los desperdicios de las almas. Lo que sobra Antonia lo que nadie quiere.
74. Viendo las fotos de la comunión de la sobrina del Antonio que se las olvidó aquí. Para ver si despisto la soriasis que es que Antonia con el calor que está cayendo no me deja y me pica. Del niño con la gorda antes de irse a Londres y plantar allí su muerte vendiendo los últimos periódicos al tito Manolo jugando con la dentadura del Antonio. De cuando la panadera enrojecía el pecho de chupetones a la niña en las oscuras noches en las que se le encendía por primera vez la adolescencia como los faroles como la leche por las calles de Florencia la criatura con los chupetones con los primeros besos en el cuello de la panadera chorreando como con la boca roja como empachada de tanto amor de tanta carne sin que nadie las viera en el silencio oscuro de las noches aquellas. La luz no afecta al sonido pero lo distrae. Síquicamente sí. Aquí yo lo que echo un poco de menos es a la gente normal así como antes Antonia. Ya. El pueblo que se está haciendo viejo. Sí. Que ya no me fío de nadie Antonia. Que es que ni del niño del bar nena. Esta mañana. Que me trajo una sopa hirviendo tan hirviendo que le tuve  que  soltar un grito. Que se le rompieron las lágrimas en los ojos y me sentí culpable tan culpable como me hervía la sopa en la barriga. Sin motivo. Mira tú  qué  drama  más  tonto  si total. Gracias nena. Sí bueno. El  truco está en el placer. Que se me envolvió el corazón de nervios como cuando me enamoré de ti como cuando nos enloquecimos en el morro sin darnos cuenta sin pensar casi sin sentir cuando me sonó el móvil y era un mensaje escrito tuyo. Ya estoy  ahí tirado en el espacio para que veas corazón. Si ya no. Si ya no puedo si el otro día lo dije por la tele y todo. Yo que soy muy religioso Antonia. La Norma que también trabaja en el canal del pueblo que aprovechó la semana pasada me parece que fue y se vino con una cámara con un compañero de la televisión para hacerme unas preguntas como especie de entrevista vaya. Dije todo lo que tenía que decir corazón. Lo mismo que escribí en el periódico. También sí. Que me parecía todo bastante poco razonable como para y que estaba cansado ya de entretener a la humanidad con mi música y que ya no escribía más sobre el asunto más que a parte que ya no me quedaban fuerzas que sólo de mirar se me  revolvía  todo  que  yo  intenté  comunicarme  y  que  la gente en el bar bailando que no que no. Demasiado Antonia. Y encima con esta soledad absoluta que me regala Dios un día tras otro desde que tropecé con el escalón y las sandías se me cayeron al suelo que es que no se puede Antonia así no se puede. Antonia por muy caliente que estuvieras. Por muy caliente que estuviera el asunto Antonia no es para ponerse así o es que no me ves cómo estoy. Bueno. Imagínate que tiene que venir la Norma y todo para copiarme las palabras porque ni eso puedo nena ni eso. Ni llevarlas al papel ni a ningún otro sitio perdona cielo. Que se me cansa el alma Antonia. De escucharte. A ti me gustaría verte aquí postrada en esta silla de ruedas en esta silla eléctrica pintada como un corredor de la muerte que no termina que cada día crece más. Perdona Antonia es la ira. No puedo contenerme lo siento el dolor se me sale. Al niño ni pío. Déjalo. No necesito tus lágrimas desde tan lejos Antonia.
75. La Joaqui que no para de repetirme que me esté quieto. Que me  está pinchando para un análisis de no sé qué y claro como yo soy tan nervioso que es que no me estoy quieto mirando por la ventana que es que ya están los tunos cantando villancicos por las mañanas por la ventana por la plaza preguntando cosas no sé que a medida que pasa el tiempo que poco a poco que le voy perdiendo  como  el  gusto  a  los  análisis  y  como que le voy perdiendo el gusto a la cosa y a todo en definitiva. No sé que de ti no me canso Antonia no sé. Aquí está conmigo echo un pelele ahí tirado comiendo uvas que es que se parece al marquesito Luisito que es que vamos. Es que me ha arreglado el fregadero y claro. La navidad del señor del Messiaen. Qué va Antonia. Que luego dice que se va a pescar otra vez que dice que quiere cocinarme una dorada al horno que por lo visto le ha enseñado tu hermana a manejar el asunto y claro. Si esta mañana ya estuvo pero como se le dio tan mal pues eso. Y me ha regalado un reloj y todo de oro pero yo no lo he aceptado por supuesto. Porque todavía me duele mucho que se olvidara tanto tiempo de mí Antonia por Dios. Que aunque fuesen de oro los minutos se pasaban como se me pasaba a mí la nostalgia como se me crecía el aburrimiento a medida que se hacían más cotidianos todos los días los análisis a medida que se hacía cotidiana la imagen de la Joaqui tan fina tan delgada. Sin embargo se me salieron un par de lágrimas de cada ojo que me secó la Joaqui que me estaba preparando la bañera mientras el Antonio cerró de un portazo la puerta por fuera caña en mano y gesto desencajado que me encendieron la nostalgia para que veas. Varios tubos no sé. Cuando vino nos reconciliamos claro y nos echamos unas damas y unos peppermints como antes y nada. Y unas risas y aquí estamos esperando al niño que nos traiga ya el papeo. Ya. Aquí también ya han encendido las estrellas en el bar que como todos los años que ilumina todo el frío toda la plaza toda la noche toda la lotería de navidad como cuando tú y yo liábamos en trapos a nuestro Juanito y nos bajábamos botándolo a tomar anís con el Paco y nos reíamos de todas las tradiciones hasta que  convencíamos al bar entero y los tres que éramos éramos  ya  una  troupe que rodeando la fuente procurábamos cantar los villancicos al revés riéndonos de todo mientras el cielo se clareaba acuérdate  Antonia.  Cómo  ha  cambiado  todo.  Río  el  en peces los beben  como mira pero. Y el Paco campana sobre campana pobre.
76. Contándole mis desgracias a una zapatera que corretea por el techo todas las mañanas como buscando con quién hablar. Por las tardes baja por las paredes y se calienta en el flexo. Que me vino la plasta marrón que recorriendo todo el plástico chorreando toda por debajo de la manta que espesó el ambiente que espesó la habitación de tal modo que el Tato tubo que despedírseme con mucha educación que tenía que darle de comer a la nutria y allí me quedé yo sólo inundado de mierda hasta el cuello hasta que vino la Trini y me lo limpió todo con sendas lágrimas en la cara del olor tan fuerte tan incómodo del asunto. No puedo si soy adicto. Lo que me pidas menos el café. Me pierdo en el techo y procuro imaginar tu culo pero es que ya ni recuerdo cómo era el amarillo ni nada. Que la vista ya me falla que ya me fallan los colores que ya me falla todo querida. Si ni puedo leer si ya ni las letras las distingo bien Antonia. El Machuca ya murió. Vino a decírmelo la Noelia envuelta en la marcha fúnebre esa del Chopin y nada ocurrencias. Que está muy contenta tan contenta que se echará un novio y que  vivirá  de  la  renta  que  no  se volverá a casar que es que dice que está harta muy harta ya de tanto matrimonio ya de tan poco follar que lo de que a la tercera va la vencida es como una especie de consuelo para cabezones insaciables pero que no. Una especie sí más o menos como tú. El Nono. También la cerraron. El monaguillo no pudo soportar tanto peso tanta desgracia y se colgó de las campanas como para hacer más ruido como para que todo el mundo se enterara por lo visto. Estaba profundamente enamorado de Don Anastasio  Antonia  tan  profundamente  que no soportó que se le confesara entre las rejas tanto amor por la televisión que se le abrieron las nalgas de la tristeza por la que se coló un enorme crucifijo que colgaba bajo el altavoz de la pared derecha de la parroquia y claro. Le alarmó la sangre y sonó su muerte hasta retumbar todo el pueblo del desconcierto del niño colgado allí muerto como cualquier otra campana echando sangres por el culo con  la cara desencajada. El Tato de Estepona que ha venido otra vez a calentarme la cabeza el pobre con sus amores. El Tato chupando del caldo de la sopa como la playa chupa las olas. Ahora se ha  echado  otra  cantante  que  ni canta ni nada que se la tira allí en la finca allí en los campos rodeado de olivos allí bien harto de naturalezas de todas las clases allí bien harto de vino y tocino así está. Inflado como un cerdo así chaparrete. Gordo tan gordo que hoy le costó entrar a la calle dice que se pone al camaleón bueno al Emilio en la barriga entre las tetas y ni se le resbala ni nada. Cada día más. Es que le encantan los animales qué va a hacerle. Al bicho le encanta. Rodeado de grasas rodeado del calor de la especie de alfeñique que es el Tato bueno imagínate. Bueno Emilio. El Tato que no soporta que le trate al animal como a un objeto cualquiera. En una parada de autobús. Preguntándole qué cantidad de calor debía desprender cuando en un ascensor se enamora de alguien que no conoce. Tartamudeando con las rodillas temblando que debía diferenciar claramente entre amor y pasión que es que si no estaría perdido de por vida y claro. Sí aquí. Es que como no me escucha pues que me pongo a hablar con la zapatera que está un poco más civilizada que paseando por el techo todas las mañanas con toda la desgana sin mirar para el suelo vayan a entrarle  mareos  vaya  a  encontrarse  al  Tato  y  se le ahogue la lógica con tanta carne de una sola vez me entran las envidias sanas. Como loca.
77. Clareándose sí bueno. Que como me han traído un disco de oro  y  como  la Trini había ido a comprar  a la pescadería pues que aproveché para levantarme y estirar un poco las piernas y servirle unos anises a los señores tan simpáticos que me lo trajeron. Por la sinfonía amarilla esperaba que lo hubieras visto por la tele querida. Sí Antonia. Qué va. La Noelia con el Grass que es que por lo visto le ha dedicado un libro en secreto y está como loca a punto de la felicidad. El tambor de hojalata o  no sé qué si ha tenido que dejar lo de las campanas y todo el pobre. Pues eso. Aquí con el Tato un poco triste entre tanto albedrío con lo del disco que es que esta mañana ha venido la Norma con mi carta de despido que es que ya no estoy para más trote que es que ya no tengo glamour que es que ya no y que por eso pero que no me preocupe que ya están preparando la publicación de un libro con todos mis articulillos mira tú por dónde. Arvo Pärt. Gracias nena lo de la radio me colmó el alma. Y encima al Tato que esta mañana se le ha despertado muerta la nutria flotando en el agua de la bañera pobre. Parece que el Octav la quiere de verdad no sé. Ahora por lo visto le ha escrito le ha dedicado un concierto para triángulo con instrumentos de viento de fondo que se va ha estrenar para inaugurar la antigua sede. Eso digo yo para atrás si yo ya lo sabía. Estoy con sueros Antonia. Porque últimamente todo lo vomitaba que es que estaba todo el día con arcadas y claro. El anís lo que me despierta es la salud  Antonia perdona. Echo de menos unos cuantos calamares como los de antes que nos comíamos allí en el morro mientras la gente se aplicaba en las clases como se aplica una pomada en cualquier herida rodeado de copas de vino rodeado de botellas de cerveza con el Paco con su primo con la madre Teresa alimentando nuestros más bajos instintos pero vaya. No que entendía el asunto a su manera y eso a mí me parece bien Antonia si eso es lo que hace falta love gentes que entiendan a su manera y no a la de los demás. Que siento como si se me fuera todo de las manos. Le hicieron una entrevista al Manolo por la tele. Muy gracioso. Explicó su profundo su soberano  deseo  de  asesinar  al  ministro de cultura que iba a rajarlo de abajo a arriba para que le produjera más placer el asunto  y la sangre salpicara en las paredes y no en los libros. Me mandó un saludo en amarillo supongo que el tal Lara ese era yo no sé. Con un gorrito y una maraca suelta que le regaló un antiguo alumno de cuando daba clases si el niño lo hubiera conocido… Porque han inaugurado una exposición con los cuadros de  Marga  en  Ollerías y claro. Al parecer quieren colocarme la medalla de oro o no sé qué y por eso vendrán montón de cámaras a la casa y la Trini que es que está como loca con el asunto que se le enciende la semana santa que es que le entra la procesión. La sobrina del Antonio.
78. Que se encontró a la feilla allí tirada en Turut pintando las aceras pintando las alcantarillas que se le rompió el alma de tan alzada la ilusión que le llegaba por las rodillas que pintando que se le desconcentró y que claro que se le desconcertó la feilla tapada por la sombra tan grande de la ilusión del niño. Pintando azulejos Antonia que es que la niña nos había salido artista. Se la subió a la casa y tomaron un té cuando se echó a llorar que hay que ver lo grande que ya estaba que hay que ver lo grande que estaba ya. El niño enjuto inmutable sin apartar la mirada del dibujo de la tetera una que me pintó la Gisselle en una hermosa tarde de primavera que empezó a reír con tales gritos con tal tamaño la felicidad del niño que echando sangres que se fue para el baño mientras la feilla lo seguía mientras la feilla seguía llorando que le pintaría todas las teteras que quisiera pero que ella sólo sabía manejar la tiza que sólo las sabe manejar en primavera mientras terminaba el réquiem del Mozart que me puso la Trini que yo le pedí que me lo pusiera. Como tu culo cuando llovía y se te empapaba  la  falda  cuando  trasparentando  tus nalgas que la ilusión se me enloquecía Antonia como tu culo en primavera ya te digo. El niño dice que se fueron de la casa que tuvieron varias trifulcas  seguidas con la Inés y que a la Inés se le explotó el alma y se le naufragaron todos los barcos en una noche de una sola vez. Por lo visto ha vuelto al colegio del planeta. El niño de feria en feria cavando su propio túnel. Qué va Antonia con el Octav por Dios. La sobrina del Antonio si es que es tonta Antonia te me vas a poner ingenua a estas alturas. Me llamó la Lola para felicitarme el disco de oro que está cantando con los tres  tenores  esos  que  dice  que son tres golfos que son tres señores y que al italiano gordo le gustan mucho las coles que por eso parece que va a reventar que por eso parece sordo y desafina que es una barbaridad el italiano tenor gordo. Que vendrá a verme por navidad que por lo visto quiere conocerme pero que de un modo más personal. Por qué cuando nos miramos reflejados en una cuchara por la cara convexa la cara por la que se coge la comida nos vemos invertidos verticalmente patas arriba. High society.
79. El Tato me ha dicho que bueno que vale pero que su novia tocará la flauta. Yo claro le he dicho que eso no son verdiales que eso más bien son como zarzuelas mal tocadas. Que toma que dale que o su novia toca la flauta o que sigue su gira por todas las ferias. Por todos los bares haciendo tongos como si tuviera los diez. Claro Antonia. Total que la Trini me ha dicho que como alcaldesa del pueblo que es que esa no toca la flauta que esa no toca ni qué y que mejor respetar la plantilla antigua que si acaso recuperar a la feilla y sacarla de la alcantarilla que hay que ver pero nomás. Una especie de callecita como especie de apéndice como especie de tripa podrida como la que me arrancó del alma el Machuca en el asfalto del pueblo que le han dedicado al Monpou pero con ene sí Antonia. Eme o ene pe o u Monpou sí vaya un homenaje. De Federico Monpou. Han firmado un acuerdo como una especie de convenio para repartirse el campo de fútbol para repartirse el horario. El equipo está sensible tan emocionado que cada mañana se aparecen los once en la casa con flores  azules  todavía para  la  alcaldesa  que  la  cosa  está muy mala pero que lo que cuenta es la intención y claro a la Trini con lo sensible que es que se le empapa la cara y se le empapa la equipación. Que está muy cambiada tan cambiada que me está llenando la casa de cuadros barrocos tantos que me está poniéndola barroca tan barroca como ella como cuando se fue a Roma pero vaya. Muy cariñosa Antonia. Todos a la basura. Y el Kandinski.  También Antonia pero nena. Suénate. Que como todavía no sabe todavía se pierde y se viene a la cama y me pide consejo y que me quiere mucho si en realidad ella es mi única navidad querida si yo soy la suya. Antonia si siempre tengo que llamarte yo querida y como estoy. Pues eso. Eso digo yo que el Tato no sirve para mandar en la banda municipal que mejor otro pero quién. El niño no puede nena si tiene firmadas no sé cuántas ferias. Que el Tato es el único que le tendremos que soportar al Emilio qué le vamos a hacer si total. Claro. Sí Antonia. Parece que no te fiaras de mí baby ya verás. Tú lo que tienes que hacer es venirte de una vez ya a ver el fútbol aquí conmigo a ver cómo ganan los niños del pueblo. Por lo menos a ver si se compra el dedo y se  hace  concertista  o  profesor  como  quería  la madre pero que haga algo Antonia a ver si mueve el cuerpo. Todo el día. Tirado con esa enorme bartola que le cuelga que es que me ha dicho que no ve ni a su amante cuando se la pone por debajo de las rodillas que es que no se puede ver el pobre ni su triste acelga Antonia. Que haga un régimen Antonia que no sabes cómo me tiene de grietas la calle por culpa de la enorme barriga esa que es que cómo va a dirigir así nada. Por Dios Antonia ni una miserable zarzuela. Ni de esas que suenan los domingos por la mañana. Pero si tú lo vieras cómo está.
80. La Norma que por lo visto tiene también terminada la carrera de dirección de orquesta la nena y claro. Con el Octav. Si la Trini es así feminista tan feminista que ahí la tienes querida imagínate claro. Como tú sí algo así más o menos. Lo razonable  lo  llevaba el alcalde querida. Por eso que la torera lesbiana quedó en la calle aburrida perdida entre sus amigas buscando empleo buscando plaza como buena torera hasta que quedó vacante la tarima en la banda municipal y se le infló la nevera como crecen los árboles como crecen en las venas las flores en primavera. Que las mujeres como poseídas que se están comiendo el pueblo Antonia. Que sí claro que está bien Antonia. Antonia otra  vez  fumando  me das pena. Pues contrólate un poco el mono cari. Enséñale a menear el arco a la niña Antonia qué sé yo distracciones hay mil para que no se te inunde de nicotinas el cerebro mi vida. Lo de siempre. Una papilla de pescado y un zumito estoy harto. Qué va si cada día que pasa se me crece más el odio pobre. Si no la soporto Antonia que es que me revientan su amabilidad y sus  buenos  modales.  Que  cada  día  que  pasa  el  pinchazo me duele más Antonia abre. Cangrejillo. La Joaqui que viene a inyectarme otra dosis de no sé qué. Espérate que ya termino la Trini está en la cocina haciendo cuentas. Que se espere cielo. Haciendo números para el carnaval de este año que quiere que vengan no sé cuántos canales de televisión no sé cuántos canales de radio. Si ya no me funciona Antonia supongo que será porque estoy tumbado. Lo suspendió. Eso me dijo a mí yo qué va. Pues no lo sabía.  A mí me dijo que lo dejara que la cosa estaba parada. Anda mira pobre Tato cuando lo vea. Se va a enterar. Que yo lo soporto todo Antonia todo menos la mentira.

