Sangría francesa

A la serpiente de Claudia

Era un mensaje de Alfredo, para invitarla a un concierto de Tabletom en el Málaga Palacio. Encendida sacó el teléfono del canalillo contentísima y empezó como loca a darse silueta azul en los ojos, mientras se terminaba su kivi de por la tarde y comentaba a Eva del conservatorio la jugada del viernes y la ropa rosa que debía prestarle. Eva tenía la boca torcida como nunca, el alma torcida como nunca, llorosa. A Eva lo que le gustaba realmente era que su novio le abofeteara la boca un poquito antes de besarla, bien húmeda, sin importarle el después. Su novio, Paco el del bar, le pagó más de catorce operaciones estéticas con los ingresos inesperados de una herencia lejana y caprichosa, los que guardaba para un futuro mejor. Se quejaba Paco de los terribles deseos de la su novia, pero Eva, endiablada, sangrando como una cerda, lloraba en la entrepierna de su novio una nueva paliza, que por favor, en mitad del juego, de la burla, deseosa y enferma. Terminándose una chirimoya, Paco la aparta cansado, se enfunda en el vaquero, y se ofrece voluntario al servicio militar sin dar explicaciones, harto de beber sangre aliñada. Eva, llorando desconsolada intentando una Balada de Chopin en el piano de la su abuela, se corta las venas sin conseguirlo del todo. Marina se embadurna en brillantina toda entera, se pinta un dibujito manga cerca del ombligo, y arranca la moto en busca de su amiga. Otro mensaje de Alfredo que dónde y que venga, que se le pasa el arroz, a lo que Marina no le contesta, mientras se aprieta el móvil en mitad de las tetas, y se apresura a consolar a la su amiga de siempre, la pobre Eva, joven castigada aficionada a incendiar bares. Marina estaba entusiasmada con el pobre Alfredo, estaba todo el día intentándola, sin conseguir más que alguna mirada con más de un doble sentido y algún que otro toque al móvil.

Jefe 549: Es un jefe azul y muy delicado. Necesita empotrar gente sin consuelo y sin llanto ya. No le gusta dar explicaciones y prescinde de los modales de toda la vida. Sin contemplaciones.

Estaban al borde del barranco, hablando entre ellos, cuando escucharon la noticia por la radio. Alfredo mató a Marina en mitad de un ataque de celos. Cenando, Marina se apresura en mitad de un deseo indescriptible para hacerle saber a Eva que quería comerse las albóndigas de la su barriga mismamente. Eva pega un volantazo y se sube encima de Marina para enlazar con la su lengua la suya para que ningún argumento sobrara demasiado. Las dos se hacen el amor, se mezclan en el jacuzzi, hasta que pegan a la puerta desesperadamente. Virgilio, el vecino, que necesita urgentemente suicidarse. Las dos leonas ya ahogadas en el éxtasis devoran sin consuelo al pobre Virgilio muy pavamente. Virgilio era aficionado a la música india y al relax mental en general, pero el apretón de aquella tarde fue ya tan fuerte que su vecina no podía dejarlo desamparado. Vestida de plátanos, Marina mata a bocajarro al pobre Virgilio, que en mitad del éxtasis. Las dos en moto hasta llegar al barranco donde volvieron a hacerse el amor y a recordar sus infancias deciden reanudarlo todo nuevamente:
– A mi lo que me gusta es tocar el tambor en Semana Santa. Recuerdo en el convento cuando me metía mano mi madre la muy guarra. Estaba hecha una golfa con aquella minifalda y a mi madre se le ponían las bragas húmedas de pensar en mi entrepierna. Me la comía siempre que le apetecía, y yo la dejaba, era mi madre. Sin embargo, no quería que tocara el tambor, ni que jugara a los coches, sólo abrirme de piernas para ella. Siempre quería que estuviera en la puta catequesis con las demás niñas o follando con ella, yo empecé a odiarla profundamente. Hasta que te conocí. Nos follábamos en la sacristía, era muy profundo. Cogíamos el vino y los cirios y hacíamos nuestra fiesta en la oscuridad, cuando no había nadie para poder gritar y escuchar nuestro placer rebotando por las paredes, qué golfa eras. Recuerdo cuando me frotaste por primera vez. Entonces mi madre te cogió odio, tanto, que terminamos matándola. Desde entonces, todos los años salimos en la Semana Santa del pueblo tocando el tambor, como a nosotras nos gusta…
– Ya no vamos a salir más en las procesiones –susurraba Marina a la mirada húmeda de Eva tras el relato.
– Eso es lo que a ti te gustaría, puta viciosa, que yo te consintiera. Pero no voy a dejar que te comas tú sola, antes, te arranco yo la cabeza a bocados.
Las dos hembras finalizan comiéndose las bocas muy sonoramente después de una sangrienta pelea, mezclando los sonidos de labios y salivas con el cantar de algún que otro bicho nocturno, algún que otro pájaro de noche, cuando Alfredo aparece llorando vestido de novia con una cámara de video y pistola en mano.

