Arantxa no paraba de matar momentos con su cámara fotográfica. Guardaba en su ordenador la vida como si de una mariposa se tratase en su belleza tras el cristal del objetivo, tras el cristal del tarro de mermelada de la mariposa que ahogada para siempre en su única primavera. Arantxa –como la mariposa de la primavera eterna, del tarro de mermelada- tenía el pelo corto y muy negro. Delgadísima y con unas palabras casi tan afiladas como su mirada, siempre crecían aún más sus enormes pechos en el primer encuentro, invitando a matar el tiempo, y también, por qué no, a imaginar barbaridades en el centro de esa criatura que la naturaleza había dado vida, la misma que ahora buscaba obsesionada que alguien la matase de una vez. Siempre llevaba un libro Arantxa. Leía mucho cierto, pero lo más importante, dotar de una apariencia informada a todo aquel que se colara en su objetivo, el singular sentido del valor de la belleza de Arantxa. Se apagaron las luces y comenzó el concierto. Las primeras caricias en la amplificación de mi guitarra comienzan a sembrar la magia en el pequeño local, y Arantxa no puede evitar empezar a llenarlo todo de segundos azules, en su desesperado intento de convertir en eterno esos momentos ya jamás irrepetibles. Se estaba mojando. No podía dejar de pensar en el volumen del pecho de Arantxa, y ese motivo empujó a mi vanidad para darle fuerte a la guitarra, y en consecuencia, darle fuerte a todas las almas allí presentes, deseosas de que alguien les meta mano bien dentro, que alguien juguetee con sus entrañas y sus sentimientos por unos minutos de una vez por todas, hasta el fondo, como en la feria. Arantxa disfrutaba mucho de este vértigo invisible, y fumaba nerviosa entre la pasión y la desesperación que desataba su pensamiento, que no se decidía a disfrutar simplemente. Arantxa siempre quería más, y nunca era suficiente. Esas fotos serían prolongación de aquella noche, pero jamás serían aquella noche, a pesar de su desesperado intento por cazar mariposas que ya nunca serían mariposas, como ella soñaba siempre, ahogada en su primavera eterna.
La primavera eterna de Arantxa
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Publicado por Miguel Pérez
Millions of streams accumulated on major music platforms (Spotify, Amazon Music, among others) endorse the exquisite inspiration of Miguel Pérez (Málaga, 1976), who has established himself in recent years as an undisputed reference in contemporary minimalist neoclassical music. Among other recent milestones, his music has been selected three times for Spotify’s prestigious Peaceful Piano playlist. His first contact with music took place in the Banda Juvenil de Música de los Colegios Miraflores y Gibraljaire in Málaga, an ensemble to which he dedicated his first compositions. He later graduated from the Conservatorio Superior de Música de Málaga, obtaining degrees as a Professor of Solfège, Music Theory, Transposition, and Accompaniment, as well as a Higher Professor of Tuba. Since 1990, he has composed in a wide variety of formats, publishing and premiering works worldwide, writing music for radio, television, film, and all kinds of performances. At the same time, he has recorded numerous albums featuring his original compositions, with a particular emphasis on those dedicated to his favorite instrument, the piano. Based in the Canary Islands since 2007, and after more than three decades fully devoted to musical composition and performance in its most personal sense, he currently dedicates his time exclusively to teaching, serving as Head of the Music Department at IES Santo Tomás de Aquino on the island of Fuerteventura. More at http://www.miguelperez.es Millones de reproducciones acumuladas en las principales plataformas musicales (Spotify, Amazon Music, entre otras) avalan la deliciosa inspiración de Miguel Pérez (Málaga, 1976) que se ha consolidado en los últimos años como referencia indiscutible de la música neoclásica minimalista contemporánea. Entre otros hitos recientes, cabe destacar que su música ha sido seleccionada hasta en tres ocasiones para la prestigiosa playlist Peaceful Piano de Spotify. Su primer contacto con la música se produce en la Banda Juvenil de Música de los Colegios Miraflores y Gibraljaire de Málaga, agrupación a la que dedica sus primeras composiciones. Posteriormente se gradúa en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, obteniendo los títulos de Profesor de Solfeo, Teoría de la Música, Transposición y Acompañamiento, y Profesor Superior de Tuba. Desde 1990 compone en muy diferentes formatos que publica y estrena por todo el mundo, escribiendo música para radio, televisión, cine, y toda clase de espectáculos. Paralelamente registra numerosas grabaciones con toda esta música original, destacando especialmente aquella dedicada a su instrumento predilecto, el piano. Afincado en Canarias desde 2007, y después de más de tres décadas dedicadas plenamente a la composición e interpretación musical en su sentido más personal, actualmente invierte su tiempo exclusivamente a la labor docente que desempeña como Jefe del Departamento de Música del IES Santo Tomás de Aquino en la isla de Fuerteventura. Más en http://www.miguelperez.es Ver todas las entradas de Miguel Pérez