81. En la fiesta aquella del colegio cuando las niñas meneando los bracitos por encima de la cabeza mientras se les chuchurría la flor roja como las sonrisas de las madres como las mallas cojas al son de la música al son de los verdiales que te caíste y lo tiraste todo. Ya estarán todas muertas. Que se les chuchurrían los bracitos los cuerpitos aquellos rojos de las niñitas aquellas aquellos que a medida que avanzaba la canción que nos iban acelerando el corazón Antonia las fiestas del colegio en febrero parece mentira. A mí no se me olvida. Tampoco imposible. Mi hermana despertándome con la bolsita de chucherías estos son tus reyes que es que no se me olvida Antonia a mí aquello de tantas veces que no se me olvidará nunca. Al Tato que se le escaparon dos lágrimas redondas como dos  embarazos que no me cabrían en las manos cuando se me inflaban bien entrado el invierno de gordas que eran Antonia las lágrimas del Tato de la nostalgia de cuando trapero de cuando las uses si no me caben ni en  la boca. Yo no. A mí no me gusta llorar por los ojos delante de nadie. De cuando  el  colegio.  Una especie de melancolía gratuita con el frío ya sabes de cuando chicos de cuando se le empezó a crecer la frente de cuando le bajó la marea. Satie. De cuando íbamos al Pepe a ver si nos despertaban los sones recreativos a ver si nos despertaba el café de la pella de por la mañana los futbolines la música el olor a bacon a mortadela quemada allí tirados en la escalinata de la iglesia allí tirados hasta que venía la vecina y nos echaba a escobazo limpio que aquello no era para comer pipas ni porquerías ni nada y que fuera fuera que tenía que fregar pobre. Los churros fríos aquellos que ni olían ni nada allí en las bandejas envueltos en azúcar como casposos del tiempo allí tendidos delante del bigote de la especie de barra aquella Antonia el Pepe. Pero Antonia. Que no entiendo cómo se te ha podido olvidar tanto Antonia. El entierro del boquerón. Que le dio por recordar. El invierno que ya se ha hecho oficial. Eso será. Pues será eso Antonia pobre. Porque llenar el corazón de un niño con mandarinas de un piano es mucho más hermoso que grabar discos. Disecarte.
82. Las navidades también eran complicadas Antonia. Las familias que no estaban del todo bien constituidas. Claro que no se sabía bien dónde le correspondía cenar a cada uno hasta que al final se solucionaba todo el asunto todo el embrollo como siempre en la casa de papá gravemente atravesándole la corbata la barriga Antonia aquello sí que era complicado. Que uno no sabía bien del todo cuál era su familia si la de sus padres si la  de  sus  suegros si el niño o la calle. En Roma por eso. Del Nono. Los niños Antonia que ahora se juntan con toda la iglesia con toda la secta en la casa a encender velas tomar mate y cantar el let it be otra vez sí así como en plan coral. Como especie de cánticos flamencos en honor a no sé qué patrón con la guitarra de por medio con la guitarra y un cajón. Uno que tienen sí es realmente desagradable. La feilla que ha venido a regalarme  una  pizarra llena de tizas así muy naranja todo como si la montaña grande en llamas como si cubierta de gatos de vergüenza que dónde está Andresito. Claro yo que estaba estudiando un viaje por el asfalto que es que no  tenía  tiempo  ni  para entretenerse que a lo sumo una cocacola allí en la montaña grande allí del revés rodeado por las carnes de su Inés que estaba componiendo no sé qué porteño para caracola y orquesta y que no tenía tiempo que no le quedaba a esto que pegan a la puerta. El italiano tenor gordo hablando en italiano así como tus primos. Un puñado de zapateras como dueñas que salieron como locas de una caja de zapatos de la Trini así todas como en fila como por las piernas aquellas columnas de carne subiendo como sordas gritando hasta aquella inminente barriga hasta aquel inmenso prado de carne a jugar en el ombligo aquel tan grande que poco a poco iba creciendo hasta que situaron la salida del parque de atracciones de carne del italiano tenor gordo por el espesor negro tan gordo de la boca aquella tan deshonesta llena de pelos tan llena de vida gritando como grita una caracola. Sólo quedaron dos dando giras por el mundo girando como dos zapateras como las dos que han quedado por el flexo volando llorando todo el rato. Nada nada ni caso. Al borde del llanto.
83. Me quería denunciar la muy desgraciada Antonia. Le di un par de tortas de plástico y que o me desinfectaba la casa la habitación el gordo italiano tenor o que la denuncia le rebotaría. Claro Antonia. Aprovechando ahora que se ha marchado dos semanas becada con todos los gastos pagados por el ayuntamiento a Méjico a no sé qué de un simposium sobre las soriasis a no sé qué sin importarle los posibles padecimientos de aquí de las gentes del nuestro pueblo que sin importarle nada ni mis plagas ni mis insectos el asunto que el Tato me ha hecho una proposición así a la oreja así indecente me creo Antonia que no sé yo y por eso te llamo corazón mío por eso sí Antonia. No nena  qué  va  por  Dios  al  principio un poco pero ya está. Me trinca el oído así misterioso y me susurra temblando de los nervios de la ilusión uye pur qué nu apruvechamos y nus llegamus a las fiestas de la muntaña grande ahura que nu está la Juaqui ahura que nu nus ve nadie ahura u nunca y claro tú ya sabes el Tato de rojo de tan contento todavía a medias con el desayuno sin terminar en la boca así tan llena de uses así tan como  habla el Tato y el pan con aceite y el café que no pude contenerme la risa Antonia y claro que no sé qué hacer qué es mejor. Al Paco también le hacía mucha gracia el Tato sí. Pues sí bastante. Y como está de amarillo el cielo Antonia tendrías que estar aquí para verlo Antonia tendrías que venirte cielo. La Trini preparando San Juan esa ni se entera Antonia qué va. No por pasearme sólo si yo no puedo. Claro. La soledad del Tato Antonia no se puede. El volar de las mariposas.
84. Paseando contando chascarrillos del colegio de cuando chiquillos que nos vemos en la ventana de la noria que nos vemos todavía a lo lejos a la cantante del Tato entre tanta música la gorda esa que ni canta ni nada que dejó al Tato allí en la finca allí tirado cuando el pecho del Tato comenzó a revivir. Al Tato que se le enrojecieron de repente todas las mollas de la cara como cuando la Norma recién desengañada que se fue para la noria corriendo procurando pequeños terremotos a todo aquel bullicio a todo aquel entretenimiento con la velocidad de tanto movimiento que ahogado llegó que no sé qué le dijo que me la tumbó en sus brazos y me la besó mientras toda la noria aplaudía dando vueltas  el  asunto  y  a  mí  volvía  a  caérseme  otra lágrima recordando. Recordando cuando en la feria tú y yo Antonia cuando tú y yo en la feria todavía Antonia recordando vaya te me vas a poner tú también romántica ahora Antonia por Dios respira. Nada si ya te digo. Que de vuelta por el puente de los alemanes acompañado por el amarillo que se oscurecía así como tornándose a rojo deslumbrándome el llanto  rompiéndome  las  lágrimas  como  con  un  cuchillo  que me dio por pasarme a ver al niño ya de camino sí. Que todavía no había vuelto. En un taxi sí claro. Un menú de comida armenia que Antonia qué asco por Dios. Pasado mañana total que aquí estoy todavía con la Inés haciéndole compañía cortándole las uñas de los pies. En un homenaje que le han hecho en una peña de ópera y bel canto de por allí. El Tato sabrá Antonia. Un mate de esos Antonia a ver si me muero de una vez ya a ver si. Si Antonia si te necesito y tú ahí matando el tiempo cosiendo fundas Antonia por Dios. Tanto no lo sabes tú bien que no puedo Antonia no puedo. Borrarme tu culo de la cabeza tan fácilmente Antonia eso me creía yo pero ya ves ya ves querida si eres como una droga si tus barbas se me enredan en la sangre qué quieres que le haga. Cualquier día me suicido y no te enteras querida. Perdona querida pero aquí el menda es siempre el que se gasta los dineros perdona. Las bolsas volando entre el frío de por la noche de las carreteras ya vacías no no es una amenaza cari de verdad. Que no sabes lo que echo de  menos  tu  boca  por  la  noche. Mañana no sé. Un trono  con  los  trozos    del avión ese que se ha estrellado aquí al lado. En el término municipal de Benagalbón. Donde sea.

85. Dibujando manolas en el cielo Antonia. Mucho frío sí pero vaya. Nada Gonzalito con el tupé chorreándole por los hombros y muy preocupado casi envuelto todo en pelos Antonia pobre. Woody Allen. La nariz de los cerdos. Asfixiándose con tanta pelusa con tanto negro que es que le va a entrar la muerte que dónde está Mara el pobre todo con un buen pedazo de tupé en la boca nena. Claro  yo  allí  tan  callado tan primario allí frente a la tele atento frente al munícipe que claro Antonia ya me conoces ni caso allí mojando el pan en la leche como podía viendo la tele pues que no me interesaba del todo el asunto hasta que me nombró al Tato. Que se nos va también Antonia. De gira con la Lola que lo han llamado para estrenar no sé qué del Nono que se nos va que se me empezaron a clavar los trozos de pan en el alma y la leche  empezó a hervírseme y a empaparme la mirada de la pena sí claro con la gorda que no pude contenerme y grité. Antonia no sé algo que ha escrito el Nono que ha dibujado que requiere la ausencia del dedo que le comió la vaca al Tato la vaca que le comió el dedo en  celo  que  requiere  nueve.  Qué  va  Antonia  da cierto humanismo a la música. Cierta cojera al asunto que embellece Antonia no del todo rubio no del todo gloria pero que con la falta del dedo gordo y las torpezas del Tato que cuando se le metieron más pelos de la cuenta que le enredaron las palabras en la garganta y el pobre Gonzalito jaque mate al ajedrez junto a los restos de mierda del italiano gordo Antonia qué pena qué pena. Vino la Joaqui corriendo que la llamé y que qué era esa especie de noche ese inmenso manchurrón negro que yacía junto al resto de líricas en nuestras idílicas partidas de damas y yo llorando. El plástico que claro se me dilató y la Joaqui tuvo que pincharme dos veces una en el culo y otra en la cabeza. Hasta quedarme dormido. No sé Antonia cuando desperté Gonzalito y el tenor gay eran una rara mezcla de excrementos en mitad del ajedrez como adornando. Agotado.
86. Resulta que el chonchoso ese asqueroso de los dineros que había apostado con no sé quién estampas del dragón zeta con mucho placer a tu Luisita. Ya. El corazón de tu Luisita claro imagínate que se negó tan enturbiado del asunto de tan enturbiada la situación. Que se le secaron todas las mariposas de tanta de tan de golpe la aquella lluvia la aquella tormenta de gaseosa en el alma que le empezaron a crecer las manos el dolor  cada vez más largo como las manos más largas cada vez que me pensé sería algún tipo de herencia que yo le dejara inconscientemente en algún momento cuando me di cuenta que yo no tenía nada que ver en el rubio ese suyo con el rubio ese de su entrepierna de sus pechos de su ombligo así. Total que se le echa a volar a la Mara encima de su dolor que se pliegan se echan las dos a llorar y empiezan a volar y a comer mandarinas a malgastar  energías  vamos  hasta  que  se  dieron  cuenta de lo importante del roce entre mujeres y tiran la fruta al suelo. Ahora van de negro las dos todo el día juntas con un crucifijito entre los pechos y el pelo muy  liso.  Pero  la religión entre las tetas Antonia dónde vamos a ir a parar Antonia por Dios. No si ya. Messiaen. La Joaqui. Es que lo tengo ya tan usado Antonia que claro. Que le habrán salido ya las rayas del desorden a la música esas que estropean como las rayas que le han salido a las niñas estas en el alma que le dan un aire cierto a minimalismo que vamos que a mí me gusta cari perdona a mí me gusta. Echando fotos a los chorreones de agua y a lo verde arriba en la montaña grande senderismos de esos que también tiene su cosa poética al igual que la feria y sus caballos. De la mucha naturaleza y el mucho caminar. Porque nunca se termina y así siempre me suena algo y así nunca pienso y así siempre. Que mi mente se diluye en los sonidos y así me evito tener que pensar cualquier tipo de barbaridad cualquier tipo de cosa así lo más parecido a un vegetal como el planeta pero tumbado. Se lo llevó la Trini todavía no me lo ha traído. Calla ahora está escribiendo un libro con la Joaqui. La literatura clínica. En diputación. Que se les vendrá la nostalgia los contadores de la luz a la cabeza y claro. Eso digo yo. Eso mismo digo yo digo Antonia. Un puñado de  entrevistas reunidas a las gentes del geriátrico en una sala del teatro que han hecho al lado del banco al lado del cajero automático así desordenadamente. Por el museo. Por teléfono. Sal de frutas la sal de frutas arregla todo en cualquier momento de desconcierto  el  agua  diluida  en  polvos de fruta y corriendo corriendo se te quita Antonia. Mejor y te vacías del todo. Pero acuérdate de mí vida mía a ver si me calmo. Mi dulce de leche…

87. Es una niña con muchos problemas Antonia. Un emblanquito. Que tiene el oído absoluto la niña no sé si sabíais algo perdona yo sólo os procuro información la que me parece os falta no sé. Que escucha demasiado bien todo con demasiado detalle y claro que  se  le  está desarrollando una esquizofrenia aguda de tanto oír tanto gigantesca querida claro. Porque el otro día hablando que me relaciona la muerte de Gonzalito con el rubio de Mara de entre las piernas Antonia que dice que es un apéndice de su cuerpo un desarrollo de su propia vida la de Mara de la muerte del corazón de Mompou. Las hojitas frescas de las mandarinas con lo que suena en la radio y lo que suena en la radio con las gordas sandías del lienzo las que todavía no he terminado. La mantequilla con el invernadero el invernadero con el pescado la luz con las pompas el mantel con el casco de cerveza quieres más. Las zapateras con los gorriones que vuelan por la luz de la mañana por el amarillo que hace sonar los lunares que en el cuello de Mara que invaden como los pájaros al sol su pecho que quiere  comerse  dice  uno  a  uno  que quiere dejarla blanca como las aguas como la mantequilla con que rodea al pescado que haciendo pompitas al son de Mompou hasta que se mueren hasta que no pueden más y revientan que las golondrinas cantándole por dentro cuando le entra la locura y le toca el violoncello poco a poco para calmarse de tanta concordancia absurda o no tan absurda vete tú a saber Antonia por el flexo. Porque no me atrevo. Porque a mí en el fondo aunque sé que no pero me gusta me gustan mucho las especies esas de literaturizaciones que suelta la niña por la boca en mitad del desayuno en mitad. Por eso yo no sé si decirle algo si decirle a la Joaqui o no vaya a no entender el asunto vaya y le diga a la niña que es artista o algo  y  ya  la  hemos liado y ya la hemos armado sin querer. La criatura ahora mismo claro. No se entera de nada. Ahí está con Mara jugando con sus pechos. A borrar lunares. A besos.
88. Con una artista conceptual japonesa Antonia. Una bordería si el Tato cuando la mili también estaba muy gordo. Cuando se escondía en los servicios del cuartel para comer los chocolates que le mandaba su madre y evitar la condescendencia con sus compañeros ni fotos que le echamos al pobre saliéndosele el ombliguillo  del pantalón corto colgándole el petate Antonia que te las mandé todas por Dios. Quitando el frío y la noche que no se va… Que hace tres días que no se hace el día Antonia no sabemos qué. Por el reloj cuando se lo diga al Antonio verás. Las ventas. Vaya. El único problema son los horarios laborales que no tienen sitio establecido en la oscuridad y las nuevas compañías de luz eléctrica independiente que crecen últimamente por el pueblo en cualquier sitio como setas a cualquier hora a pesar de la noche de lo poco laboral que es de por sí. Y ahora menos. Donde menos te lo esperes. Desde anteayer Antonia. No si con las linternas nos apañamos bien no sabes lo bonito que se pone el pueblo con tantas lucecitas parece un Goya Antonia el problema vino ayer por la mañana con la   banda.   Que   claro  que  sin  mañana  no  podía  ofrecer  su  tradicional concierto semanal de los domingos por la mañana y claro que las gentes aficionadas que no entienden que dirigen sus miradas de descontento a la Trini que cada día que pasa está más gorda con tantas cenas y claro. Y todo esto sin hablar de la oposición que claro que ha tomado la cosa como una estrategia política para la precampaña que rehabilitando el campo de fútbol para hacer un museo del día. Artificialmente que lo han habilitado así como con luz Antonia de manera que aquello que parece verdaderamente un amarillo como los de hace tres días del pueblo porque esto va para largo parece sí. Con mesas llenas de medias de cerveza y fichas de dominó y una máquina de café con hilo musical que ilumina  los  pósters que ilustran fotos de cuando el pueblo era todavía no sé cómo aquí todo se arregla de la misma manera lo peor es el frío. Por la tele. Que a medida que pasa el tiempo el frío se hace más frío y las estufas se quedan chicas. No si yo aquí con la niña y la Mara entrelazadas no tengo problema. Como la luz eléctrica de antes.
89. Antonia que me parece que esto tiene ya poco arreglo así como poco arreglo tiene ya lo tuyo con lo nuestro me parece. Tete.  Podías  venirte  de turismo no sabes Antonia la de gentes que se están viniendo al pueblo a vivir la noche eterna la pila de parejas que se están quedando a dormir en las afueras en la especie esa de frontera local mal echa que nos separa de la montaña grande por falta de sitio. Tu hermana. De todos los países querida te estás perdiendo un momento histórico del pueblo por la tele no es lo mismo querida perdona. Si van a venir a cantar y todo los dos tenores al banco. A cantarle a la noche como si representando la barba de su colega desaparecido supuestamente difunto el tenor gordo italiano que ahogó el blanco y negro yo qué sé mi vida la excusa. Pues vente no sabes lo ricos que están los calamares en el bar por la noche en la playa el chiringuito Antonia. Si el régimen ni lo estoy haciendo ni nada mi vida. Pues no. La Joaqui que está deprimida por lo de la Norma. La Joaqui por lo visto estaba enamorada muy secretamente de esa que dice le acarició  una  noche  muy suavemente   el   cogote   como   a   una   mascota.   Claro  la Joaqui allí tan delgada tan insípida que no pudo contenerse y que por lo visto el asunto se derramó todo por el suelo por la moqueta del salón en mitad de la zarzuela allí en casa de la Norma que dice que la invitó a escuchar no sé qué del Chapí ese que es como una especie de Chopin en Polonia pero en España total. Claro destrozada. La noche Antonia que es muy melancólica y claro. A ver. Son los albañiles construyendo hoteles como locos. La Trini que ha mandado construir no sé cuántos no sabes me  reunió  a  todos  los  gerentes  de las empresas a todos los directivos a todas las constructoras del pueblo muy exaltada. Frente varias serpientes de humo que escapaban de las tazas buscando libertad la Trini explicó preocupada que si hubo alguna vez algún momento en la historia del pueblo que aprovechar en cuanto a lo económico ese momento era aquel mismo que ella y sus colegas estaban viviendo a lo que interrumpió el asunto un enorme aplauso de toda la colección de corbatas que rodeaba el piano. Ya muertas las serpientes que había que trazar una estrategia  rápida  y  eficaz  en el  alma  de  todo  el  pueblo que necesitábamos con urgencia dar cobijo a todos los posibles visitantes a todos los que dormían a la intemperie en las afueras grabando vídeos sacándole fotos al cielo fueran a morirse de frío que eso no era ni mucho menos una buena publicidad. Promocionar la noche era lo esencial lo básico. Y que el que antes terminara de construir tendría cena y polvo gratis. Tras una hermosa nube de humo desapareció la colección de colegas de la Trini que ansiosos por conocer el conocimiento y la sabiduría estúpidos de la Trini en la cama la dejaron sola intentando tocar un poco de Chopin al piano sin conseguir un solo acorde en condiciones. Supongo que intentaba sentirse bien pero aquello era imposible Antonia. Que querían hacer de la noche un negocio como en los boleros.
90. Parece que se está abriendo ya el cielo llevamos ya cuatro días amaneciendo. No si la Joaqui quiere aprovechar para presentar el libro pero me parece que se le va a cegar la cosa con la luz del amarillo que ya está entrando no sé. Antonia mal. Que estuvimos discutiendo las otras noches anteriores a esta especie de clareo que es que se le ha metido hacer de la casa una especie de museo como de fundación en plan Dalí para proteger mis obras para proteger mi ilusión y sí muy bien pero que no. Que no que no. Sí como el gobierno. Que todo el mundo se preocupa de mi obra y nadie se preocupa de mí querida tanta leche  mira. Eso digo yo Antonia. Y la Mara todo el día llorando que cuándo va a volverse tu Luisita para que veas. No si ahora le han hecho un contrato en la panadería con lo que gane pues que se vaya unos días cuando pueda cuando se le holgue el asunto. Pues no no me he enterado el qué. Vaya con la Noelia. Ahora que con la literatura clínica de la Joaqui con la alcaldesa del pueblo Antonia no sé no sé. Por lo menos.  La  banda tocando un arreglo del que no se rompa la noche por favor que no se rompa que ha hecho el joven de la trompeta que el ayuntamiento   ha  subvencionado   con   un  tráfico  de  carnes desastroso sí. El bocatrapo no sabes se le han levantado todos los celos de una manera… Ha contratado al Serrat y todo no sé cuántos días para grabar un directo allí en la plaza de toros y no sé cuántas bengalas más de mil. Para atraer gentes será para contrapesar el complejo hotelero de la Trini del pueblo vaya para contraponer los dineros si es que no para el pobre. En la dos salió las otras noches porque lo repiten cuando no hay qué poner en un reportaje preparando una murga con los idiotas del colegio con el Eduardo el Alejandro y el planeta para los próximos carnavales del pueblo claro porque allí no hay. Y lo graciosos que están los nazarenos amaneciendo Antonia clareándoseles los capirotes. Muy divertido. Amaneceres clínicos en el museo de Turut. Ya. La banda evocando otra vez a Polonia como solidarizándose anualmente no sé parece. La ruta santa. Han tirado no sé cuántas palomas negras que sobraban en la plaza por lo visto pero que no se  van  que  vuelven  el  vuelo  las  tontas. Ahora están dando una vuelta al banco mientras el aplauso se provoca desde el ayuntamiento hasta extenderse por todo el pueblo como el aceite y arriba otra vez. El sonido de la campana del trono que me ha hecho recordar al Grass Antonia que digo yo que cómo le irá por Portugal al pobre. Nada. Cobrando autores. Mira. A mí me sacaron el librillo ese de las columnillas esas del periódico cultural ese que ha revivido hace poco no sé si te dije que quebró el asunto con el cambio de gobierno y nada de nada ni un duro. Ya te mandaré uno. Tomándome un puchero ya cuajado del bar que me ha traído la Joaqui antes de irse. Es que no tenía ganas. Tocino de cielo.
91. Aquí todo es pura poesía Antonia ahora cayendo bloques de hielo del mismísimo cielo si es que es lo que yo te digo. Que no saben de qué si quizá un resquicio último de lo de la gran noche que decían los telediarios si quizá esto si quizá lo otro suposiciones. La Trini en la clínica Antonia la pobre. Nada Manolo  que  ya  sabes  tú.  Que intentó una especie de golpe de estado sin conseguirlo. Porque en mitad del asesinato que le cae un bloque de hielo en la cabeza. Porque el equipillo de fútbol que ya parecía que subía a primera cuando se descubren los desfalcos del presidente del club deportivo que al parecer es el antiguo alcalde el de cuando la guerra con la montaña grande operado de todo irreconocible. Por el acento. Porque por lo visto traficaba tabacos con el ayuntamiento de la montaña grande con el bocatrapo en silencio y claro. Claro Antonia. Nadie lo sabía nadie. Y no sé cómo que se enteró Manolo que relacionó a la Trini con todo el tema y vino con un soplete en llamas a quemarla viva. Ahí están las dos. En la habitación del niño quemándose la una a la otra. Pero de otra manera muy distinta  a  la  del  Manolo  claro  sí.  Imagínate.  Aquí están ahora todos los cientifiquillos del pueblo subvencionados por el ayuntamiento. Claro estudiando la cosa como locos cobrando a descubrimiento por hora. La Norma. Sí. Ganándosela como puede la Lola… Abriéndole la entrepierna. Para ver si así de rebote le abre la peluquería. Me voy. Una gran naranja roja suspendida en la mitad del cielo.