Claudia 16: Es una niña de líneas verdes y naranjas. Aficionada al jazz y a las patatas onduladas, no le gusta que le quieran demasiado, más bien sin explicación ninguna. Le gusta la sangre provocada por accidentes.

Reían maliciosamente Alfredo y Gómez la muerte de Marina, mientras brindaban con un champán francés en la mitad ya del barranco. Pasaba la Semana Santa y ya faltaba en la aquella fila de tambores un redoble inseguro, el tambor de Marina. Gómez era el hermano de Marina, un policía al que le gusta saltarse la ley con sus amigos. Seguían bebiendo cuando un rugido de chatarra acariciaba un viejo disco de Calamaro que resonaba desde el Arosa de Gómez. Era Eva que llegaba en su moto satisfecha de lo que acababa de ver en la televisión local. Tenía que premiar a sus chicos de alguna manera, así que se desnudó y se ofreció a estos dos jóvenes entusiasmados más que nunca. Una leve lluvia refrescó el tanto calor que aquellos tres cuerpos se pasaban de unos a otros sin orden.
Después de follar, se vistieron, y cada uno tiró para su casa, al otro día tenían que trabajar. Eva era telefonista de los bomberos y servía copas en La Habana, una tasca de mala muerte, Gómez patrullaba con sus colegas y procuraba el orden sin conseguirlo, y Alfredo dirigía una modesta compañía de teatro aficionado y mataba a sueldo en contadas ocasiones. En sus ratos libres solían irse al bar de Eva, donde bebían cerveza gratis siempre que Domingo, el dueño de la tabernilla, no rondaba por allí para poner nerviosa a la joven Eva, a la que Alfredo conseguía marear con una notable facilidad y sin demasiados entusiasmos.
Quien sí conseguía absolutamente todo de la difunta Marina era Paco, que usó a Eva para poder conseguir que Marina se fijara en él. A Marina le gustaban cada vez menos las actitudes maquiavélicas de Paco que, a simple vista, nos puede parecer un personaje sin demasiada importancia, pero que esconde varias personalidades que nos pueden distraer con facilidad. Paco es quien recibe los encargos directos que ejecuta Alfredo en contadas ocasiones. Paco siguió viéndose con Marina en contadas ocasiones después de abandonar a Eva. Eva y Alfredo planearon el asesinato de Marina en un hostal de mala muerte sin contar con Paco. Paco no comprende nada y se enfada.

Asesina 931: Nunca consigue lo que se propone y siempre se propone lo que consigue. Aparca su Arosa desastrosamente, tarda mucho. Le gusta destrozar familias.

Eva era gótica y estudiaba música. Fue Paco quien la animó a estudiar piano, para así poder estar todos los días juntos en el bar del conservatorio donde trabajaba Paco. Poco a poco Eva fue desmenuzando frente a Paco todas sus miserias y deseos, sus desviaciones y sus dudas, las que a Paco en un primer momento no disgustaron en absoluto. Eva fue deformándose de tantas palizas de Paco, operándose y deformándose aún más, y a Paco no le disgustaba el aspecto de Eva, ni muchísimo menos, pero la cosa estaba tomando demasiados tintes enfermizos, no eran los tintes enfermizos de Paco, y Paco dejó de trabajar en el conservatorio para dejar de ver tan asiduamente a la enferma Eva, para alistarse a la mili, o dicho de otro modo, para trabajar en una gasolinera en las afueras del pueblo. Eva ya no era Eva, y eso a Paco no le gustaba en absoluto. Marina nunca creyó nada de lo que Paco le aseguraba. Ahora Paco quiere cobrarse todo de una vez, está muy desquiciado, como nunca.

Jefe 7893: Es un jefe rojo y muy delgado, con una solemnísima barba. Toca la guitarra y le gusta vestir con chaqueta, no demasiado planchada ni demasiado arrugada.

Estaba harta de tanto Chopin y tanta Balada. Eva era aficionada a los incendios, así que, después de quemar el conservatorio, se vengaría de Paco, probablemente quemándolo vivo en la su gasolinera. Alfredo necesitaba de los favores de Eva sin la su Marina, así que le confesó que Paco nunca se alistó al servicio militar, a lo que Eva le contestó escupiéndole rabiosa y follándolo como nunca. Alfredo no es violento. Se limpió con una servilleta la saliva y las lágrimas mientras Eva se vestía y se marchaba histérica con un solemne portazo. Alfredo llama a Gómez muy nervioso.

Luismi 9136: Es un personaje hecho a base de frases hechas, alguien que cree que existe mucho, pero que no existe ni a la de tres. Le gustan las fiestas en la Torre de San Telmo.

