Teníamos previsto que Enrique no se enterara de nada. Nadie quería que Enrique se preocupara demasiado y era por lo que todos disimulábamos y procurábamos que nuestra sonrisa no quedara enmarcada en una demasiada hipócrita preocupación. Nos mirábamos unos a otros, nos dábamos codazos. Nos llamábamos por teléfono. Hacíamos guardias. Enrique seguía sin saber exactamente nada absolutamente. Crecía una preocupación que dilataba a cada segundo el alma de Enrique, que con tanta felicidad, cada vez más preocupado, algo raro notaba entre todos nosotros que aún no alcanzaba a descifrar. Laura decide envolver a Enrique en una sábana, Helena perdida en sangre y vicio, se abrazan, se besan, y se hacen el amor en los servicios del hospital procurando el silencio, los enfermos duermen y los médicos juegan al Trivial. Gómez gastando discos de Calamaro y paquetes de Novel al borde de un precipicio en los acantilados de Maro, al borde de la luna llena. Gustavo enterrado en la playa por un grupo de jovencitas que juegan con su profesor de literatura al escondite. Nadie distinguía bien la realidad, quizá sólo Enrique, que ya nunca más podría observar el dulce cuerpo de las sus compañeras de hospital, el dulce cuerpo de las sus enfermas, el dulce cuerpo de las sus pintas de Guinness en la su cervecería preferida. Laura decide llamar a Gómez como siempre para compartir el peso de sus caprichosos inconformismos, bajo el sucio y sinuoso cuerpo de Helena que intenta entretenerla con sus encantos manchados de sangre y jugo de cerezas desgarrando las sus ropas bajo el chorro de agua del baño que empapadas de sangre y lágrimas. Pero Laura está ansiosa, y necesita hablar con Gómez, que pega un volantazo y vuelve para ver a la su Laura, perdida entre la sangre y el llanto. Helena se viste furiosa y se acerca a la playa, rescata con talento a Gustavo de las jóvenes escritoras en ciernes y lo invita a un champán francés frente a los acantilados de Maro, frente a una luna llena envidiable, pero el idilio de Gustavo es interrumpido por una llamada desesperada de Sergio, que acaba de salir de trabajar y aún tiene ganas de marcha. Los tres jóvenes cuerpos ya destrozados de tanta realidad se dirigen al centro de la ciudad a procurar olvidar por todos los medios lo sucedido. Cinco botellas de oporto se encargan de envolver a estos tres individuos de odio y asco, pena y dolor, el cuerpo de Enrique aún en el maletero del coche de los padres de Helena. Sergio ríe a carcajadas descontroladamente y besa endiablado a Helena que lo acepta ya por efectos de sueño, Gustavo decide pedir una última copa de oporto y entretenerse gastando la última botella mientras dura el pequeño idilio que a la sombra de las mesas de madera y el olor a alcohol de estos dos jóvenes cuerpos intelectuales, a la sombra del cansancio etílico de Gustavo. Laura llora furiosa y Gómez no sabe ya bien cómo tranquilizarla, se le escapa de las manos, está demasiado perdidamente enamorado de ella y ya no puede hacer nada para olvidar sus recuerdos, quizá ya son demasiados los recuerdos con Laura. Sus estudios de psiquiatría de nada le sirven frente a los encantos de Laura frente a los ataques de los encantos de Laura. Ya en la cena, Laura le informa a Gómez de lo sucedido en el hospital a lo que Gómez responde tomando carrerilla y lanzándose por la ventana sin pensarlo iluminado por la luna llena. Laura queda prendida del balcón llorando la muerte de Gómez cuando suena su móvil, Helena la invita a pasear por el puerto sin ningún tipo de compromiso formal. Paseando cerca de la farola -el paseo lleno de gentes con lamentables aspectos funerarios- paran en una vieja tasca y toman un par de tapas de ensaladilla rusa con sendas cervezas hirviendo, era una noche caliente como ninguna, las neveras dejaron de funcionar. Pasaban mientras filas de ambulancias una tras otra con ancianos fallecidos del excesivo calor, Helena sonríe picarona y sorbe lentamente una lágrima de sudor que juguetea en los finos labios de la cada vez más acalorada Laura, frente a la oficina del paro una enorme cola de jóvenes que mezclados entre el sudor y las lágrimas