92. Me parece que te dejo hablar poco Antonia no sé. Que me acelero con mucha facilidad alrededor de mi ombligo así sin más perdona. No tú. Tú más. Estúpida. Antonia de verdad que es que aquí solo acordándome de ti no sé hasta cuándo. No si ya. A veces. Sí ya del mismo aburrimiento. Y es que recibo ahora mucho correo de gentes de todo el mundo de personas que ni conozco si te contara la de ligues que me han salido… Antonia a cuento de qué darte celos ahora dime a cuento de qué. Ya sé que en tu boca no soy más que un cuchicheo leve con la vecina de turno antes de comentar el menú del día si las patatas blancas o rojas pero vamos. Pues no. No tengo con quién compartir esas cosas no cari pero es que Antonia. Que a mí me parece que eso ni se comparte. Como mucho se piensa y un poco sólo lo justo para encender el potaje  como  cuando  yo  en  tu  boca  antes de las patatas las patatas si rojas si blancas. Sí están ahí las dos confeccionándome el testamento con las ideillas las pistas que les he dado ya sabes tú Antonia que no me gusta que me traten de anarquista. Hasta un punto love. En el Avellano.  Qué  cosa.  Cuarentonas auxiliares de clínica y empleadas de hostelería en la zona de San Andrés. Colgaron unos artefactos de colores dando vueltas a una velocidad la justa para que las personas se difuminaran unas con otras entre el whisky y la música como una enorme masa plastosa de lluvia y gaseosa hasta más no poder. Los cuerpos sudorosos ya del baile cuando cortaron la emisión me comí un plátano y me dormí. Supongo que son pesadillas pero a una velocidad tal que cuando despierto no me acuerdo de nada. Como la plasta plastosa esa de lluvia y gaseosa de la fiesta de la Lola y la Norma sí. Las prisas los agobios. Como en el anuncio. Adiós Mara. La Mara que es que aquí ya no se cabe otra vez. El botón del puchero. Siguen las investigaciones cari pero nada. Aún no consiguen saber a cuento de qué esas enormes lágrimas heladas que ya han matado a más de uno. Es que no escuchas la radio querida yo no sé no sé. Qué graciosa. Ahí procurando pintar que es que con tantas penas juntas que no puede. Pintándole unas sandías a su Mara para el salón que más que sandías parecen raciones de espinaca. Nada que se le ha cogido el corazón ni caso. Para  contrastar.  Manolo  en  la  cárcel  claro.  Por lo de la Trini que es que vamos Antonia si es  que no se puede querida aquí ya ni se puede ni revolución ni nada. Mucho. La guardia civil llorando que le está haciendo un cortejo a la entrada de la casa a la aquella que rellenó el pueblo de museos y hoteles con canciones a la corneta y la bandera baja. Todos están muy oscuros Antonia no sé no me atrevo. Porque se han venido todas las autoridades todos los canalillos del pueblo a cubrir la información a cubrirme el piano con una sábana blanca a oficiarle aquí la misa funeral… Ni que el piano fuera suyo. El Chopin de la banda. Las gentes la querían  mucho.  Muchos  museos. Cultura a raudales. La economía creció considerablemente Antonia el pueblo estaba todo el día en la tele tanto hoteleo… Y qué les digo Antonia. Si era la mismísima alcaldesa perdone estoy hablando por teléfono. La de la revista del hambre haciéndome preguntas. Parece mentira. Cuando a Manolo se le mete algo entre ceja y ceja míralo en la tele tocando las maracas en el bar. Y a ver si se quita del alcohol de paso el pobre no si le vendrá bien y todo Antonia. La que me la acariciaba  en tu ausencia aquellos años en que todavía yo funcionaba y a ti plín. No Antonia. Una procesión que está invadiendo Bursoto con el Chopin detrás y velas que continuamente se encienden y se apagan con la lluvia con los mecheros del Avellano llenos de cera. El que me faltaba. El hermano de la Trini el que no tiene piernas. Antonia que no sé cómo mirarlo ahora que yo de chico lo miraba morboso pero es que ahora no sé si es morbo compasión o entusiasmos por identificarme con su poco limitado caminar. La Lola como loca. Respiraba como si muerta.
93. La pasé buscando una foto de mi madre que le mandó a mi padre a la mili de cuando novios en la que estaba muy guapa que yo recuerdo con dedicatoria y todo a rotulador negro que el tiempo ha vuelto verde oscuro así ladeada en la esquina para que el Tato me la fotocopiara en la fotocopiadora de la Lola para ver si me animaba a pintarla pintarle los rasgos así más o menos a  mi  manera con el difumino así pero nada. Berenjenas rellenas con queso. Ya pero Antonia. Tuvo que cerrarla Antonia aquello por lo visto estaba muerto tan muerto que no entraba a cortarse el pelo ni Dios. Zona gris. Demasiado solo Antonia desde que se fue la Mara que más o menos me entretenía dándole forma al testamento que más que un testamento parecía ya vamos una cosa así más o menos literaria que no sé cómo hacer para que el tiempo se acelere. Ya sé que no se puede Antonia es un poner. Y el Tato que está ahora en el Japón enterrando a la china aquella… Pues eso. El cine municipal un éxito Antonia la Trini si lo viera. Pobrecilla. Una vida muy perra Antonia muy mala.  Ni  veces  que  se  me  tuvo  que  agachar  a la entrepierna. La pobre. Antonia que yo también  era  muy  desgraciado por aquella época perdona. Que no sabes lo difícil que era tener metido el morro entero en la cabeza con sus nubes sus ruidos en los coches oscuros aquellos inundados de dibujos en el vaho de las lenguas las olas chocando en la especie aquella de espigón los gritos a un lado del del quiosco de tortilla de patatas al fondo los boquerones en vinagre de tu madre las noches cuando llena de estrellas y alguna luna y lluvia como la aquella que nos mojó allí rebozados en la malagueta de vicio de tierra mojada de la de la orilla buscando a Juanito entre las conchas y los peces en el segundo en el que la farola nos iluminaba todo y tú cosiendo. Antonia o me dejas el llanto o te cuelgo. Era muy difícil no acordarse de ti. Y menos mal que el Paco estaba allí para comprenderme aunque no me entendiera del todo que si no Antonia hoy a la pila de años no te estaría hablando por teléfono. El Paco. Tengo muy poca vitalidad ya Antonia. No sé que creo que me gustaría morirme. Pero por tu culpa porque tenías que verme Antonia cómo me conservo quitando mis   injertos  de   plástico…   Que    parece   que  hubiera  estado  metido  en vinagres en una fiambrerita. Como los boquerones aquellos de tu madre.
94. Lo  que  me  causó más impresión incluso que ver al Tato de bañarse. Como no cabía en la bañera que se tuvo que apañar con el barreño de la alacena y rociarse con la palangana esa tan grande azul de cuando yo y mi hermana al son de los verdiales todas las mañanas cuando le descubría yo al Tato en las piernas demasiados cardenales ensangrentados pidiendo ayuda y silencio. De tanto comer Antonia claro. La sangre mala. Pero así y todo que me quedé callado como si nada escuchando el vals que entraba por la ventana que no era ni mucho menos la banda municipal. La vecina  con el Shostakovich a todo gas. Hombre al menos ya se ha dejado de Puccinis a las siete de la mañana Antonia algo es algo. El Tato tan destrozado tanto que recuerda al Antonio cuando el Antonio las pescas melancólicas aquellas del Antonio suspirando whiskys por tu hermana en el Avellano. Una pena sí. Hombre le queda su arte. Su aproximación al flamenco. Venas japonesas en la noche con el carrito de la compra. Flamenco número ocho. Nada. Aquí está chapurreando Debussys al piano para  acompañar  su  bizcocho  de aceite de por la tarde en plan consolación pero qué va. Amargado. Que con la vecina que no le deja con el Shustakuvich derramar un solo acorde en el vals ese a toda pastilla… Claro se le vuelve la pena. Si yo creo que estará el pueblo entero emparejado en la plaza iluminada intercambiándose virus con la música esta tan dulce Antonia tan fuerte nada. Claro. Pero sigue Tato… Las abuelitas llorando. El pobre que dice que se va que se va a la fotocopiadora a ver a la Lola a ver si está. Imagínate. Si ahora estamos en feria y todo Antonia. Si empezó ayer Antonia el rollo si ya está hasta montada la noria. Las tómbolas los puestos de bocadillos de tocino con la cocacola a un sólo precio y la máquina del colacao fresquito la feria. En el matadero ya están vaciando los cerdos. Que en tres días termina lo uno y empieza lo otro. El carnaval. Y con el carnaval la cosa de las tapas de tripas con gaseosa ya sabes. La tradición. En el museo Torrijas un concierto de cornetas con la lidia de un toro de por medio por parte de la Norma  por parte del ayuntamiento. Un gordo derramado en sangres de un traje negro como de pingüino con una pajarita  blanca  muy  chica Antonia no sé. La niña dando voces repartiendo el periódico. En una grieta de la ventana la zapatera lamiendo un trozo de barro de la última lluvia.
95. Han aprovechado y han hecho una fiesta pero no sabes. Que la Mara que se ha caído del taburete cogiendo las aceitunas. Para los canapés para la inauguración que tu Luisita le ha hecho cosquillitas  por  debajo  de  la falda y en mitad de la risa la Mara con los dientes rotos en el suelo de la cocina allí tirada lo mismo que cuando las sandías en mitad de tus gritos en mitad de las risas de sus compañeros de oficina pero con un charquito de sangre menos llamativo. Mientras terminaba el strangers in the night del Sinatra en la versión instrumental de la cara be los compañeros cantando riendo edificando en la encía de la pobre Mara con los cubitos de hielo con formas de animales que rodeando la boca aquella tan llorosa que se iban derritiendo derritiendo el hinchazón que las aceitunas le habían procurado a la Mara en mitad de la sonrisa lasciva que le procuraba la Mara a tu Luisita desde lo alto del taburete que no estaba acostumbrado a espectáculos parecidos desde hacía ya demasiado tiempo y le venía grande le dieron la vuelta al disco y la fauna iba desapareciendo. Gentes muy así Antonia no sé indescriptibles. Son como las aceitunas. De fábrica. Después de los canapés se desnudaron todos entre risas bastante difíciles de sostener en mitad de mi anciano asombro y con una sábana que colgaba por las rodillas de aquellos oficinistas que celebraban con vasos largos en la mano los animales que dando vueltas sobre el whisky  que se fueron a la montaña grande medio enamorados todos  hicieron un fuego que desde aquí que todavía aguanta no sé se ve que como en plan primitivo por la ventana supongo para asar carnes y escuchar canciones del Sinatra en la radio del coche que desde aquí se escuchan también mientras el amor va derramándose  por  la entrepierna de la juventud. Antonia que ya sabes tú cómo son estas fechas del verano. Las gentes que se han vuelto estúpidas por culpa de las palabras.
96. Si vino chorreando y se llevó todas las cartas así sin más ni más no me dio tiempo. Bueno ya Antonia qué quieres no caí. Si yo lo invité a pasar a tomar un oporto de la última botella que me quedaba Antonia pero es que el mancheguito es muy cortado Antonia tan cortado que ya con la cosa de la confianza me pidió un  autógrafo  y todo pero así muy rápido. Yo que no podía hacer ninguna firma chica que si acaso le firmaba en la camiseta que tenía un color así más o menos blanco. Que no me di cuenta que la camiseta además de barata estaba bastante mojada apreté demasiado con la pluma y le firmé la barriga. Que lo que en un principio parecía tinta negra se fue mezclando con la sangre con la lluvia y claro aquello una guarrería mientras el pobre contenía las lágrimas del dolor y la rabia bajo su sonrisa bajo la lluvia. Claro ya a su propio pesar pasó y se tomó el oporto pero claro. Cuando le quité la camiseta tenías que verlo tiritando Antonia que es que yo no sé qué era más si el miedo o el frío. Lo rocié con el oporto Antonia no tenía otra cosa. Ni estoicismo artificioso ni nada Antonia parece mentira.  Yo que mira por donde que se iba a llevar un autógrafo mío de los buenos de los que no se borran ni aun queriendo ni con la lluvia ni con nada qué iba a decirle yo a la criaturita. Le puse unos madrigales de Monteverdi nos comimos los churros fríos de varios días que tenía allí y el chaval se fue tan contento qué quieres que te diga. Por lo visto es manchego de la zona de Almagro. Dice que allí el teatro es como aquí la cosa de las tripas con gaseosa y que allí el pisto a su madre le sale riquísimo que ni mucho menos como aquí que aquí los ingredientes no son naturales. Total que ya discutimos acerca del matadero del carnaval y de todo lo que rodea a la cosa de las tripas con gaseosa como mariposas volando alrededor del plato y quedamos en que  un  día me cocinaría un pisto manchego como los que hace su madre pero con ingredientes de su pueblo de allí mientras el mancheguito se desaparecía de entre la masa de luces rojas que pitando entre la lluvia iluminaba la neblina de la aquella noche. Una naranja para el camino y un dinero para el taxi que es que estaba lloviendo mucho. Pues no. Antonia a mí cada día me importa menos todo  eso  no  sé  si  te  has  dado  cuenta  querida. Gracias querida por las macetas sí. Que me pertenecía que una vez firmada la obra… No si así relleno los maceteros del  Tato Antonia. Es que los tengo vacíos que es que los estaba pintando de amarillo para venderlos en Budapest que me llamaron que estaban interesados en mi obra en mi estilo pero claro ya mejor no los vendo. Ni tampoco me hace ninguna falta querida. Pero Antonia no me lo tomes todo al pie de la letra cari que si no imagínate. No caí Antonia qué quieres. No a todos los músicos necesariamente les gusta la música querida.
97. Nada que estoy friendo unos pimientos espera. Ya. Nada los pimientos que hacen mucho ruido. Y el extractor sí. Que me viene a comer el mancheguito que está ahora por lo visto en la universidad de exámenes. Que como está solo en su casa que le da mucha pereza cocinarse a las tantas cuando llega y se viene aquí conmigo. Nada que la madre ha tirado para Almagro a ver a los padres y claro. Pues eso. Y aquí estoy intentando preparar un pisto como los que tú te hacías Antonia que no sé yo. Que me parece que los trozos de berenjena son demasiado grandes y no sé. Que no van a pochar bien del todo me parece. Antonia es que con esta ortopedia dime tú cómo. Hombre seguro pero vamos que los pistos de aquí no tienen por qué envidiar en absoluto a los de su tierra míralo aquí está pase usted. No el Arvo Pärt que tenía que empezar a freír cosas y me daba pereza subir sólo para parar el tocadiscos y ya los he dejado a los coros que siguieran cantando religiosidades sírvase usted sí claro. No el manchego que  se  va arriba a escuchar los coros a ver lo que pilla a ver lo   que  vampirea  o  no  sé  qué  tinglado  total  si  con  el  frigorífico abierto…  No que se ha tomado confianzas y se abre el frigorífico así como si las piernas de su novia… Una cara Antonia que me dan ganas de venderlo Antonia cualquier día me lo llevo a Torremolinos y se lo vendo a cualquier chapero que vea a ver lo que me dan por él. No sí claro. No el pobre es que viene con toda su ilusión a ponerme al día de las cosas que estudia de la cosa de la sicología que es lo que la criaturita está estudiando ahora y claro me hace mucha gracia Antonia. Que cuando  está  más  encendido  que nunca que le pongo un vídeo de estos de sadomasoquismos que me regaló la sobrina del Antonio cuando los caballos y toda la pesca aquella que es que lo echo prácticamente Antonia tenías que verle la cara qué gracia. Boquerones mancheguito boquerones a ver si se entera usted a ver si se entera que no todo el monte es pisto tiene gracia. Nada pues estese quieto. No el mancheguito que no para de meter la mano y claro como están recién fritos pues eso que se quema. Nada que no aprende usted que se esté quieto.
98. Me fui a la fiesta de los verdiales esa que hacen todos los años en las playas de la malagueta. Nada en un chiringuito que me atraganté con las espinitas de un boquerón asesino. No sé Antonia me estaba yo allí contento meneándome como podía al son de los verdiales al son de las panderetas tocando a la par de la música con el tenedor en el plato de boquerones mientras cuando una espina me sorprendió. Al principio me la intenté quitar sin hacer mucho caso a buches desesperados de sangría de uvas y pera riendo todavía pero nada aquello no había quién pudiera. Total que claro ya me invadió la preocupación y ya ni verdiales ni nada se lo dije al chaval del plato de calamares que tenía yo al lado que tocaba el violín en la agrupación que rápido cortó la música me improvisaron una ambulancia humana y me llevaron al clínico. Nada me sacaron la espina con una pinza muy larga y nada  allí  mismo  que  comenzaron  la fiesta otra vez y a tocar verdiales al aplauso de los demás enfermos los enfermeros y todo el mundo allí al son de la música al son del revoloteo del niño que por los aires con la bandera  de  un  lado  para otro como esquizofrénico pero muy bien medido poniéndolo todo perdido de pétalos de flores pidiendo calamares. Con lo que me improvisaron un trono humano y claro pues allí en la playa como si nada hasta las dos de la mañana. Total que me encontré con una chiquilla muy rubia así muy graciosa que me había leído todos los artículos aquellos que había yo publicado en el periódico hace ya  años y claro pido otra sangría al niño de los calamares para bebérmela allí con ella. Que de entre un murmullo de la agrupación como decidiendo la pieza a interpretar que empieza el niño del violín a sonar como avisando en plan chicharra de lo que viene. Antonia por Dios. Total que empieza a serpentear la pandereta y a golpear el asunto cuando de entre el difícil pronunciar para mí del aquel hombre del campo que adivino de entre la letra unos rubitos cabellos cuando le acaricio los caracoles aquellos tan maravillosos tan amarillos a la criatura y la criatura se me ruboriza con la sangría atragantada. Que me viene el novio muy alterado muy moreno con las tetas al aire me pega una especie de empujón muy en plan macho y se la lleva al espigón a cantarle el  verdial  íntimamente  allí solos a la luz de las olas ya por la noche que al son ya de las mismísimas estrellas iluminaba la nuestra farola y se me escapó una lágrima.

99. Toda la mañana vomitando no sé. Nada. No sé cómo ha sido. El alma medio volcada. Ayer me vino con los ingredientes naturales que le había traído su madre de Almagro empeñado en hacer una paella con los dos amigos y claro pero vaya. No qué va. Bueno parecía la receta de tu madre de aquellas las paellas esas extrañas que hacía tu madre cuando nos íbamos con todo tu clan de paellas a los aquellos campos y tu padre se perdía por entre  los árboles por entre el sonido del viento con el machete abriendo  gorriones  que descolgaba de los mismos árboles de las mismas nubes para freírlos que nos hacían llorar pero vamos. Yo qué sé Antonia si total. Sí ya la tengo puesta. Luego supongo. A subir a los montes para que escuchen los árboles del barullo que resulta el barullo del viento mismo allí arriba por entre los árboles por entre los pájaros de por entre las nubes el sonido de las escopetas. No sabes la que está cayendo estos días. Que parecen los aquellos días. Allí siempre se escuchan los sonidos  de los árboles.
100. Claro Antonia. Esta voz que fue mi voz ya no es. Ni siquiera este momento es en el que tú estás escuchando esta que ya no es mi voz. Y no es que no te haya cogido el teléfono por despecho y cosas así sino más bien porque ya nunca podré volver a cogerlo ni aunque seas tú Antonia. Y me imagino que te estarás haciendo muchas preguntas pero es que esta mañana me miré al espejo y vi que no tenía más sentido seguir así y me descolgué en la bañera como pude como cuando escuchaba tu voz por teléfono estos últimos años perdona. El niño estará con la novia. Llámalo al móvil que no quiero que vea esta imagen que imagino será algo desagradable él siempre lo tiene encendido como yo. Y no se lo digas a nadie más Antonia. Ni a la gente del pueblo ni nada. Que quiero que me echen de menos poco a poco como nunca al menos de esta manera que ya sé que no es la mejor. Que ya no estoy Antonia te habrás dado cuenta del asunto desde el principio por el ruidillo de la cinta seguro. Pero no le des demasiada importancia por favor que no la tiene Antonia pero es que no le vi más al asunto y se me quitaron las  ganas de seguir. Antonia que se me empiezan a agolpar los mocos en la garganta y es que ya no me salen las palabras como deben y casi te dejo ya. Adiós Antonia. Te quiero. Y perdona que me borre así del lienzo pero es que para mí ya no tiene más sentido estar aquí en esta esquina mientras tú estás en la otra punta.