Gómez estaba en el balneario celebrando el festival a su manera. Rodeado de nenas de la zona de Pedregalejo se sentía muy bien nuestro amigo Gómez despejado de tanta inseguridad, arreando a la guitarra acordes y más acordes para que las niñas cantaran bordeando el infinito y la luna con sus miradas torpes e inseguras y a la vez decididas y delicadas. En mitad de una versión libre de Tabletom suena el teléfono de Gómez. Alfredo desquiciadísimo, a juzgar por su voz, desencajado lo mismo que un Mondrian hipercúbico:
– Pues hoy me ha funcionado mal con la Eva no sé…
– ¿A qué te refieres? Si se te iba muy bien…
– No sí, pero es que hoy me ha marchado escupiendo y golosa, sin explicaciones…
– ¿Pero qué has hecho? ¿No te animaste lo suficiente?
– Hablamos de Paco, de sus gatos, de los mejillones al vapor…
Estaba claro. Gómez aparcó en la playa a todas sus patinadoras de la luna y arrancó su Arosa en busca de Eva, preocupado por nada. Paco lo saca del coche sin mediar palabra y le corta la yugular mientras resuenan carcajadas las de Paco rabioso de placer manchadas de sangre por toda la calle solitaria.

Carlos 69832: Tiene gafas enormes y una barba con trozos de puchero del mediodía que le llegan a la entrepierna. Muy amante de los verdiales, se enamoró y lo perdió todo en un casino. Incoherente.

Eva se apresura para asistir al estreno de Alfredo, versión libre del retablillo de Don Cristóbal protagonizado por Claudia en el Picasso, el colegio donde todos echaron los dientes. Los profesores, preparando los bocadillos, las Coca Colas, y allí no aparecía nadie. Eva se pone un poco histérica y le dan ganas de ir al servicio. En los servicios, Claudia, embadurnándose en brillantina y fumando, algo nerviosa:
– Te veo atacada nena. ¿Acaso es tu primera vez o qué? –pregunta Eva desafiante.
– …and I feel them drown my name so easy to know and forget with this kiss… –canturrea Claudia en susurros como si no fuese con ella, mientras fuma un cigarro de maría.
Eva le arrea un solemne tortazo que hace que el cigarro caiga al suelo. Claudia lagrimea sin comprender y Eva es absorbida por los encantos del cuerpo de Claudia, tan tímido y tan llorón, tan sensible, que comienza a ganar terreno. Eva susurra déjame estúpida, pero ya no puede contenerse ni a las falsas lágrimas de Claudia, ni a esa sonrisa maquiavélica invitándola a hacer todo. Claudia deja caer su falda. En los servicios del colegio comienzan a sonar dos hembras en mitad de una fiebre indescriptible, cualquier cosa. Comienzan a llegar los demás protagonistas.

Jefe 67: Viste de cadenas, cuero y poco más. Vive en la calle y no le gusta que lo miren. Acostumbra a interpretarlo todo mal y a cobrárselo todo por adelantado y sin más. Roba coches y viola siempre que necesita sexo con total naturalidad.

Eva quiere cobrárselo todo. Después de volver a follar con Alfredo, comenta la posibilidad de un nuevo objetivo: matar a Paco. Alfredo y Eva se vuelven a follar mutuamente y se perfilan como los verdaderos culpables de toda esta trama estúpida.
Paco llama a Eva sin lógica alguna. Eva escucha a un Paco que desea fervorosamente invitarla a cenar, que hace demasiado tiempo que no se ven y que quiere saber de ella, que sólo como amigos y que no piense demasiado. Eva, en mitad de sus cegados sentimientos, acepta temblorosa y entusiasmada lo mismo que cuando con quince años en la fiesta del día de Andalucía. Alfredo se enfada por primera vez.

Virgilio 9321: Es director del colegio y se entusiasma con los teatrillos de los antiguos alumnos. Es feliz con una Coca Cola y poco más.

Alfredo histérico se instala donde vivía el pobre Virgilio, quiere observar con detenimiento todos los movimientos de Eva que no está del todo contenta con la mudanza de su novio pero acepta el desafío. Paco prepara una noche inolvidable para la su Eva en su modesto alquiler: música de Chopin, velitas, comida italiana, champán francés… todo preparado para que Eva no pueda negársele a nada. Claudia limpia la cocina de La Habana recordando todos los milímetros del cuerpo de Eva, que está ansiosa eligiendo ropa para la su noche con Paco.
Es una noche hermosa, estrellada. Paco abre la puerta a la su Eva, muy decidido, elegante y sin discordias. Viste camisa negra, pantalón vaquero oscuro, chaqueta clara no del todo planchada, y barba de tres días. Eva, enfundada en un sinuoso y sencillo vestido con líneas verdes y naranjas, dejando adivinar todos sus encantos con facilidad. Suena Chopin y un Rivera del Duero que deja caer Paco en la copa de Eva, suavemente, sin miedo a romper esa armonía arpegiada tan delicada que es la Balada de Chopin escupida por Ángel Sanzo. Suena el teléfono de Eva rompiéndolo todo. Claudia la necesita urgentemente, no se sabe aún por qué motivos, pero Eva se ve con la necesidad de ir en busca de Claudia, de aparcar su cena con Paco, Alfredo bajo las faldas de Claudia, la boca húmeda de tan irremediable situación. Claudia gime como una cerda.