seguían sin poder dar rienda suelta a su imaginación, los tiempos habían cambiado y se habían vuelto aún más difíciles, sólo quedaba la práctica descontrolada del sexo. Cayeron un par de gotas del cielo cuando el cuerpo de Enrique comenzó a oler, los padres de Helena en las ferias del pueblo, Helena perdida en la entrepierna de la su prima recordando los juegos de juventud y el descubrimiento de la sexualidad en las aquellas nostálgicas tardes de monótono calor y excesivo aburrimiento en el pueblo, cuando todavía los dedos de Helena acariciaban el sencillo cuerpo de Laura sin miedo a pensar demasiadas cosas. Al otro día se celebró el funeral de Gómez, lleno de gentes dispares, nadie se conocía. Helena recibió el pésame de una alumna de Gustavo sin comprender muy bien, cuando el sol se puso azul y la gente se difuminó y olvidó todo en sus casas, recalentando pucheros y riendo con la televisión, ya sin perfumes ni el humo de las pipas. Gustavo nadaba en la playa.
El humo de las pipas
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Publicado por Miguel Pérez
Millions of streams accumulated on major music platforms (Spotify, Amazon Music, among others) endorse the exquisite inspiration of Miguel Pérez (Málaga, 1976), who has established himself in recent years as an undisputed reference in contemporary minimalist neoclassical music. Among other recent milestones, his music has been selected three times for Spotify’s prestigious Peaceful Piano playlist. His first contact with music took place in the Banda Juvenil de Música de los Colegios Miraflores y Gibraljaire in Málaga, an ensemble to which he dedicated his first compositions. He later graduated from the Conservatorio Superior de Música de Málaga, obtaining degrees as a Professor of Solfège, Music Theory, Transposition, and Accompaniment, as well as a Higher Professor of Tuba. Since 1990, he has composed in a wide variety of formats, publishing and premiering works worldwide, writing music for radio, television, film, and all kinds of performances. At the same time, he has recorded numerous albums featuring his original compositions, with a particular emphasis on those dedicated to his favorite instrument, the piano. Based in the Canary Islands since 2007, and after more than three decades fully devoted to musical composition and performance in its most personal sense, he currently dedicates his time exclusively to teaching, serving as Head of the Music Department at IES Santo Tomás de Aquino on the island of Fuerteventura. More at http://www.miguelperez.es Millones de reproducciones acumuladas en las principales plataformas musicales (Spotify, Amazon Music, entre otras) avalan la deliciosa inspiración de Miguel Pérez (Málaga, 1976) que se ha consolidado en los últimos años como referencia indiscutible de la música neoclásica minimalista contemporánea. Entre otros hitos recientes, cabe destacar que su música ha sido seleccionada hasta en tres ocasiones para la prestigiosa playlist Peaceful Piano de Spotify. Su primer contacto con la música se produce en la Banda Juvenil de Música de los Colegios Miraflores y Gibraljaire de Málaga, agrupación a la que dedica sus primeras composiciones. Posteriormente se gradúa en el Conservatorio Superior de Música de Málaga, obteniendo los títulos de Profesor de Solfeo, Teoría de la Música, Transposición y Acompañamiento, y Profesor Superior de Tuba. Desde 1990 compone en muy diferentes formatos que publica y estrena por todo el mundo, escribiendo música para radio, televisión, cine, y toda clase de espectáculos. Paralelamente registra numerosas grabaciones con toda esta música original, destacando especialmente aquella dedicada a su instrumento predilecto, el piano. Afincado en Canarias desde 2007, y después de más de tres décadas dedicadas plenamente a la composición e interpretación musical en su sentido más personal, actualmente invierte su tiempo exclusivamente a la labor docente que desempeña como Jefe del Departamento de Música del IES Santo Tomás de Aquino en la isla de Fuerteventura. Más en http://www.miguelperez.es Ver todas las entradas de Miguel Pérez