Cuatro mil soldados

Mario resucitó de entre las hojas. Ya no le preocupaba la forma que pudiera tomar el cielo. Todos estaban inundados de hojas y a Mario dejó de importarle. Dejó de importarle porque su existencia ya estaba asegurada y no le preocupaba nada más desde que comenzaron a caer las hojas al agua. Allí en mitad del océano sabía Mario que ningún avión se estrellaría, o sí. Ningún barco pasaría a recogerlos ni a hundirse. Nadie saludaría amablemente al amanecer con el periódico en la mano colocando unas deportivas gafas de sol en la mirada que amablemente observaría a Mario. La fauna allí era inexistente. Algún grito en mitad del agua despertó a Mario que aún seguía flotando en mitad de todas aquellas hojas que hundieron a los que un día Mario dio demasiada importancia. Alguna alarma de coche. Algún grito. La existencia estaba asegurada al menos hora y media entre todos los que inundaban a Mario de repente. Una hermosa criatura que se sienta al lado de Mario parece querer comenzar una conversación. Cuatro mil soldados comienzan a desfilar. Una guerra. Allí todo era cemento sobre el que por las noches al borde del otoño se proyectaban cosas que Mario sabía que eran mentiras. Charcos de sangre. No había nada mejor que hacer que hablar con aquella hermosa criatura. Un avión había estrellado por fin. Mario comienza a interesarse por el cemento. De pelo ondulado y con algún que otro bucle en la cara de mirada absorbente Mario se enamora de la hermosa criatura poco a poco cada vez más. La conversación intenta tomar forma sin conseguirlo. Mario se despista y no consigue mantener el hilo que la rubia llevaba horas intentando con Mario que decide mirar por la ventana al cemento con la mirada húmeda por la hermosa criatura que comienza a aburrir y empiezan los recuerdos y empiezan las letras del final de la película. Mario llora. Mario vuelve a estar solo. La rubia se ha marchado húmeda igual que su mirada. Y los ejércitos también húmedos flotando en el océano. Y el cielo que se enrojecía cada vez más flotando sobre la lluvia húmeda intensa en aquel otoño que bordeó mi alma.

Azucena

Ya era la cena y había que cambiar la hora porque ya era invierno y empezaba el frío. Hacía un frío tan grande que la madre de Azucena cerró las ventanas con tanta rabia como nunca antes. El frío había entrado tan de golpe que temía que Azucena se hubiera resfriado. Quizá pudo haberse atragantado con la tortilla pero aquella tos no eran las toses normales de atraganto y la madre de Azucena sabe diferenciar bien lo uno de lo otro y comienza a preocuparse y a sudar frío y corre a cerrar la ventana vaya a resfriársele su niña porque ya era invierno y claro. Bajando las persianas recordaba cuando su padre goloso desayunando una morcilla que le había traído del pueblo su nuera se atragantó de avaricia temprano mientras todos dormían en la casa y él se ahogaba solo con el pellejo en la garganta de la morcilla de su nuera en mitad del desayuno. La cuñada de la madre de Azucena era gorda tan gorda que su única conversación con el padre de la madre de Azucena rondaba siempre el matadero del pueblo y claro el padre de la madre de Azucena se ponía tan feliz como cuando murió mientras la madre de Azucena soñaba con su retoño entre las piernas y el ombligo a punto de inflarle la felicidad. Fue tal el golpe que hizo llorar a Azucena del susto mientras su madre la cogía para llevarla a la cama y el llanto crecía. El llanto ya era enorme. Cuando se le cortaba la lágrima por culpa de las toses el llanto disminuía para luego hacerse más grande como un bandoneón respirando. La madre de Azucena comienza a preocuparse. Está sola y ya no sabe si ha sido la tortilla o el frío del invierno. O un aviso para cambiar la hora. No sabe de dónde sale tanta rabia pero el llanto crece desmesuradamente y se le crece la preocupación. A lo mejor un postre. La madre de Azucena deja a la niña en el sofá del salón al lado de la estufa con la tele encendida y corre a la cocina a por el cesto de la fruta porque la tos ahora crece a la par que el llanto y no se escucha ni al del telediario de avisar que hay que cambiar la hora porque hace frío. La madre de Azucena está histérica. En el cesto sólo hay mandarinas. Corre a casa de la vecina a por plátanos pero la vecina no está. En el frigorífico queda un poco de sandía del mediodía pero claro. A la madre de Azucena no le importa tener que limpiar de pepitas la tajada pero a pesar del sacrificio de su madre la niña se decanta por las mandarinas gordas de invernadero. Y la sonrisa enciende el rostro de Azucena y moja los ojos de su madre mientras pela la mandarina y gajo a gajo mirando el telediario al lado de la estufa felices madre e hija terminando la cena. En mitad del telediario la madre de Azucena recuerda cuando la noche antes de que su padre muriera entre los pellejos de la morcilla de su cuñada recogiendo mandarinas cuando todo era campo y la estufa era una chimenea de leña su padre la agarró por detrás en un descuido pelando mandarinas. El recuerdo le moja otra vez la cara mientras mira a Azucena que no para de tragar en el silencio. Bueno alguna tos pero ridícula. Y le vuelve el recuerdo a la madre y se excita mientras se echa un gajo a la boca y la niña sin entender que se lo arrebata porque es el único que queda. La madre de Azucena vuelve a la cocina con la sandía sin pepitas en el plato y la mete en el frigorífico cuando pegan a la puerta y los anuncios vuelven a la tele que hipnotiza a Azucena. Y es la vecina que es que ha estado en un cumpleaños y que ha escuchado el mensaje del contestador con un ramillete de plátanos entre las manos. La madre de Azucena ríe y la invita a pasar a fumar algunos cigarrillos y a mirar la tele bajito. Azucena es introducida en la cuna como dios manda y duerme con su cajita de música mientras su madre se dispone a divertirse. En el salón la vecina ya ha puesto música sugerente y apartando la mesa comienza a moverse. La madre de Azucena también pero algo retraída. La vecina se acerca mucho bastante y agarrándole la cintura comienza a bajar las manos por el cuerpo de la madre de Azucena que se sonríe picarona mientras le muerde un labio. Y la tos de Azucena es tan grande que supera la música y su madre corre a ver qué. Y sólo la cajita de música ya muy lenta y su niña entre las mantas. Vuelve al salón y su vecina desnuda llamándola a la música. Azucena sigue tosiendo pero leve. En la garganta de Azucena un hueso de mandarina se desliza confuso. La última mandarina del cesto era del campo de la vecina y en la confusión un hueso que se desliza. En el cuerpo de Azucena algo crece. Ahora la tos son los gemidos de su madre con la vecina en el salón mientras algo está creciéndole dentro a Azucena dormida que sueña con su retoño sin saberlo. Y sueña con su padre abuelo sin saberlo. Y sin saberlo se despierta pidiendo el desayuno llorando y ya no hay tos. Y corre su madre y deja de cambiar la hora a los relojes para acariciarle el amanecer a su niña. Su niña que hoy ha despertado con un inmenso pelo largo y unos hermosos ojos verdes.

Por favor no soporto el hilo musical

Saint Lary, 3 de agosto de 1999

Por favor no soporto el hilo musical. Gracias. Me desperté lleno de moscas por todas partes de la pesadilla que me envolvió durante toda la película y los movimientos y los motores y los ronquidos de aquel autobús Casado. Cuando me desperté encontré a Eva a mi lado sonriente como siempre y ofreciéndome patatas fritas del cariño. Frente a mí el chaval que quería hacerme una foto feliz como en cualquier zoológico y con la melena más melancólica que nunca. En la televisión las letras comenzaban a avisar del negror de la situación y el final de la película que no había hecho más que empezar. Todo estaba bastante triste. Comenzaba a temer por mi vida allí en Saint Lary sin Eva. Porque Eva tiene fijado otro rumbo en su vida. Eva y su pelo rubio van a Galicia en busca de encontrar algo aunque no sepa qué igual que aquel chaval que quería hacerme una foto feliz como en cualquier zoológico y con la melena chistosa y con toda la melancolía apagada. Porque su melena de estupidez se ilumina de ideas cuando sabe del destino de Eva. Y comienza a contar chistes. Y a cantar. Y a bailar en aquel pasillo del autobús Casado donde yo me acababa de despertar lleno de moscas sin reconocer el sueño de la vigilia y las risas de Eva al fondo sólo por la belleza de Alemania en mi boca en aquella madrugada recién acabada la película. Por favor bajen el volumen o me volveré loco. Eva se disfrazó de alegría al conocer el destino de aquella melena estúpida y es cuando su rubio cambia de color. No sé. Me pareció que se colocó algún disfraz como si el carnaval allí acabara de empezar. Yo comencé a llorarme a mí mismo como siempre y fue cuando me quedé dormido de verdad entre los ronquidos y los movimientos y los motores de aquel autobús Casado. Eva y yo hablamos largo y tendido en aquel largo sueño que tuvimos. En mitad de nuestras imágenes de colores, cada uno la suya, Eva y yo nos comunicábamos en morse con los roces de nuestras piernas. Me dijo que quería hacer una tesis sobre mí y sobre mis maneras. Yo naturalmente preferí abrir un paquete de patatas y ofrecerle sin ofrecerle. Pero Eva me insistió de nuevo ahora acariciándome con sus nalgas. El morse ya no era morse. Yo le comenté que no me parecía una reportera del Natura que fotografía gorilas en cualquier zoológico con muchos colores de la naturaleza y que más bien una niña pija que juega a la consola en la sobremesa entre los mensajes del móvil y la piscina y la soledad rubia que ni la ilumina ni nada porque está sola y allí en Galicia a ver si entre vieiras y caracolas se olvida de las consolas. Eva comienza a llorar. Yo la abrazo. Y en medio de nuestro beso aparece un flash azul que dura una milésima que sale de la cámara de fotos de aquella melena de enfrente y se me sacude todo por dentro. Eva me calma agachándose a mi entrepierna. Y yo me calmo. Y es cuando el autobús fija su destino y nos abandona allí en Madrid a todos da igual lo que pensemos. Al bajar Eva desaparece de mí y ya no volví a ver a aquella Eva. No me volvió a dirigir la mirada en medio del desprecio y la desgana que me produjo su interés hacia las cosas singulares. Nos recogió otro autobús hasta Zaragoza pero ya nada era igual. Yo no me acordaba más que de Eva y de sus risas y de sus morses y de sus nalgas. Y allí en medio de un menú de mil pesetas y la Virgen del Pilar todo me parecía que no. A lo lejos vi cómo se me despedía aquella melena estúpida entre las maletas y el aburrimiento y algunos besos para Eva y un código secreto que yo no conocía para sus noches en Galicia con Eva y el sonido de los grillos. Y no sé por qué pero no me despidió con un adiós como cualquiera sino meneando la mano como enfermo y con la melena de punta y como enloquecida la mirada de vicio y las carnes de la rubia en su mirada de zoológico de animales que no son ni animales ni son nada sino sus singularidades que desconoce allí en su hormiguero de monopatines y televisiones y revistas y zapin y canciones del Calamaro para sordos Qué guay y no sé por qué más fuerte que quiero reventar en medio de la improvisación de la locura de libertad de mi vida sin sentido y esta melena de idiota de fotógrafo que no fotografía ni nada sino a Galicia a ver lo que me como a ver si me viene la desgana. A Eva nunca le sonó el móvil. Olvidé a conciencia pedirle su número. Y ya sé que en Saint Lary el móvil me marcará Sólo SOS pero para mí eso es Eva. Un SOS. Y se fue y yo aquí en Zaragoza ya rumbo al pueblo ese allí arriba en los Pirineos franceses del frío y la soledad y la grandísima nada. Todavía en Madrid y en medio de mil despedidas que no despiden ni nada observo con detenimiento un par de pezones que sobresalen del grupo en una camiseta blanca con corazones rojos en el centro como en código. Subo la mirada y me encuentro con Eva. Eva creció en una noche. Se hizo mayor para mí y decidió cambiar el rumbo de su vida y olvidar las tesis de juventud las melenas y los animales del zoológico allí en su pueblo y acompañarme a Saint Lary allí arriba en los Pirineos franceses. Yo me pongo nervioso en medio de mi incomprensión y engancho sin querer la correa de mi mariconera en el asiento de al lado y le prohíbo el paso. Ella sonríe en medio de los nervios y hace como que no me conoce y yo le cedo el paso y no me lo agradece pero sigue sonriendo ahora más. Parece ir acompañada por un par de amigas y ya en Saint Lary se ve aún más acompañada por cincuenta senderistas, hombres y mujeres da igual, y una especie de español que duerme en su habitación apartado de la fauna femenina leyendo por quemar el tiempo a falta de otra cosa. Pero todavía en Madrid y antes de volver a ver a Eva un taxista decide cobrarnos mil quinientas pesetas por faltar al respeto a todo lo que nos rodea y por qué no, porque no le queda para la puta de por la noche. Yo imaginé sus lágrimas en la entrepierna llorosas de soledad y códigos de barra y cocidos enlatados y precios inflados del dolor y números y horas y sol y frío y todo seco sin llover ni en metáfora y conduciendo desganado allí en la madrugada de Madrid y nos vio allí y sin imaginación sólo se acordaba de la puta de por la noche y son mil quinientas pesetas. Seiscientas creo por culpa de las maletas de las comidas de allí en La Malagueta del impuesto de la aduana por pasar comidas enlatadas y cosas pasadas de fecha y fabadas asturianas y una botella de Cartojal como preludio a la feria que nos espera allí removiéndolo todo calle a calle la noria dando vueltas y más muerta en medio de las tripas de la alcaldesa y el cerebro derretido por el calor los sudores y la mierda de caballo todo eso mil quinientas pesetas por comer comida de la enlatada pasada de fecha y fabricada como garbanzos en plástico que juegan al mus tomando té de manzanas. A Eva le encanta la feria. Pero lo que más le gusta es leer. Ella en sí dice que es literatura. Y que le pone a cien a pesar de llegar siempre la última a todas partes en medio de su cansancio quizá porque sabe que las últimas serán las primeras como sus pezones en Saint Lary allí en medio de cincuenta senderistas y bastones de apoyo a la tontería. Por fin me enamoré del todo. Aquellos dos pezones bien erguidos ahora en una camiseta blanca aún más fina y aún más sudada y sin corazoncitos ni nada me hicieron subir hasta Neouville y allí arriba entre los lagos y el frío y el culo tan precioso de Eva se me olvidó todo y me hice algunas fotos. Y en mitad de mi cansancio y mi poca gana recibo un ánimo de Eva y por un momento imagino que se acuerda de nuestros sueños en el autobús Casado. Ella dice no sé qué de literatura y le sobrevuela un quebrantahuesos con un bastón y le regala una melodía en su acordeón. Ella le da las gracias y le dedica un beso que no existe. El quebrantahuesos le dice que es senderista y que le gusta mucho El Perfume y que es una especie de Jean Baptiste pero senderista y a pie. Ella le comenta claramente lo que le pone a cien y lo que no y sus libros preferidos y los que se ha traído y que está muy cansada y que le comienza a molestar el tejidito de su entrepierna que hace que aquella pequeña prenda que esconde su más preciado tesoro no sea una faldita. Entonces el quebrantahuesos esconde sus alas y decide acompañar a esta joven senderista en ciernes que más bien sedentarista lectora de coñac y soledad y melodías de pianola. Yo sigo aún más cansado. Ya no siento nada sólo el avanzar del paisaje y los sudores de los pezones erguidos por el frío imagino de Eva que queda atrás hablando con el quebrantahuesos y su macutillo colgado a la espalda para que su camiseta blanca estire aún más. Y ya en el primer lago comienza a desnudarse por la parte de los pies y que le han salido ampollas o no sé qué y que no sigue y que está muerta y que eso no es literatura. Y yo continúo al segundo lago y Eva allí rodeada de fauna de toda clase tirada allí con sus pies desnudos. Y regresamos y Eva como si nada recolgada al pájaro. El pájaro ya no canta. Yo comencé a llorarme a mí mismo como siempre y fue cuando intenté dormir sin conseguirlo. Curiosamente Eva está al lado mía. Duerme al lado mía. Al lado de la cuatrocientos tres. Y me asomo por la ventana y me la veo allí tirada otra vez ahora en la cama podríamos decir vestida de rojo por decir algo y acariciándose su tesoro más preciado. Al fondo de la escena el quebrantahuesos ya sin alas ni nada y muy lloroso. Y sus dos amigas flanqueando la puerta de entrada morenas y delgadas con poco pecho pero muy amigas de Eva y de la literatura. Y suena el móvil de Eva. Y es un amigo de la infancia que le comenta que por fin se decidió a visitar Saint Lary. Ella se pone muy contenta y le invita a encontrarse con él en la feria y a beber Cartojal hasta mojarlo todo de sexo todo esto de vuelta a los apartamentos en mitad de los cincuenta senderistas que no apartan la mirada de los pechos de Eva. Se despide y allí tirada en la cama podríamos decir vestida de rojo por decir algo y acariciándose su tesoro más preciado comenta a su amigo el quebrantahuesos que es valenciana y que a ver cuando se anima a tomar una paella. El quebrantahuesos llora y camina su breve sendero hasta la habitación y lee por quemar el tiempo a falta de otra cosa. No vi más por la ventana porque apagaron las luces pero imagino que las tres comenzaron a conocerse mejor si cabe en aquella pequeña habitación tan oscura que envolvía aquellos tres cuerpos de mujer. Al amanecer se van todos a seguir caminando y Eva y yo estamos muy cansados y nos quedamos en los apartamentos contando nubes por la ventana entre el sol y la lluvia. Y se cruzan las miradas y decidimos bajar a tomar algo y a subirnos al teleférico. Eva dice que está cansada de paellas y que los Pirineos son muy fríos. Yo decido callar para no meter la pata y ella sigue hablando. Dice que es una deportista frustrada porque le gusta demasiado el sexo pero suave y sin brusquedades y que es mimosa y que le regale un beso. Yo me apropio de su lengua y al final del beso me lee un pequeño librito de viajes que está escribiendo porque Eva ha viajado mucho. Eva es compositora y allí donde va tocan sus músicas que más que músicas son poemas y claro los músicos no la reconocen. Y que se vino a Saint Lary a buscar tranquilidad y algún amigo que pueda entenderla y que está algo triste por la caminata y las ampollas que le han salido en el pie y que se quiere apropiar de mi lengua. Y se la queda. Y ya en el teleférico le pregunto por Lisboa. Y se pone a llorar. Y me cuenta que se enamoró de una flautista no sabe por qué y que apunto de acompañarla al estreno de una pieza allí conmemorando la exposición universal quedó sola tomando coñac en un bar de Valencia donde tocan jazz para las gentes así como ella que se acompañan de la soledad. Yo le sequé las lágrimas mientras le comentaba que yo de chico tuve una novia que se llamaba Eva que era vecina mía y que la compartí con otro vecino mío y que no me importaría repetir aunque ya no tuviera siete años como entonces pero que me gustaba mucho como sonaba su nombre. Y ya en la cuatrocientos cuatro y con la luz apagada comenzamos a hablar de verdad y a olvidar nuestro pequeño viejo código de roces inventado en mitad de los sueños de colores del autobús Casado que nos envió a Madrid por culpa del Ayuntamiento y sin previo aviso. Los demás días de aquel extraño viaje Eva y yo compartimos nuestra soledad un día en una habitación y otro día en otra mientras nuestro rebaño acompañante caminaba por los Pirineos franceses y disfrutaba de la naturaleza haciendo fotos y grabando vídeos. Lo único que nunca comprendí es que de vuelta a Málaga ya en Madrid volví a ver a Eva pero infantil. Otra vez con su pijerío y su consola y su móvil que no suena ni nada. Y su insistente tesis sobre mí y sobre mis maneras. Y al fondo una melena estúpida y llorosa que esconde las alas porque no ha conseguido la foto que quería. Por favor no soporto el hilo musical.

