Sábado

Gladys se había desnudado una vez más.
Era inevitable no bañarse con Rebeca otra vez.
Un sábado por la mañana, bañarse de sol desnudas al amanecer,
mojadas por el silencio de la primera luz,
la música favorita de Gladys,
después de tanto tango y tanto flamenco,
harta del jazz de Mario y el minimalismo de Juan,
jugar a los espacios de tiempo, a desordenar la intensidad,
a pasarse las emociones de la izquierda a la derecha sin orden,
eran los juegos favoritos de Gladys,
Gladys era un poco como España, como el Facebook, como el WhatsApp,
una comunicación marcada, incompleta,
que ya desde hacía tiempo huía de las conclusiones generales,
que manoseaba la mayoría,
a falta de una decisión auténtica.

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