La Bohème – Royal Opera House, Londres – 5 de julio de 2026

Estas imágenes recogen uno de los momentos más fascinantes de la representación de La Bohème en la Royal Opera House de Londres.

En pleno bullicio del Café Momus, cuando el escenario parece rebosar de vida, aparece Musetta. Marina Monzó la interpreta con una mezcla irresistible de belleza, ironía y acidez. No entra en escena: irrumpe en ella. Y durante su célebre Quando me’n vo’, avanza por encima de las mesas como si caminara sobre una pasarela suspendida entre la realidad y el sueño, consciente de que cada mirada del teatro le pertenece.

Hay algo profundamente moderno en su Musetta. Coqueta, inteligente, mordaz y libre. Una mujer que juega con quienes la observan y que disfruta haciéndolo. La producción potencia esa sensación convirtiendo el Café Momus en un inmenso tablero sobre el que ella mueve todas las piezas a su antojo.

No me sorprendió descubrir después que la crítica destacara este episodio como uno de los momentos más brillantes de la noche. Desde la sala se percibía esa rara electricidad que solo aparece cuando personaje, cantante y escena encajan de forma perfecta.

Además, había un pequeño vínculo personal que hizo la experiencia todavía más especial. Marina Monzó es amiga de mi querida Berna Perles, y mientras contemplaba aquella escena en Londres no pude evitar acordarme de ella.

Había viajado para escuchar a Juliana Grigoryan como Mimì. Y fue inolvidable. Pero la ópera, como la vida, siempre guarda espacio para lo inesperado. Aquella noche, entre la delicadeza de Mimì y el fulgor indomable de Musetta, Puccini volvió a recordarme por qué algunas emociones no necesitan explicación.

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