Anestesia

Nuestra profunda preocupación a lo largo más o menos de toda nuestra vida fue la de poder llegar a multiplicar nuestra personalidad al menos hasta diez sin llegar a confusión para poder así organizar fiestas grandes o más o menos grandiosas en la casa vacía de mi amigo sin necesitar a nadie y sin nadie que nos moleste y así disfrutar de una muchedumbre a pesar de la realidad y anunciarlo en el periódico con una foto así en blanco y negro y como una especie de entrevista más o menos breve porque claro. Claro, uno de nosotros tendría que subir al veinticuatro horas para comprar las veinte botellas de vino para la fiesta, diez para mi amigo y sus otras personalidades, y diez para yo y los demás. Y claro, como no nos decidíamos, los veinte fumando lentamente hacia la gasolinera, cuando me acordé de la carne. Y es que claro, veinte kilos de cordero porque claro. Y allí ya mezclando el humo del cordero con el de los tabacos, porque cada uno fuma una marca distinta, y en medio de dos contradicciones que se multiplicaban por diez los sábados, por entretenerse, porque no les gusta el centro más que a dos de los veinte y claro, otros dos que son así más o menos obsesos que les dio por llamar a una puta ya hartos de cordero y vino, porque dos no beben alcohol, y claro, un par de botellas de vino que no quería nadie que había que aprovechar mientras llamaban o no a la puta. Y la llamaron. Y se presentó allí. Una enorme rubia que decía era capaz de multiplicarse por cuarenta. Total, que hicimos una cola que bajaba hasta las escaleras de la calle, y claro, una cola de veinte taxis que creían clientes allí fumando claro, hasta que la rubia no pudo más y reventó. Los veinte todos a dos nos pusimos muy nerviosos y todos los invitados recogieron sus cosas y se fueron dejándolo todo perdido. Entonces mi amigo y yo nos pusimos a fregar mientras la enorme rubia terminaba de desangrarse en la bañera. Vino la policía y claro, aunque eran veinte todos decían lo mismo, que teníamos que ir a declarar y claro. Nos volvimos a multiplicar yo y mi amigo porque claro, nos parecía divertido, y a ver si nos librábamos del asunto de alguna manera y claro. Total, que vinieron dos furgonetas y nos esposaron a todos y nos metieron a patadas ya sin fumar ni nada y todos bastante tristes y claro, ya no éramos veinte, yo diría que unos doscientos pero maquillados en el aire de modo que el que conducía no se enteraba de nada, y el que contaba chistes que también conducía tampoco, mientras sus diecinueve compañeros que vestían como él y pesaban lo mismo reían a carcajadas más o menos buscando la consonancia con la sirena de la policía local nocturna nueva que ha puesto el ayuntamiento para controlar las pasiones posibles en la juventud mientras la rubia seguía sangrando en el maletero.

Cuarteto

METAMORFOSIS O PEQUEÑO ÁLBUM DE FOTOS
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NADINE

Siempre me gustó Nadine. Es como la nada en pequeñito. Y es que a Nadine le repateaba el hígado que le recordaran lo precioso que eran sus ojos azules. Es por esto que yo preferí escribirle una operita entre mis vísceras, porque Nadine me irradiaba tanto respeto, que fijarme en sus ojos me parecía una especie de injuria. Nadine era mala, muy mala. Era deportista, y entre carrera y carrera, respiraba por la flauta produciendo canciones muy bonitas que a mí, a pesar de no haberlas oído nunca, me ponían muy sensible. Me las inventé. Y es por esto que yo escribía música. Me inventaba las melodías de Nadine, por lo que mis partituras gozaron siempre de mucho respeto, algo que nunca percibí en mi empeño en no demostrar lo diferente que yo era a todo. Y vamos, que mucho respeto. Y mucho amor. Y todos medio idos escuchando mi canción. Y entre el público, Nadine. Y entre aplausos, se levanta emocionada incapaz de creer que esa música realmente la produjo ella. Y yo, colador de la belleza, entre cerveza; y entre amigos, me pregunto el apellido de Nadine, y luego se lo pregunto a ella. Y me aburro y le ofrezco un beso, y entre la confusión, sigo sin saber su apellido, porque a nadie le importa. Y ahora Nadine duerme, porque ella siempre está despierta. Y ahora juega. Y ahora a Austria. Madrid. Marbella. Y yo aquí, escuchando Supertramp. Y era lo único que me acercaba su cuerpo. Y Nadine decide olvidar a este pequeño loco, a este pequeño fallo de la sociedad. Y a ratos, decido olvidarme de Nadine. Y me olvido. Y suena el teléfono. Y es Nadine para felicitarme el cumpleaños. Y yo, medio mudo, medio ido, y medio extasiado. Y ahora la llamo, y no. Y otra vez no. Y otra vez. Y en medio de esta negación rotunda un dedo gordo que asoma admirado. Y yo sigo escribiendo, y cada vez sé menos para qué. Pero no importaba. Yo seguía, mientras una ópera fermentaba mi sangre. Y ahora Nadine en Madrid enseñando a correr y respirar sin confundirse. Y yo aquí, enseñando cómo confundirse corriendo sin respirar. Y todo es un desastre. Y voy a Madrid para recibir un aliento, y llamo a Nadine para que lo fotografíe. Pero Nadine está jugando y es imposible. Y ya aquí suena el teléfono. Y es Nadine, que se me confunde con Aída, que está de fondo. Y yo que soy un rey, aunque no mago, la llamo, y ahora aquí, tomando un café. Y los dos, preguntándonos por qué, y por qué, y a dónde vamos por esta vía que no conduce a ningún sitio. Y sin partituras ni nada. Y a dónde. No sé. Pero está rico.

7.1.99
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¡Qué gran verdad!
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La metamorfosis, una transformación dolorosa. Es un dolor tan inmenso que llegas a pensar que nunca acabará.
Te vas transformando poco a poco pero no físicamente sino psicológicamente y te duele bastante la cabeza. Es como si vieras con otros ojos, como si vieras de otra manera. Te miras al espejo pero ese que se ve no eres tú. Piensas, ¿me estoy volviendo loco? o sino ¿Qué me esta pasando? No puedo comprenderlo yo estaba perfectamente y de repente…
Te vuelve a doler, es un dolor intenso que no puedes soportar y que de vez en cuando se calma, pero ese dolor vuelve a doler y cada vez más y más fuerte. La metamorfosis es algo de la mente, si luchas contra ella no te pasará nada, pero ¿Cómo debes hacerlo? ¿Cómo puedes vencer esa batalla? Quizás, debas empezar a pensar en otras cosas, a cambiar de tema. Pero tanto nerviosismo te impide pensar en otra cosa y entonces tratas de dejar la mente en blanco pero tampoco puedes. Ese dolor, esa sensación te invaden de tal manera que no lo puedes remediar.

María Nicolau
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CUARTETO
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«El sueño es el estado creativo más sincero»
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I. ALLEGRO

Cinco por ocho. Para que veas que no es como tú creías, que eres insípida como los demás. Tu acento es como del siglo dieciocho; para eso, mejor hubieras callado, en estos dos siglos no entendiste nada, si algo había que entender. Los siglos son etapas de un conservatorio, donde la gente se conserva como fetos sin solución en probetas mugrientas que lanzan globitos de desesperación. Sí, tú perteneces a esa estirpe; y a la otra, la de los Mégane limpitos rellenos de gasolina con música. Sí, la de las tarjetitas de colores y saludos amables, donde una palabra fuera de tono es una sentencia de muerte hacia el prójimo desconocido (Amigos del infierno S. L.), que mañana tras varias mamadas sin venir a cuento puede o no solucionarte la vida. Pero no importa: sé feliz, pon cara de feliz en todas partes. Cuando sientas morirte: sonríe. Cuando veas que te pisotean: sonríe. Cuando te sientas una mierda: sonríe. En caso de que fueses una mierda, que lo eres, no te preocupes, lo que importa es el interior (pero tú sonríe).

X: Mi conservatorio es del siglo dieciocho. Sé que no es muy actual, pero no importa (sonríe). Soy feliz porque en la Sala de Audiciones (cárcel con música), escucho lo que quiero (Haydn), sin tener que darle explicaciones a nadie. Aunque el otro día tuve una pequeña discusión con un compañero amigo. Le propuse escuchar la Sinfonía de los Juguetes de Haydn que es PRECIOSA cuando ofuscado me rompió los dientes contra la ventana y me ofreció la posibilidad de escuchar Le Mystère de la Sainte Trinité de Messiaen. Tras probar un poquito me di cuenta que me aburría, que sentía igual que una piedra ante esa maravilla. Soy paralítico interiormente.

Yo soy el «compañero amigo». En estos dos siglos no entendiste nada, si algo había que entender (yo no entiendo). Además entiendo que tu entorno te agobie y todas esas cosas, pero yo necesito un café, y si tú no me lo ofreces yo no me lo voy a tomar. Y así una y otra vez, repitiendo, crescendo, accellerando, rompiendo, agonizando, triste, monótono, gris, muere música… mátala piano, mátala, piano, piano, pianíssimo…

Cuatro por cuatro. Ritardando. El cello agoniza porque yo quiero; porque ahora soy un violoncello que gime en forma de dolor, lanza cuchillos en forma de cuerdas, colas de caballo muerto (él tampoco entendía, igual que tú, ¿me pones un café?). Yo. Yo. Yo. Yo. Cuatro figuras en un compás. Aburrido. Troceemos los silencios hasta conseguir música de la nada. Y tú serás musa de nada.

Si tan bonito te parece, ponme un café, y un poco de caballo que sobró de ayer (ayer no existía el cinco por ocho, ya lo sé tonta). Lourdes no me puso un café y no tuve más remedio que ofrecerle un viaje a su lugar de origen. Ahora que no sientes nada danzaremos un valsesito bailador. Sí cariño, un tres por ocho, tu época.

He adelgazado. Soy un violín alterado incorrectamente. Pero no me importa. En el siglo veinte la armadura no vale. Las alteraciones van ocurriendo sin cesar aquí. Allí me gustaría saber cómo suena. Creo que mejor que donde las alteraciones no se toman en cuenta.

Sé que os confundo, por eso mis coincidencias con cualquier loco son premeditadas. Por ejemplo, aquel vomitador de palabras de cuyo nombre me acuerdo, Rafael Campos, me dijo un día que Todo el Nublado entró por la ventana. Yo le dije que no importaba, que yo mientras pudiera seguir observando el Vuelo de Albatros, todo lo demás no importaba. No importaba ni yo. Ahora entiendo qué me quiso decir. Munch pintó El Grito por algún motivo que desconocía pero que se atrevía adivinar. A esta teoría de mi amigo Fali se unieron Cocteau, Stravinsky, y Dalí, que desde la tumba gritaban un tango de Piazzolla, con lo que entendí todo. Antes era distinto, al vino le preocupó el precio antes que a mí. Stacato. Polirritmias premeditadas. Para que veas que no es como tú creías, que tú también eres insípida como las demás. Calla. Estos dos siglos son compases de espera. Ponme un café. Y así… Mátala piano, mátala…

La belleza es extrapolable a todas, así que el amor es un invento de un tal Valentín que cada catorce de febrero viene a reventarnos las pelotas a más de uno. Espero que todo salga bien sin dejar de tomar café; Vocalise suena como para enamorarse de una partitura de Rachmaninov (la belleza es extrapolable). Historia de un Tango (Ché): en esta pieza el amor es lo último. Si usted busca amor, lea el periódico; el amor es a Valentín lo que el mundo de las ideas a Platón (concatenaciones, desgracias), así que dejémonos de tonterías e improvisemos un tango, un invento que Piazzolla desmontó para poder utilizarlo (ataques cerebrales). Ya no sé qué pensar de ti; no sé si pensar, no pienso. Nada (Lourdes). Lourdes (nada). Y viceversa.

A Picasso seguro que nunca le importó el toro. Sin embargo lo pintó. Igual que la paloma. Picasso quería follar. Pero como todo el tiempo era imposible, tuvo que pintar entre polvo y polvo. Pero la paloma también se sintió artista, y el toro, así que se pusieron a joder allí donde pudieron encharcando de pintura los lienzos del artista malacitano («ole»). Si a Picasso le hubiese importado el toro, Picasso no hubiese pintado. Prefirió joder él antes que el minotauro, y yo hubiese hecho lo mismo en su lugar. Mejor pensar en mí. Ahora siento cómo Glass me enfría el cerebro con un pueblo entero de música que se asienta en mi cabeza. No entiendo porqué la distancia es como para caer bien al de allí. Por ejemplo: tres mexicanos conocen a unos malagueños en Madrid (España). Automáticamente se crea un lazo de amistad tan grande que ahoga a todos los tripulantes del barco. Es absurdo pero siempre pasa así. Que si un caldito por aquí, que si unos nachetes por allá, que si Nicole, que si…
(Nicole: extrapolable)
Nicole era alemana. Mi lazo no fue tan grande como lo que sentí entre las piernas de aquella mujer, que no entendió un carajo de lo que yo decía y en venganza me dedicó en alemán. Siempre la recordaré entre patatas fritas (al horno), con alguna salsa mexicana (guacamole por ejemplo). No. No. No estoy para jueguecitos de motos; ni para nazarenos. Aunque por el momento, por una módica cifra igual hasta acepto el papel. Nunca fui actor, pero no importa. Es hora de empezar.

Me preocupas. Me preocupa verte penoso. Me das asco, pero no puedo evitar apreciarte; mi apego a todo lo muerto me asusta. Sí, ya sé que intentas hablarme por el trombón pero es inútil. Eres mudo por dentro. Por muchos instrumentos que te lleves a la boca, nunca podrás comunicarte con nadie. Conmigo sí. Yo te entiendo (pobre). No. No intentes moverte, o te romperás. Sólo puedes dormir entre tus mocos pegajosos. A veces creerás que son triunfos o metas, pero no. Son mocos disfrazados de titulados «amistosos» que te dirán lo mal que lo haces (realidad) por tu bien (siglo dieciocho). Ahora comprendo tu mal estado. Me recuerdas a una cáscara de naranja con bichitos. Esos bichitos son los que te ponen mal sin darte cuenta. Espero que algún día puedas hacerte el loco como yo. A mí no me hace falta hacer piruetas por orden para incluirme en la olla. Yo estoy aquí haciendo lo que me da la gana; nunca sufriré La soledad de un Garbanzo que tú padeces; siempre viviré como quiera, sin que nadie me guíe «por el buen camino». Y, ahora te dejo que tengo que hacer. Espero verte mejor pronto y poder invitarte a tomar un buen trozo de caballo en mi casa de campo. Ya sabes que te aprecio.
(Pobre inútil. Desgraciado. Me recuerdas al «maestro de las corcheas» (clarinetista interino. Vocación: cobrar becas. Aficiones: morirse). Sólo espero que cuando crezcas mates a todos los bichitos a trombonazos, que sepas utilizar la sordina, y cantar, cantar al diablo, que es el único bueno en esta película. El atril está a punto de reventar con tanta mierda. Dejad de organizar concursos estúpidos y enviad el dinero).

– Espero que no te aburras con mis danzas nazarenas
– No que va
– ¿Te gustó entonces?
– Bueno…
– ¿Sí?
– Es mejor que las demás
– Espero ganar el concurso
– Seguro.

Deus Meus
Preludio al Ocaso
Flores Muertas
¿Jesús Cautivo?

A veces no me entiendo. Eso me dijo Lourdes. Que no me entendía. Ella era muy clara. Al menos eso decía ella. Siempre escribí sin planteamientos pesados. Mi peso es suficiente para cansarme. Ahora quiero comer y dormir con mi pueblo cerebral. Si pienso mucho, termino por no pensar, como todo titulado.

Sí, ya sé que mi amigo X no es mi amigo. Pero no me importa, todavía puedo hablar con Lourdes, que aunque muerta, dice más que muchos. Quizá debí esperar un ratito, igual me ponía el café hirviendo, como a mí me gusta. Pero no tuve paciencia, como no la tuve con el caballo. Debía probar aquella carne al igual que la Suite Nº 4 de Bach, y no me quedaba ningún arco vivo. Así que tuve que quitarle la vida al animal. Así, volvería a tener otro arco muerto (minimalismo). El cello sigue gimiendo de dolor, como un caballo agonizando (X). Sí, ya sé que mi amigo X no es un caballo, pero toca el trombón casi igual; la carne está buenísima. Algún día la probarás. Quizá cuando Las Señoritas de Avignon salgan de un cuadro a follarte. Porque todo es follable para Picasso. Cubismo, surrealismo, expresionismo, nublismo, patetismo, -ismo, -ismo, -ismo… Sólo creo que aquí el gerente es un bichito de aquella cáscara de naranja. Precisamente aquí. La cuna del genio («ole»). Picasso vomitaría, dejaría de follar, y moriría si se hubiese quedado aquí. La culpa la tendría el gerente, y tú no hubieras podido probar mi carne de caballo al horno, porque te empecinaste en follar los personajes de un cuadro inexistente. Si es que a ti te pasa algo; lo sé; se te ve en los ojos. Necesitas… si no, no hay música.

Tonos enteros. Trozos enteros de carne que con el humo nos comunica que debemos comerla. Al horno, con patatas fritas, así podré recordar a Nicole (Nicole…). Ahora escucho a Cortázar en una cinta, interpretando unas gotas de agua en una ventana que me recuerdan a Lourdes. Después de mi tradicional visita al burdel de costumbre, un teléfono me sirvió para enamorarme otra vez de ti. Naturalmente, no entendiste nada (si algo había que entender). Hubierais hecho una buena pareja. Sois tan parecidos… Tú en Austria, y él intentando interpretar una gallarda a trombonazo limpio. Lourdes estaba hecha a tu medida, lo sé. Pero no me ofreció un café, espero que lo entiendas (yo no entiendo), aunque creo que mejor acercarnos al bar a tomar alguna copa y dejar de hablar, coger cerillas y gastarlas como días para encender algo que está muerto como tú. Mejor no hablar. No entiendo tu música. No tienes música. No . No hablo con cirios malacitanos, hablo contigo. Inerte, inerte. Me gusta tu nada. Me recuerda a mis musas (Lourdes, etc…). Responde…

A lo mejor estás muerto y no te has dado cuenta. Yo creo que sí, te hablo con el corazón en la mano. A lo mejor crees que sosteniéndome en la mano estás obrando bien, y no. Estás empeorando tu situación absurda hasta tal punto que puede que me recuerdes a Valentín y te ofrezca un viaje. Un PRECIOSO viaje donde morirás a gusto y limpio. Naturalmente, no te acompañarán tus amigos (Infierno S. L. ), en el Mégane a modo de trono, pero ALLÍ encontrarás gente estupenda, sin alteraciones accidentales. Verás a una bellísima mujer con dinero y tonterías que una vez viajó a Austria y se lo dijo a todos sus amigos (hasta los que no lo eran). También podrás montar a caballo (muerto) y tocar el trombón junto a un virtuoso de la nada; un minimalista entre gerentes sonrientes que junto a alguna sociedad (Amigos del Infierno) patrocinan la Semana Santa con un cuadro de Picasso. Yo también estoy en la cuna («ole»). Deja de sostenerme. Eres como los demás. ¿No te das cuenta? Tú también estás muerto/a, se te ve en los ojos.

Sé que os confundo, pero hablo en una dirección extrapolable a todo aquello que está muerto. Ahora lo siento pero debo encender otra cerilla.
Creo que tú hubieras sido una estupenda protagonista para mi ópera.

Close my eyes
Take deep breath
My memories slash

You and I, sweat and sweat
Keeeen… keeen… slowmotion
In my ears… endless echoes
color… empty… colors

Sitting still, listening still
Flowing, wrapped within
Something happens

He is coming. So beautiful
So I can do it well
I´m waiting on the beach

Soon I awake
Thirst and sigh
Dazzling and grow dizzy
Pain… shine

I lick… I gnaw… I devour

Y no volviste a ofrecerme un café (otra cerveza). Esta copa es muy bonita. Es verde. Como la luz que ilumina la vida de un taxista que apagamos cuando entramos en su territorio a sentirnos dueños del volante sin saber conducir. En fin… todo es… una mierda…

Cuando te cansaste de hablar caíste muerto. Dejabas caer de tu boca tu lava interior cansado de una vida falsa en la que tú nunca pudiste escribir tus páginas, tu verdadera música. Ahora suena el violoncello sólo, rozando levemente las cuerdas con la cola de tu caballo. Esto es muy triste. Suena que me rompo por dentro. Me recuerda a los días en los que tú estabas enamorado de aquella cantante de coplas. Naturalmente, tu música no fue suficiente, tú no eras suficiente. Luego con tu orquesta en el Onda Passadena Jazz Club, años veinte, whisky, fin de semana, sueños-vómito… y así mueres un día, y otro, como la cerilla, despiertas muerto en este vertedero de basura donde las cáscaras de naranja son el alimento de unos bichitos miserables. Te gustaría ser bichito. O cáscara de naranja. Cualquier cosa menos lo que eres. Espero que entres por la puerta equivocada, de lo contrario, volveremos a ser cuatro ALLÍ. Ahora la viola llora, se rompe sola entre pizzicatos que son gotas de agua, lágrimas de un Cortázar triste de ver cómo muere lo que él creyó que nunca moría. Aplastamiento de las Gotas en su interior ante un paralítico, una pija, y… un cronopio que se volvió loco después de matar a lo que más quería en este «mundo», su caballo y su mujer. Quizá pienses que soy Picasso, a lo mejor llevas razón, pero si lo fuese no estaría aquí contigo, estaría follando, o pintando tal vez. Quizá soy un toro rebelde, harto de la puta plaza; o una paloma defensora de la guerra; o un cuadro en el que toro y paloma hacen lo que un tal Valentín inventó para engañar a Piazzolla. Tal vez sea Rachmaninov, o Munch… o incluso Messiaen y a lo mejor quiero romperte los dientes contra una ventana. Pero no, yo también me siento mal. A mí me tocó ser lo que fui, aunque nunca quise serlo. Hubiese preferido tener el valor de Stravinsky, ya que las notas estaban ahí… pero no. Me conformé con ciento cuatro sinfonías en las que no dije nada, que yo quisiera decir.
(suenan cornetas y tambores)

– Bach tampoco era católico
– Ya Mario; pero a él no le confundían con un pianista paellero. Y pum.

