Enfermedad incurable

El gobierno dictaminó quiénes ejercerían como profesores y quiénes como médicos. Después, el mismo gobierno les anuló toda clase de decisiones laborales alegando poca comprensión, haciendo de la educación y la sanidad entonces la sombra enorme de una pantomima gratuita en aparente contradicción en contra de la multitud, a la que ya ni enseñaba, ni curaba, porque aprendió que por encima de todo estaba la comprensión. Con lo que no contaba el gobierno es que a veces alimentar sin educar puede salirte caro, y llenarte de enfermedades. La multitud engordó hasta explotar como explota un iPad por los aires, todavía sin comprender -porque nadie pudo educarles ni tratarles la enfermedad- qué pasó en todo ese tiempo.

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