‘Santo Traslado’ y ‘Jesús Cautivo’, las marchas de procesión de Miguel Pérez

A lo largo de todos estos años también he escrito mucha música dedicada a la Semana Santa de Málaga, quizá las partituras por las que más conocido soy en mi tierra. Otro de mis compañeros en la banda, mi buen amigo el compositor Francisco Javier Moreno, tuvo el detallazo de seleccionarme para esta sección mensual de esta interesante y completa web dedicada a la música escrita para bandas de música. Es por este motivo que hoy los amigos de Nuestras Bandas de Música me dedican este bonito artículo que corresponde a este mes de diciembre, por lo que yo para el mes de enero, propongo a otro buen amigo, Santiago J. Otero. Gracias a todos.

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¿Por qué no tengo un piano de cola?

Bienvenido a quien esté leyendo estas líneas. El objetivo de abrir este blog no es otro que compartir los sentires de una persona a la que solamente le interesa comunicarse mediante la música, lo que por mil motivos actuales, cada vez se hace más difícil. De hecho, la decisión final de abrir este blog la tomaron mis propios seguidores en redes sociales, a los que pregunté si les gustaría que lo abriera. Enseguida hubo gran acogida, si bien tuve que bloquear a un supuesto compañero músico malagueño -hater más bien-, con el que tenía contacto cero a pesar de estar conectados en la red, y que, sin embargo, desaprobó raudo públicamente mi iniciativa con la notoriedad propia de estos personajes de los que me reservaré dar nombres en este blog. Pero me presento. Soy Miguel Pérez, un músico malagueño a punto de cumplir cuarenta y dos años que lleva diez en Canarias establecido en la isla de Fuerteventura. El motivo principal de dejar mi ciudad natal fue que en el momento en el que me llamó el Gobierno de Canarias para ofrecerme un puesto como profesor de música en secundaria me encontraba en paro, en mi querida ciudad de Málaga, pero en paro. En aquellos años en los que se comenzaba a asentar la crisis en nuestro país yo me ganaba unos euros tocando el piano en el Restaurante Salmorejo que llevaba un amigo clarinetista de la banda donde estuve tocando la tuba quince años -la legendaria Banda Juvenil de Música de los colegios Miraflores y Gibraljaire que todavía hoy dirige el Maestro Puyana, y que dejé cuando acabé mis estudios en el conservatorio para concentrarme en encontrar mi propia voz como compositor-, mi querido amigo José María Aguilar, que no dudó un segundo en echarme una mano y aceptar mi propuesta de amenizar cada noche la cena a los comensales con mi música para piano. Pero de la noche a la mañana tuve que dejar el restaurante y coger el avión que cambiaría mi vida y me permitiría escribir y grabar la música que siempre quise hacer. Esto ocurrió en el año 2007. Desde entonces, he grabado Biotza (2010), Oporto (2013), Amanay (2015), y Siroco (2017). Y ahora, diez años después, abro este blog, con el objetivo de compartir desde mi querida isla de Fuerteventura, todo lo que vaya aconteciendo alrededor de mi música y mi persona, para quien pueda interesar, en mi permanente temporalidad en la que sigo sin fijar residencia exacta ni dónde poner por fin mi piano de cola.

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Después

La calma del silencio posterior a una guerra mundial
La estela de inacción inacabada
después de hacer estallar en pedazos un corazón
El llanto de detrás de la explosión de una bomba dentro de ti
El atentado más grande a tu interior
El crujir silencioso de todas tus ruinas y miserias
sin espacio ni tiempo
lo que callamos para evitar eternizarnos en el dolor
y conseguir lo contrario
ese mismo dolor doble exacto e inevitable que ahora siento
y que tú desconoces
porque es invisible
y no te lo he contado por WhatsApp.

 

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Las nubes de Leu

A Leu le gusta tener las nubes bien ordenadas. Con la densidad justa y el hueco justo para que la luz del sol sea la adecuada, a Leu le pone de los nervios cuando las nubes quieren extenderse por el cielo a sus anchas, cosa que ocurre muy a menudo. Así es la naturaleza, que ni comprende, ni puede comprender aunque lo quisiera, la naturaleza misma, se entiende. Y como se ha puesto a llover, y el sol ha decidido no salir para no mojarse con tal temporal, Leu ha decidido coger el coche -le encanta conducir y mezclar el paisaje lluvioso con la música que suena en su equipo de sonido, de piano o de Marwan- y aparcar por la Merced para tomar un agua tónica en el Road House –una o dos- y brindar una vez más con Sergio por tener que conformarse con los caprichos de la naturaleza, y comprender una vez más que hay que templarse salga el sol por Antequera o por donde quiera. Comenzaba Leu a mojarse los labios con el primer sorbo de tónica cuando dos jóvenes alumnas repetidoras del instituto donde Leu enseña sicología cuántica tres días a la semana han entrado en escena y han decidido iniciar un morreo infinito en la barra del Road House, amarse hasta donde se pueda públicamente, casi rozar el límite de sus almas mismas al son del swing más clásico que suena a toda mecha en el Road House esta vez, esta vez con el ruido necesario que, mezclado con los cubitos de hielo que ambas casi mujeres pasan de una boca a otra hasta derretirlos con el calor del amor y el sonido del saxo provoca una terribe excitación improvisada y sin aviso a toda la clientela, que a la vez disimula ese pequeño espectáculo que está ocurriendo entre esas dos bocas que se apoyan la una a la otra desordenadamente intentando encontrar un equilibrio imposible, pintando caprichosamente –como ocurre con las nubes de Leu- en ambas expresiones con pintalabios rojo el brillo cada vez más húmedo en sus miradas, que no pueden evitar la sinceridad extrema e ir a los baños que queden libres a acabar lo que el oporto en vasos de plástico había empezado. Mario lo está viendo todo desde una esquina, la explosión de Sergio, la excitación de Leu saboreando su tónica a escondidas aprovechando que está lloviendo y sin poder salir del bar… la excusa perfecta en realidad para pedir otra tónica a Sergio, esta vez con un chorreón generoso de Martin Miller, y dejar de calcular el tamaño de las nubes por unas cuantas horas más, disfrutar de las gotas de lluvia dentro y fuera.​