Lourdes me llamó. La música es extrapolable. También Narciso nos enseña a escribir, a respirar… en definitiva, a comportarnos como personas de una élite a la que no pertenecemos pero que podemos llegar a aparentar. No te preocupes. Con la muerte te darás cuenta de lo falso que has sido toda tu vida. No te empecines en incluirte en la olla, o estás podrido.

– ¿Ganaste con tu danza nazarena torito?
– Sí
– Silvestrillo…
– Los misereres del fin del mundo me parecen una mentira literaria
– Sí… pero es bueno obtener información, si no, serás un provinciano como Glass, un mozo rural, un urbanita…
– Prefiero contaminarme acompañado, que sanar en soledad…
– Sí. Es bueno ganar dinero aquí y allí, y luego saber olvidarte del papel de motorista.
– Yo ahora tengo un capirote
– Bueno… lo que sea… cualquier disfraz vale en este carnaval animalesco.

Cuando Miguel paró de hacer chistes no supe más de él. Supongo que seguirá comiendo naranjas. Él es el ejemplo, una flauta que se queja orgullosa, pero que se queja en definitiva… todo es un miserable intento de aparentar qué, con lo diferentes que somos cada uno y lo iguales que nos hacen los anuncios. Como si a todos nos gustaran los bollycaos… Yo personalmente, prefiero un buen trozo de caballo en mi casa de campo, después un buen café preparado por alguna musa cercana, y un polvito, que eso relaja mucho; después un cigarrillo escuchando cualquier música que me agrade, y dormir. A mí nunca me gustó el fútbol.

– A mí tampoco. Pero como todos aplaudían esta música, yo seguí danzando
– Quizá Stravinsky tampoco hizo lo que quiso…todo es mentira, la ilusión de Picasso fue ingresar en un convento de monjas
– Yo no quiero vivir en apariencia, quiero VIVIR, y que todos vivan conmigo… ¡Dejad de interpretar!

Todo esto no es más que socio-cultura. A nadie le apetece el papel de burro. Pues bien; los burros son los que más follan y los que más cultura tienen, radicales de mierda, cultos de pacotilla, cirios malacitanos, muertos de todo el «mundo», de todas las épocas… ¡Que os jodan si acaso no somos todos los mejores actores en la película del diablo! Ya no sirven todas esas mierdas de la música, y «la otra música», ni la nueva manera de «hacer literatura», ni la bohemia de imbéciles perdidos, ni la vanguardia, ni la prosa, la sonata, o la comparsa de carnaval, para compensar la «mucha cultura» con el «pueblo de burros», que se creen portadores de un «no sé qué especial» y escriben o leen música o literatura, el caso es hacer el imbécil en contra de todo… claro que si todo es esta mierda que nos rodea, prefiero quitarme la vida…

Cuando te cansaste de hablar te tiraste por la ventana de un cuarto piso (sin ascensor). Al otro día, los periódicos abarrotaron sus páginas con semblanzas a tu persona (muerta). La Agrupación de Cofradías te impuso la medalla de oro (muerta) y tu familia lloró lágrimas que no eran precisamente las de Cortázar. Estás muerto, y eso produce un síntoma de bondad divertidísimo, por eso todos lloran. Ahora eres incapaz de hacer algo malo (estás muerto joder), por eso eres bueno (no te queda otro remedio) y la gente llora: ¡Que resucite y vuelva a ser todo lo cabrón que era en vida!

Tu danza nazarena llegó a tocar fondo. Y la Sociedad General de Autores aún no te pagó el mayor espectáculo de tu vida. Yo en tu honor me preparé un mate y volví a pasear. Después de veinte minutos andando, volví a prepararme otro mate. Luego toqué el piano y fue entonces cuando intenté retroceder en el tiempo sin llegar a conseguirlo. Todos mis esfuerzos fueron inútiles. Yo también estaba enfermo, aunque a diferencia de Mario, yo no lo ocultaba. Mi enfermedad involuntaria me la produjo todo aquello que era externo a mí. El mate ya no era buena cura, la música se convirtió en cianuro para mi estómago… y las lecturas me parecían un modo más de apariencia… No sé ni cómo llegué hasta aquí. Quizá sea yo el que deba dirigir este cuarteto, su complejidad no está en las notas, está dentro de las notas, por lo que, más que ensayos, deberíamos de hacer una excursión al psicoanalista a ver qué nos dice.

Al otro día Fluidito y los demás se fueron al psicoanalista, confundieron la puerta, y visitaron sin querer al psiquiatra. Todo fue muy campestre. Y pum. La tortilla de patatas, vinos, y paella recalentada por un pianista cronopio (de Cronos), estaban de muerte. Después Lourdes nos deleitó con un pecaminoso destape que indujo a una amiga suya a hacerle el amor. El espectáculo era embelesador. Aquellos labios hicieron de unos amorosos roces la percusión más húmeda y bella jamás interpretada. Cuatro labios que confunden lo inferior de lo superior y juegan a hacer música y a demostrar que se está vivo. A la tarde, la orgía se hizo general, y el psiquiatra nos regaló entradas para una charla-coloquio sobre El narcisismo en el Cine Fantástico o la Cultura del Un, Dos, tres.

– Vos sos otro tarado de distinta naturaleza; minimalista tal vez,
no sé… prefiero el mate…

Cuando te fuiste a Londres, Miguel me invitó a ciruelas y charla radical antiurbanita. Yo acepté, y lo que en un principio parecía divertido, se volvió triste al final. La agonía de aquel intento de cronopio desnaturalizado por la naturaleza, me parecía recordar la vejez de alguien cercano a mí. Quizá mi amigo el compositor, que una vez se atrevió a escribir las memorias de un cuarteto mitad fantasía, mitad realidad, en el que no había notas, sino palabras, donde se cita mi teoría sobre El Grito de Munch, que comparten algunos muertos de lo contrario. Aquel intento de cronopio estaba casi terminado. Sólo que un día mató a lo que más quería en este mundo, se suicidó, con tal de molestar a la Agrupación de cofradías, ya que no lo consiguió ni haciendo sonar de forma bufonesca una de las melodías scherzantes de una de las películas de Fellini, al que algún narciso tachó de fascista (yo no entiendo). Anteriormente ya resultó para la mayoría divertida la interpretación a modo de jazz de la marcha fúnebre de Chopin. Sólo unos pocos creyeron ver lo evidente, pero ante su corta personalidad, callaron, y se disculparon más tarde por sus malos pensamientos. Mis ojos detrás del escenario no daban crédito a lo que estaban viendo. Aquel pianista estaba utilizando a un teatro entero, haciendo preguntas constantemente al público sobre lo que estaba pasando, y nadie podía adivinar a través de aquella música. Pero todos aplaudieron, nadie lanzó el tomate que el pianista pidió a gritos, quien desconsolado bajó la tapa del piano, observando que en el teatro entero, no había nadie que le superara su osadía.

Y así… Mátala piano, mátala…

Y el piano dejó de sonar para escuchar cómo caían los cuajarones de las vísceras de su amada por el pasillo de la entrada.
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II. ANDANTE

Ya no queda nada. Los ángeles se han cansado de vomitar. Verónica se fue a Londres, a ver qué tal está la soledad. Porque Londres es su cuarto vacío lleno de lágrimas patéticas colgando en las paredes que la encierran en su habitación absurda. Rossler se desvaneció, el cantante calvo dejó de cantar para dar paso a la soledad. Los ángeles ya se han cansado. Y Verónica sigue ahogándose en mate buscando el estado en el que todo el nublado suene a Barber, a silencio… parcelas de silencio, eso eres en mi pentagrama. Sigues en Londres, en Austria, da igual. Los ángeles se quedaron sin vómitos. Lo que continúa es la sangre, tu sangre derramada por toda la ciudad vacía y llena a la vez. Tú también estás enferma, aguantaste demasiado a Rossler, debiste quitarle la vida, nunca paró de cantar, sólo que ahora no está. Ahora canta a la tierra, a los gusanos, a la realidad que todo el mundo quiere disfrazar de Mary Poppins. Los ángeles se cansaron de escuchar los chistes de Miguel y la música de Rafael. Ahora sólo quedas tú, en medio de esta ciudad solitaria que no la llena ya ni un saxofón, ni siquiera una flauta. Londres paró su reloj, se cansó de su regalo de cumpleaños. Verónica también se cansó de escucharlo, de ese minimalismo que es el tiempo, parcelas de silencio. Calderón. Ya no queda nada. Ahora el público espera una respuesta a la pregunta que le hice, siempre es así. Algún día me cansaré de dar respuestas, cuando los ángeles se desvanezcan en un miserere que desde lejos se le escucha a Rossler. Pero no te incomodes Verónica, tú sigue tomando mate en tu soledad, o whisky en la compañía de Todos, como Lourdes. Hubierais hecho una buena pareja. Tú escuchando a Piazzolla, y ella masturbándose con alguna foto tuya. Y X a trombonazo limpio, que ahora retoma el miserere de Miguel después del calderón que los ángeles, utilizaron entre vómito y vómito. Entre polvo y polvo. Picasso respiró a pinceladas. Pintó el amor de Verónica y Lourdes. Y fue cuando el toro mató a la paloma y la plaza quedó en silencio. Y vuelve a sonar el reloj. Parcelas de ti en mi pentagrama… no sé. Quizá debas volver aquí para la Semana Santa, y reírte del Circo de las Moscas, o de Cervantes en un Teatro absurdo. Y viceversa. No sé.

El violoncello está llorando y nadie viene a socorrerlo. Éste solo puede durar días, años, puede ser infinito: el solo del miserere, la soledad de Verónica en Londres, del trombón, de la paloma muerta… La plaza es otro reloj, el toro baila su danza de la muerte dentro de sus últimos minutos. Igual que verónica. Picasso lo supo, pero prefirió joder él antes que el toro. A Verónica le gustó. Y ahora se siente sola, escuchando el miserere y los vómitos de los ángeles intentando hacer música a cuajarón limpio. Como si Lourdes estuviese ahí besando a su amiga para dar celos a Verónica. No; Mario está fuera de todo esto. Mario si que no tiene tiempo. Mario es eterno, como el cosmos de Miguel que Arvo pintó en el silencio de mi pentagrama. Arvo te pintó Lourdes. No fui yo. Yo sólo troceé el tiempo para adornar el silencio con sonidos, pero quien confundió tus labios con los de Verónica en sueños, fue Arvo. Él también está en Londres, grabando la nada. Eso le gusta a Miguel, el pico de la pirámide. Cortázar nunca intentó un nublado en silencio. A él siempre le gustó que el nublado se rompiese para sonar con su lluvia, el nublado que revienta para quejarse de toda esta mierda.

El violoncello también quiere reventar. Ahora la cola de tu caballo rompe las cuerdas con crudos stacatos que hacen que aquel intento de cronopio se vuelva a suicidar en su interior. Ha vuelto a matarse. Pero qué muerte tan dulce. No es como la sucesión de muertes de un clarinetista aficionado a lo profesional. Ese minimalismo es como la nada que grabó Arvo; el miserere de Miguel, la mentira para su cronopio. Ya no queda nada, sólo la cuerda con sordina que se lamenta por los caballos muertos, los ángeles muertos cansados de vomitar, Sonata para el Sueño de un Ángel, que despertará y bajará para comerse las vísceras de aquel clarinetista que creyó estar en una sala de cine vacía viendo Mary poppins, sin darse cuenta que la película terminó, o nunca empezó, y lo que ve mientras se atiborra de palomitas no es más que la película del diablo (el Titanic ahora es un barquito de papel), y no le quedará tiempo para rellenar de gasolina su Mégane limpito con música, ni para ver la porno… Ya está cantando a la tierra, a los gusanos, a la realidad, junto a Rossler, en un patético dúo clarinete-voz.

Los diablos sacan su trono a gritos de desesperación. El sepulcro en el infierno, lágrimas de fuego, se acabó el nublado e palomitas de maíz. Ahí tienes Semana Santa. Toca ahora el clarinete, a ver si puedes (se quema). Ya no suenas a Haydn. Por fin le verás significado a Messiaen. Ya no tendré que romperte los dientes con la ventana, ni te tendré que llevar de excursión a charlas-coloquio. Ahora verás cómo Haydn falseó todas sus páginas para su público sonriente. ¡Sonríe bastardo! ¡Pon cara de feliz en todas partes! ¡Revienta de felicidad!

Al otro día Fluidito y los demás fueron al funeral de un «compañero amigo» (maestro de las corcheas). Y pum. Después se fueron al campo a beber vino, y a disfrutar de otra pecaminosa orgía general capitaneada nuevamente por Lourdes y su amiga. Mientras tanto, Verónica sigue llorando en su habitación en Londres, intentando provocar alguna lluvia en su nublado interior. Verónica recuerda a Mario. Le dan ganas de ir a verle, pero su orgullo le dice que se vuelva a preparar otro mate. Ya habrá tiempo. Mario no tiene prisa; ahora está tomando una cerveza escuchando a un viejo amigo suyo que compone coplas para enamorar a una joven promesa. Y se aburre. Y vuelve a su casa, baja las persianas, y se tumba a escuchar un viejo disco de Chick Corea en trío, cuando le interrumpe un mosquito zumbón para ofrecerle un cigarrillo y una socio-charla. Naturalmente, como Chick no es ambicioso, no se antepone entre Mario y el mosquito, y espera al fin del coloquio para que le escuchen tocar (Mario baja el volumen). Pero no le escucharon; quedó sólo en la casa vacía, pues Mario salió a tomar el aire con el mosquito sin el menor remordimiento de haber dejado a Chick dando vueltas en aquel tocadiscos. Chick estaba triste. Ahora toca un blues. Mario no puso el disco porque tenía ganas de escucharlo, lo puso porque no tenía nada mejor que hacer. Y sigue la música. Y pum. Y ahora Verónica en Londres escucha atentamente el blues de Chick y llora. Y suena el teléfono. Y sigue llorando. El teléfono insiste (es Mario). Pero Verónica prefiere llorar en aquel blues de Chick, al que Mario no hizo ni caso.

Mario mata al mosquito, y decide bailar unos verdiales. Verónica no le comprende y decide llamarlo a su casa de campo para preguntarle qué pasó. Entonces Mario para la fiesta, y coge el teléfono. Al otro lado estaba Chick que llorando desconsolado interpretaba aquel blues como triste por lo ocurrido. Y a la vez Verónica también llora porque aquel blues está lleno de emotividad.

Ahora la primavera interrumpe el blues, que se vuelve bulería, y es ahora cuando todas las calles de Londres se inundan de gitanas que bailan como farotas una descomunal bulería, que hace que los oídos de Verónica se rompan, y se le rompa el corazón, y no tenga otra salida más que el avión a Málaga. Allí todo es más tranquilo en primavera.
(suenan cornetas y tambores)

Verónica visita a Lourdes que en ese momento está tomando chocolate con su amiga. Y después de los saludos, aquellos seis labios comienzan en el silencio las más bellas filigranas sonoras. Después de la visita, Mario recibe la llamada del director del cuarteto, que le avisa de que pronto comenzarán los ensayos del primer tiempo. Y pum. Y Verónica se pone muy contenta e invita a Lourdes a tomar mate a su casa. Como la amiga de Lourdes no sabe dónde vive Verónica, lleva como compañía a Mario, que ya en casa de Verónica se pone cerdo con las tres. Y pum.

Y comienzan los ensayos, aunque Fluidito, viendo el panorama de aquel cuarteto en el que Mario salía mejor parado que nadie, decide que mejor que un cuarteto, un quinteto, para hacer un buen reparto de bienes. Después de calentar, cada uno se coloca en su puesto y deciden afinar los instrumentos. Y se dan cuenta que todo está mal. Todo el nublado entró por la ventana y Fali no tuvo más remedio que llamarme para explicármelo. Mientras él me hablaba, mi cabeza reproducía El Grito de Munch, mientras la Primavera Porteña de Piazzolla, a modo de interferencia, interrumpía el cuadro. Todos estábamos muy preocupados. Así que no tuvimos más remedio que suspender el ensayo, porque la lluvia inundó nuestros cerebros.

Después del intento de invierno en medio de la primavera, paramos todos de llorar y nos fuimos a la playa. Y pum. Estaba vacía. Y decidimos que lo mejor era intentar ensayar allí, ya que las olas nos acompañaban muy bien. Pero ya nada era igual sin el zumbido de nuestro mosquito zumbón; sí, era molesto, pero ahora la música le echaba de menos. Todos nos pusimos melancólicos. Y Mario puso a Chick en una radio a pilas, que poco a poco moría, supongo por la tristeza. Mario ya no es el mismo. Mató a lo único que tenía en este «mundo», su zumbido y su música preferida. Nunca lo valoró hasta que se vio sólo. Y verónica lo acompaña en aquella triste procesión hasta llegar a su apartamento, donde aún quedan algunas botellas de Rioja. Y Verónica y Mario hacen el amor, quizá para no sentirse solos, para darse placer mutuamente. Pero no. Resulta de las escenas más patéticas de este movimiento. El violoncello se contradice con la viola y el público grita una interrogación. Como ya dije antes, me cansé de dar respuestas, así que Verónica se viste, coge sus cosas, y decide volver a la playa, donde comprueba que todos se han ido, y ella vuelve a estar con su soledad absurda. Y no lo soporta. Y se mete en el agua. Y va adentrándose hasta que deja de hacer pie, y comienza a gritar como si alguien pudiese escucharle en aquella playa desolada. Fali intentó dar explicación a Los Gritos de Verónica sin resultado alguno. Aquella desesperación no era lógica, y lo peor es que era contagiosa. Así que Fali decide ahogarse en uno de sus proyectos, que titula Todo el Nublado, y es entonces cuando Verónica para de gritar y entiende todo, ya que a lo lejos se escuchan los gritos de tres locos callejeros que aman profundamente a Piazzolla, y eso le provoca una nostalgia porteña que le hace llorar nuevamente, ahora por otros motivos más coherentes. Y pum. Y Mario se cansa del apartamento y vuelve a su casa de campo para resucitar a Chick en su equipo. Y ahora se escucha Windows que le recuerda a Nicole, y le entra hambre. Y come algo. Y pum. Y decide dormir hasta que el cuerpo aguante.

Y la pesadilla duró días. Escuchaba a Arvo en una sala de conciertos declarando su amor a Lourdes con una viola de gamba. Y Lourdes le dice desde la platea que no le queda café. Y Arvo decide interpretar su miserere con toda la orquesta. Y Lourdes llora, y enlaza sus lágrimas con las de Verónica haciendo el amor desenfrenadamente en los servicios del teatro. Y tú te incomodas y vuelves a tu casa de campo, y decides terminar con el caballo. Y comienzas a tocar la suite número cuatro de Bach, y Nicole llora en Alemania y se masturba frente a Las Señoritas de Avignon de Picasso. Entonces Lourdes vuelve y aparta el violoncello para subirse encima tuya y hacerte el amor. Y Nicole para de llorar. Y suena el teléfono. Y tú no lo coges (es Nicole). Y Nicole decide suicidarse en el microondas. Y muere reventada de calor, y despiertas nervioso para darte cuenta de que todo ha sido una pesadilla, y Lourdes está encima tuya para hacerte el amor como recibimiento a la realidad.

Estaba amaneciendo; y decidís salir fuera a tomar café, porque Lourdes está tan cansada de follar que no tiene fuerzas ni para hacer café como a ti te gusta. Y ya en la terraza os encontráis a Verónica que sigue llorando. Le contáis un chiste de Miguel sobre urbanitas y le levantáis el ánimo, y os vais a comer paella recalentada a tu casa. Y la lágrima de Verónica anuncia su salida que nunca se produjo por culpa de los mozos rurales de otra anécdota de Miguel.

– Sí, ponme un café ahora que se ha ido
– Ya estaba cansada de hablar
– Yo también.

