Amaneceres amarillos

En los periódicos posaban jóvenes promesas de la literatura como si de una colección de insectos se tratase, labios pintados, gafas de pasta, complementos de colores. Se mezclaban con o sin permiso con los sonidos y los números, en un empeño por hacer nueva literatura a base de antiguas nuevas confusiones atractivas, o nueva música, como se prefiera. Aunque en realidad, todo olía a la misma mierda, todo era una puta pose que me hacía vomitar a cada momento. Un intenso olor a mierda que se mezclaba con algún desafinado rugido de guitarra eléctrica, saxos, baterías digitales, y voces débiles que intentan parecer auténticas y modernas, asco. Un intento de sexo, un intento de latido joven, un intento de intentar la vida, con permisos oficiales, oficialmente autorizados reintentados y recomendados recomendables (escupo sangres hasta llegar al baño, como cuando los toros que circulan por el albero antes de morir sabiendo que ya son pretérito).

2 comentarios sobre “Amaneceres amarillos

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