Fábula

Eva se negaba a aceptar la realidad. Cogió su bicicleta y pedaleó hasta llegar a casa de Estefanía para hacerle el amor. No había abierto la puerta cuando las lenguas de ambas se estrangularon buscando la libertad, manchando de líquidos sus miradas, empapando de resignación aquel momento en el que la humanidad decidió abrazarse para que la naturaleza desatara todo su descontento. Los labios de Eva y Estefanía se mordieron para siempre.

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