Y volvisteis a la cama a recuperar fuerzas. Pero nunca despertasteis.

Quedasteis aplastados en el tiempo como el mosquito zumbón. Dormisteis en la muerte que os inundaba vuestro cerebro. Nunca pudisteis ensayar el primer movimiento. Vuestros instrumentos estaban en contra vuestra, en contra de la música muerta; el conservatorio lavó el cerebro al mundo entero y vuestra enfermedad involuntaria se tradujo en locura para todos. Ya no queda nada. Lo que continúa es la sangre derramada por toda vuestra ciudad vacía y llena a la vez. Calderón. Y vuelve a sonar el reloj muerto. Y el violoncello en el infinito. A Verónica le gustó. El violoncello quiere reventar. Ha vuelto a matarse. Ya no queda nada, sólo ángeles muertos cansados de vomitar. Los diablos sacan su trono a gritos de desesperación, el sepulcro del infierno, Le Mystère de la Sainte Trinité. Ya no. Y pum. Todo el nublado…
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III. ALLEGRETTO

Quiero ser músico militar. Un, dos. Y tener mi sueldecito. Un, dos. Quiero ser músico militar. Un, dos. Y escribir marchas de desfile. Un, dos. Quiero ser músico militar. Un, dos. Y tener mi sueldecito. Un, dos. Quiero ser músico militar. No quiero ser artista, ni padre de artista, ni escribir fluideces, y pum. Tampoco quiero mate, ni motos, ni capirotes; ni grotescomaquias invertidas, ni cerveza de la mala, paella recalentada, o viajes para-lelos. En definitiva, solo dejadme, un momento sólo conmigo, para poder mirarme y vomitar. Si fuese militar nada de esto ocurriría. No me sentiría Bajo Palio, o juguete de una Chica de Hoy en Día. Estaría todo el día marcando el paso sin saber por qué, y sin importarme lo más mínimo al mismo tiempo (suena la diana). Debo levantarme o vendrán con el agua fría a darme los buenos días, qué manía. Mi madre era más amorosa. Y en Alemania también. El día me recibía no con un buenos días; la alemana susurraba tras la puerta un good morning que sonaba como el café que pasea por tu garganta en la mañana. El día me recibía además con una bandeja llena de panes de distinta clase. Recuerdo que fueron los desayunos más largos de mi vida. Y qué ricas las salchichas. Y pum. Con mostaza que preparaba la señora de la casa para darnos gusto. Qué gusto. La cena era una continuación del desayuno. Y el agua con gas que por la noche te contaba chistes cuando triste te encontrabas; ahí, repuesta, siempre llena. Yo que siempre estuve acostumbrado al aljibe malagueño, aquellas burbujas me parecían como una fiesta a las tres de la tarde. Y pum.

Ahora me pongo mi uniforme y ordeno formar a los músicos a correazos. Un, dos. Y ahora mando yo. Y pum. Y a tocar Bajo la Bandera de la Paz. Y en paz. Y todos a almorzar (¡rompan filas!). Sí señor; en Alemania se comía divinamente. Claro que como yo dirijo la banda no como la misma mierda que los músicos. Yo como mierda refinada. Y tengo un gusto exquisito, aunque en Alemania se come mejor. Ahora el café vuelve al tobogán, se lanza, y pum, cuela dentro, y yo me siento militar. Bajo la Bandera de la Paz. Y en paz. Y pum. Un, dos. Y soy músico militar. Y en paz. Y pum. Y a desfilar. Y a correazos todo el mundo a caminar, que hoy me siento militar. Un, dos. Y en paz. Un, dos…

Hoy tengo convulsiones interiores. El nublado sigue empeorando mi situación. No sé. Quizá deba de tocar Oblivion en la tuba, y marcar el paso con el piano, o viceversa. No sé. Quizá una banda militar. No. Seguro que no. Me gusta la incertidumbre. La seguridad es aburrida, y eso hace que mueras joven. El ministerio te paga las flores y el paseo hacia la tumba diaria, no sé. Quizá un bar. No. Odio los boleros. Y las viejas chochas que te abruman, a ver si le puedes meter el dedo por el oído. Decidido. Mejor esperar aquí, escribiendo, tranquilamente, sin prisas. Aún queda vida. Todavía hay pájaros que cantan sublevándose al ruido de las motos. Claro que tampoco esto es normal. Pero, qué es normal… no sé. Quizá el músico militar, el pianista del bar, el profe del conservatorio… Tengo convulsiones. Yo. Yo. Yo. Yo. Cuatro. En un compás ternario. Sobra uno. Soy yo. ¿Y los demás? Por ahí esparcidos, unos bajo palio, otros en moto… no sé. Pero, hablemos de ti. ¿Qué haces leyéndome? ¿No te da vergüenza? Eso es señal de que ya todo te da igual y crees que sosteniéndome vas a mejorar tu situación absurda. Pero no. Cuando me termines, irás a por otro. Pero ninguno te hablará como yo, tan claro: estás muerto/a. Alguien vivo jamás leería este puñado de vómitos que me produce este nublado que terminará en noche para comernos a todos en la irremediable oscuridad hasta que el silencio engulla todo lo escuchable y las cintas se vuelvan sordas.

¿Hay alguien ahí? No te comprendo. Quizá eres como los cofrades, que no se cansan de escuchar barbaridades, y tú también crees que puedes opinar como si te dieras cuenta de lo que está pasando. Tú no eres un vanguardia. De serlo, reunirías varias maderas en cualquier habitación de tu casa (la calle); luego harías una hermosa fogata, y me lanzarías sin importarte lo que sigue. Pero claro; tú no; tú vas al Cervantes a verte reflejado en Treinta Millones de Gilipoyas, para confundir el escenario del palco, y viceversa. Si quieres teatro, mírate. Tú eres la mayor obra de teatro del mundo. Estás leyéndome sin ganas, y sigues. Eres de lo más falso que ha pasado por mis páginas.

Y bien. Superada la prueba, ¿qué coño esperas encontrar aquí? Esto no es más que una excusa musical para «hacer literatura». Y viceversa. No te sientas mejor, después de terminarme, porque eso te conduciría a un estado de patetismo que podría rozar el lamentable estado de los personajes de aquí. ¿Te sientes personaje? Lo sé. Es culpa mía. Te incluí porque sé que tú también estás enfermo/a. Y ahora te dejo que tengo que hacer. Espero verte mejor pronto, y poder invitarte a un buen trozo de caballo en mi casa de campo. Ya sabes que te aprecio.

Cuando la francesa se marchó, su voz no dejaba de sonar en tu cabeza. Baudelaire en sus labios, era como los labios de Lourdes en los de Verónica.

Ils me disent, tex yeux, clairs comme le cristal:
«Pour toi, bizarre amant, quel est donc mon mérite?»
-Sois charmante et tais-toi! Mon coeur, que tout irrite,
Excepté la candeur de l´antique animal,

Ne vent pas te montrer son secret infernal,
Berceuse dont la main aux longs sommeils m´invite,
Ni sa noire légende avec la flamme écrite.
Je hais la passion et l´esprit me fait mal!

Aimons-nous doucement. L´Amour dans sa guérite,
Ténébreux, embusqué, bande son arc fatal.
Je connais les engins de son vieil arsenal:

Crime, horreur et folie! -O pâle marguerite!
Comme moi n´es-tu pas un soleil automnal,
O ma si blanche,ô ma si froide Marguerite?

Al otro día Jesús vino a mi casa con excusas literarias para obtener otra película de las que a él le gusta. Estaba cautivo, y no se daba cuenta. Fali me lo dijo, y entonces fue cuando esbocé la marsellesa, a ver si Carole regresaba para volver a ver a Cocteau en sus labios. Aquella francesita era como un pecado que se había colado en la Semana Santa Malagueña. Ella debía de estar en París, en cualquier exposición, y yo allí para admirarla, y admirar los cuadros (y Jesús cautivo pelándosela como un loco con Drácula).

Jesús se empeñó en convencerme de que había ojos que hablaban. Yo le dije que no; que entonces los ciegos serían mudos, y eso es muy triste. Pero Jesús es muy cruel, y sigue con su teoría del amor. Yo le intenté despertar con el agua fría que sobró del aljibe, pero todo era inútil. Su enfermedad tenía orígenes de tan distinta índole, que aún no acierto cuál es. Ahora escucho a Carole cantando la marsellesa desde Francia. Yo le doy las gracias, y ella me envía un beso; y Lourdes se encela, y me despierta sobre mí jugando con su lengua en mi boca. Húmedo. Ahora suena el timbre, abro la puerta y es Verónica, llorando. Mario se ha ido al ejército, y eso le provoca un sentimiento de tristeza que nos hace a todos reír hasta tal punto que nos salen lágrimas por todas partes. Y Carole oye las carcajadas desde Francia y nos manda una carcajada por correo. Cuando llegó, la carcajada se volvió lamento. Carole no es feliz. Carole recuerda a su primo, que ahora va al ejército a tocar la tuba. Y todos volcamos los labios hacia el suelo, y todo se pone triste. Y empieza a llover. Y suena una corneta a lo lejos que se acerca. Y es Mario que se cansó del ejército, y volvemos a llorar a carcajadas, y decidimos bajar a tomar algo para celebrarlo. Y pedimos una bandeja llena de salchichas alemanas y una conchita de mostaza, y comienza la fiesta. La mostaza pide cerveza, y nosotros la pedimos por ella, y seguimos llorando, ahora más. Y las carcajadas se vuelven gritos, y los gritos cuadros, y los cuadros lluvia, y la lluvia Cortázar, y el nublado vuelve, pero ahora como siempre, sin motivos aparentes.
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IV. ANDANTINO

Diferenciemos: abril sólo es un mes en el año. Así que hay que aprovecharlo. Al menos eso pensó Verónica En La Intimidad. Antes ya tuvimos oportunidad de matear en mi pequeña habitación con Piazzolla, pero Leticia olvidó sus tapones, y Piazzolla se escapaba por los agujeritos de aquella flauta. Verán, la flauta era nueva, o al menos eso decía ella. Pero no; el vino se suicidó por los ojos de Leticia, que aún no se acostumbraba a la novedad. Fali, como «terapia de choque», comenzó un pregón semanasantero en torno a la nariz de Leticia. Ella se puso triste. No se dio cuenta que llegó la mentira. Y llora, y curiosamente Verónica está entera por vez primera. Y ya en casa de Fali, Leticia hace bajar por su cuerpo a Piazzolla, y después de olvidar allí sus llaves, recupera su monólogo de lágrimas. Yo no entendía nada. Así que decidimos llevarla a su casa, y convertir el cuarteto en trío.

– El amor es un invento de un tal Valentín…
– La historia de un tango…
– Diferenciemos…

El mate hizo que la playa se quedara sola. Sólo tres Siluetas Porteñas se ven a lo lejos en aquella primera noche de abril, describiendo una Danza Cronopiesca de Mike Pérez, el pianista del Rex, que cansado de paellas, se declinó por escribir para flauta y piano aquella tarde.

– ¿Nublismo?
– Suena bien…
– Quizá seamos «nublistas».

Aquella noche decidimos reunirnos en aquella palabra que nos recordaba a nosotros. Quizá éramos nublistas y no nos dimos cuenta. Ya el pasado domingo, preludié en aquel piano para finalizar ese concierto semanasantero en el que lo único que se consiguió fue que la flauta y el saxofón bajaran del escenario para dar paso a las cornetas (suenan cornetas y tambores). Fue terrible. Recuerdo que después de la depresión por haber sido malo, escondí mis penas entre cervezas y avellanas en casa de Fali. Cuando Dani se fue, el cuarteto volvió a convertirse en trío, y decidimos hacer una merienda a las dos de la mañana en los bancos que había frente a la casa de Fali. Verónica estaba cansada de escucharme. Su expresión me recordaba a la violinista de Ché Camerata, aquel grupo de tangos que intentaba reanimar a Piazzolla haciéndole un boca a boca sin conseguirlo. Recuerdo aquella escena en el Passadenas. Ahora veo un cuadro en el que bandoneón, piano, y contrabajo, intentan mantener una conversación. Pero como no pueden, deciden suicidarse por cinco mil pesetas. Esto hizo que el piano se sublevara y traspasara la puerta del bar. Ahora el piano grita por todo el centro de Málaga, obligando a todos los pijillos universitarios a tirar las copas al suelo para taparse los oídos. El piano sigue crescendo, y el espectáculo es iluminado con pirotecnias desde el ayuntamiento. Y Miguel ríe tanto que le da un infarto. Y Rafael es engullido por su ordenador, y ahora comienza a llover. Y las manos del pianista comienzan a sangrar y a desbaratarse sobre las teclas. Y los tímpanos comienzan a estallar encharcándolo todo de gritos y sangre.

A la mañana siguiente, la banda tenía ensayo. Todo tenía que volver a la normalidad para interpretar Hermanos Costaleros. El teatro vuelve a abrir su telón. Pero a Mario no le importa. A Mario no le importa nada. Así, que llama a Lourdes, que está ansiosa por conocer a Leticia. Y Leticia va con Verónica a ver a Lourdes. Y Lourdes se enamora de la nariz de Leticia. Y comienza a chuparla. Y la chupa con tal desenfreno que Verónica se excita, y se ve fuera de juego, y corre escaleras abajo para tranquilizarse. Llega a al playa, y se encuentra a Mario.

– Lourdes se ha enamorado de Leticia
– Ya lo sé. Pero no importa. La belleza es extrapolable y pasajera.

Mario no se encuentra muy bien, y vuelve a su apartamento con Verónica, pone un viejo disco de Tete Montoliú en trío, y se duermen.

Mario observa que entre los barrotes de la ventana regresa el mosquito zumbón, pero ahora más grande y ruidoso. Y el zumbido es tal, que despierta a Verónica. El mosquito está crescendo, cada vez más rápido, hasta que no puede más y revienta encharcándolo todo de mocos. Al reventar, y como programado, suena en el equipo de música el blues de Chick, como triste por lo ocurrido. Verónica rompe a llorar, y Mario decide viajar a Londres con Verónica para ver qué pasó.

Ya en Londres podemos comprobar que la ciudad está sola, que el reloj no suena, y que el silencio es tan grande, que parece que Arvo esté allí haciendo sonar a toda una orquesta en su cosmos. Todo está nublado. Las gitanas tiradas por las calles, cansadas de beber y bailar bulerías… todo nublado. Y a Verónica le dan vómitos, y necesita volver. Y vuelven y se encuentran con las calles cortadas por cristos y vírgenes que exigen pasar por Málaga, aunque sólo sea una vez al año. Y Mario se despierta, y se da cuenta que todo ha sido una pesadilla, y baja con Verónica a tomar café. Luego toman un taxi que les deja en el Cine Alameda, y disfrutan de Prospero´s Book. Tras la película, Mario llama a Fali y le cuenta todo, y Cocteau, Stravinsky, y Dalí, le dan la bienvenida. Y corre a llamar a su amigo el compositor, que estuvo a punto de morir tras la noticia. Pero el infarto se quedó en un intento, y Fali y un humilde servidor se ahogan en su proyecto. Naturalmente, los ensayos del segundo movimiento del cuarteto se tuvieron que suspender por fuerzas mayores; el nublado era tal, que el telediario anunció alerta roja, así que Verónica, Leticia, y Lourdes y su amiga, fueron a casa de Fluidito hasta nuevo aviso.

El proyecto era PRECIOSO, pero todo fue un sueño de Verónica, que ahora se despierta entre mis carcajadas a modo de despertador.

– …precioso es más que bello?
– Sí, pero menos que Carole; Carole es lo más…

Yo me desperté con un saludo de Cortázar, que cantó un tango a las nueve de la mañana. La Semana Santa tocó su fin y todo vuelve a su sitio, todo se ordena para que el lunes llegue como si no hubiera pasado nada. Después de tomar café, vuelvo a estar perdido, y no sé cuáles son mis quehaceres. Seguramente deba ensayar con el piano. Y pum.

Glass está nervioso porque los saxofones se alborotan frente al silencio de Arvo. Pero a Arvo le da igual. Él calla desde que nació. Su nacimiento se produjo sólo psíquicamente. Y Glass se enfurece y ahora toca la pandereta endiablado; una subida de tensión en las cuerdas, y vuelve a las corcheas. Los saxofones ahora interpretan una obra de teatro donde todos hablan y ninguno escucha al otro. Sí, como en mi banda. Además, a lo lejos sigue Glass con la pandereta como llamando a Arvo. Y Arvo le sigue lentamente arrastrándose entre sus babas, que son lo único ruidoso de su insulso ser.

– Ahora disminuyo, confundo, pregunto, y me muero.

Se hizo el silencio. Y Arvo eyacula porque piensa que acabó el mundo. Pero no; la cuerda vuelve ahora tranquila y obstinada; el fagot medio canta, y todo igual hasta finalizar este tercer movimiento. Jamás escuché algo así. Quizá me llame la atención por eso. Ahora el tenor saluda con tres notas que repite en distintas posturas sobre la escala. Parece un pase de modelos. Ahora toma confianza y comenta cosas que no dicen nada, y el oboe y el clarinete lo imitan, ahora la flauta, y todos en definitiva, burlándose del tenor, que ahora disminuye y parece un soprano. Todo se complica sin motivo alguno, al unísono, comentarios insulsos, paisajes nublistas…

Yo mientras, me tomaba un té y me hablaba para entretenerme sobre éstas líneas. Me describía un Concierto para cuatro saxofones y orquesta de Philip Glass.

Y Leticia cambió de tonalidad en su vida y decidió dar vida a una flauta en lugar de dar la suya a un saxo. Pero Leticia en sol sostenido mayor se suicida en su flauta tocando Encinasola, Macarena, y otras piezas de interés. Al menos eso es lo que el señor Puyana le recomendó como remedio a su «locura». Ahora se consuela con el ruido de un barco que escribe la felicidad en mayúsculas. Y el saxofón comenzó una obra de teatro en la que el público lleno de flautas muertas, lanzó tomates de rabia, dolor, y el invento de Valentín.

– Y si usted no quiere asumir su enfermedad…
– Sí, ya, yo…

Leticia nunca creyó en su belleza. Y Lourdes retuvo su invento en silencio para no molestar a nadie. Naturalmente, Verónica, que conoce a Lourdes, se da cuenta y como consolación, le regala su nariz.

– Ya sé que no es la de Leticia, pero pruébala; creo que está rica.

Lourdes vuelve a chupar con el desenfreno que le caracteriza, y ahora el silencio de Arvo se ve entorpecido por los lametones de Lourdes sobre Verónica.

Y ahora veo a Cocteau en los labios de Carole en Francia y me desmayo.

– Yo no sé qué, pero siempre me pasa lo mismo en primavera. La luz lo ilumina todo de tal forma que yo no tengo más remedio que enamorarme; sí, ya sé que suena ridículo, pero es así. Claro que esta primavera no es cualquiera; quizá la Primavera Porteña de Piazzolla, o Piazzolla envuelto en una flauta, o qué sé yo. No sé. Quiero no pensar que me esté acostumbrando a tu sonido; yo soy un simple músico que no debe aspirar a otra cosa más que a hacer música, pero cuando te veo glosar sobre un saxofón que intenta imitar a Charlie Parker sin conseguirlo, y tú, que te rompes por dentro empeñada en cantar sobre un intento de jazz, no tengo más remedio que gritar, a modo de acordes fortísimos sobre el piano (concert d´aujourd´hui, compás setenta y uno). Ya sé que callé mucho, quizá calle para siempre, pero realmente estuve tocando pianísimo para que nadie me escuchara, porque si tú me escucharas y te dieras la vuelta para oír intentos de jazz, el que se rompería sería yo. Ahora te desmayas, y yo me muero; el saxofón resopla como si estuviera encima de un escenario, y yo muero en silencio, en el ruidoso silencio de la banda. Ahora estoy tocando la Historia de un Tango y te invito a pasear en el Titanic, a romper el mundo, y a celebrar mi premio semanasantero. Pero tú lloras; lloras porque te sientes sola. Tu dúo flauta-saxo parece finalizar en un pianísimo interrogativo que prolonga la tristeza hasta no se sabe cuándo. Y yo no tengo más remedio que seguir tocando, esto no es un solo de flauta. Ahora suena el Ave María de Glass y me inundo. Me consuelo con las lecturas de Verónica de Sordos de Rafael Campos, el piano de Mike Pérez, y alguna socio-charla con músicos amables. Todo es mentira. La mentira llegó hace tiempo. El mosquito zumbón sigue siendo amable. Estoy cansado de decírtelo; ya no tengo más tiempo, sólo decirle que aquí me tiene usted si le apetece un socio-café, porque llegó el verano y tengo que irme a la playa.

– La belleza es extrapolable a todas…
– El amor es un invento de un tal Valentín…
– Vocalise suena como para enamorarse de una partitura de Rachmaninov.

Al otro día Leticia desafinó con la flauta, y Fluidito la mató a trombonazos.

