El uno del otro

Gladys y yo seguíamos escuchando los mismos discos, íbamos a la contra de la humanidad. Seguíamos leyendo los mismos libros, y comprábamos en las mismas tiendas de siempre. Teníamos los hábitos muy marcados Gladys y yo, y ya cambiarlos era un poco tedioso. Ese fue el único motivo real por el que Gladys y yo nos separamos para siempre Mario. Ya no nos soportábamos, sólo eso, no soportábamos más seguir con esa pantomima que habíamos construido un poco el uno con el otro para hacernos más atractivos mutuamente. Se palpaba la farsa. Siempre follábamos de la misma forma, las mismas posturas, las mismas respiraciones… los tiempos ya estaban tan decididos que nada resultaba. Nos aburrimos tanto el uno del otro que decidimos mutuamente hacer nuestra vida paralela fuera de casa hasta separarnos por completo sin tener que usar la mentira, encontrar otras temperaturas que nos hicieran sentir vivos, calor humano real. Entonces fue cuando ambos comenzamos una relación consentida fuera de casa, con una pintora ambos, casualmente. Y ese fue el error Mario, la metedura de pata. Ninguno sabía que hablábamos de la misma persona, de la misma artista, que nos gozó privadamente a ambos en su estudio, sin desvelar su atrocidad sentimental. Nos mentimos sin pretenderlo Mario. Y aquí seguimos como podemos, contaminados de arriba a abajo, sin sentir siquiera dolor, sin dirección ni mapa posible para nuestras vidas.

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