Mawi 67902: Es la serpiente de Claudia. Inquieta y venenosa.

El balneario estaba siendo derruido poco a poco y como quien no quiere la cosa, para evitar posibles contra ataques. Las pocas casas de los alrededores pasarían a formar parte de un importante complejo comercial que planificaban los ayuntamientos más cercanos con total entusiasmo y sin la menor idea. Mientras Paco toma una fresca sangría de uvas y pera, calmado, mirando la playa, despidiéndose de su balneario donde divisa la farola como desde ningún otro punto, donde más de una vez atrapado por Marina Paco vestido de militar, se duerme, y sueña cosas extrañas, el camión de basuras triturando gentes.
Eva llama al timbre de Claudia nerviosísima. Alfredo le abre:
– ¡Sos un dulce! –exclama Eva derretida en mitad de una película de amor, en mitad del amor de Alfredo, Claudia tras Alfredo desnuda, Mawi, en mitad de su estómago.
Mawi se apresura a enlazarse entre las piernas de Alfredo, Claudia besa mimosa todo el cuerpo de Eva muy profundamente. Mawi se lanza a la cara de Alfredo, descuidado, a devorar su mirada sin avisar. Eva se desprende de esta escena tan patética y prepara unos huevos fritos. Claudia regresa al estómago de la su ama cubierta de sangres y feliz de cumplir los deseos de la su Eva. Se vuelven a besar. Eva desliza la su mirada por todos los encantos de Claudia manchados con la mirada de Alfredo. Al fondo, los gritos de Alfredo sin la su mirada. Más al fondo, Mawi satisfecha.

Alfredo 770: Perdió la su mirada intentando una versión libre del retablillo de Don Cristóbal.

Luismi era médico de la seguridad social y dirigía un coro de voces mixtas en sus ratos libres. Era muy anarca y no gustaba de hacer caso a los demás. Fue el encargado de poner música a todas las obras de teatro de Alfredo, que cada vez más odiaba la música de Luismi. Poco a poco fueron discutiendo una tarde acerca de una misa representada por los propios integrantes del coro, que Alfredo caliente como nunca sacó su pistola y mató a todos en un único disparo. La sala de ensayos se convirtió aquella tarde y para siempre en uno de los Goyas más expresionistas jamás contemplados por el joven Alfredo, que riéndose cerraba la puerta y se dirigía a La Habana a tomar algo con el grupillo de teatro.
Eva y Claudia comían huevos fritos cuando Luismi pegó a la puerta muy enfadado.
– Alfredo me ha dejado sin coro –escupía furioso y con la mirada perdida en un cuadro familiar.
– No te preocupes, nosotras podemos, tranquilo –dice Claudia mientras mastica con vicio mirando a la su Eva.
Paco no puede evitar el llanto y se tira por la ventana en mitad de la pena. Paco necesitaba vengarse con demasiada urgencia y no lo consiguió.

Coro mixto 835: Es un coro de personas mayores que dedican su tiempo a rescatar música del repertorio barroco. Todos son jubilados y jubiladas con mucho entusiasmo por la música, cegados por completo. Son utilizados vilmente por Luismi.

Alfredo no podía con Domingo, que aprovechaba cualquier descuido para irse a los servicios a enchufarse un latigazo.
Intentaba el pobre Domingo mantener el tipo sin demasiado ridículo. Era nobletón como quizá Antonio, pero juntos eran dos verdaderos hijos de puta despreciables y sin ningún interés. Antonio estaba perdido en el grupo de teatro de Alfredo sin comprender demasiado nada, gustaba de la buena música y la buena literatura y poco más, un ser totalmente desociabilizado por completo anclado en los recuerdos del instituto:
– Mira primo éste, ahí va otra vez –despreciaba Alfredo.
– Si no puede vivir sin su música mal peinada. Déjalo él sabrá. Apenas me ha saludado cuando ya le estaba sangrando la mirada –apuntaba Antonio con cierto desprecio mal educado.
– Por mí como si lo atropella un tren o se lo traga un camión de basura.
– ¡Habla el tren! –anuncia Alfredo.
– ¿Qué dice el tren? –pregunta a gritos Antonio en mitad de una nube de humo de tabaco francés.
– El tren dice que lo trituren lo mismo que a un puñado de basura. ¡Habla la basura! –ríe Alfredo con sadismo.
– ¿Qué dice la basura? –Antonio subido a un púlpito.
– La basura no quiere que Domingo esté revoloteando entre su mierda. ¡Habla la mierda! –Antonio más fuerte aún, escupiendo la cerveza de la risa.
– ¿Qué dice la mierda?
– La mierda está obsesa en su camión. ¡Habla el camión! –Alfredo a grito pelado, centro de miradas en La Habana.
– ¿Qué dice el camión?
– El camión tampoco soporta la presencia de Domingo. ¿Qué dice Domingo?- Antonio bajando la voz.
– ¡Que lo atropelle un tren!
Así horas y horas hasta volver a Domingo y triturarlo de nuevo sin compasión Alfredo y Antonio, mientras la clientela sin dar crédito una noche tras otra a todo lo que allí sucedía entorno al último día de la semana. Domingo en los lavabos poniéndolo todo perdido de sangre. Y entre la clientela, Marina.

