Infinitas mentiras

Después de tanto tiempo me di cuenta que toda esa rara nostalgia la habíamos inventado. Todos echábamos de menos y eso era lo único cierto. Lo demás no estaba del todo claro, el quién o quiénes, el qué, no era lo más importante. Al llegar comprobamos la misma desesperación humana que existía en todas partes que cada vez más crece, el calor del excesivo frío, los olores desagradables de tanta colonia y las risas acartonadas sobre tu cabeza por la desilusión mezclada con la desgana existencial. El movimiento de las nubes, el fuerte olor a perfumes caros comprados en tiendas baratas colándose sin permiso y acomodándose en las texturas de tu alma, los vestidos baratos comprados en tiendas caras, sencillos, y el exceso de acomodarse a un determinado modo de existencia por miedo a cruzar el significado de las palabras, por miedo a atravesar aquello que damos por supuesto y que realmente no es más que otra de las infinitas mentiras que han conformado nuestra estúpida existencia para facilitar nuestro uso. Ahora echamos de menos, otra vez, como siempre, qué ilusos. Lo que no está claro, como siempre, a qué o a quién.

2 comentarios sobre “Infinitas mentiras

  1. Lo que de menos echamos es la calma de un batir constante que acompase el nuestro. No lo recuerdas? Tu gravidez era menor rodeado de líquido amortiguador y la única luz era ritmo incesante y voz satisfecha de albergarte.

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