La pecera de Eva

Manejar la honestidad no era tarea fácil. Aquellos años eran confusos, como cuando el paisaje se emborrona con las nubes cuando miras por la ventana de un avión rumbo a una isla. Las nuevas formas de hacer literatura y de expresarse en general mantuvieron durante décadas confundidos a todos los humanos. La gente no encontraba tranquilidad, y la música no encontraba el espacio en el tiempo, sólo se usaba de fondo para follar y poco más. El mundo estaba preocupado por la moneda de cambio, por la última generación de condones, y el no pararse a despreocuparse de todo fue su máximo error. La gente comenzó a trepar, a cambiar verbos, adjetivos, y tonalidades de sangre, a no olvidar. Los compases se confundían, y ya solamente valía la mentira, estábamos tan cansados que averiguar si se usaba o no la verdad era una actividad tediosa destinada para estúpidos. Nada era igual sin Eva, la echábamos de menos. La fruta y los zumos estaban preparados, pero Eva, nada va a ser igual sin ti. Nos acostumbramos a los manjares de la vida en tu compañía, y este espacio se hace pequeño, distinto, y complicado sin ti. Te mando una flor dibujada en tu cuerpo, allá donde estés. Sólo deseo que sigas vibrando, con la misma intensidad que cuando te conocí…

Fábula

Eva se negaba a aceptar la realidad. Cogió su bicicleta y pedaleó hasta llegar a casa de Estefanía para hacerle el amor. No había abierto la puerta cuando las lenguas de ambas se estrangularon buscando la libertad, manchando de líquidos sus miradas, empapando de resignación aquel momento en el que la humanidad decidió abrazarse para que la naturaleza desatara todo su descontento. Los labios de Eva y Estefanía se mordieron para siempre.

Enfermedad incurable

El gobierno dictaminó quiénes ejercerían como profesores y quiénes como médicos. Después, el mismo gobierno les anuló toda clase de decisiones laborales alegando poca comprensión, haciendo de la educación y la sanidad entonces la sombra enorme de una pantomima gratuita en aparente contradicción en contra de la multitud, a la que ya ni enseñaba, ni curaba, porque aprendió que por encima de todo estaba la comprensión. Con lo que no contaba el gobierno es que a veces alimentar sin educar puede salirte caro, y llenarte de enfermedades. La multitud engordó hasta explotar como explota un iPad por los aires, todavía sin comprender -porque nadie pudo educarles ni tratarles la enfermedad- qué pasó en todo ese tiempo.

“Las botas llenas de mierda” (La cabra)

Mario estaba cansado de mancharse de tierra. Aquellos días eran tan sucios e incómodos para Mario, que no estaba acostumbrado a tragar azarosamente lo que vaga por el aire desordenadamente, que Mario ahogado de tanta naturaleza junta, de su tanto estómago convertido en un temporal de siroco infinito, el piano tragado por la tierra y las olas del mar en un nudo e intestinos parados como estatuas del tanto miedo al desaliento. De la música del corazón de Mario sólo quedaba tierra instalada en las esquinas, el montón que entra diariamente en la su alma ya de tierra seca que se agolpa en montones de sentimientos que no puede descifrar ya Mario, que con la tanta tierra en los ojos que ya no puede ver ni el sonido de la su mirada misma, comprender si acaso el tan sólo sonido del brillo de la su alma envuelta en arena, que de su piano de arena que dejó de respirar sin avisar. Mario prepara café para comprender entonces la tarde, mira de nuevo los recortes de prensa colgados en la red recordando los años de música, pero el bote de café sólo contiene tierra húmeda y restos secos de tabaco francés de alguna turista, cuando el corazón de Mario se detiene un instante. Mario se asusta y corre a por sus pastillas a la otra habitación y un golpe de suerte salva la vida de Mario, el tiempo salva a Mario nuevamente, que está ahora sentado en la única terraza donde aún no ha llegado nadie, donde todavía se puede divisar la noche tranquilamente sin forasteros ni vecinos, donde dejarse azotar por el viento y sentir el calor del café con los golpes de humedad es como si hasta la noche se empapara de lágrimas sin previo aviso contigo, las luces llorando de los barcos, empapándolo todo de tristeza con el viento, que cerrando todas las puertas fuertemente con la ira y el desdén que sólo la naturaleza es capaz de proponer cuando Mario menos lo espera.

El protocolo

El mundo volvió a dividirse en dos una vez más, los que copiaban, y los que eran copiados. Mientras, los árbitros –espectadores corruptos del desequilibro constante de tremenda tontería- se llenaban los bolsillos en silencio, cargando en cuenta a los susodichos ejércitos la tasa correspondiente por el derecho a jugar en este partido de fútbol, las multas por las prórrogas y retrasos, y los uniformes de colores.

Privatización de la existencia

Confúndete con todos y deja las redes sociales, los blogs, y todas esas puñetas. La libertad en realidad es eso, dejar de enseñarte y escribir lo que te de la gana donde nadie te lea, o sólo unos pocos, fumando placenteramente en una terraza con una cerveza bien fría, o mirando cómo caen las gotas de lluvia tras el cristal escuchando a Piazzolla con un café bien caliente. Si te leen demasiados, seguro que más de uno está descontento por algún motivo que ni tú has encontrado en lo que escribiste. Así que disfruta tu anonimato, aunque no te comuniques demasiado como los demás, porque lo demás no merece la pena, créeme. Tanta foto y tanta pose… ¿para qué?

Representación pública

La ficcion había muerto. Sus creadores y demás agregados culturales se repartían la herencia a dentelladas, sin permiso, peleando salvajemente por la copia de trozo de sangre seca más generosa, más cara, más. Todos querían salir en fotos de colores sin pagar un duro. El público y el político estaban aún más felices con esta nueva ficción que se había producido, que sí estaba mucho más cerca de la realidad, la vagancia y el asco por desagradable que sea el hiperrealismo. Sin embargo, no era ficción, y ni la sangre, se escapaba sin necesidad de 3d en las salas vacías de representación pública o humana…