Jefe 412: Es naranja y básico: come, duerme, folla, y entrena. Su vida son esos cuatro términos. Le encanta asustar a la juventud con su manera de pensar y su enorme barriga.

Marina estudiaba filología hispánica y follaba muchísimo por aquella época, era ninfómana. Verónica era compañera de clase de Marina, joven argentina que también se follaba todo lo que se movía menos a Antonio, que quedó traumatizado desde entonces sin comprender por qué la joven no lo usaba como a los demás. Alfredo se quedó mirando a Marina desconsolado, buscando la manera, cómo provocar una casualidad sin que se notara demasiado. Antonio reía y reía compulsivamente para llamar la atención de Verónica, que reflejaba en aquellas carcajadas los desequilibrios de un antiguo novio, lo que imposibilitó totalmente cualquier afair entre Antonio y esta joven argentina con ganas de volar y tocar el saxofón como en los cuentos de Cortázar.
Marina era una cosa bastante complicada. No terminaba de decidir el por qué y el cómo de nada, estaba siempre enlazada a una idea que nunca terminaba de matar, mucha risa y labios carnosos muy pintados que mareaban, perdida, hasta que se encontró a Fernando.

Fernando 7: Cándido y con problemas de vértigo, pasa los días charlando con Francisco -su amigo invisible- y U2 a toda pastilla.

Fernando es de origen patagónico. Junto a Alfredo y Antonio eran los tres pilares del grupo de teatro del colegio. Fernando no podía vivir sin sus discos de U2, motivo por el que abandonaron La Habana con Marina y Verónica para tomar copas en casa de Fernando con los vídeos de U2 que le renueven el alma. En La Habana estalla una bomba.

Israel 299: El otro amigo invisible de Fernando.

Eva no calculó nada bien y voló por los aires todo menos su objetivo. Eva se lanza a los brazos de la su Claudia desconsolada. Fernando en la su casa mira el telediario con asombro. Francisco e Israel felices brindando con el Macallan veinticinco años que Fernando guarda para ocasiones especiales. Marina haciéndole una manola a Alfredo sin comprender demasiado. Antonio follándose una puta callejera con media risa en la cara. El vértigo les había salvado la vida. Fernando arranca el coche emocionado y se estrella contra un edificio negro gritando las canciones de U2. Mawi se detiene en el ombligo de Claudia.
Nadie asistió al funeral de Domingo. Carlos toca la guitarra con mucho sentimiento mientras el coro canta a Monteverdi muy rocieramente.

Jefe 590000: De joven fue torero y pianista. Se pasa el día liando y ordenando, como cualquier líder de masas.

Manzanita había muerto y con él se había muerto también un trozo de Israel. Francisco e Israel están instalados en casa de Claudia, cerca del nuevo supermercado. Eva se pone a practicar en el piano de Claudia, que llora con las armonías de Chopin, le llegan muy al fondo. Eva llora que ya no es como antes, que Chopin ya no suena igual sin el calor de su Paco. Claudia aparta la silla del piano y se sube a la entrepierna de Eva húmeda como nunca. Eva aprovecha el estado vulnerable de Claudia y la acaricia con mucho cariño para confesarle que le han ofrecido trabajo como pianista en Nápoles. Eva promete volver entre besos y más besos, a lo que Claudia responde con un solemne tortazo y un par de grietas húmedas que nacen de la su mirada perdida de dolor y silencio contenido. Claudia se viste y se marcha a la playa en mitad de la noche. En la playa, Francisco e Israel nadando. En la arena iluminado por la luna Carlos con la su guitarra y una grieta en el alma.
Claudia quería recortar la enorme barba de pucheros de Carlos, que sonreía con un mal aspecto espeluznante, mirando cómo los amigos invisibles de Fernando, lo poco que quedaba de Fernando ya, provocaban a una bella recién nacida. Claudia se desnuda desafiante pero a Carlos ya poco efecto le producen los encantos de Claudia en mitad de la playa vacía, mientras termina un tinto de verano y continúa su repertorio para su público invisible, sus miles de franciscos e israeles gritando emocionados en un enorme silencio que se acumula sin pedir permiso en el alma de Carlos que arranca su coche en dirección al casino del Málaga Palacio para gastárselo todo. Claudia se enfunda en su pareo medio enfadada con un gesto melancólico y ríe como loca ahora con un amigo nuevo de la facultad en la barra del balneario. Ni Eva ni Carlos ni nadie hace mella en el alma de Claudia, que enrolla orgullosa a Mawi en la su cintura y deja caer su pareo para provocar al nuevo amigo de la facultad, que atragantándose de tanta provocación recibe un beso de Claudia que le marea ya de por vida. Claudia sube encima del estudiante sin permiso y sin consuelo.

