Ralentizar lo evidente

Aprovechaba Mario que todo se deshacía a su alrededor armoniosamente para escapar de tanto entusiasmo y esconderse en aquella prisa que ahogaba a todos siempre por las mismas fechas, ralentizar lo evidente, mojarse los pies en la orilla, una extraña calma desordenada que invade y busca a Mario como siempre antes de meterse en el estudio a grabar el sonido de su revolución personal, a encontrarse con sus melodías y acordes calmados que le recuerdan al amor y al desamor, a los juegos de juventud en San Juan sin más pretensión que eso mismo, el deseo de jugar como niños, de improvisar como cuando te conoció Mario, como cuando Mario te robó aquel beso que todavía hoy se cuela en los semitonos blancos y negros del piano en el que Mario te busca desde siempre, como cuando llueve en los recuerdos y las nubes se dibujan nítidas en los charcos de lluvia, en tus ojos, en tu pecho…

  

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