Pero este recapacitó los hechos, y dijo ¡no!, y decide retirarlos para tomar una rica tarta de queso con Leticia, que le aseguró que estaba loca, y eso es un argumento incontenible para Fluidito, que procura no confundirse con los cambios de tonalidad.

A veces en el cuarteto hay tal confusión de voces, que no es posible adivinar qué se está diciendo. Pero quizá eso sea lo más bonito, el nublado sin motivos aparentes.

Lourdes se empeñó en ser un saxofón. Y para obtener información, corrió a casa de Miguel, que entre flujos de naranjas del campo de un alumno suyo le dijo:

– Si usted quiere jazz, escuche verdiales. Ahí sí que hay
disonancias divertidas…

Esto dejó confusa a Lourdes, que ahora parece una pueblerina con sus encantos escondidos. Y Mario al lado suya con un gorrito lleno de flores pegando botes como queriendo decir algo.

– Eso es jazz… ¡yeah!

Miguel disfrutaba con el circo que Lourdes y Mario habían improvisado, pero Lourdes llora porque se da cuenta que aquí no hay saxo. Así que corre a casa de Chano, el pianista gaditano, que entre porros le facilitó el teléfono de Pedro Iturralde. Y ahora suena Tribute to Trane en un cadencioso introductorio del tenor, que ahora está entero como nunca. Y Lourdes va tomando forma, y por razones inexplicables Iturralde encuentra en su casa un saxo tenor nuevo, quizá con alguna curva de mujer, por lo que Iturralde no dudó en hacerse con él, para enterrar el del Whisky Jazz Club.

Al otro día todos buscamos a Lourdes, hasta que a la tarde, nos paralizamos escuchando a lo lejos un saxo que nos recordaba su voz, con lo que entendimos todo. Y a Leticia le da mucha pena, y sigue comiendo tarta de queso, porque también le da pena no acabarla.

Llegó el nuevo aviso, y comienzan los ensayos del segundo movimiento del cuarteto. En la ventana se ve al mosquito zumbón, que está fumando porque si no se aburre, así el trono pesa menos. Y a Leticia le dan vómitos y Verónica se la lleva a Londres.

Ya en Londres, Leticia le explica a Verónica que todo es culpa de la tarta de queso, que tanta felicidad no es buena. Y Verónica le responde que todos esos recuerdos son falsos, que todo es un empeño en adornar pero no, todo es mentira. Y Leticia llora, y Verónica la abraza… y yo en Málaga hago el cuatro porque bebí tanto que no sé si aguantaré la procesión de esta tarde.

Verónica vuelve con Leticia algo mejor, y ahora se vuelve minimalista. Un, dos. Mario recuerda el ejército en fotos. Un, dos. Y saca la tuba de la funda, pone un disco de marchas militares, y se pone a desfilar por toda la casa con la tuba colgada. Esto produce carcajadas en Verónica, que no para de tomar mate. Y el desfile sigue, y pegan a la puerta. Un, dos. Y es un compañero de la mili, con el que comenta batallitas entre cervezas y alguna socio-tapa. Naturalmente, eso enfada a Verónica, que lanza el mate al suelo, y se encierra en su habitación para masturbarse en braile. Y Mario se encela y mata a su compañero, rompe el equipo a patadas, y saca a Verónica de la habitación arrastrándola por el suelo. Verónica grita, y los gritos de dolor son ahora gritos de placer. Mario y Verónica hacen el amor, y ahora Chick, como programado, toca a dúo con Tete el Libertango de Piazzolla en una radio a pilas. Y Piazzolla revive desdoblado desde los dos pianos y pregunta a Mario si puede besar a Verónica. Pero Verónica prefiere al Piazzolla de la izquierda que al de la derecha. Y al de la derecha le da un ataque cerebral, y al de la izquierda un ataque de risa, mientras hace el amor con Verónica. Mientras, Mario sale a la playa que está acompañada por su soledad absurda. Pero a Mario no le importa, y decide pasar la noche allí.

Al amanecer, Piazzolla no está más que en la radio, pero Verónica ni sonando. Mario encuentra una nota en la que Verónica le dice que volvió a Córdoba con Piazzolla para ver a su familia. Y Mario grita de rabia, y todo cambia. La casa se vuelve fría, y Mario baja al bar. Allí decide pedir una cerveza y mirarse para vomitar. Mario está cansado. Mario está cansado de todo. Y pide a su creador que lo mate. Y su creador lo pone a escuchar flamenco. Y Mario no puede llorar, porque su creador lo ha puesto feliz a la vera de San Juan. Esto parece un espectáculo. Así que Mario decide llevarle la contraria al autor, y sale a pasear de las páginas del libro. Caminando llega hasta una venta y pide un plato de los montes y una botella de vino. Ahora Mario está hinchado y con un color rojo envidiable. El sol le da de lleno y eso es la felicidad de Mario. Y llega Verónica de Córdoba, y Mario sigue allí. A Mario le han hecho cliente del mes, así que nos vamos todos a la venta a comer y beber para celebrarlo.

Ya es de noche, y todos estamos como nunca. La cerveza corre como ríos por nosotros, fresquita, burbujeante, y pum; descorchamos una botella de champán como preludio a la orgía que se producirá más tarde en el apartamento de Mario. Y Piazzolla rompe pianos como nunca, y Charlie Parker saxofones a puntapala. A la mañana siguiente, nos despertaron los pájaros de Messiaen como avisándonos que había que ir al campo. Todos nuestros cuerpos desnudos quedaron iluminados mezclados entre la mierda, la sangre, y la leche.

Al despertar supe que la flauta dejaría su locura para volver al tema principal junto al saxo. Supe que este era nuestro último ensayo, nuestro pequeño idilio se terminaba, así que no pude dejar de decirte cómo estaba mi música últimamente. Ya no nos esperan en Lisboa, ni queda música para enlazarnos… el saxo recobra vida, y yo recobro muerte. Recuerdo en el Passadenas, cuando Fali y Verónica se unían sobre mi música, mi música rota, aquella noche, nublada sin motivo alguno, engullida por el dolor… no sé. Y tú allí, con tu sonrisa, que desmoronaba aún más mi armonía, con aquella cantante improvisada que me inventé para intentar divertirme sin conseguirlo. Sí, me destrocé por dentro mientras el piano lloraba notas, ya que no me quedaban lágrimas. El sueño se cumplía, mientras yo bailaba sin bailar, reía sin reír… Al amanecer tu cara me dijo todo; a lo mejor debí esperar, pero quizá este sería nuestro Último Café, Café 1930, Piazzolla llora… y Cortázar me consuela con un mate que prepara Verónica para animarme… No sé. Jaque mate. Mis sueños siempre se cumplen. Sólo ahora Leticia cree en los sueños. Coda. Esto se termina. Este improvisado Café 1998, este poemilla de Cyrano, vuelve a consolarse entre sus neurosis, sus egocentricidades, y locuras varias para calmar el detector de sentimientos que le colocaron en la empresa donde lo fabricaron.

Siempre hay alguien desterrado en la olla. Alguien que percibe cosas que otros dejan escapar por pereza o vergüenza. Mario percibió tanto que necesita vomitar. Su musiquilla de abril dejó de sonar. Sólo se escucha el tocadiscos dando vueltas, y la aguja obsesionada en rayar lo irrayable… no sé. A Mario se le acabó todo, a Leticia le queda una ilusión menos, el Titanic se hunde… y Baco saluda a lo lejos para avisar que aún quedan algunas botellas de vino, aún es posible que se salve alguien. Ahora el mosquito zumbón fuma aburrido, pero ahora con una finalidad puramente estética que hace que los cerebros se derritan por las calles de Málaga, la plaza de la mierda… no sé. Quizá esto no es más que un botellón organizado por Jesús Cautivo, que también se ha aburrido y quiere volverse loco a conciencia para sobrevivir en su muerte. El cigarro se está acabando, y suena el teléfono. Y es Leticia que llama para preguntar si puede invitar a cuatro mil mosquitos a comer en mi cabeza. Yo le digo que sí, que no importa. Y pum.

Vuelvo a sentirme «artista». Vuelvo a morir, a sangrar en seco, a llorar dentro, y a tocar el piano a modo de lágrimas. Sí, pongo música a todos mis amigos, me suicido para ellos. Claro que, ahora que me doy cuenta, para mí morir es más fácil, mi muerte diaria me la produce todo lo externo a mí. Ahora Leticia vuelve a dar saltos y nada, el mosquito quedó ciego hace tiempo; y yo le hago señales de humo y recibo sonrisitas y pum.

Ya sonó el último tiempo; el Concierto de Hoy acaba de finalizar; punto y final.
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V. PRESTO

Y pum. Y pum. Y pum.

– ¿Con líneas o sin líneas?
– Sin líneas; si no me emociono.

Y pum. Y pum. Y pum. Quiero reflejar todo lo mejor de mí. Como los palomos. Así todos seremos más felices entre chalalalas y pum. Ahora escucho historietas, y Verónica llora porque su coche intentó suicidarse escuchando un intento de tristeza en un momento poco apropiado para su salud. Ahora no sé de qué se habla… el nublado para por momentos; y yo aquí con mi cerveza y algunos cigarrillos… no sé.

– Qué te parece, ¿te gusta?
– ¡Presto, presto…!

Ahora la gente se saca piedras de los bolsillos y mi entendimiento se paró. Quizá mi problema se centre en el Andante para piano y orquesta de Mozart que escuché esta mañana en un momentito de nublado que entró por la ventana de mi cuarto. Esa musiquilla no era de Mozart…: ahora hacemos una salsita de limones: limón frito con un chorrito de aceite de oliva, importante; pasas, nueces, moscatel, y una pizca de pimienta, y un pegote de roquefort. Cocción, todo revuelto siempre. Y masticada con la muela derecha produce un gustito muy especial. Pruébelo. Ya verá qué bueno. Y pum. Se terminó la cerveza.

Ahora comienzo a saborear patatas a lo pobre, una receta de Cristóbal, que un día vino a una de mis sesiones en el Passadenas, en la que yo acompañaba al piano a una cantante que no terminaba de suicidarse. Cristóbal escribió unos versos en los que me pedía que la matara con el piano. Lo que Cristóbal no sabía es que aquella noche mi música era un tiroteo constante, aunque no sé si es que apuntaba mal, o las balas eran de juguete, lo cierto es que la cantante sigue ahí, demasiado viva… (no hay nada mejor que regar las patatas a lo pobre con un vino dulce). Pero Mario se aburre, y se le cierra el estómago, Verónica se cansa de volar, Cristóbal pide un baile en silencio, y Mike Pérez come para no dar demasiada trascendencia a la situación. Todo es mentira. Ahora Mario está muerto, y el sol ha salido. Mario murió a causa de una ceguera. Le pusieron tantas nubes que cuando llegó la luz no estaba acostumbrado. Él estaba nublado, pero sin motivos aparentes. Claro que cuando el nublado voluntario, se convierte en obligado, es como un intento de bajo obstinato. Silencio. La música se para, se va muriendo. Calderón. Ahora la música se centra en unos graves que no nos dicen nada. Es música blanca. Esta Sinfonía Nublista se está acabando. Mike Pérez se está acabando. Se cansa. Se cansa de comer paellas. Se va a Lisboa, solo, como siempre, con su nublado particular transportable, con su nube de música, con sus silencios, con sus nadas; ahora escribe un tango que tituló Chau Verónica, porque para Mike Pérez existen las mujeres, y luego Verónica, porque Verónica está aparte de cualquier mujer, Verónica está aparte de todo.

– No se canse de volar, aún no comenzó. Vuele sin motivo, sin
Dirección. El vuelo no es extrapolable a todo. No se canse,
prepárese un mate… y pum.

Ahora reviso algunas fotos en un álbum que protagoniza el pato Donald; todo esto me trae recuerdos que, sé que la mayoría son mentiras, o intentos, o ganas de adornarlo, pero sea lo que sea, en esas fotos sonaba mi música, se sentían los versos de Fali, en definitiva, se estaba tan vivo, que se tenía uno que inventar alguna nube, algún nublado para contrastar.

(Reexposición)

Para que veas que no es como tú creías, que tú también eres insípida como las demás. Calla. Estos dos siglos son compases de espera. Ponme un café. Y así… Mátala pino, mátala…

En el reloj de la cocina es más temprano. Allí no hay tiempo. Ahora suena España de Chabrier, como si la banda entera se alzara a volar.

Ahora el público espera una respuesta a la pregunta que le hice, siempre es así. Ya no. Y pum. Todo el nublado…

Mario ha muerto. Mike Pérez se suicidó en su piano. Verónica no para de llorar, llora, llora, llora…

Todavía hay pájaros que cantan sublevándose al ruido de las motos. Claro que tampoco esto es normal. Pero, qué es normal… no sé. Quizá el músico militar, el pianista del bar, el profe del conservatorio…

Ahora el conservatorio es arrancado del suelo por el nublado, y ahora flota en el mar, entre lluvia, y tormentas de dolor, tormentas de mentira…

– ¿Nublismo?
– Suena bien…
– Quizá seamos «nublistas».

En el reloj de la cocina es más temprano. Verónica no para de llorar. Ahora el conservatorio flota en el mar.

Mario está muerto, y el sol ha salido. Mario Murió…

El sol ha salido.

Perdonen pero debo de ir a un funeral. Tengo muy pocas ganas, así que pondré este signo de repetición para que este último movimiento no sea tan breve. Espero que no tengan problemas en los ensayos. Cadencia. Doble barra.

La canción del imbécil

Arturo hizo doce veces el idiota de una sola vez. Paseó su idiotez por la larga avenida más feliz que nunca, con sus doce colores rojo envueltos en un transparente que sonrojaba a todo el que avergonzado descubría la felicidad de Arturo. Al llegar a la puerta, tocó y tocó, una y otra vez; pataleó, lloró… hasta que su amada se cansó de sus lamentos y le recibió con un balonazo en la cara. Y es que Arturo era futbolista, algo que le ponía muy triste, pues lo odiaba como nadie, aunque de algo hubiese que llenar la cazuela. A él lo que le gustaba era tocar la trompeta, pero nunca consiguió que lo contrataran, por lo que se conformaba con escuchar a Miles Davis después de marcar algunos goles.

Berta era una especie de pesadilla que ahogaba de cariño a Arturo, una especie de animadora barata de tetas respetables que Arturo quería casi por obligación. Berta era un ser muy extraño, más que la mujer de Arturo, su representante a la hora de elegir la contratación adecuada en el equipo adecuado. Y es que Arturo ganaba mucho dinero pegando patadas, además de una hermosa inspiración para llorar con su trompeta.

Berta le comió a besos el morado que le hizo en la cara, y lanzando los doce colores rojo por los aires le invitó a salir fuera a cenar. Y es que en casa de Berta, que es la de Arturo, un antiguo compañero de trabajo marcaba los goles que Arturo no marcó aquella tarde. José Luis era ya sólo un aficionado, pero todavía estaba en forma. Ahora escribe libros, y es conocido en todo el país, aunque a Berta, como siempre, lo que más le gusta de José Luis, son sus goles.

Después de la cena, Arturo y Berta regresan a la casa ya vacía. Y Arturo se encierra en su estudio para tocar la trompeta con la sordina puesta para no molestar. Y Berta se encierra en la salita para ver el partido que ponen en la dos.

Arturo se cansa de tocar, y le dice a su amada que baja a tomar una copa. Y Berta no lo acompaña porque está divertida con una compañera viendo el fútbol y otras formas de hacer deporte. Arturo baja toda la avenida, y a la vuelta encuentra un club de jazz donde una especie de músico está intentando tocar el saxofón. Ya sentado en la barra pide un vaso de leche, y aquella especie de músico se acerca al único cliente que observó con detenimiento todos sus intentos. Aquel intento de saxofón se llamaba Maximiliano y decía que quería reinventar la realidad, y similares muy bonitos.

Maximiliano era argentino, de familia insospechada, y poco más. Sólo sabía que tenía que seguir estudiando, naturalmente reinventándolo todo o, por lo menos, intentando soplar de alguna manera. Arturo reía como nunca, y es por lo que invitó a una cerveza a este joven que le producía una rara mezcla de diversión y tristeza.

Ya entre cervezas, Maxi le propone a Arturo una jam session en el club, pero Arturo nunca ha tocado con público y la oferta le produce un miedo que le hace volver a casa desconsolado. Eran las tres y, después de mucho patalear y llorar, decide abrir la puerta con sus llaves, ya que la casa está vacía. Encima del televisor, encuentra una nota en la que Berta le dice que ha ido al cine con su amiga Ana, y que no volverá tarde. Arturo decidió dormir, para así evitar poder sentir cualquier estado de ánimo.

Al otro día despertó cansado de hacer el idiota tantas veces, y todas a una, así que decidió no moverse de casa hasta que llegara la noche.

Después de desayunar, y como Berta sabe que le gusta, se le sube como loca para hacerle el amor hasta dejarlo nuevamente dulcemente idiota. Y claro, después de follar, Arturo es el de siempre, y vuelve a encerrarse para tocar la trompeta. Y suena el teléfono. Y lo coge Berta. Y es Maxi para proponerle a Arturo un ensayo con una sección rítmica de piano, contrabajo, y batería. Pero la proposición se desvía hacia Berta, y Maxi hace sonar su saxofón como nunca, en la cama donde Arturo nunca marcó un gol.

Arturo termina el partido, y regresa a casa para encontrarse a una Berta rellena de jazz. Y aburrido baja al club. Y allí está Maxi, reinventando la realidad. Arturo, que imagina la película no sabe por qué, decide aceptar la proposición de Maxi, y organizan un concierto para el primer sábado de octubre. Y llega a casa, y se lo cuenta a Berta. Y Berta se pone como loca, y por vez primera Arturo ve un punto de apoyo en su mujer con respecto a su trompeta. Y Arturo observa lo bien que se lleva Berta con Maxi pero, como es muy amable, no hace ni caso. Y ahora cambia la tortilla y, mientras Arturo ve el fútbol, Berta está escuchando un disco de Piazzolla que le ha dejado Maxi, se vuelve porteña, y decide invitar a un mate a su marido. Éste le contesta con un balonazo a la cara, y se despide con un besito porque tiene que ensayar con Maxi. Mientras Berta llora desconsolada en su casa, el quinteto de Arturo y Maxi se prepara para el gran día.

Y llega el sábado. Y Arturo está engrasando las bombas de su trompeta para que nada le falle, Maxi no prepara nada porque él inventa todo, la sección rítmica entra en situación con algunas cervezas, y Berta y su amiga muy amorosas y contentas por lo que va a pasar. Y pasa un representante amigo del dueño, que ha venido esta noche a ver qué pasa. Y también una admiradora del Arturo futbolista, que se ha pasado por el club a ver qué tal suena. Y comienza el concierto, y revientan todos los cristales del local, y los aplausos hacen que a la admiradora de Arturo se le escapen algunos fluidos vaginales por debajo de la falda. Y a Berta se le escapa un beso para Maxi. Y a Ana un beso para Berta. Y Arturo decide sentarse a charlar con su admiradora. La sección rítmica llora de emoción.

Después de algunas cervezas, el representante se arma de valor, y decide charlar con Arturo, al que le ofrece la posibilidad de alzar un cuarteto de jazz que llevaría su nombre, donde no tocaría su amigo Maxi por cuestiones estéticas, y el cuál le llevaría a tocar por todo el mundo, por lo que en el contrato figuraría una cláusula de exclusividad con la empresa. Y Arturo se pone como loco. Por fin podría alejarse de la portería y de aquellos goles inesperados. Al fin podría vivir junto a su trompeta, aunque esto enfureciese a Berta, que sabe que la economía encogerá y no podrá tener la libertad de antes.

Después de meses de discutir, Arturo firma el contrato, los papeles del divorcio, y queda sólo en su avión volando de teatro en teatro. Y Berta se marcha a vivir con Maxi a un estudio de mala muerte donde follan a tres voces con Ana. Arturo es feliz por primera vez. Sobre todo cuando marca los goles que nunca marcó de futbolista.

Cinco años más tarde, la firma de Arturo como trompetista es conocida por todo el mundo, y vuelve al club de jazz donde un día un joven idiota le animó a demostrar que un futbolista podía ser muy sensible. Allí ya no toca nadie. Sólo encontró en la mesa de la esquina a su admiradora esperando un gol desde hacía cinco años. Estaba esperando volver a escucharle tocar como aquella noche. Y Arturo toca un blues tan emotivo que a Lorena, su admiradora, se le escapa media lágrima. Y es cuando llega el dueño para saludar a Arturo y ofrecerle su vaso de leche. Y Arturo decide compartir su leche con Lorena. Y Arturo y Lorena se casan, y tienen tres pitufos, que ahora pasean por los grandes almacenes sin sospechar que los discos que firma Maximiliano Hernández son los discos de su padre.

Sin título

Anoche no pude recordarte;
mi mundo me está chupando la sangre,
¡No!, no creas.

Mi ser entre la realidad falsa
en la que morimos despertando día a día,
agonizando hasta la noche;
vómitos desesperados hirviéndonos en un mar de sangre,
escenas de horror, pánico nocturno que me petrifica por dentro.