Marina 15: Es tímida y morena, de pelo largo y muy jamona. Es hermana del policía de barrio que murió a cuchillazos en manos de Paco.

Verónica está altamente privilegiada con todas las sus dudas y con todos los sus tabacos franceses. Está en el bar de la facu con Marina desafiando a toda la barra con gestos y miradas mientras sorbe café y clava esa serpiente de humo que sale de la su taza para calmar el frío de aquellos días en mitad de todas sus ideas fríamente calculadas. A Verónica se le antoja robar en unos grandes almacenes, mejor aún, molestar en unos grandes almacenes. Marina se ríe por no llorar y echa otro sobrecito de azúcar en su zumo de naranja natural. Verónica llama a Estefanía y a Rocío, las otras dos camareras de la barra de la facu, para organizar el plan entre las tres que entre risas y medio excitadas. Marina mientras gime con Alfredo por teléfono cansada ya de tanto amor y de tanto todo.
Enfundadas de cuero ya van las cuatro al corte inglés a jugar un poco con la realidad, a tambalear las estrategias de seguridad impuestas por los empleados de grandes capitalistas que no encuentran ya sabor en absolutamente nada, ya juguetean y ponen en alerta a un par de empleados en la planta de cosmética a los que sonríen picaronas mientras se pintan los labios y los llevan de la mano a los servicios de señora a comprobar que todo es posible al ritmo del hilo musical de la planta dos. Los dos empleados fuera de juego. Uno de ellos, Carlos. El otro, Luismi. Una vez perdido todo, y después de una larga temporada tocando por todos los hoteles de la costa, Carlos decidió encontrar la tranquilidad como seguridad del corte inglés por mediación de unas amistades extrañas de Luismi, que continúa con su coro de jubilados para no perder mano en esos terrenos del cante barroco que tanto le gustan. Más allá de la lógica, Luismi se lanza a la mirada de Carlos y la arranca a tiras sin explicación. La guitarra de Carlos ensangrentada, Luismi con una indescriptible sonrisa manchada de sangre. Las cuatro hembras se arreglan los pelos y engominan su cuerpo en brillantina mientras salen pitando de los servicios hacia la puerta giratoria gritando enloquecidas de satisfacción la canción del hilo musical de la planta baja. Rocío recibe una llamada de little Rocío en mitad de la carrera:
– Esta noche estoy gótica suplántame -aclara little Rocío con insultante decisión.
– Yo me siento sucia así que déjate –Rocío maliciosamente.
– ¿Y a mí qué? –desafía little Rocío haciéndose cortes en las piernas con el cuchillo de cocina.
– ¡Que te follen!
– ¡Puta!
Ambas cuelgan el teléfono en mitad de un odio que posteriormente se convertiría en deseo y Luismi es interrogado por Gómez en mitad de una impresionante paliza. Little Rocío se limpia la sangre, se enfunda en su chaqueta roja, y se presenta en el Road House sin avisar a nadie. En el Road House Claudia con su nuevo novio. Muy al fondo Verónica besándose con la su Marina. En los servicios Rockberto zampándose un puchero. Casi todo estaba ya deshecho por aquella época o todo estaba por hacer. Una guitarra eléctrica ruge desesperada en mitad de un tema de Tabletom.

Europa 3: Es una niñata americana que persigue que la pisoteen.

Sa se entra en el Road House deshecha sin comprender demasiado el idilio entre Verónica y Marina. Decepcionada por completo saca encendida a bailar a Claudia muy sugerentemente mientras el nuevo novio de Claudia sangrando por la nariz en los servicios sin comprender demasiado gasta la poca batería del móvil pidiendo auxilio desesperado a sus antiguos compañeros de instituto, Rockberto tumbado en el sofá de la escalera fumando un cigarro de maría.
Sa es bailarina profesional del atrezzo discotequero y lo sabe. También sabe que anda perdidamente enamorada de Verónica, pero procura no saberlo demasiado. Es pelirroja y muy hermosa y a Verónica le pone muchísimo. De actitudes poco comprensibles Sa intenta despejar razonamientos y dejarse llevar por los instintos sin conseguir demasiados resultados a favor. Para Verónica Sa es la compañera española en el curso de hip hop en Cuba y poco más pero Sa es profesional del hip hop y en sus ratos libres realiza las coreografías en diversos programas de televisión de máxima audiencia, por lo que Sa y Verónica llegan a intimar y a darse el lote más de una noche con total desenfreno y sin ningún miedo a equivocarse. Claudia no comprende demasiado y comienza a mordisquear el delgado cuello de Sa muy amorosamente. Claudia y Sa anteriormente compartieron de todo a parte de sus cuerpos, incluso a Randy, cubano que intenta hacer creer a todo el mundo lo que sabe perfectamente que no. Ahora Verónica se abalanza rabiosa al cuello de Claudia y le arranca un mordisco que escupe a la mirada empapada de Sa. La placa de Gómez irrumpe en el Road House.

