Gladys también pinta muñecos azules

El otoño les había estallado por dentro les había sorprendido. Los trozos de unos y otros se habían repartido por el cielo como si de una patética escena de Kill Bill 3 se tratase. De repente las almas de unos y otros se habían quedado difuminadas colgando del paisaje azul mal pintado por la aquella joven Olivia, que ya por aquel entonces había quemado cientos de empresas de todas las clases por todo el mundo cansada de la quietud. Gladys entonces se entregó como en una auténtica pesadilla a sus clases de inglés en Puntagorda, a los adolescentes de Puntagorda como pudo que comenzaban a descubrir el sexo, como a descubrir poco a poco muy despacio todo lo que una primavera recién violada podía ofrecer en aquellos amaneceres negros en los que la piscina brillaba vacía y azul mientras a Gladys se le empapaba la mirada con el recuerdo de la joven Olivia. Como en los secretos de las almas de todos los vecinos del pueblo, que ocultan sus más bajos instintos para sobrevivir sin demasiada sangre sin demasiada violencia por las calles mientras la joven Olivia pinta muñecos azules en la plaza, mientras fuma vacía con la entrepierna mojada en el recuerdo de Gladys un único cigarrillo light que sujetan sus sensuales labios con desidia, para poder despistar entre canción y canción lo mucho que la echa de menos sin acordarse en absoluto de ella.

Gladys VI

El corazón de Gladys VI se cae al suelo y florecen mil corales de Bach que atraviesan el cielo provocando mil brillos en las almas que todavía no se habían entregado a la velocidad. Nadie tenía intención de comprender nada ni muchísimo menos tomarse tiempo para ello. La mímesis les obligó a apartar la autenticidad de cualquier atisbo de vida en sus miradas. Cualquier mala interpretación de lo que ocurría podía ser utilizada en su contra, y era preferible y predecible incluso que todo siempre permanecería quieto y perfectamente ordenado, pero con ribetes ensangrentados en aparente movimiento incesante por el exceso de brillo. Miles de sonidos hicieron estallar a Gladys.

Matar la tensión

No estaba decidida del todo pero supuso que evitar sólo esta vez un descuido podía ser la solución para matar la tensión con Juan. La playa estaba completamente peinada y estaba amaneciendo. Juan esperaba la guagua como todos los días, esperando de paso a Gladys y hacer más excitante el desayuno con el regalo diario. Gladys dejó pasar la columna de aire como siempre por su entrepierna como es costumbre para el deleite matutino de Juan, para el refresco múltiple de Gladys por la mañana. Pero Gladys lleva esta vez unas preciosas bragas blancas. Y esto a Juan, pese a la preciosura del encaje, no le ha hecho ninguna gracia. La tensión crece entre Juan y Gladys. Los vecinos sienten cómo la sangre comienza a correr más deprisa. Y a Gladys le crecen los pezones con esta contradictoria situación.