Eva no soporta los documentos en pdf

Tenía los dedos ensangrentados, los ojos cargados, y la mirada perdida. Eva no había dormido nada, pero a pesar de todo ha decidido continuar escribiendo, un poquito más. Y corre a la biblioteca a escribir en el viejo ordenador sus últimas inquietudes, rodeada de adolescencia gritando sus fantásticas ocurrencias que en realidad, son un modo más de escapar como el modo de escapar de Eva, como otro cualquiera. Y como otro trozo cualquiera de vida Eva escribe en un documento en blanco y resume que ya no volverá a fumar, que comprará una bicicleta de segunda mano, y que en la cestita que tendrá la bicicleta portará únicamente un par de viejos libros de Henry Miller. Eva no soporta los documentos en pdf. De fondo de todo esto, en el Spotify hay un disco abierto de Glenn Gould, partitas de Bach, la música favorita de Eva, que mientras escribe su personal visión de la vida remoja sus labios para olvidar sus particulares formas de olvidar los deseos de sujetar un cigarrillo entre sus labios, abrazar ese pequeño vicio que la mantiene atenta a ese documento en blanco que todavía está por escribir, por mancharse de escándalo, como cuando estalla la entrepierna de Eva y se suicida manchándolo todo hasta las rodillas.

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