Detrás del cristal

El sindicato permanecía cerradísimo, para que el aire acondicionado funcionara correctamente. Por los cristales se veía cómo estaban fresquitos, cómo comían con las manos unos, cómo se las enjuagaban otros, en los enormes chorros de agua cristalina que lanzaban con fuerza los grifos del sindicato. Cómo se reían y disfrutaban en general de su jornada laboral. Detrás del cristal, mientras, la gente moría de hambre y pena, y los artistas morían desnutridos en las calles, en la cola del paro, justo cuando sus obras se reconocían y hacían más populares, incluso fuera de las fronteras, pues los funcionarios de todo el mundo las descargaban gratis sin permiso alguno dejando secos a todos estos artistas vivos, como si descargaran tal vez su sangre tal vez sin saberlo, como con la misma fuerza de los aquellos grifos del sindicato, con los que los funcionarios se limpiaban los restos de sangre y aliños, la grasa de las manos de tanta fiesta.

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