Ya no se follaba igual

La música dejó de pinchar los corazones. La sangre brotaba sola sin avisar, y millones de jóvenes la grababan en sus teléfonos para compartir con millones de jóvenes sus superficiales análisis de lo ocurrido. La sangre se despertó y ahora brotaba pero hacia atrás, se introducía en los corazones como los lobos se esconden en la noche. Un león en nuestras almas mordía nuestra inocencia tragándose a lingotazos nuestra sensibilidad hasta dejarnos secos. Internet quedó podrido de fotos con nuestras más íntimas intimidades sin darnos cuenta. No nos importaba nada. La sangre ya ni salía ni entraba, ya no se follaba igual.

Nubes

En mi primer día de clase les expliqué que todos los lugares eran iguales en realidad, que lo único que diferenciaba a unos y a otros eran las nubes, que eran distintas en cada sitio. Poco después se fueron de viaje por Europa, y a su regreso les pedí que me contaran alguna anécdota. Entre risas intercambiaban los cotilleos en voz baja sobre los besos que se habían dado a escondidas, los lugares y las horas en los que habían ocurrido, hasta que una valiente de la última fila de la clase levanta la mano dispuesta a contar algo y se hace el silencio. Me dijo que en realidad ella no tenía demasiado que contar, pero que en cada sitio que estuvieron se acordaron de lo que les dije acerca de las nubes el primer día, y se dedicaron a observarlas con detenimiento en cada sitio. Me aseguraron que no estaba equivocado, que las nubes en cada sitio son diferentes. Una lágrima se deslizó por mi alma.

Primavera incendiaria

A Remedios se le incendió la primavera una vez más. Sus personajes corrían precipitándose al vacío en busca de una nueva salvación. Remedios llora para poder apagar el fuego de su primavera incendiaria, para salvar a sus personajes y conceder nuevos permisos absolutos que le acepten de una vez su libertad.

Retrocede su llanto

En los ojos se guardaba sus lágrimas
que retrocedían en el tiempo
y su sonrisa era un piano
que por las noches le contaba secretos.
Sara no para de llorar por la república
mientras se restriega rebozada en aceites aromáticos
buscando consuelo en las refriegas con sus clientes
de un siglo que no es para Sara
que se ha pintado dibujos en el estómago
para distinguirse
para sus clientes
matriculándose el culo con el más hermoso de los tatuajes
buscando lo que la haga retroceder en el tiempo
un misterio
como cuando retrocede su llanto años atrás
que hasta un lugar donde jugar al ajedrez
sin pedir demasiados permisos municipales…

Eva no soporta los documentos en pdf

Tenía los dedos ensangrentados, los ojos cargados, y la mirada perdida. Eva no había dormido nada, pero a pesar de todo ha decidido continuar escribiendo, un poquito más. Y corre a la biblioteca a escribir en el viejo ordenador sus últimas inquietudes, rodeada de adolescencia gritando sus fantásticas ocurrencias que en realidad, son un modo más de escapar como el modo de escapar de Eva, como otro cualquiera. Y como otro trozo cualquiera de vida Eva escribe en un documento en blanco y resume que ya no volverá a fumar, que comprará una bicicleta de segunda mano, y que en la cestita que tendrá la bicicleta portará únicamente un par de viejos libros de Henry Miller. Eva no soporta los documentos en pdf. De fondo de todo esto, en el Spotify hay un disco abierto de Glenn Gould, partitas de Bach, la música favorita de Eva, que mientras escribe su personal visión de la vida remoja sus labios para olvidar sus particulares formas de olvidar los deseos de sujetar un cigarrillo entre sus labios, abrazar ese pequeño vicio que la mantiene atenta a ese documento en blanco que todavía está por escribir, por mancharse de escándalo, como cuando estalla la entrepierna de Eva y se suicida manchándolo todo hasta las rodillas.

Un corazón a escala

Por el cuerpo rabioso de Estefanía se desliza una gota de lluvia. El cuerpo de Estefanía se cristaliza en sonidos de piano y cambia el matiz del color de su piel levemente, se desliza desnudo y azul por un jardín desconocido, el jardín desconocido y húmedo del otoño en el cuerpo de Estefanía, gotas de lluvia entre las que brilla una única lágrima que se desliza de nuevo dentro de su cuerpo, y se detiene otra vez y dibuja con sangre un corazón a escala siete veces en su propio corazón, un mapa conceptual que penetrando lentamente empapado de deseos rojos y lluvia interior azul, como un cuchillo de papel, buscando amorosamente una canción empapada y furiosa en inglés, que evoque el color naranja en mitad del sexo difuminada en claroscuros.

A nadie

Había llegado el invierno y todo se incendió de luces de navidad. Era una pobre mentira rebosando tristezas, iluminada en el brillo enorme de su angustia, pero ya a nadie le preocupaba por fin. La gente tenía desencajada la ilusión en sus caras, colgaban sus arrugas aceleradas en una sonrisa cada vez más difícil. Lady Gaga brindaba deliciosos licores gritando apologías sobre el valor de la mentira en la actualidad y la juventud se agarraba desesperada atrapada en la borrachera. La felicidad se había dado a la fuga y se habían helado por fin los sentimientos. Todo era un colmo y a nadie le supo a poco el recuerdo. A nadie.