Últimas fotografías

 

Hace un año Mario escribió que a veces es necesario borrarse del mapa y apreciar el paisaje desde lejos. Mario necesita borrarse del mapa más que nunca, arrancar y sobrevolarlo todo. Mario ha acabado su disco, su pequeña terapia para seguir existiendo, su Oporto en vasos de plástico, su mentira gorda para sobrevivir en la aquella misma isla de siempre donde Mario ha visto de todo y ha vivido mucho más. Ahora Mario quiere volver a olvidarlo todo, olvidarse del Oporto, de las paellas con los amigos, de las nubes que atraviesan los aviones hasta llegar a Cracovia, de todas las que alguna vez le prometieron olvidarlo todo alguna vez en Tenerife, en Italia, en Cuenca, alguna vez, o en algún sitio distinto a todos los sitios de este mundo. La isla favorita empieza a tener otra temperatura para Mario, siente la necesidad de volarlo todo por los aires sin compasión, y en medio de este pequeño instinto asesino, mientras espera, ofrece un pequeño concierto de quince minutos con sus últimas fotografías, sus pequeños autorretratos de colores, que ahora ya son amarillentos, en blanco y negro, carcomidos por las ratas, y que ya reparte a sus amigos entre nota y nota por las esquinas.

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Playa Blanca

Como si el cielo y el mar
Se amaran mezclados en el horizonte
El cielo reflejado en el mar,
El mar sin dejarse mirar por el cielo
Confundiendo el tiempo
Con el eterno movimiento inquieto
El mar a la vez revuelto y calmado
El cielo vivo y rojo
Como el más bravo de los fuegos
Transparente azul encendido
Que cambia y cambia su brillo
Sin reflejarse en el otro.

Mañana no es viernes

La luz se detuvo
Como se detienen los pájaros
Cuando le damos al pause.
Se deshizo poco a poco,
Nítida,
Desgastada de no usarse,
De detenerse en el tiempo.
De como cuando en el amor se detienen
Esos pequeños detalles azules,
Ese líquido eterno que
De hasta convertirse en lágrima
En esa gota de dolor que estalla y que brilla
Suicidándose de tu lengua
Como cuando se encuentra maravillosa
Con la mía
Y comprende
Que el infinito no existe,
Que es un destello sin explicación.

Recorte

¿Acaso también
te están recortando el tiempo,
tu vida privada?
¿Te están violando,
usando otras palabras,
cambiando la etiqueta para que no te enteres?
No ahorras con tanta tecnología,
piénsalo,
te están recortando la vida.
Y tú te crees listo,
mientras te la estás pirateando,
vigilada a cada segundo.

Las historias de Mario nunca tienen final

Llegó la hora de retirarse. A veces es necesario borrarse del mapa y apreciar el paisaje desde lejos. El mismo disco de Tete, ese sabor antiguo que desde siempre acompañaba a sus cigarrillos a la hora de escribir era justo lo que Mario necesitaba. El tiempo de las cervezas se iba perdiendo en el propio tiempo, a emborronarse con demasiadas historias de amor sin final. Las historias de Mario nunca tienen final. Mario prefiere arruinarse en medio de mil situaciones que no terminan para así tener la sensación de una vida intensa, quizá una vida que no es siquiera la propia vida de Mario, que gasta sus últimos años en el asilo escribiendo un disco para piano que jamás terminará. Y es que, la música de Mario nunca termina, es un bucle infinito en fase de inspiración, paellas y botellas de Oporto que parecen siempre la misma y que por pequeños detalles no dejan de plantar cosas hermosas y nuevas en el corazón de Mario, que improvisa e improvisa sin parar una nueva historia de amor para no terminarla nunca, hilos de inspiración y calentura que huelen a recuerdo y al aroma salino de la novedad en cualquier mes siempre de otoño, y siempre con una hermosa nube azul que intenta dibujar algo para no acabarlo jamás, una serpiente o una corbata que se cuelga de la nada para desaparecer como cuando Tete acaba un tema muy lento y muy hermoso en un viejo piano que transcribe un viejo tocadiscos en la sala de usos múltiples del asilo donde Mario intenta recordar su vida para inventarla una vez más, o menos, según se mire.