Rockberto 543: Es el líder de una banda de rock malagueña muy anarcoide. Bajito y con un millón de caracoles canosos alrededor de la comisura de los labios, le encanta comer pescaito frito en La Campana y a cualquier hora del día.

Verónica y Sa follan endiabladas en la tranquilidad de un hostal de mala muerte, perdidas en los misteriosos jugos que esconden sus pecaminosos cuerpos, perdidas entre alguna mirada llena de nostalgia, cuando Verónica recibe una nueva llamada inesperada de Gómez, que se viste furiosa, y arranca en dirección a la comisaría. En comisaría Claudia deshecha de tanto amor, con el mordisco de Verónica clavado en el alma, brillando. Claudia emprende un viaje perverso por las pupilas de Verónica que es hipnotizada por primera vez de un modo completo y sin hilachos de situaciones que nos puedan conducir a falsas conclusiones. Los cuerpos de Claudia y Verónica se apresuran encendidos hasta el mismo coche de Claudia que se follan desesperados intentando encontrar desprendidos una explicación lógica a sus vidas. Pasa un desfile procesional y a Claudia todo le parece inoportuno, muerde con la mirada el húmedo labio inferior de Verónica, y propone en susurros marchar juntas a las islas París, encontrar nuevos motivos que alimenten sus crudas existencias, Carlos en La Habana esperando para siempre a la su Claudia. Marina y Eva redoblando en mitad de la procesión.

Juan 444: El último novio de Claudia. Murió desangrado en los servicios del Road House.

En la barra de la facu Marina sola rodeada de mil personas, mientras Estefanía prepara con mucho cariño un café bombón que la anime. Marina, que ha probado los encantos de Paco y no sabe cómo hacérselo saber a Eva sin demasiados entusiasmos que puedan herir su sensibilidad, recibe una inocente mirada de Estefanía que acariciando el gesto de Marina. Dejando caer una leve sonrisa frente a los sugerentes ojos de Estefanía Marina toma la su mano de hasta sacarla de la barra levemente excitada por la situación. Las dos hembras se miran hipócritamente avergonzadas, muy lentamente, se acercan tímidas la una a la otra, como si quisieran cazarse mutuamente, que medio inconscientes en mitad del falso engaño, que se lamen de amor las bocas con una ternura desenfadada que hace que en el bar de la facu se arme un revuelo silencioso entre los estudiantes y las miradas que intentan no hacer demasiado caso al espectáculo por miedo al qué dirán, por miedo a perder el control que entre unos y otros se procuran y se hace más fuerte cada vez más a medida que el amor entre Marina y Estefanía crece y se hace más profundo. Estefanía excitadísima aparta sonrojada con una pícara sonrisa a la su amada y en mitad de un cómplice abrazo pide permiso con un guiño a Rocío para ausentarse, mientras se quita el delantal y toma de la mano a Marina, que clava sin concesiones la mirada en su escote mientras se dirigen a un pequeño parque en las afueras para hacerse el amor por completo hasta el final. El sol acaricia sus cuerpos cuando suena el móvil de Marina, Paco quiere repetir. Estefanía adivina en la mirada de Marina un nerviosismo desconocido mientras le comenta lo sucedido con Paco. Marina está perdida e interrumpe un beso de Estefanía, que sin comprender nada queda destrozada en mitad del amor, en mitad del parque ya más desnuda que nunca. Marina se viste colmada ya de remordimientos, se aprieta las tetas, y arranca en dirección al conservatorio para esperar a Eva. Mientras espera no puede evitar tomar otro bombón en el bar de Paco que, pensando que Marina ha ido a visitarle con la excusa de ver a la su amiga, le propina un beso en mitad de alumnos y profesores que Marina acepta en un primer momento sin desvelos, aunque con demasiados remordimientos quizá, tantos, que lo escupe en mitad del éxtasis de Paco, mientras explica entre gritos de silencio y susurros locos todo lo sucedido, un poco alterada, sin poder ya dar una dirección única a todos sus sentimientos. Paco no comprende nada y se echa a reír con la mirada mientras se mete en la cocina a preparar una tortilla de patatas canturreando el éxito que suena en la radio. Eva llega asqueada de su clase de armonía, cargada de leyes acústicas. Paco sale de la cocina para animar a besos las clases a su amada mientras Marina disimula removiendo su bombón. Marina no puede más y se echa a llorar desquiciada mientras se marcha corriendo por los pasillos del conservatorio en mitad de un dolor y una furia que no duele. Eva tras Marina sin comprender nada, Paco troceando la tortilla de patatas canturreando éxitos.
Little Rocío llega al bar de la facu manchada de sangre para sustituir a Estefanía y Rocío llama a Jose para cancelar su sesión de fotos, el bar de la facu está a tope y no puede dejar sola a little con tanto mocoso. Jose es fotógrafo profesional, novio de Rocío, que no recibe de buen grado la noticia y se dirige enfadado a la playa a fotografiar la inmensa luna llena de aquella noche. En la playa solitaria Sa desnuda dejando que la noche y la luz de las estrellas envuelvan todo su cuerpo aún mojado por el mar. Jose toma fotografías sin pedir permiso mientras Sa se masturba por la provocadora situación. Sa y Jose se acercan y se proyectan cada vez más hasta hacerse el amor en mitad de la orilla, en mitad de la noche y el mar. Jose y Sa mueren ahogados en mitad del éxtasis, devorados por el misterioso encanto del solsticio de verano. Suena un leve verdial a lo lejos.

