Después de tanto tiempo

Desencantada Gladys se marchó a Hamburgo. Allí plantó su corazón, consiguiendo derretir un radio kilométrico de hectáreas nevadas hasta el más íntimo paisaje nublado, deshelar cualquier sentimiento o deseo por mínimo era lo justo. Las miradas atmosféricas volvieron a estar vivas, brillando y temblando bajo unas nubes que desaparecerían para siempre al son de los muelles de las camas de todo el país, una música deliciosa después de tanto tiempo como nuestros cuerpos cuando nos abrazábamos para siempre. Era tan imposible que se nos hizo realidad sin pretenderlo.

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