Aforismo

Los hombres acudían al enorme tatuaje de su brazo lo mismo que un enjambre de avispas revolotean un brazo bañado en miel, como una inmensa luz en la noche que no quiere conducir a nadie a toda costa, como un brillo que quiere suicidarse sin querer por unas escaleras y en silencio.

Deja un comentario