A Félix Francisco Casanova

El día en el que mi dulce sangre se mezcló con la tuya,
en el que decidimos compartir nuestras arterias
para alargar el paseo por un puerto marítimo,
se me multiplicaron las pulsaciones para siempre.
Y no fue por culpa de mi casera de la calle Arcos,
ni fruto de las decisiones de un nuevo ministerio
o una empresa de paquetería en crisis.
Fue por el sonoro color vivo de tu sonrisa,
por el brillo tierno de tus ojos,
cuando leíamos a Félix Francisco Casanova…

2 comentarios sobre “A Félix Francisco Casanova

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