Jefe 472: Es de color oscuro y con una enorme lengua viperina. Tiene enormes manchas de color verde por todo el cuerpo y siempre va desnudo. Le interesa sobre todo la sangre fresca, le provoca placer resecarla sobre sí mismo. Le encanta la tortilla de patatas.

Las islas París estaban muy solas y Claudia devora a Mawi en un ataque de celos en mitad de la ira en mitad de la noche y el entusiasmo. Masticando la resbaladiza textura que es el húmedo cuerpo de Mawi que dentro ya del estómago de Claudia, decide matarla antes de morir. Claudia muere por una extraña intoxicación que nadie conoce, lenta y dulce. Verónica arranca una risa incomprensible y manda un mensaje a Ali, su antigua novia del instituto, pero Ali está ocupada. Ali es operadora en el aeropuerto de las islas París y no puede perder ni un segundo. Verónica y Ali tocaban en la panda de verdiales del instituto y es así como comenzaron su amor. Cuando Ali tocaba el violín tenía verdiales en los ojos y a Verónica se le caían las lágrimas. La boca de Ali era una absoluta provocación diaria que Verónica no pudo dejar pasar inadvertida en los años de instituto en los que confundían sus cuerpos en los servicios, sus bocas, cuando el director las interrumpía para masturbarse en el silencio y complicidad de todo un sistema corrupto que en el pueblo por aquellos años era como la merienda dominguera. Luego se vestían y se bañaban en champán francés en cualquier parque solitario. Ali tenía la velocidad acumulada en su mirada y era el motivo por el que a todos les atraía su enorme fuerza centrífuga que no era otra que la de tragarse a sí misma en cualquier circunstancia, relamerse los labios y dejar brillar todo el vicio que corría por sus venas. Ali estaba cansada de operar en un aeropuerto cercano a las islas París o tocar el piano sin ganas en Málaga, así que decidió dedicarse al diseño capilar y a coleccionar corazones de hombres y mujeres. Todas sus parejas se suicidaron mientras ella daba brillo a las gominas y despeinaba matrimonios sin ton ni son. Ali se cansó de escribir poesía barata y a destajo, necesitaba otras formas de liquidar sus horas sin demasiada pausa ni demasiada prisa, tenía fobia a la nada y eso le preocupaba y le ponía nerviosa por lo que se compró una enorme moto roja y se lanzó al vacío sin avisar a nadie, para morir atada a la su moto roja, descapotable, llorando ahogada en el fondo de las islas París, clavada en una inmensa torre gótica muy fina y bien iluminada.

Reacción 15: Es la sensación que provocan las mujeres que tienen la mirada perdida entre la costumbre y el desorden histórico. Es mucho más que simple inconformismo.

Todo venía a cuento por culpa de la mirada de Claudia. La mirada de Claudia era cada vez más azul y más transparente, hasta que hizo confundir a todo el mundo. La melena de Claudia, la dulce melena despeinada de la aquella carcajada, el cigarro de chocolate, o las vísperas navideñas y la acampada en verano hicieron de Claudia una caja de zapatos italianos, pero su mirada -la mirada despeinada de Claudia- no puede adornarse de actualidad, no puede el alma de Claudia un desayuno con bacon y huevos fritos superficial y estúpido, pegada al estómago familiar que todo lo traga. Claudia cree que puede pasar desapercibida por todos estos lugares, incluso dando de comer de su entrepierna a los desempleados de alguna fábrica. Claudia olvida que nació en la orilla de la playa, engendrada por el sol, la luna y el mar. La mirada azul y transparente de la perra Claudia, ya sin ganas de Málaga.

La luz se deshizo en pequeños cristalillos azules que caían de no se sabe muy bien dónde. La humanidad fue desarrollándose volviendo hasta la más cruda de las estupideces, desapareciendo sin dejar ni una sola estela de aquella luz azul, donde todo comenzó alguna vez, o acaso el humo azul de un cigarrillo sujetado por los húmedos y ansiosos labios de alguna mujer hermosa, atrapada por el deseo.

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