Ya no se follaba igual

La música dejó de pinchar los corazones. La sangre brotaba sola sin avisar, y millones de jóvenes la grababan en sus teléfonos para compartir con millones de jóvenes sus superficiales análisis de lo ocurrido. La sangre se despertó y ahora brotaba pero hacia atrás, se introducía en los corazones como los lobos se esconden en la noche. Un león en nuestras almas mordía nuestra inocencia tragándose a lingotazos nuestra sensibilidad hasta dejarnos secos. Internet quedó podrido de fotos con nuestras más íntimas intimidades sin darnos cuenta. No nos importaba nada. La sangre ya ni salía ni entraba, ya no se follaba igual.

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