Septiembre

Septiembre es de esos meses en los que apetece suicidarse. Suicidarse en coche, locos perdidos, hacerse un llavero con las nubes, mirar con los ojos empapados sin decir absolutamente nada colgando la mirada sin expresión reflejando las nubes de tu llavero nuevo. El corazón acelerado empapado de oporto y nuevas caras que nos suenan de tanta inexpresión e idiotez, los ojos locos perdidos llorando de tanta tierra y tanta novedad, el viento que azota las ideas y las ralentiza sin compasión, resoluciones gubernamentales y mucha pintura blanca que lo tape todo, bodas, bautizos, y comuniones, protocolos existenciales. Un mes para perderse en el amor brutal, en el más salvaje de los amores, sin contemplaciones, sin historias, sin esta puta realidad que nos hace a todos comportarnos como a imbéciles, suicidándonos como si nos hubieran drogado en alguna fiesta sin previo aviso, como si nada hubiera pasado, cuando nos ha pasado de todo sin darnos cuenta.

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